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La cornucopia divina

In document El Juego Cosmico - Stanislav Grof (página 58-62)

El impulso de crear suele describirse como una fuerza elemen­ tal que refleja la inimaginable riqueza y la abundancia interna de lo Divino. La fuente cósmica creadora es tan inmensa y desborda tantas posibilidades ilimitadas que no puede contenerse a sí mis­

ma y tiene que expresar la plenitud de su potencial escondido. La experiencia de esta cualidad de la Conciencia Absoluta a veces se compara a una visión de cerca de los procesos termonucleares del sol, el principio que da la vida y es la fuente de energía de nuestro planeta. Las personas que han tenido esta experiencia se dan cuenta de que el sol es la expresión más inmediata de lo divino que podamos experimentar en el mundo material y entienden por qué algunas culturas veneraron al sol como dios.

Sin embargo, habitualmente resaltan que esta similitud no de­ bería ser tomada demasiado literalmente, puesto que existen im ­ portantes diferencias entre el sol como cuerpo astronómico y el Sol Cósmico, el principio creador responsable de la creación. El sol físico sólo contribuye con la energía necesaria a los procesos de la vida, mientras que la fuente divina también proporciona el Logos de la creación: su orden, formas y sentido. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, observar el sol parece ser la aproxima­ ción más aproximada que tengamos a la experiencia de la fuente divina de la creación tal como se nos revela en los estados holo- trópicos.

Otras descripciones ponen el acento en el inmenso deseo de la Mente Universal de lograr conocerse a sí m ism a y experimentar toda la plenitud de su potencial. Esto sólo puede hacerse median­ te la exteriorización y la manifestación de todas sus posibilidades latentes en forma de un acto creador concreto. Exige la polariza­ ción en sujeto y objeto, la dicotomía entre observador y observa­ do. Estas comprensiones profundas recuerdan la forma en que se explica la creación en ciertos textos cabalísticos, según los cuales hubo una vez un estado previo de no existencia, en el que «el Rostro no contemplaba el Rostro». La razón para la creación fue que «Dios deseaba contem plar a Dios». Igualmente, el gran m ís­ tico persa Jaláluddín Rüm i escribió: «Yo era un tesoro escondido

[...] creé todo el universo y su única finalidad fue manifestarMe» (Hiñes 1996).

Otras dimensiones importantes del proceso creador que fre­ cuentemente se ponen de relieve son el carácter lúdico, el propio

deleite y el humor cósmico del Creador. Éstos son elementos que han sido muy bien descritos en los antiguos textos hindúes, que hablan del universo y de la existencia como lila, o Juego Divino. Según este punto de vista, la creación es una obra cósmica intrin­ cada e infinitamente compleja que Dios, Brahman, crea a partir de sí mismo y dentro de sí. Él es el autor que ha concebido la obra, así como su productor, director y también todos los actores que hacen la multitud de papeles que hay en ella. Esta gran obra de obras cósmica se representa en muchas dimensiones, a mu­ chos niveles y a escalas inimaginables.

La creación también puede verse como un experimento colo­ sal que expresa la inmensa curiosidad de la Conciencia Absoluta, una pasión análoga a la de un científico que consagra su vida a la exploración y la investigación. Sin embargo, el experimento cós­ mico es, de una forma natural, infinitamente más complejo que cualquier cosa que pudiera concebir el esfuerzo colectivo de to­ dos los científicos del mundo. Todos los descubrimientos fasci­ nantes de la ciencia, que desentrañan el microcosmos y las remo­ tas regiones del universo, apenas arañan la superficie del enigma insondable de la existencia. La ciencia, en su estado actual, sólo investiga la naturaleza y el contenido de los productos finales de la creación por procedimientos cada vez más refinados, pero no revela nada sobre el proceso misterioso que subyace en ella y la manifiesta.

