Siempre y en todo lugar. “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario” es una de las citas más famosas de Milton Friedman. Aunque escrita en 1970, posterior al origen de las ideas que nos ocupan, el estructuralismo se caracteriza por el enfoque opuesto, y no sólo con relación a la inflación: los fenómenos eco- nómicos hay que pensarlos en función del tiempo y el lugar en el que ocurren. Propongo revisar estas ideas con el énfasis puesto en aquellas con importantes contribuciones argentinas (el naciona- lismo de ideas es siempre reprochable pero el mundial de fútbol incentiva desafortunadamente estos planteamientos).
No es una mera discusión académica. Ya Keynes advertía que: “las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando tienen razón como cuando están equivocados, son más poderosas de lo que realmente se piensa. De hecho, el mundo está dirigido por poco más que eso. Los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún difunto economista”.
Eso lo sabemos bien en la Argentina. El enfoque monetario de balanza de pagos (conocido también como monetarismo de economía abierta) fue la base teórica de la “tablita” de Martínez de Hoz. El patrón oro dio basamento a la “convertibilidad” de Cavallo. Y la economía neoclásica, en general, a la recomendación de apertura de la cuenta capital que dominó en ambos periodos.
Julio Olivera, uno de los más destacados economistas argentinos y padre intelectual de esta visión alternativa de la inflación, describió que “la doctrina estructuralista constituyó una reacción intelectual frente a los planes de estabilización puestos en práctica en diversos países de América Latina, especialmente durante los años cincuen- ta”. Como para los monetaristas la inflación era ocasionada por un exceso general de demanda, la receta de política económica era disminuir la demanda a partir de una política monetaria contractiva.
Además, la política económica que se aplica en la Argentina hoy está inspirada en la tradición intelectual estructuralista, lo que hace más interesante aún revisar estas ideas.
La diferencia de enfoque –particular versus generalista– se tra- duce en una diferencia del método. Los estructuralistas parten de mirar una sociedad en un momento histórico dado. Entonces, la primera tarea del economista estructuralista es recoger los hechos estilizados que caracterizan el fenómeno que le interesa. Luego, pensar la “estructura” y ponerla en movimiento.
Un ejemplo estructuralista
Supongamos (esto es parte del equipaje de todos los economistas) que una economía tiene dos sectores. Un sector industrial, poco competitivo con relación al mercado mundial lo que implica que: 1) necesita (y tiene) protección y 2) sus precios son mayores a los internacionales. Un sector agropecuario, competitivo, que produ- ce para el mercado interno y para el mercado internacional. La implicancia es que el precio local de los productos agropecuarios depende del precio en el mercado internacional o más simple, está “dolarizado”. Esta economía tiene “dependencia externa”, o bien porque tiene que importar bienes de capital e intermedios para crecer, o bien porque está endeudada en el exterior. Y hay trabajadores cuya canasta de consumo está compuesta por bienes de ambos sectores, pero los agrícolas son bienes salario (indispen- sables para la subsistencia).
Entonces, cuando una crisis de balanza de pagos obliga a deva- luar, los trabajadores deben gastar una parte mayor de su ingreso en bienes-salario, que aumentaron su precio como consecuencia de la devaluación quedando menos ingreso disponible para consumir los bienes industriales. El resultado es una recesión. Esta historia de pocas líneas es una caricatura de uno de los modelos estructu- ralistas más famosos de la devaluación contractiva e inflacionaria en la Argentina: aquel que escribiera el economista cubano Carlos Díaz Alejandro y que enfatizara los efectos redistributivos de la
devaluación (su estadía en la argentina en el Instituto Di Tella ayudó sin duda en el desarrollo de su modelo ya que muchas de estas ideas estaban en la tradición oral de los economistas argen- tinos de entonces).
Este tipo de modelos fue muy presente en Argentina. A Díaz Alejandro siguieron Oscar Braun y Leonardo Joy, Miguel Sidrauski, Alberto Porto y Adolfo Canitrot, entre otros nombres importantes. Aunque los énfasis fueron diferentes. En Sidrauski, la devalua- ción da lugar a que la oferta de dinero sea menor de la necesaria luego de la inflación que sigue a la devaluación y que licua los salarios reales. En cambio, Canitrot enfatiza la puja distributiva y su impacto inflacionario.
