• No se han encontrado resultados

Estimaciones directas de productos marginales muestran que hay mu- chas oportunidades de inversión no explotadas. Para pequeñas firmas mexicanas que tienen menos de US$200 invertidos, la tasa de retorno llega al 15% mensual, lo cual está muy por encima de las tasas disponi- bles de interés informal que ofrecen las casas de empeño o programas de microcrédito (del orden del 3% mensual) (gráfico 5.3).15 Las tasas de

retorno estimadas bajan con la inversión pero siguen siendo altas –del 7% a 10% mensual para las firmas que tienen inversiones de entre US$200 y US$500, y el 5% para las firmas que tienen inversiones de entre US$500 y US$1.000–. Todas estas firmas son demasiado peque- ñas y podrían cosechar grandes ganancias si incrementaran su inver- sión.

El crédito comercial es en todas partes una forma importante de crédito, tal vez especialmente allí donde las instituciones formales del

Fuente: Hoff y Pandey, 2004.

Nota: Las líneas verticales indican que la brecha entre castas es estadísticamente significativa.

Gráfico 5.2 El desempeño de los niños difiere cuando se da a conocer su casta

Gráfico 5.3 Los retornos de capital varían según el tamaño de la firma: evidencias de pequeñas firmas mexicanas

73

Desigualdad e inversión

mercado de crédito están subdesarrolladas. Fisman (2001a) se fijó en la relación entre acceso a crédito comercial y utilización de la capacidad en 545 firmas de Costa de Marfil, Kenia, Tanzania, Zambia y Zimbabue. Él encuentra que las firmas que reciben crédito comercial de tres pro- veedores importantes (en promedio, uno de los tres proveedores ofrece crédito comercial) tienen una utilización de la capacidad un 10% mayor que las que no tienen crédito comercial. Esta relación es mucho más fuerte en industrias en las cuales es importante tener grandes inventarios. Tales estudios presentan serios problemas metodológicos. El proble- ma básico se deriva del hecho de que los niveles de inversión tienden a estar correlacionados con variables omitidas. Por ejemplo, en un país sin limitaciones de crédito, la inversión estará positivamente correlacionada con los retornos esperados de la inversión, lo que genera una positiva “inclinación de la habilidad”.16 McKenzie y Woodruff (2003) intentan

neutralizar la habilidad de manejo incluyendo el salario del dueño de la firma en un empleo anterior. Pero esto no es sino la mitad del camino, si los individuos optan por el autoempleo precisamente debido a que la productividad que esperan del mismo es mucho más alta que su produc- tividad en un trabajo como empleados. Por el contrario, si a las firmas se les asigna capital para evitar su fracaso, podría darse una inclinación negativa de la habilidad.

Banerjee y Duflo (2004a) aprovechan un cambio en la definición del “sector prioritario” en India, para obviar estas dificultades. En ese país se les exigió a todos los bancos prestar como mínimo el 40% de su cré- dito neto al “sector prioritario”, el cual incluye la pequeña industria. En enero de 1998, el límite a la inversión total en plantas y maquinaria para que una firma fuera elegible para su inclusión en la categoría de pequeña industria, se elevó de 6,5 millones a 30 millones de rupias. Los investigadores muestran en primer lugar que, después de las reformas, firmas ahora elegibles (las que tenían inversiones de entre 6,5 y 30 mi- llones de rupias) obtuvieron, en promedio, incrementos más grandes en el límite de su capital de trabajo que las firmas más pequeñas. En segui- da muestran que las ventas y las utilidades de esas firmas se incre- mentaron más rápido durante el mismo período. Uniendo los dos factores, los investigadores pueden estimar el impacto del mayor acceso a capital de trabajo sobre el crecimiento de las utilidades. Dando cabida a la po- sibilidad de que las firmas del sector prioritario estuvieran pagando menos que el costo real del capital por el dinero extra obtenido del banco, estiman que en estas firmas los retornos de capital tienen que ser como mínimo del 94%.

