La comprensión definitiva y la aceptación filosófica del mal siempre parece implicar el reconocimiento de que éste desem pe ña un papel importante, e incluso necesario, en el proceso cósm i co. Por ejemplo, las profundas comprensiones internas de las re alidades esenciales a las que se puede acceder en los estados
liolotrópicos podrían revelar que el mal es un elemento esencial del drama universal. Puesto que la creación cósmica es una crea-
lio ex nihilo, o creación de la nada, tiene que ser simétrica. Todo
lo que nace a la existencia tiene que estar contrapesado con su opuesto. Desde esta perspectiva, la existencia de polaridades de todo tipo es un requisito indispensable para la creación de los mundos fenoménicos. Este hecho tenía su paralelismo en las es peculaciones de algunos físicos modernos sobre la materia y la antimateria, cuando sugieren que en los primeros momentos del universo, partículas y antipartículas estaban presentes en igual número.
Anteriormente vimos que uno de los “motivos” de que exista la creación parece ser la “necesidad” del principio creador de co nocerse a sí mismo, de que “Dios pueda ver a Dios” o “el Rostro pueda contemplar al Rostro”. En la medida en que lo divino crea para explorar su propio potencial interno, el no expresar toda la gama de su potencial significaría un autoconocimiento incom pleto. Y si la Conciencia Absoluta es también el Artista, el Expe rimentador y el Explorador esencial, dejar fuera algunas opcio nes significativas significaría poner en peligro la riqueza de la creación. Los artistas no limitan sus temas a aquello que es bello, ético o inspirador. Representan todos los aspectos de la vida que pueden proporcionar imágenes interesantes o prometer historias fascinantes.
La existencia del lado oscuro de la creación refuerza sus as pectos luminosos, proporcionando al dram a universal un contras te, una riqueza y una profundidad extraordinarias. El conflicto entre el bien y el mal, en todos los ámbitos y en todos los niveles de la existencia, es una fuente inagotable de inspiración para his torias fascinantes. Un discípulo preguntó en cierta ocasión a Sri Ramakrishma, el gran visionario, santo y maestro espiritual:
«Swamiji, ¿por qué existe el mal en el mundo?». Después de re
flexionar unos instantes, Ramakrishma respondió sucintamente: «Para espesar el argumento». La respuesta puede parecer cínica, si consideramos la naturaleza y gravedad del sufrimiento del
mundo, concretado en millones de niños que mueren de hambre o enfermedades diversas, la locura de las guerras a lo largo de la historia, las innumerables víctimas sacrificadas y torturadas y la desolación de los desastres naturales. Sin embargo, un experi mento mental puede ayudarnos a obtener una perspectiva dife rente.
Imaginemos por un momento que podemos eliminar del or den universal cualquier cosa que sea considerada en general como mala o negativa, todos los elementos que creemos que no deberían formar parte de la vida. Al principio podría parecer que esto crearía un mundo ideal, un verdadero paraíso en la tierra. Sin embargo, cuando seguimos imaginando, vemos que la situación es mucho más compleja. Supongamos que empezamos con la eli minación de las enfermedades, algo que sin duda pertenece al lado oscuro de la existencia e imaginemos que nunca hayan exis tido. Muy pronto descubriríamos que no se trata de una interven ción aislada que erradica selectivamente un aspecto de lo negati vo del mundo. Esta interferencia tendría un profundo efecto en muchos aspectos positivos de la vida y de la creación que tene mos en alta estima.
Junto con las enfermedades, eliminaríamos toda la historia de la Medicina: la investigación médica y el conocimiento que im parte, el descubrimiento de las causas de las enfermedades peli grosas, e igualmente remedios eficaces, como las vitaminas, los antibióticos y las hormonas. No habría más milagros de la medi cina moderna: operaciones que salvan la vida, trasplantes de ór ganos e ingeniería genética. Perderíamos a los grandes pioneros de la ciencia, como Virchow, Semmelweiss y Pasteur, héroes que dedicaron su vida entera a una apasionada investigación en bús queda de respuestas a los problemas médicos. No serían tam po co necesarios el am or y la compasión de todos aquéllos que han cuidado y sanado a personas, desde los médicos y las enfermeras hasta una diversidad de buenos samaritanos. Perderíamos a la madre Teresa junto con la razón por la que se le otorgó el premio Nobel. Y ahora llegamos a los chamanes y a los sanadores indí
genas con sus coloridos rituales y el conocimiento de hierbas me dicinales, los milagros de Lourdes y los cirujanos psíquicos fili pinos.
