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EL SISTEMA POLÍTICO

In document Introduccion a La Política (página 77-81)

Una ciencia política volcada sobre todo en la teoría del Estado pre- senta un aspecto institucional. Sin embargo, la política es básica- mente relacional y dinámica. Importa, desde luego, el conocimien- to de las instituciones, pero también es decisivo el de las relaciones entre ellas. El poder, ya se ha visto, es sobre todo una relación so- cial entre quienes mandan y quienes obedecen. Por supuesto, tiene un aspecto material incuestionable que adquiere muchas formas (armamento, ejército, policía, tribunales, cárceles, reformatorios) pero lo esencial en él son las relaciones de jerarquía, orden, orden, mando, consenso, consentimiento. El capital por ejemplo, según Marx, también es una relación y el capital no es otra cosa que una materialización del poder en forma de dinero (Marx/Engels, 1975).

Para el estudio de estas relaciones no nos sirve tanto la teoría del Estado, que es una disciplina estática, institucional y descripti- va como otro enfoque capaz de dar cuenta de las relaciones entre instituciones, entre quienes las componen y entre estos y aquellas, es decir, una concepción que haga justicia al carácter eminente- mente dinámico de la política. Para ello, la ciencia política echó mano de un paradigma dominante en las ciencias sociales a lo lar- go de gran parte del siglo XX, el funcionalismo que, corregido posteriormente con el estructuralismo, daría la formulación mixta del estructuralismo funcional. La corriente que mejor se adaptaba a estas necesidades era la teoría general de sistemas. Propuesta en un primer momento para la biología por Ludwig van Bertalanffy, se expandiría luego a otras disciplinas sociales, la antropología, la sociología, la economía, el derecho y, singularmente, la ciencia política.

La teoría general de sistemas es un enfoque sintético u holista basado en el principio de que el objeto de estudio (un organismo, una sociedad, una economía, una tribu, una organización política) es una realidad compleja distinta y superior a la mera suma de sus partes. Se trata de un enfoque orgánico en el que los dos conceptos fundamentales son la estructura y la función. La primera será la

parte estática, institucional y la segunda será la parte dinámica, relacional.

El enfoque sostiene tener una vasta validez metodológica, mul- tidisciplinar. Puede aplicarse a cualesquiera situaciones siempre que quepa identificar claramente el sistema y el medio con el que interactúa. Desde este punto de vista, la TGS está basada en un cri- terio convencional: el establecimiento de un modelo de sistema es siempre un intento de poner orden en una realidad compleja y en- tender, y explicar, cómo funciona. Los dos conceptos esenciales de la teoría general de sistemas son, en efecto, el sistema y el medio. Si por sistema se entiende un conjunto de partes interrelacionadas distinto y superior a la suma de todas ellas, el medio es el contexto material en que el sistema vive, del que vive y con el que interactúa.

Para Van Bertalanffy, la vida son interacciones de sistemas. Los sistemas son realidades que intercambian información con el medio. La información es también un tipo de alimentación. Esta información, debidamente procesada en el interior del sistema ge- nera una respuesta, que este puede orientar hacia su parte interna, la parte externa o ambas a la vez, que es lo más frecuente. Se esta- blece así lo que se llama un “circuito de retroalimentación” y que sirve al sistema para modificar su comportamiento, tomando las decisiones oportunas para conseguir su fin último que es la super- vivencia en condiciones de equilibrio (Bertalanffy, 1979).

La teoría general de sistemas entendida como un enfoque sin- tético del funcionamiento de entes complejos tiene muchas apli- caciones. Sirve para entender el funcionamiento de los mercados, de las minorías étnicas y culturales en contextos de otro tipo, la vida en los bosques o cualquier otro ecosistema, un termostato y, por supuesto, la política, hasta el punto de que, David Easton, el principal impulsor de la aplicación de la TGS a la ciencia política, considera que esta hará bien en substituir la terminología del viejo derecho público y la teoría del Estado por la sistémica (Easton 1979).

Para Easton, el sistema político comprende un núcleo compues- to por las instituciones clásicas del Estado, que son los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Este núcleo adopta las decisiones (“productos” o outputs) “con autoridad” que servirán para repar-

tir los bienes entre opciones alternativas, utilidad última de la po- lítica. Dichas decisiones, al impactar en el conjunto de la sociedad civil, el mercado, las relaciones personales, etc., generarán unas respuestas (“insumos” o inputs) que cerrarán el bucle de la re- troalimentación, trasmitiendo la información de nuevo al sistema para que el proceso se reproduzca. Esta información es procesada por unos mecanismos de mediación y filtro que se encuentran en el umbral de entrada del sistema, a los que llamamos “porteros” (Gatekeepers) cuya función consiste en clasificar la información según diversos criterios, siendo los más obvios y naturales, los que reflejan apoyo o rechazo y todos los demás mixtos de estos (Eas- ton, 1981)

En la teoría eastoniana del sistema político esos “porteros” son los medios de comunicación, los partidos políticos, los grupos de presión y últimamente es obligado añadir los nuevos movimientos sociales que escapan a la clasificación al uso, sobre todo los que se articulan en el ciberespacio.