Otro tipo de evidencias de subinversión se desprende del hecho de que muchas personas pagan las altas tasas de interés reportadas ante- riormente. Dado que este dinero típicamente va a financiar la indus- tria y el comercio, lo que se presume es que la gente que toma préstamos a esas tasas a menudo cercanas al 50% o más, tienen que tener un producto marginal del capital que sea aún mayor. Pero el producto marginal promedio en los países en desarrollo no parece acercarse en ninguna parte al 50%. Una forma de llegar al promedio de los pro- ductos marginales es fijarse en la razón incremental de capital a rendi- miento (ICOR) para el país como un todo.17 El Fondo Monetario

Internacional (FMI) estima que para finales de los años noventa la ICOR fue superior a 4,5 para India y 3,7 para Uganda. La estimación superior implícita del producto marginal promedio es del 22% para India y 27% en Uganda.

El hecho de que muchas firmas hindúes tengan un producto margi- nal del 50% o más mientras que el producto marginal promedio es ape- nas del 22% más o menos, es una fuerte evidencia prima facie de la mala asignación del capital. Las firmas que tienen un producto marginal del 50% o más, evidentemente son demasiado pequeñas, en tanto que las

otras, (cuyo promedio baja al 22%) en algunos casos tienen que ser de- masiado grandes.

Un ejemplo específico de esta clase de mala asignación de capital proviene de un estudio de la industria de ropa tejida en la ciudad sureña de Tirupur, en India.18 Dos grupos de personas operan allí: los Gounders

y los de fuera. Los Gounders, provenientes de una pequeña y acaudala- da comunidad agrícola del área circundante de Tirupur, se pasaron a la industria de la confección porque en la agricultura no había muchas oportunidades de inversión. Los de afuera son gente de diversas regio- nes y comunidades que comenzó a vincularse a la ciudad en la década de 1990.

No es de sorprender que los Gounders tengan lazos mucho más fuertes en la comunidad local y, consecuentemente, mayor acceso a financia- ción local. Pero de ellos puede esperarse que tengan menos habilidad natural para la manufacturación de ropa que los de fuera, quienes vinie- ron a Tirupur precisamente por su fama de centro de confecciones para la exportación. Los Gounders poseen en promedio aproximadamente el doble de capital que los de fuera. Las firmas Gounder, independiente- mente de su antigüedad, tienen todas más capital, aunque hay una fuerte tendencia hacia la convergencia, a medida que maduran (gráfico 5.4a). Los Gounders, pese a poseer más capital, pierden su liderazgo en las ventas más o menos al quinto año, y luego terminan vendiendo menos (gráfico 5.4b). En otras palabras, los de afuera invierten menos y produ- cen más. Evidentemente son más hábiles que los Gounders,19 pero de-

bido a que tienen menos riqueza en dinero y carecen de las conexiones adecuadas, terminan trabajando con menos capital.

Agricultura

También hay evidencias directas de altas tasas de retorno en inversio- nes productivas en agricultura. En las planicies forestales del sur de Ghana, el cultivo de cacao, en receso por muchos años debido a una enfermedad, fue remplazado por cultivos intercalares de yuca y maíz. Recientemente, el cultivo de piña para exportación a Europa ofreció una nueva oportunidad a los agricultores de esta área. En 1997 y 1998, más de 200 hogares que cultivan 1.070 lotes en cuatro agrupaciones en la zona, fueron supervisados cada seis semanas durante cerca de dos años. La producción de la piña domina el cultivo intercalar tradi- cional (gráfico 5.5),20 y los retornos promedios asociados con el cam-

bio de los acostumbrados maíz y yuca a la piña se estima que exceden al ¡1.200%! No obstante, sólo 190 de 1.070 lotes se cultivaron con piña. Cuando los autores les preguntaron a los agricultores por qué no estaban sembrando piña, la respuesta virtualmente unánime fue, “yo no tengo el dinero para eso”,21 aunque no se puede descartar del todo

cierta heterogeneidad en la habilidad entre los que se han pasado a la piña y los que no.

Evidencias de granjas experimentales sugieren que, en África, la tasa de retorno del uso de fertilizantes químicos (para maíz) también sería alta. Pero las evidencias pueden no ser realistas si no es posible reprodu- cir las condiciones de una granja experimental en las granjas corrientes. Foster y Rosenzweig (1995) muestran, por ejemplo, que los retornos de optar por variedades de alto rendimiento eran efectivamente bajos en los primeros años de la revolución verde en India, e incluso eran negati- vos para los graneros que no tuvieran educación. Esto, pese al hecho de que estas variedades se seleccionaron precisamente para tener alto ren- dimiento, en las condiciones apropiadas. Pero exigían insumos comple- mentarios en las cantidades y el momento apropiados. Si los graneros no podían o no sabían cómo proveerlos, las tasas de retorno eran verda- deramente bajas.