Otro aspecto obviamente oscuro y negativo de la creación es la existencia de regímenes opresores, de sistemas totalitarios, del genocidio y de las guerras. Si centramos nuestros esfuerzos de sanación cósmica en este campo, eliminaríamos una parte signi ficativa de la historia humana. En este proceso de eliminación perderíamos todos los actos heroicos de los luchadores por la li bertad de todos los tiempos, que sacrificaron su vida por causas justas y por la libertad de sus países y de sus compatriotas. No habría más triunfos de victoria sobre los imperios del mal y nos quedaríamos sin la embriaguez de la libertad recién conquistada. Tendríamos que elim inar del mundo los castillos fortificados de todos los países y períodos históricos, así como los museos que documentan la ingenuidad de la construcción de armas, el dom i nio del arte de la defensa y la riqueza de los atuendos militares. Naturalmente, la eliminación de la violencia del escenario del drama cósmico tendría profundas resonancias en el mundo del arte. Las bibliotecas, los museos de arte, las colecciones de mú sica y los archivos cinematográficos se reducirían considerable mente si eliminásemos de ellos las piezas de arte inspiradas por la violencia y la lucha contra ella.
La ausencia del mal metafísico reduciría drásticamente la ne cesidad de que existiera la religión, puesto que Dios, al no tener un poderoso adversario, se convertiría en una propiedad garanti zada que se tomaría como algo adquirido. Empezaría a faltar del orden universal de las cosas todo lo relacionado con el ritual y la vida espiritual de la humanidad, y nunca habría sucedido ningu no de los acontecimientos históricos inspirados por la religión. Es superfluo añadir que perderíamos también alguna de las m e jores obras de arte - d e la literatura, la música, la pintura, la es cultura y el cin e- inspiradas por el conflicto entre lo divino y lo diabólico. El mundo se quedaría sin sus gloriosas catedrales gó ticas, sus mezquitas musulmanas, sus sinagogas y sus templos
hindúes y budistas, así como otras joyas arquitectónicas inspira das por la religión.
Si seguimos avanzando en este proceso de purgación de la sombra universal, la creación perdería su inmensa profundidad y riqueza. Llegaríamos posteriormente a un mundo sin color ni in terés. Si esta clase de realidad se representara en una película de Hollywood, probablemente pensaríamos que no vale la pena ver- la y las salas de cine se quedarían vacías. Un manual ampliamen te utilizado para escribir guiones de éxito subraya la importancia de la tensión, del conflicto y del drama como requisitos previos y necesarios para hacer una gran película. De hecho, advierte con cretamente que describir “la vida de una aldea feliz” garantizaría un fracaso seguro y un desastre de taquilla.
Los productores de cine, que poseen la libertad de seleccionar cualquier tema para sus películas, no escogen normalmente his torias dulces en las que no pasa nada y que siempre tengan un fi nal feliz. Normalmente incluyen suspense, peligro, dificultades, graves conflictos emocionales, sexo, violencia y maldad. Es ob vio, además, que los creadores de películas, por su parte, están bastante influidos por el gusto y las demandas del público. En la medida en que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen, tal como se nos ha dicho, no sería sorprendente que la creación cósmica siguiera los mismos principios que rigen la actividad creadora y el enriquecimiento en nuestro mundo.
En el proceso de introspección descubrimos que la creación sufre una dicotomía en todos los niveles en los que encontramos formas y fenómenos separados. La Conciencia Absoluta y el Va cío existen más allá del mundo de los fenómenos y transcienden así todas las polaridades. El Bien y el Mal, como entidades sepa radas, nacen y se manifiestan en las fases iniciales de la creación, cuando el aspecto sombrío y luminoso de lo Divino emerge de la matriz indiferenciada del Vacío y de la Conciencia Absoluta. Aunque estos dos aspectos de la existencia representan polos opuestos y son antagónicos entre sí, ambos son elementos nece sarios de la creación. En un juego de relación intrincada y com
pleja, generan los innumerables personajes y acontecimientos que constituyen el drama cósmico en muchos niveles y dim en siones diferentes de la realidad.