Más ideas
Un componente importante de estos modelos fue la noción de dine- ro pasivo que pensara Julio Olivera. Contrario a la visión moneta- rista, Olivera postuló que “la expansión monetaria es consecuencia y no causa de la inflación” ya que “los aumentos estructurales de precios se traducen por aumentos en el costo de producción de los bienes, que a su vez se reflejan por una mayor demanda de crédito bancario”. Entonces, el aumento de dinero “no configura un hecho autónomo con respecto a las alzas de precios, sino que es inducido por ellas”.
Los estructuralistas desconfían de la noción de equilibrio y algu- nos de esos adoptaron la noción de brecha que desarrolló Hollis Chenery, quien fue economista jefe del Banco Mundial. Por brecha, se entiende un desequilibrio persistente que sólo puede cerrarse con un cambio de régimen o estructura o, por ejemplo, ahorro externo. Las brechas (o las falencias) son el ahorro, la disponibi- lidad de reservas y la posición fiscal. El problema de la transfe- rencia externa, así nombrado a partir del debate alemán acerca de las reparaciones de guerra, se suma entonces al problema de la transferencia interna. Es decir, mediante una devaluación puede generarse el excedente en dólares para transferir al exterior, pero
esos dólares son del sector privado y la deuda es el sector público. Además, hay que generar el ahorro fiscal necesario para comprar esos dólares sin presionar al mercado de cambios. Las retenciones son el mecanismo actual por el cual se cubre la brecha externa y la brecha fiscal al mismo tiempo.
Pero retenciones había en otros periodos de la historia argentina y, sin embargo, no podía escaparse el círculo vicioso del estran- gulamiento externo. Esta dinámica ocurría regularmente como consecuencia de que las exportaciones crecían menos que el pro- ducto nacional real. Además, las importaciones crecían más rápido que el producto y, entonces, el proceso de crecimiento resultante culminaba abruptamente en una devaluación con inflación (el stop-
go). Ahora, la economía argentina parece escapar a esta dinámica perversa por una combinación de: 1) tipo de cambio real alto sos- tenido en el tiempo, 2) ahorro nacional alto, 3) altos precios de las materias primas básicas, 4) tipo de cambio flexible y 5) peso muy subvaluado.
La persistencia de la inflación llevó a algunos economistas, como Roberto Frenkel, a explorar las nociones de inflación inercial y régimen de inflación. Si los salarios y demás contratos se ajustan a la inflación pasada, aun cuando no hubiera shock inflacionario, la inflación tiende a perpetuarse en el tiempo de forma inercial. De hecho, es la indexación al índice de precios lo que, desde esta perspectiva, hace mucho más fácil el combate a la inflación. De ahí que el Plan Austral introdujera un mecanismo para desinflar los contratos (el desagio). También de ahí la reticencia del ex ministro Lavagna, y de muchos otros economistas argentinos, a promover la indexación de la economía en el mismo sentido que lo hizo exitosamente Chile.
La agenda
Cuando tuvieron su oportunidad en el gobierno, los estructuralis- tas fracasaron, al igual que sus rivales teóricos. En algunos casos porque subestimaron el manejo de la macroeconomía de corto
plazo; en otros, simplemente porque el margen de maniobra no alcanzó. Por ejemplo, con la restauración de la democracia en 1983 la economía argentina tenía que pagar casi 70% de las exportacio- nes, intereses privados y públicos al exterior. Hoy el radio es menor al 20%. Los márgenes de maniobra son diferentes. Aprovechar el margen de maniobra actual exige entender la agenda estructura- lista a nuevos problemas de corto y largo plazo.
En el corto plazo, los límites a la política de esterilización que son, a su turno, los límites a la sostenibilidad del dólar caro. Hay economistas que dudan de la posibilidad de seguir emitiendo pesos o deuda para comprar el exceso de oferta de dólares y sostener así el tipo de cambio real, clave en el actual proceso de crecimiento. La sostenibilidad fiscal de cara a un mayor costo energético que, por buenas y malas razones, no se traslada a precios también está en duda en plazos algo más largos.
Finalmente, la inversión en capital humano que permita con- vertir el crecimiento en desarrollo. La experiencia de crecimiento asiática (antes el sudeste asiático, ahora China) enseña que el tipo de cambio real alto es importante.
También, que hay que invertir en educación y ciencia para poder dar el salto cualitativo. Tanto es así que algunos economistas asiá- ticos ya no hablan de crecimiento liderado por exportaciones sino de crecimiento liderado por la ciencia.
Que nuestros estructuralistas no se contenten con el éxito eco- nómico de corto plazo, como les ocurrió a otros antes, es el desafío abierto para estas ideas que ahora están a cargo del país.