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Algunos hombres buenos

In document Aguiar, Natalia El Señor de La Corte (página 60-62)

Los operadores políticos o lobistas son, históricamente, parte del paisaje natural de la política argentina. Manejan una cuota importante de poder. Algunos fueron funcionarios, otros asesores y, quién más quién menos, hizo hasta de pañuelo de lágrimas de sus clientes. Su lenguaje preferido suele ser el off the record. El talento, el manejo del secreto y el verdadero “jefe”, sin duda, el poder. A muchos se los definió como “monjes negros”, extremadamente pragmáticos y encargados de aceitar los engranajes de la negociación política. Abrieron puertas, identificaron

oportunidades y amortiguaron golpes.149

Lorenzetti podía ser nuevo en la Corte y en la familia judicial pero también era lo suficientemente inteligente para saber que necesitaba tener a su lado a colegas, funcionarios y políticos que lo ayudaran a cimentar su liderazgo. Entendía ese mundo al modo talibán, o estás conmigo o estás contra mí. El mensaje lo recibieron, de forma sutil, los magistrados de todo el país. A partir de entonces, tomaron conciencia de que enfrentarse al supremo juez significaría, la “extradición judicial”.

Respetado en base al “miedo, su poder de venganza es inconmensurable”, asegura Cornejo. Para ejercer su “autoritarismo —añade—, necesitaba soldados dispuestos a cumplir cualquier desafío que les planteara”. Para el magistrado, Lorenzetti y los suyos, representan una versión judicial de lo que los militares entenderían por obediencia debida. O como observa Steven Lukes150 sobre cómo un líder construye y se asegura el poder y dominio sobre sujetos que, pese a resistirse, lo aceptan de forma voluntaria.

Para armar la red de contactos Lorenzetti eligió a Luis María Cabral, Alfredo Kraut, Claudia Levín, Julián Ercolini, Ariel y Alfredo Lijo para legitimar su poder ante la familia judicial. Ya con sus soldados seleccionados, objetivos claros en la mira y alianzas estratégicas, Lorenzetti se convertiría en la espada de Néstor Kirchner en el Poder Judicial. “El Mono tiene la habilidad de un equilibrista a 4000 metros de altura con viento Zonda de frente. ¿Pero el kirchnerismo podría domarlo? Esa era la gran incógnita”, se pregunta el periodista Sergio Zenklusen.151

El padrino

Entre la tropa que responde a la consigna de Lorenzetti se destaca, con un vínculo especial, Cabral, juez del tribunal oral en lo criminal No.9. Antes de ingresar en esa estructura de poder, Cabral era una persona respetada por su historia y valentía. Durante la última dictadura militar, cobró notoriedad como representante del Frente de Izquierda Popular (FIP), al presentar habeas corpus para proteger a los detenidos. Quienes lo conocieron resaltan su inteligencia y vocación social. Sobresalió por instrumentar el marco jurídico de la Ley de Cupo Femenino (24.012) y el del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Llegó a la magistratura en 1993. Entre 1998 y 2006 fue vicepresidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional (más tarde la presidió en varias oportunidades). En 2006 representó a este estamento en el Consejo de la Magistratura, que luego encabezó en 2010. “Bachicha”, como le dicen los amigos, no solo tenía pasado político respetable, sino también judicial. Su padre, Luis Carlos, había integrado la Corte Suprema entre 1966 y 1973. Era considerado un verdadero “NyC”, es decir nacido y criado en la familia judicial. Un personaje atractivo para alguien como Lorenzetti que recién llegaba. Fue Cabral quien, al incorporarlo al selecto grupo de la Asociación, lo apadrinó en la “familia judicial”. Compartían el entusiasmo por la política y el derecho. Lorenzetti había llegado a la Corte a través de Kirchner y

Cabral era considerado un “kirchnerista intermitente”.152 Para Lorenzetti, era un “brazo ejecutor” en el Consejo de la Magistratura y su nexo con la aristocracia judicial.

En 2011 Cabral fue nombrado juez interino en la Cámara de Casación, máximo tribunal penal del país. Y en 2013, dos semanas antes de que se le venciera el mandato, siete camaristas del tribunal lo designaron “subrogante permanente”. El nombramiento fue cuestionado al observarse que el cargo no había sido sorteado entre jueces federales, como lo establecía una norma. Es decir, que lo habían designado “a dedo”,153 según denunció el entonces diputado nacional Carlos Kunkel. Aunque ya antes, Jorge Auat y el CELS154 habían advertido el nombramiento “irregular”. Las voces críticas interpretaron que detrás de la designación de Cabral estaría Lorenzetti,155 quien buscaba que este fuera el nexo entre Corte, Gobierno y Casación. En tanto, la versión oficial se limitó a señalar que “la Corte avaló a Cabral, a través de una acordada, hasta que la vacante fuese cubierta según el sistema institucional”.156 Lo cierto es que el máximo tribunal debía intervenir en causas claves como el Memorándum con Irán, la de sobornos en el Senado y otras en las que estaban involucrados Cristina Fernández de Kirchner y funcionarios afines.

La causa del Memorándum con Irán157 era de importancia para el gobierno. Y mientras esta se dirimía en Casación durante 2015, las “dilaciones y manejos políticos” pusieron bajo la lupa a Cabral, quien “negociaba su voto con el gobierno”.158 Cabral fue desplazado de su cargo por la mayoría oficialista del Consejo de la Magistratura159 con sustento en la ley de subrogancias aprobada por el Congreso. Y aunque la Corte, tiempo después, la declararía inconstitucional, Cabral no recuperó el cargo pese a los reclamos judiciales. Lo sucedido motivó que la diputada Elisa Carrió denunciara en las redes sociales que Cabral “había sido entregado por Lorenzetti, muy amigo de Zannini con el que hacen los pactos”.160 Además, otras voces adujeron que, por un supuesto pedido de Lorenzetti al entonces presidente de la Unión Cívica Radical, Ernesto Sanz, los consejeros radicales Gustavo Valdez y Ángel Rozas no asistieran al plenario en el que se apartó a Cabral161 y con esa ausencia habrían allanado la desvinculación. Mientras los hechos se precipitaban, Cabral no ocultaba hasta qué punto le irritaba que lo identificaran como “operador” de Lorenzetti.

Si recordamos a Carlos Fayt, quizás se pueda afirmar que sería la primera vez, pero no la última, que el presidente de la Corte Suprema, en palabras de Cornejo, “entregaba un juez al gobierno sin miramientos. Utilizado y desechado”.

In document Aguiar, Natalia El Señor de La Corte (página 60-62)