La cuestión que repetidamente emerge de los estados no ordi­ narios de conciencia es el grado de control que tiene lo Divino en el proceso de creación. Es un problema al que se enfrentó a m e­ nudo Albert Einstein. Ésta es la formulación de sus propias pala­ bras: «lo que realmente me interesa es si Dios tuvo elección en la creación del mundo». Las respuestas de las personas que han al­ canzado este nivel de comprensión profunda no son unánimes. A veces parece que la Conciencia Absoluta está plenamente a car­ go de la creación en su totalidad y en todos sus detalles. En este caso, todas las sorpresas de la obra cósmica sólo las tienen los protagonistas individuales y son debidas a la retirada repentina

del velo de ignorancia que revela aspectos significativos del co­ nocimiento divino que previamente les estaba oculto.

A veces, las personas que experimentan estados holotrópicos se hacen conscientes de una alternativa significativa a este esce­ nario. Comprueban que podría ser posible que sólo los paráme­ tros básicos de la creación estén claramente definidos, pero que el resultado final detallado siga siendo impredecible incluso para lo Divino. Este último modelo de la obra cósmica puede compa­ rarse a un caleidoscopio o a un juego de ajedrez. El inventor del caleidoscopio obviamente se dio cuenta de que al girar el tubo que contiene los espejos especialmente dispuestos y las piezas de cristal de colores produciría patrones de hermosas imágenes cambiantes. Sin embargo, seguramente no podía haber previsto todas las constelaciones y combinaciones concretas que podrían surgir cuando alguien mirase a su través.

Igualmente, el inventor del ajedrez podría ver el potencial ge­ neral de un juego que se juega en un tablero de 64 cuadrados blancos y negros con figuras que tienen funciones y movimientos definidos. Pero hubiera estado absolutamente fuera de cuestión anticipar todas las infinitas posibilidades de las situaciones con­ cretas a las que podía conducir el juego de ajedrez. Naturalmen­ te, la complejidad de la creación es infinitamente mayor que la del caleidoscopio o la del ajedrez. Aunque la inteligencia de la Conciencia Absoluta sea inmensa, es concebible que el desarro­ llo de la obra cósmica pueda estar más allá de su control y pueda proporcionar auténticas sorpresas.

Esto se halla íntimamante conectado con la cuestión de nues­ tro propio rol en la obra cósmica. Si el guión universal estuviera escrito por lo Divino en todos sus detalles, no nos dejaría como actores individuales ninguna posibilidad de participación activa y creativa. Lo mejor que podemos hacer es despertar al hecho de que en el pasado nuestra vida no ha sido auténtica porque no he­ mos estado bien informados de los aspectos fundamentales de la existencia y de nuestra propia naturaleza. Sin embargo, si algu­ nos resultados son impredecibles incluso para lo Divino, diversas

tendencias indeseables, com o la actual crisis global, podrían re­ querir nuestra ayuda. En ese caso, realmente podríamos conver­ tirnos en verdaderos jugadores activos y colaboradores útiles de la Conciencia Absoluta en el juego divino.

Algunas personas que han tenido comprensiones penetrantes sobre los “motivos” para que exista la creación, también recalcan su aspecto estético. En nuestra vida diaria, a menudo nos asom­ bramos por la belleza intrínseca del universo y de la naturaleza, así como por aquellos aspectos de la creación en los que ha inter­ venido la actividad humana, como puede ser cualquier obra de arte o cualquier estructura arquitectónica exquisitas. En los esta­ dos holotrópicos se refuerza enormemente la capacidad para apreciar el lado estético de todos los diferentes aspectos de la vida y de la existencia. Por em plear la expresión de William Bla- ke, «cuando se limpian las puertas de la percepción» es difícil perderse la asombrosa belleza de la creación. Desde esta pers­ pectiva, el universo en que vivimos y todas las realidades de la experiencia en otras dimensiones también parecen ser obras de arte consumadas, y el impulso para crearlas puede compararse con la inspiración y la pasión creadora de un magnífico artista.

In document El Juego Cosmico - Stanislav Grof (página 58-62)