III. San Agustín
12. Filosofía de la historia
Un segundo aspecto del pensamiento de san Agustín es la Filosofía de la Historia, lo anterior era la Filosofía de la persona o el individuo. Pero la persona no vive sola sino en sociedad.
Hay dos obras claves, las Confesiones sobre la persona y la Ciudad de Dios sobre la sociedad. En las Confesiones analiza la fenomenología de la persona humana (la inquietud, el error, la temporalidad) y se pregunta el porqué. Por eso pasa en las Confesiones de la fenomenología a la Metafísica, de la experiencia al porqué de esa experiencia.
En la Ciudad de Dios hace lo mismo pero respecto a la sociedad. En primer lugar hace la fenomenología de los comportamientos sociales. Ve en primer lugar que hay guerras, luchas por el poder, en segundo lugar que hay guerras y luchas por el tener o la riqueza, y en tercer lugar guerras y luchas por el ser
más, por tener fama, el ser. Luego hace una metafísica de estos comportamiento o se pregunta el porqué de ellos.
Al preguntarse sobre las causas de por qué las sociedades buscan el poder, el tener y la fama, encuentra dos tendencias, y esto porque la vida humana y la social es ante todo tendencia, deseo o búsqueda. Pero es doble, unas van hacia el mal (diríamos), fundamentarse en sí o en las cosas, otras orientadas a buscar eso en Dios de tal manera que esos dos amores van a ser el egoísmo o la caridad (eros y ágape).
Estos dos amores constituyen la dinámica de toda la Historia. Todo lo que se hace en la Historia, en la sociedad, se hace movido por esos dos amores. “Dos amores fundaron dos ciudades, el amor propio la ciudad terrena, el amor de Dios la ciudad del Cielo. La primera se gloría en sí misma y la segunda se gloría en Dios” (De civitate Dei 14, 28). detrçás de ambas tendencias existe siempre la búsqueda de la felicidad. Esta felicidad se puede buscar en Dios, o en los bienes o en el poder o en la fama...
En primer lugar tenemos que la sociedad puede buscar toda su felicidad en el poder o en el tener o en el ser. Con ello trata de poner a Dios a su servicio construyendo entonces los ídolos. Ídolo es lo que nosotros absolutizamos sea del orden que sea. “Nadie es arrojado de la verdad sino que a la vez sea ganado por una imagen de la misma.” dice en De vera religione 39, 72.
Esta es la razón de que el hombre haga dioses para sustituir a Dios. “Quisieron apropiarse de la divinidad y perdieron la felicidad” dice en el
Comentario al Salmo 68, 9. La raíz de la idolatría es el desorden del amor (la tendencia más radical del hombre).
En segundo lugar, en este mismo desorden del amor el que es el fundamento de las guerras civiles, porque en el fondo el origen de toda guerra es fruto de la pasión del dominio, la alabanza... Pero a su lado se encuentra el amor ordenado o la virtud. De este amor ordenado brotan todas las virtudes (ordo amoris es la virtud). Y se llama caridad ese amor ordenado, y es otra de las fuerzas dinámicas de la Historia.
Este amor es el que construye la paz y la unidad. “Sólo sabe amarse a sí mismo quien ama a Dios” dice en Sobre las costumbres de la Iglesia católica I, 26, 49. Se basa en la justicia (estar ajustado) y ésta fundamenta la paz.
Por consiguiente, la Historia tiene una dinámica, es un caminar. No es un eterno retorno, como en los griegos. Tiene un origen y un fin. El origen está en la Creación, el término el último día, el fin del mundo. A este progreso de la Historia llama cursus tempore. Este caminar de la Historia no es un absurdo, tiene sentido; es Dios quien la dirige y ordena. Existe un proyecto en Dios, por eso la Historia deja de ser algo cerrado, como para los paganos. “Rotos los círculos que llevan al alma a retornar sobre sí misma...” La Historia es un progreso espiritual, la humanidad realiza un progreso hacia Dios.
Este caminar es dialéctico, de oposición entre los dos amores. A partir de esta concepción de la Historia ha surgido el llamado agustinismo histórico.
SAN AGUSTÍN no es un historiador de oficio. En cuanto al llamado agustinismo
histórico, sus representantes han sido PAULO OROSIO, obispo de Córdoba que en la
época de los visigodos arrianos va a visitar a san Agustín del que se hace amigo y luego va a Belén con san Jerónimo, y otro muy posterior OTTO FREISING, obispo
cisterciense.
Hay que distinguir primero entre Historia e historiografía. Historia es lo vivido por la humanidad, son los hechos. La Historiografía es una reflexión de esos hechos. Historia sería una fenomenología, historiografía es el buscar, la Filosofía. SAN AGUSTÍN hace más Historiografía que Historia, es más un pensador
que un cronista. La obra Ciudad de Dios es más una Filosofía de la Historia que un libro de Historia.
A través de la Ciudad de Dios y por medio de PAULO OROSIO y SAN ISIDORO ha sido
un agente eficaz para la transmisión a la Edad Media de toda la tradición antigua de la Historia.
Su obra, Ciudad de Dios, es una de las más y mejores conocidas, sobre todo en la Alta Edad Media (hasta el siglo XI). Sin embargo, influye a través de PAULO
OROSIO, que es en realidad el único testigo de la Historia antigua para los
autores medievales.