III. San Agustín
5. El método agustiniano
¿Cuál es entonces el método para pasar de esa presencia oscura a una clara? Si Dios está en cierto modo en el hombre ¿cómo descubrirlo? Propone un método. El origen lo propone en el Libro VII de las Confesiones, que es clave para conocer el método. Dice que llegando a Milán entró en contacto con los intelectuales, y le entregaron unos libros de los platónicos; descubre el método de la interioridad ahí (conversión y ascensión). PORFIRIO lo expone en De regreso
animæ.
Este método para llegar a la sabiduría y conseguir la plenitud de su vida, es un análisis del hombre en cuanto búsqueda, pero no el hombre abstracto, sino el hombre concreto, que está viviendo. El hombre es sentido como un perenne
descontento, como radical inquietud, como un ser interrogativo. El problema as ahora a partir de ahí cómo llegar a encontrar la quietud.
Este método no es una cuestión de demostración de la sabiduría sino un análisis cada vez más profundo de lo que es el hombre. Pasa de lo menos conocido a lo más conocido, de la semilla al desarrollo. No parte de un punto ceo. Lo propone en De vera religione 39, 72: “No vayas hacia afuera (no te desparrames en las cosas, no busques fuera de ti), vuélvete a ti mismo (entra en ti), en el interior del hombre habita la Verdad, y cuando encuentres que es mudable o cambiante tu naturaleza transciéndete a ti mismo, vete más allá de ti, pero acuérdate al transcenderte que eres un alma que razona, dirígete pues allí donde la luz de la razón se enciende. Mira el fundamento de tu pensar.”
Habita la Verdad (Cristo) en el hombre. parte del prólogo del Evangelio de
SAN JUAN. Todo está hecho por el Verbo, y Cristo es la Verdad, el Camino y la
Vida. Por ello la huella de Cristo está en lo más íntimo del hombre; a esta huella que es el hecho de la Creación, la llama Maestro interior, huella de Cristo conforme a la que ha sido hecho.
El método no es para descubrir a Dios sino para explicitarle. Pasar de lo confuso a lo claro. es un método de la educación o platónico. Tiene tres pasos. El primero es concentrarse sobre sí mismo o interioridad. Lo primero es separarme de las cosas externas, el recogerse; ello porque desparramarse entre las cosas lleva a la propia aniquilación. parte él de que está Dios, el hombre y el mundo exterior. El hombre creado por Dios, y por ello es imagen de Dios (que tiende por eso al modelo, como imantado); pero a la vez está orientado al mundo (es también cuerpo). sí está entre dos tendencias. Cuando vamos a las cosas (ex-tensión, que es desparramamiento, multiplicidad), se identifica con ellas, y pierde identidad. Dios es el Uno, idéntico, por eso si se identifica con Dios se identifica consigo. Conversio llama a la orientación hacia Dios y aversio la orientación hacia el mundo. Lo primero es romper con las cosas, lo segundo conocerse a sí (SÓCRATES), pues así uno se conoce como
imagen, y luego se transciende.
El hombre. que carece de interioridad o intimidad se desparrama entre las cosas, se asemeja a ellas (somos lo que amamos). En este caso el hombre no domina y controla la naturaleza sino que es vivido por las cosas, no posee sino que es poseído. “Me desparramé de ti, anduve errante y me hice esterilidad desértica. Tierra olvidada es el hombre que se olvida de Dios.”
Este paso exige que el hombre se encuentre consigo mismo, sea sí mismo. Ese es el segundo paso. No es suficiente el recogimiento, el entrar en uno mismo; es preciso explicitar a Dios en nosotros, y ésta se realiza a través del análisis de lo que somos (en concreto del alma o conciencia). En el Libro de las
Confesiones dice: “Por mi alma subiré a Ti.”
Cuando se analiza el hombre encuentra en lo más profundo de sí el deseo de felicidad (Todos los hombres desean ser felices). Esta felicidad el hombre no la tiene pero la busca. Por esto sólo tenemos conciencia de nosotros mismo en
función o en relación de algo distinto de nosotros. Si no hubiera un objeto que diera la felicidad no lo buscaríamos, la felicidad objetiva.
Ese análisis de la felicidad lleva al hombre a tomar conciencia de que el fundamento de su ser no está en él.
Ahora viene el tercer paso. Analiza el hombre como deseo, búsqueda de ser feliz. Pero el hombre no se puede definir ni comprender desde sí mismo, apunta siempre a más allá de él, por eso dice “transciéndete a ti mismo y busca el fundamento de tu ser”.
Comentario al salmo 41: “Oigo todos los días ¿dónde está tu Dios?”
Precisamente este tercer momento, la instancia central de todo su pensamiento, pasar del hombre a Dios, ya que él explica el sentido de toda la existencia. este paso tercero nos hace vivir, buscar y preguntar. “A ti Señor de qué modo te puedo buscar... Te busco para que viva mi alma.” La búsqueda de la felicidad es la vida de la vida del alma.
