A partir de lo que he descrito, podemos ver que el ámbito pe- rinatal de la psique supone una encrucijada vivencial de impor tancia fundamental. No sólo es el punto de encuentro de tres as pectos absolutam ente cruciales de la existencia biológica humana -nacim iento, sexo y m uerte-, sino también la línea divi soria entre la vida y la muerte, el individuo y la especie, y la psi que y el espíritu. La experiencia consciente y plena de los conte nidos de este ám bito de la psique, ju n to con una buena integración subsiguiente, puede tener consecuencias de gran al cance y conducir a la apertura espiritual y a una profunda trans formación personal.
Las personas suelen comenzar el proceso de autoexploración vivencial intensiva por razones muy personales, ya sea con obje tivos terapéuticos o para su propio crecimiento emocional y espi ritual. Sin embargo, ciertos aspectos de las experiencias perinata les sugieren claramente que lo que está sucediendo en ellas es un acontecimiento que, por su significado, trasciende de lejos los in tereses limitados de la persona que las atraviesa. La intensidad de
las emociones y de las sensaciones físicas que implican, así como la frecuente identificación con innumerables personas de otras épocas históricas, proporcionan a estas experiencias una cualidad transpersonal muy clara.
El siguiente pasaje de la descripción de una intensa sesión que conllevó un estado holotrópico de conciencia capta bellamente la naturaleza de las experiencias perinatales, su intensidad y el gra do en el que enlazan con el inconsciente colectivo de la humani dad (Bache 1997).
M e pilló por sorpresa lo terriblemente dolorosa que fue aquella sesión. N o fue una sesión personal y tenía poco que ver con mi nacimiento b iológico. El dolor que estaba experimentan do estaba claramente relacionado, en primer lugar, con el naci miento de la especie y, en segundo lugar, con mi propio naci miento. Mis lím ites existenciales se ampliaron hasta incluir toda la raza humana y toda su historia, y este “y o ” fue atrapado en un horror que soy incapaz de describir con precisión. Era una locu ra rabiosa, un cam po de caos, dolor y destrucción que surgía ver tiginosam ente com o las imágenes de un caleidoscopio. Era com o si toda la raza humana se hubiera reunido desde todos los rincones del globo y se hubiera vuelto loca de atar.
La gente se atacaba entre sí con una virulenta ferocidad, au mentada por una tecnología de ciencia ficción. Había muchas corrientes que se cruzaban y entrecruzaban frente a mí, cada una de ellas com puesta por m iles de personas, algunas que mataban de muchas formas, otras que estaban siendo matadas, unas que huían llenas de pánico, otras que eran rodeadas; había algunas que veían todo esto y gritaban de terror y otras que eran testigos m udos con el corazón destrozado por una especie que se había vuelto loca; y “y o ” era todas sus experiencias. Es im posible d es cribir la magnitud de las muertes y la locura general. El proble ma es encontrar un marco de referencia y las únicas categorías que tengo disponibles son aproximaciones simplistas que sólo dan una vaga idea de todo esto.
Esta clase de sufrimiento comprende toda la historia huma na. Incluye mundos de horror de la ciencia ficción más salvaje más allá de todo lo imaginable. N o sólo incluye a seres huma nos, sino también m iles de m illones de trozos de materia que agonizan en exp losiones galácticas. Un horror más allá de todo límite. Es una convulsión de la especie humana, una convulsión de todo el universo. Flotando en m edio de todo esto había esce nas de sufrimiento trágico causado por la naturaleza y la indife rencia humanas. M iles de niños muriendo de hambre en todo el mundo, con sus cuerpos poseídos por la muerte y sus ojos m i rando fijamente sin comprender a la humanidad que les estaba matando por m edio de un abuso ecológico sistemático y por cul pa de la negligencia humana. Una inmensa cantidad de violencia entre hombres y mujeres -violacion es, palizas, intimidación, venganzas-, ciclos y ciclos de destrucción.
La naturaleza extraordinaria de las experiencias perinatales suscitan algunas cuestiones interesantes e importantes. ¿Cuál es la causa de que en el proceso de profunda introspección alcancemos una fase en la que trascendemos nuestros límites individuales y conectamos con el inconsciente colectivo y la historia de nuestra especie? ¿Por qué esto se halla tan íntimamente conectado con la muerte y con la experiencia de revivir el nacimiento? ¿Cómo y por qué este proceso está tan íntimamente asociado con la sexua lidad? ¿Qué papel desempeña la participación frecuente de los j elementos arquetípicos en estas experiencias? Y, por último, ¿cuál | es la función y el significado de este proceso y cómo se relaciona j
con la evolución de la espiritualidad y de la conciencia? ! Me gustaría referirme aquí al trabajo de Christopher Bache ¡ (1996), que ha hecho un intento interesante de clarificar el pro blema de la presencia del sufrimiento colectivo en el nivel peri- natal y el papel del individuo en el despertar espiritual de la es pecie. Bache ha señalado que la clave para entender los procesos perinatales se halla en el hecho de que su función es la de libe rarnos de los límites de la existencia separada no iluminada y
despertarnos a la toma de conciencia de nuestra verdadera natu raleza, de nuestra identidad esencial con el principio creador. Lo mismo que el dios romano Jano, el ámbito perinatal tiene una na turaleza dual. Nos mostrará un rostro muy diferente según el án gulo desde el que miremos: si lo contemplamos desde el punto de vista del ego corporal o de nuestro Yo transpersonal.
Considerado desde la perspectiva personal, el ámbito perina tal parece ser el sótano de nuestro inconsciente individual, un de pósito de fragmentos no digeridos de aquellas experiencias que desafiaron más seriamente nuestra supervivencia y nuestra inte gridad corporal. Desde este ángulo percibimos fundamentalmen te el proceso perinatal y la violencia que entraña como una am e naza a nuestra existencia individual. Desde una perspectiva transpersonal, la identificación con el ego corporal parece ser el producto de una ignorancia esencial, una ilusión peligrosa res ponsable del hecho de que vivamos nuestra vida de una forma in satisfactoria, destructiva y autodestructiva. Una vez que entende mos esta verdad fundam ental de la existencia, vem os las experiencias perinatales, a pesar de su naturaleza violenta y do lorosa, como intentos radicales y drásticos, pero también am oro sos, de liberarnos espiritualmente mediante la demolición de la prisión de nuestra falsa identidad. No estamos siendo aniquila dos, sino que se nos está haciendo nacer a una realidad superior en la que volvemos a conectar con nuestra verdadera naturaleza.