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Cuestiones éticas de la introspección

In document El Juego Cosmico - Stanislav Grof (página 128-131)

Una de las cuestiones más importantes que continúan sur­ giendo en los estados holotrópicos de conciencia en múltiples formas y a diferentes niveles es el problema de la ética. En el mo­ mento en que nuestras experiencias internas se centran en temas biográficos, las cuestiones éticas suelen adoptar la form a de una fuerte necesidad de examinar nuestra vida, desde la infancia has­ ta el momento actual, para evaluarla desde una perspectiva mo­ ral. Esto tiende a estar íntimamente unido a cuestiones que con­ ciernen a la autoimagen y la autoestima. Cuando revisamos la historia de nuestra vida podemos sentir una necesidad urgente de

indagar si nuestra personalidad y nuestra conducta están a la al­ tura de nuestros valores morales: los nuestros, los de nuestra fa­ milia y los de nuestra sociedad. Los criterios para hacer esta eva­ luación son habitualmente muy relativos e idiosincrásicos, puesto que implican necesariamente un fuerte sesgo personal, familiar y cultural. Fundamentalmente juzgamos nuestro comportamiento en función de los valores que se nos han impuesto desde fuera. Existe otra forma de autojuzgarse en la que evaluamos nuestro ca­ rácter y conducta, no conforme a los criterios cotidianos ordina­ rios, sino en comparación con el contenido de la ley universal y del orden cósmico. Experiencias de este tipo pueden producirse en los estados holotrópicos de varias formas, pero son particular­ mente frecuentes como parte de la revisión de vida en las situa­ ciones cercanas a la muerte. Muchas personas que han estado cerca de la muerte hablan de sus encuentros con un Ser de Luz y describen que en su presencia sometieron sus vidas a un juicio implacable. Esta fuerte propensión de la psique humana a la au- toevaluación moral se refleja en las escenas del juicio divino en las mitologías escatológicas de muchas culturas.

A medida que profundizamos en el proceso de introspección, podemos descubrir dentro de nosotros emociones e impulsos muy problemáticos de los que anteriormente éramos totalmente inconscientes: aspectos oscuros y destructivos de nuestra psique inconsciente que C. G. Jung llamó la Sombra. Este descubri­ miento puede ser terrorífico y perturbador. Algunos de estos ele­ mentos oscuros representan nuestras reacciones a aspectos dolo­ rosos de nuestra historia, en especial traumas de la primera y la segunda infancia. Además, el nivel perinatal de nuestra psique, que es la esfera relacionada con el traum a del nacimiento, parece conllevar un poderoso potencial destructivo. Las horas de expe­ riencias dolorosas y que parecen amenazar la vida que están liga­ das al paso a través del canal del nacimiento provocan natural­ mente una consecuente respuesta violenta del feto. Ello tiene como consecuencia la formación de un depósito de tendencias agresivas que albergamos en nuestro inconsciente por el resto de

nuestra vida, a menos que hagamos un esfuerzo especial para afrontarlas y transformarlas con algún tipo de autoexploración vivencial.

A la vista de estos hallazgos, se hace evidente que los dobles amenazantes de obras como las de R. L. Stevenson, E l extraño

caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, Oscar Wilde, El retrato de Do- rian Gray, o Edgar Alian Poe, “W illiam Wilson” no representan

personajes literarios de ficción, sino aspectos de la sombra de la personalidad humana ordinaria. Las personas que han sido capa­ ces de mirar profundamente en el interior de su psique describen frecuentemente que descubrieron dentro de sí un potencial des­ tructivo de la misma intensidad que personajes malignos de la ca­ tegoría de Gengis-Kan, Hitler o Stalin. A la vista de estas dem o­ ledoras comprensiones profundas, es normal tener torturantes recelos sobre nuestra propia naturaleza y encontrarse con gran­ des dificultades para aceptarla.

Cuando la introspección alcanza un nivel transpersonal, es tí­ pico que surjan graves dudas éticas sobre la humanidad como conjunto, sobre toda la especie del Homo sapiens. Las experien­ cias transpersonales conllevan frecuentemente escenas históricas dramáticas o incluso brindan una amplia revisión panorámica de la historia. Estas secuencias aportan pruebas muy convincentes de que la violencia desencadenada y la codicia insaciable han sido siempre fuerzas impulsivas de la vida humana. Esto suscita la cuestión de la naturaleza de los seres humanos y de la propor­ ción de bien y mal que hay en la especie humana.

¿Son los seres humanos en el núcleo de su ser sólo “monos desnudos” y se halla instalada la violencia en el sistema básico del cerebro humano? ¿Y cómo explicamos el aspecto de la con­ ducta humana que el psicoanalista Erich Fromm (1973) llamó “agresión maligna”, la maldad y destructividad que sobrepasa cualquier cosa conocida en el reino animal? ¿Cómo podemos ex­ plicar las carnicerías insensatas de las innumerables guerras, los asesinatos masivos de la Inquisición, el holocausto, el archipiéla­ go Gulag de Stalin o las masacres de la antigua Yugoslavia o de

Ruanda? ¡Sin ninguna duda, sería difícil encontrar paralelismos a estas conductas en cualquier especie anim al! La actual crisis glo­ bal no ofrece ciertamente una imagen inspiradora y alentadora de la humanidad contemporánea. La violencia en forma de guerras, revueltas, terrorismo, tortura y crimen parece ir en aumento, y las armas modernas han alcanzado una eficacia apocalíptica. Miles de millones de dólares son desperdiciados en la locura de la ca­ rrera armamentista en todo el mundo, mientras millones de per­ sonas viven en la pobreza y mueren de hambre, o mueren por en­ fermedades para las que se conocen remedios a muy bajo coste. Diversas situaciones catastróficas, todas ellas creadas por la mano humana, amenazan con destruir nuestra especie y toda for­ ma de vida en nuestro planeta. En la medida en la que el Homo

sapiens es el culmen de la evolución natural, como nos gusta cre­

er, ¿acaso no está viciada esencialmente tanto la humanidad como todo el fenómeno de la vida? En los estados holotrópicos, estas cuestiones pueden surgir con una urgencia e intensidad abrumadoras.

In document El Juego Cosmico - Stanislav Grof (página 128-131)