Antes de cerrar nuestra exposición sobre el proceso cósmico como un tejido complejo de experiencias hylotrópicas y holotró- picas, tenemos que exponer otro aspecto importante de la crea ción cósmica, concretamente su relación con el espacio y el tiem po. Cuando describimos el proceso creador como movimiento de
unidad indiferenciada hacia la pluralidad, nuestros condiciona mientos probablemente nos llevarán a imaginar que este proceso tuvo que empezar en un lugar concreto y desarrollarse en un tiem po lineal. Sin embargo, las etapas fundamentales de este proceso se producen en regiones que están más allá del tiempo y del espa cio tal como los conocemos. Como ya hemos visto, el principio cósmico creador trasciende todas las distinciones y polaridades cualesquiera que sean y esto incluye el espacio y el tiempo.
Todo lo que nos encontramos en nuestra vida cotidiana tiene coordenadas de espacio y tiempo distinguibles y definidas. Nues tra experiencia del tiempo como algo lineal y del espacio como algo tridimensional es muy convincente y categórica. Como con secuencia, tendemos a creer que estas características de tiempo y espacio son imperativas y absolutas. En las experiencias holotró- picas podemos descubrir, para nuestra sorpresa, que existen mu chas alternativas reales a nuestra percepción y comprensión ha bituales de estas dos dimensiones. En los estados visionarios podemos tener la experiencia, no sólo del presente, sino también del pasado y, algunas veces, incluso del futuro. Las secuencias de acontecimientos pueden parecer circulares, desarrollarse a lo lar go de trayectorias espirales o realmente ir hacia atrás. El tiempo también puede detenerse o trascenderse totalmente. En los nive les en los que sucede la creación cósmica, el pasado, el presente y el futuro coexisten en lugar de ser sucesivos y, en consecuen cia, todas las fases de los procesos están sucediendo simultánea mente.
El concepto y la experiencia del espacio parecen ser igual mente arbitrarios cuando estamos en un estado holotrópico. Pue de crearse de una forma lúdica cualquier número de espacios di ferentes en diversas disposiciones jerárquicas y ninguno de ellos parece ser más objetivo, real e imperativo que los demás. La tran sición del microcosmos al macrocosmos no tiene por qué ocurrir de una forma lineal. Lo pequeño y lo grande pueden intercam biarse libremente, al azar, de una forma caprichosa. La identifi cación existencial con una sola célula se convierte sin esfuerzo
en la identificación con toda una galaxia y viceversa. Estas dos dimensiones también pueden coexistir en el espacio vivencial de la misma persona. En consecuencia, se trasciende y deja de exis tir la paradoja desconcertante de lo finito frente a lo infinito que experimentamos en el estado ordinario de conciencia.
Para ilustrar las complejidades con que se experimentan el tiempo y el espacio en los estados holotrópicos, describiré una de las aventuras más extraordinarias de la conciencia que haya vivi do en cuarenta años de exploración de mi interior. Sucedió en una sesión psicodélica, con una fuerte dosis, que viví en el centro de investigación psiquiátrica de Maryland poco después de mi llegada a los Estados Unidos en 1967. He aquí un pasaje de mi descripción de dicha sesión:
En algún momento de la segunda parte de mi sesión , me en contré en un estado de mente muy inusual. Era un sentim iento de serenidad, bienaventuranza y felicidad m ezclados con sobreco gim iento frente al misterio de la existencia. Sentía que estaba experimentando algo similar a lo que los primitivos cristianos debían haber vivido. Era un mundo en el que los m ilagros eran posibles, aceptables e incluso verosím iles. Yo reflexionaba so bre los problemas del tiempo y del espacio y tenía una gran difi cultad en entender cóm o podía haber creído alguna v ez que el tiempo lineal y el espacio tridimensional eran absolutamente di m ensiones imperativas de la realidad.
Me pareció obvio, por el contrario, que no existe ningún lí mite en el reino del espíritu y que el tiempo y el espacio son constructos arbitrarios de la psique. De repente me di cuenta de que no tenía que estar circunscrito a las lim itaciones del tiempo y del espacio, y que podía viajar en una continuidad espacio- tiempo con total libertad y sin ninguna restricción. Este senti miento era tan convincente y abrumador que lo quise comprobar experimentalmente. D ecidí probar si podía viajar a casa de mis padres en Praga, que estaba a m uchos miles de kilóm etros de distancia.
