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VISIÓN LIBERAL DE LA DECADENCIA.

In document Exabruptos de Javier Finkman (página 80-84)

En estos tiempos la historia tiene mucho público, ya sea escrita o en televisión a juzgar por los rankings y los ratings. No cual- quier historia, hasta ahora al menos, es popular. Lo que domina el interés del público es una visión crítica del pasado reciente y distante donde son las personas, los intereses imperialistas y las políticas ortodoxas o de apertura las que explican el fracaso argen- tino. Los revisionistas –por minoría, al menos en la preferencia del público– son hoy los historiadores liberales para los cuáles las explicaciones de la decadencia son de índole institucional y política, a lo que agregan el abandono de un régimen de política económica promercado.

Cortés Conde comparte la “frustración” de todos por la evolu- ción de la economía argentina entre 1880 y 1990 a la que encuentra, además, “desconcertante”. En LA ECONOMÍA POLÍTICA… ofrece su explicación de las razones esta decadencia.

La etapa que va desde 1880 a 1914 es “el periodo de rápida expansión” donde “el notable crecimiento (…) estuvo basado en la incorporación de factores de producción: tierra, capital y trabajo” y, en menor magnitud, en el aumento de la productividad de los fac- tores. Aunque Cortés Conde no explora este punto, hay que decir que para los economistas hay enormes diferencias entre ambos tipos de crecimiento. Se puede crecer más con más factores, pero se puede producir más con la misma cantidad de insumos. Entre 1880 y 1914 fue el crecimiento por acumulación el que dominó. Lo que atrajo el capital y el trabajo fue, para Cortés Conde, la organi- zación Nacional y el desarrollo institucional asociado. De hecho, a lo largo del libro el autor pone énfasis en la calidad institucional como un factor esencial para entender la evolución económica en cada periodo (en el sentido algo acotado de “garantizar los dere- chos de propiedad” y evitar arbitrariedades). Desde el punto de vista sectorial, la agricultura y la industria explican el crecimiento

mientras que, desde la perspectiva de la demanda agregada, son las exportaciones el motor. Y la Argentina crece más rápido que en toda su historia y más rápido que Australia, Estados Unidos y Canadá, y la mayoría de los países europeos.

La Primera Guerra Mundial tiene un “efecto intelectual nada despreciable”: “los dueños del capital y del trabajo, que has- ta entonces negociaban sus remuneraciones es en el mercado, empezaron a darse cuenta de que podían mejorar o empeorar sus posiciones respectivas (sus precios relativos) apelando a la inter- vención del gobierno”. En ese sentido, comienza una combinación de protección a través de tarifas y “mejoras de los salarios reales con la apreciación del peso” que iba a caracterizar la economía del peronismo varios años más tarde. Durante la Primera Guerra, la Argentina sufrió por “la restricción de oferta” ya que dependía de las importaciones de bienes intermedios y maquinarias y equipos que los países beligerantes “desviaron para satisfacer las necesi- dades de la guerra”. En este periodo se aprenden las consecuen- cias de la depreciación y posterior apreciación del peso sobre los ingresos reales. De hecho, Cortés Conde especula que el alza de los salarios reales en los años veinte “puede que haya tenido que ver (…) con la ampliación del proceso de participación política”. Los años veinte también se caracterizan por un “significativo aumen- to de la oferta de productos primarios cuando al mismo tiempo disminuyó el ritmo de crecimiento de la población”. El resultado claro fue la presión a la baja en el precio de las materias primas y entonces “se generalizaron las políticas proteccionistas”. Cortés Conde también sugiere que, en este periodo, en Australia o Cana- dá, comienza el proceso por el cual sustituye ahorro británico por ahorro interno “pero no habría ocurrido lo mismo en la Argentina debido a la más alta tasa de dependencia”. Hay que decir que la utilización exagerada del ahorro externo es un punto que merece más investigación en el caso argentino.

Luego Cortés Conde se ocupa de la década del 30 que inclu- ye el tratado Roca-Runciman, nacimiento del Banco Central, y la

implementación de controles de cambio, entre otras medidas. En este periodo se experimentan fuertes pérdidas de capital como consecuencia de las grandes devaluaciones y su impacto en la valorización de deudas en moneda dura (este fenómeno sería más tarde conocido entre los economistas como “efectos de balance” y llevaría a poner la atención en los descalces de moneda).

Claro que, para Cortés Conde, el entierro definitivo de la belle

époque se produce “desde el momento en el que coronel Perón arengó a los trabajadores desde el edificio del Concejo Deliberante convertido en la Secretaría de Trabajo y Previsión”. Los objeti- vos del peronismo eran el pleno empleo, la industrialización y la mejora en el salario real. Para ello se recurrió a todo tipo de medidas que incluyeron desde la suba de aranceles y la imposición de restricciones cuantitativas, hasta el control y nacionalización posterior del mercado de cambios, pasando por la nacionalización y garantía de los depósitos y la creación de múltiples empresas estatales. La protección se combinó con el control de precios y la sobrevaluación del peso para aumentar el poder adquisitivo del salario real medido en alimentos. La evaluación de Cortés Conde es definitivamente negativa: “se había creado un nuevo Leviatán”. Era entonces “un tipo de capitalismo diferente” en el que “la pro- piedad nominal de un factor continúa perteneciendo a su titular, pero la ganancia dependía en una medida muy importante, no ya de su productividad, sino de un hecho administrativo”. Era un cambio institucional.

Lo que sigue en la historia económica argentina son los intentos de encauzar los errores del pasado con oscilaciones entre rein- gresos del voluntarismo económico (el gobierno de Alfonsín, por ejemplo) e interrupciones de ajustes costosos. Estas oscilaciones estuvieron asociadas, también, al ciclo internacional de los términos de intercambio que enfrentó la Argentina. En toda su historia, la Argentina persistió en el error de aplicar políticas en las que los bienes de capital resultaban sumamente caros, desalentando la inversión. A esto hay que sumarle la inestabilidad institucional

(en tanto garantía a los derechos de propiedad) que, sugiere la lectura del libro, es otra de las causas de la decadencia argentina.

Cortés Conde es un historiador profesional con pasión por las estadísticas y se refleja en su retórica. Es por eso por lo que LA ECONOMÍA POLÍTICA… no es un libro de alcance universal por- que exige del lector mucha atención numérica. Esto no lo hace menos valioso sino menos accesible. La historiografía económica liberal aún no tiene su Felipe Pigna.

CONSENSO DE WASHINGTON,

In document Exabruptos de Javier Finkman (página 80-84)