Ahora vemos cómo lo aplica este método. Toda la Filosofía o pensamiento de
SAN AGUSTÍN es una Filosofía de la presencia de Dios. SAN AGUSTÍN todo lo va a ver a
la luz de esta presencia de Dios. El problema es cómo es esa presencia, cómo Dios está presente. Para ello el punto de partida es su división de la realidad según los estoicos en tres aspectos (Física, Lógica y Ética). es decir ser, pensar y obrar. O sencillamente será el poder, el tener y el conocer. Y Dios se encuentra en la raíz de toda la realidad, el obrar y el conocer. Dios está presente en el ser, en el pensar y en el obrar.
En De civitate Dei VIII, 4 dice que la causa constitutiva de todo lo que existe, la luz que permite captar toda la verdad, fuente en la que fe se bebe toda la felicidad. Esto lo fundamenta en la Trinidad.
6. La temporalidad
La primer parte, la Metafísica, va a explicitar la presencia de Dios en el ser. Lo que hace SAN AGUSTÍN es descubrir lo que somos, cómo nos encontramos, qué
conciencia tenemos de nuestro ser. Cuando el hombre tiene conciencia de sí, lo primero de lo que tiene conciencia es de su temporalidad. Por lo mismo somos seres inseguros.
Porque el tiempo se nos presenta como cambio y alteración. No están fijos en sí mismos. El tiempo, o la temporalidad, no es más que la expresión de nuestra inseguridad en el ser o el vivir, y el hombre como todo ser creado es esencialmente temporal, caminando hacia la muerte.
El problema del tiempo es el problema de nuestro existir, ex-sistencia, fuera, no sistere. Nosotros no somos, según SAN AGUSTÍN, no subsistimos, sino más bien
ex-sistimos; subsistir es ser fijo, apoyarse en sí, y el hombre está fuera de lo que es, fuera de lo permanente. Pero a la vez no somos pura existencia. Somos más bien consistencia (con-sistere); la consistencia requiere diferencia del sistere, distinción de aquello que es (existe en otro, es decir de Dios), pero no es total,
es con el otro. Por esto el hombre como todos los seres creados no es ni puro ser ni pura nada, entre ser y nada, no es ni Dios ni pura nada. esto refleja o se manifiesta en el tiempo. “Nosotros somos tiempo, y como somos así es el tiempo.”
¿Qué es el tiempo? No se lo pregunta como ARISTÓTELES (medida del
movimiento), no es algo objetivo, sino subjetivo, cómo me siento yo, no es el mismo para el joven como para el anciano.
En el tiempo encontramos tres momentos; pasado, presente y futuro. Busca con ese análisis mostrar la presencia de la eternidad (de Dios).
El futuro todavía no es, por esto el futuro más que ser es un hacia, un dirigirse havia, una especie de distensio animæ (cuando se estira mañana), me proyecto hacia.
El pasado ya no es, porque fue, pero tampoco se identifica con la nada. Hablo de él por eso. El pasado posee un determinado ser, y es la realización de lo que somos.
El presente es el porqué de toda acción. De hecho tanto el pasado como el futuro están en función del presente (es un presente que fue y que va a ser, el pasado y el futuro). El presente da sentido a ambos. Pero es tan fugaz que es más un deseo que una realidad, porque cuando digo presente ya paso. Dedica más de la mitad del Libro XI de las Confesiones (11-31) a ello.
Tratando de penetrar en el porqué del tiempo toma como punto de partida la medida del tiempo. Nosotros medimos el tiempo, y por esto decimos “tengo poco o mucho tiempo”. Pero medir es emitir un juicio, y presupone que para ello necesitamos un criterio que esté sobre el tiempo. Es decir no puedo decir que algo es mayor o menor que lo otro, más largo o breve sino tengo un conocimiento previo de la eternidad con lo que lo comparo; necesito una unidad de medida (una cierta presencia de la eternidad en el alma). Si no hubiese en el alma una cierta presencia de eternidad no tendríamos conciencia de que el tiempo es largo o corto.
Por esto, en consecuencia, para medir el tiempo necesitamos estar en cierto modo en la eternidad. El hombre no es exclusivamente presente. En función del presente juzgo el pasado y el futuro, y el presente está en función de la eternidad. El presente es fulgor de la eternidad, que es un instante. Sólo podemos hablar del ser en presente, y hablar de pasado y de futuro en la medida en que son presente.
En conclusión, los tres modos del tiempo en cuanto tales sólo se experimentan en el alma en cuanto los vive a la luz del presente. Comprender el tiempo es comprender el presente o la vivencia que tenemos del presente. El presente es la presencia o fulgor de la eternidad en el hombre. El tiempo es la relación de nuestro ser finito, móvil y cambiante a la eternidad inmóvil y fija.
Nos revela lo que somos en Dios.. Si no está presente Dios en cierto modo en el hombre no tiene conciencia del tiempo. Por eso el hombre es tiempo en la
eternidad. En el Libro VII de las Confesiones dice: “El alma mide el tiempo desde la eternidad con la que está en contacto. la eternidad es el fundamento de todo juicio sobre el tiempo o experiencia del tiempo. es signo de la eternidad el tiempo, vestigio, huella de la eternidad.” Y en el Libro XI: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé, pero si trato de explicárselo al me lo pregunta no lo sé.” Lo experimentas pero no lo sabes expresar.