Tras determinar la dirección y considerar la distancia, me imaginé volando a través del espacio al lugar de mi destino. Tuve la experiencia de trasladarme a través del espacio a una enorme velocidad, pero, para mi gran decepción, no llegaba a ningún lado. N o podía comprender por qué no funcionaba el ex perimento, ya que mi sentim iento de que aquel viaje espacial po día realizarse era muy convincente. D e repente me di cuenta de que estaba todavía bajo la influencia de mis antiguos conceptos de tiem po y espacio. Continuaba pensando som etido a las coor denadas de direcciones y distancias y había abordado la tarea en consecuencia. Se me ocurrió que el enfoque adecuado sería ha cerme creer que el lugar de mi sesión era realmente idéntico al lugar de mi destino. Entonces m e dije a m í mismo: «Esto no es Baltimore, esto es Praga. Exactamente aquí y ahora estoy en el piso de m is padres en Praga».
Cuando abordé de esta forma mi objetivo, tuve sensaciones peculiares y extrañas. Me encontré en un lugar desconocido y muy congestionado lleno de circuitos electrónicos, tubos, ca bles, resistencias y condensadores. Después de un breve período de confusión m e di cuenta de que mi conciencia estaba atrapada en un aparato de televisión localizado en la esquina de la habita ción del piso de mis padres. D e alguna forma, estaba intentando utilizar los altavoces para oír y el tubo de imagen para ver. Pasa dos unos m om entos tuve que reírme puesto que me di cuenta de que aquella experiencia era una parodia que ridiculizaba el he cho de ser aún prisionero de m is antiguas creencias sobre al es pacio, el tiem po y la materia.
La única forma de vivir la experiencia de lugares distantes que podía concebir y aceptar era sirviéndome de la televisión, aun cuan do, por supuesto, dicha experiencia tenía que ajustarse a la veloci dad de las ondas electromagnéticas. En el momento en que me di cuenta y creí firmemente que mi conciencia podía trascender cual quier tipo de limitación, incluida la velocidad de la luz, la experien cia cambió rápidamente. El aparato de televisión se apagó por den tro y me encontré caminando por el piso de mis padres en Praga.
En aquel punto no sentía ningún efecto de la droga y la ex periencia era tan real com o cualquier otra situación de mi vida. La puerta del dormitorio de m is padres estaba m edio abierta. Miré dentro, vi sus cuerpos en la cam a y les o í respirar. Caminé hacia la ventana y miré el reloj que había en la esquina de la ca lle. Marcaba seis horas de diferencia respecto a la hora de Balti more en la que estaba teniendo lugar el experimento. A pesar del hecho de que la hora reflejaba la diferencia real de tiem po entre las dos zonas, no pensé que fuera una prueba rotunda. Com o mentalmente conocía la diferencia horaria, mi mente podía ha ber creado fácilm ente la experiencia.
Me tumbé en el sofá que se hallaba en una esquina de una de las habitaciones para reflexionar sobre mi experiencia. Era el m ism o sofá en el que había tenido mi última sesión psicodélica antes de mi partida a los Estados Unidos. Mi solicitud para que me autorizasen a viajar a este país con una beca había sido ini cialm ente denegada por las autoridades checas. Mi última sesión en Praga tuvo lugar en un m om ento en el que estaba esperando mi respuesta a mi petición.
De repente, sentí una ola de ansiedad abrumadora. Una idea extraña y asombrosa surgió en mi mente con una fuerza y capa cidad de persuasión inhabituales: tal vez nunca había abandona do C hecoslovaquia y quizás estaba regresando de mi sesión psi codélica en Praga. Quizá la respuesta positiva a mi petición, el viaje a los Estados Unidos, mi incorporación al equipo de Balti more y haber participado en una sesión eran sólo un viaje visio nario m otivado por mi pensamiento que se hallaba reforzado por un fuerte deseo. Estaba atrapado en una insidiosa espiral, en un círculo vicioso espacio-temporal, y era incapaz de determinar mis coordenadas reales, históricas y geográficas.
Durante bastante tiempo quedé suspenso entre dos realida des, ambas igualmente convincentes. Fui incapaz de afirmar si estaba experimentando una proyección astral a Praga a partir de mi sesión en Baltimore o volviendo de una sesión en Praga en la que había vivid o un viaje imaginario a los Estados Unidos. Sin
remedio m e vino a la mente el filósofo Chuang-Tse, que se des pertó de un sueño en el que se veía com o una mariposa y duran te cierto tiem po dudó de si en realidad no sería una mariposa so ñando que era un ser humano.