El enfoque sistémico ha conseguido imponerse en la ciencia política si bien no desplazando por entero las visiones más clási- cas del derecho constitucional y la teoría del Estado. Sin perjuicio del reconocimiento de las ventajas (mayor flexibilidad conceptual, más dinamismo en la visión, mejor explicación de los factores pu- ramente relacionales) son cuatro las carencias que se achacan a la teoría general de sistemas y, aunque no son inhabilitantes, sí conviene tenerlas presentes para compensarlas en los estudios de ciencia política.

En primer lugar no puede olvidarse que el enfoque es funda- mentalmente sintético y no analítico. De hecho, el propio título de la obra pionera de Easton, A Framework for Political Analysis (“Marco del análisis político) (Easton, 1965) induce a error. El de sistema es un concepto complejo y el enfoque sistémico consiste en dar cuenta de él como tal realidad compleja, no dividiéndola en sus partes componentes como quiere el procedimiento analítico. De hecho, la descomposición de un sistema —de cualquier siste- ma— en sus partes componentes, jamás podrá ser una explicación del funcionamiento del sistema como tal. Hay ocasiones en que, efectivamente, en una perspectiva analítica, es preciso enfocar un

sistema como una realidad indivisible y única. Se trata de aquellas circunstancias en que, como suele suceder en la teoría de conjun- tos, que son como sistemas, un conjunto es, a su vez, subconjunto de otro conjunto más amplio. Por ejemplo, el sistema político es- pañol es un sistema considerado en sí mismo, pero es, a su vez, un subsistema dentro de un sistema mayor que es la Unión Europea.

En segundo lugar y en parte relacionado con lo anterior, no todos los elementos componentes de un sistema tienen el mismo grado de materialidad e importancia. Por ejemplo, entre los “por- teros” de Easton aparecen los partidos políticos y los medios de presión. Hace ya tiempo que la ciencia política viene considerando que los partidos políticos en un sistema configuran a su vez un sub- sistema o sistema de partidos (Merkl, 1980) políticos para el cual el conjunto del sistema político es el medio y tiene a su vez, una consistencia propia de una estructura invariante sistémica. Recien- temente se está procediendo del mismo modo con los medios de comunicación de forma que también se identifica otro subsistema que es el sistema mediático (Hallin y Mancini, 2008).

En tercer lugar, la objeción hace referencia a un criterio más epis- temológico. La teoría general de sistemas en general y la aplicada al sistema político en concreto deja que desear a la hora de dar cuenta de la evolución, de los cambios, de las soluciones de continuidad, de las revoluciones, en definitiva. Su vieja raíz funcionalista le hace ponerlo todo al servicio de la causa última de todo organismo vivo, que es la supervivencia y el mantenimiento del equilibrio.

En cuarto y último lugar y en relación con las tres anteriores aparece la insuficiencia de la teoría general de sistemas a la hora de dar cuenta de las motivaciones de los actores. Siendo estos agre- gados, antes que individuos, resulta difícil encontrar un criterio válido de explicación de los comportamientos de los sujetos. Es tarea de la que se ocupa preferentemente la teoría de la decisión racional, ya mencionada, pero esta ignora los sujetos colectivos y prefiere tratar exclusivamente con personas físicas. Tal posición es muy adecuada a la hora de explicar el comportamiento electoral, pero no ayuda nada cuando se trata de dar razón de las decisiones colectivas, un tribunal, un gobierno, un parlamento. Las personas físicas tienen la indudable ventaja de que son centros muy cla-

ros de imputación de responsabilidad por los actos realizados o no realizados. Pero la cosa se pone más complicada cuando nos encontramos con sujetos colectivos y sus decisiones. En este ca- so solo cabe proseguir adjudicando a los entes colectivos una so- la responsabilidad por la manifestación de una única voluntad: los tribunales suelen adoptar decisiones con votos en contra; los parlamentos aprueban normas con votos también en contra de la oposición. Pero, a todos los efectos, el acto válido del órgano será la decisión que origine la responsabilidad, con independencia de la actitud que hayan tomado otros miembros de él pero hayan que- dado en minoría, igual que la decisión de los tribunales es única y los votos particulares se registran a cualesquiera efectos excepto el de cuestionar la dicha decisión.

Una última consideración. Dentro de la teoría general de siste- mas, la aportación fundamental de Luhmann consiste en subrayar la importancia del carácter autopoyético de los sistemas. Esto es, obviamente, los sistemas dependen de sus relaciones con el medio para sobrevivir. Pero, una vez esto sentado, no hay duda de que es autónomo, independiente, toma sus propias decisiones sin dar cuenta a nadie, según sus mecanismos de retroalimentación. Salvos casos extremos y excepcionales (guerras, invasiones, etc.) la repro- ducción del poder político en los sistemas es exclusiva responsabi- lidad de ellos.

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