Sin embargo, el fertilizante químico no es una tecnología nueva, y la forma apropiada de usarlo es entendida por todos. Para estimar las tasas de retorno del uso de fertilizantes en fincas de Kenia, Duflo, Kremer y Robinson (2004), en colaboración con una pequeña organización no gubernamental (ONG), hicieron pequeños ensayos aleatorios en fincas de la gente. Cada agricultor participante delimitó dos lotes pequeños. En un lote seleccionado al azar, un funcionario de campo de la ONG ayudó al granero a aplicar el fertilizante. Fuera de ello, los agricultores continuaron cultivando como de costumbre. Las tasas de retorno del uso de una reducida cantidad de fertilizante oscilaron entre el 169% a 500%, dependiendo del año, aunque los retornos marginales decrecie- ron rápidamente con el aumento de fertilizante utilizado en un lote de un tamaño dado.

Evidencias de un tipo diferente de subinversión en agricultura es la relación negativa entre tamaño y productividad, la idea de que las fin- cas más pequeñas tienden a ser las más productivas (cuadro 5.2). La

brecha de productividad entre pequeñas y grandes fincas dentro de un país puede ser enorme: un factor de 5,6 en Brasil y uno de 2,75 en Pakistán.22 Es menor en Malasia (1,5), pero una finca grande en Malasia

no es muy grande. Estas son fuertes evidencias prima facie de que los mercados de alguna manera se están equivocando en la cantidad de tierra asignada a los que actualmente cultivan los lotes más pequeños.

Gráfico 5.5 Los retornos promedio de cambiarse a la piña como cultivo intermedio pueden exceder al 1.200%

Fuente: Goldstein y Udry, 1999.

Gráfico 5.4 Asignación ineficiente de recursos; el ejemplo de las Gounders frente a las de fuera

Fuente: Banerjee y Munshi, 2004.

Cuadro 5.2 Diferencias de productividad por tamaño de fincas; países seleccionados

Tamaño Nororiente Punjab, Muda,

de finca de Brasil Pakistán Malasia

Finca pequeña 563 274 148

(hectáreas) (10,0–49,9) (5,1–10,1) (0,7–1,0)

Finca más grande 100 100 100

(hectáreas) (500+) (20+) (5,7–11,3)

Fuente: Berry y Cline, 1979.

Nota: 100 = productividad de la tierra en fincas de máximo tamaño.

El problema de esta clase de evidencias es que ignora las múltiples razones por las cuales una finca más grande puede ser inherentemente menos productiva, una de ellas, por ejemplo, menor calidad del suelo. Aún así, cuando se neutralizan las diferencias de calidad de la tierra, los resultados son similares (aunque un tanto menos dramáticos). La razón de utilidad a riqueza en los pueblos rurales hindúes miembros del ICRISAT es máxima para las fincas más pequeñas y, siendo el riesgo comparativamente bajo, la brecha es superior a 3:1 (gráfico 5.6). Debi- do a que la riqueza incluye el valor de la tierra, la medida toma implíci- tamente en cuenta las diferencias en la calidad de la tierra. Lo hace siempre que los precios de la tierra sean una medida razonable de la calidad de la tierra, cosa que en todo caso no está muy clara. Hay tam- bién dudas acerca de si los retornos están bien medidos –es posible que la tierra de los pequeños agricultores se esté degradando más rápida- mente, y la degradación no se está teniendo en cuenta al calcular los retornos.

75

Desigualdad e inversión

En estas mismas fincas, cuando el riesgo aumenta, el retorno prome- dio disminuye. Esto puede ser parcialmente inevitable, pero también puede reflejar el hecho de que la falta de aseguramiento estimula a la gente a evitar opciones arriesgadas (pero remunerativas).23 Esto es con-

gruente con el hecho de que la rentabilidad cae más rápido para los agricultores más pobres (menos capaces de autoasegurarse) a medida que el riesgo aumenta. Específicamente, un incremento de una desvia- ción estándar en el coeficiente de variación de la pluviosidad conduce a una reducción del 35% en las utilidades de los agricultores pobres, a una del 15% en las de los medianos agricultores y a ninguna en las de los agricultores ricos. El estudio revela igualmente que las decisiones sobre insumos se ven afectadas por la variabilidad de las lluvias y, parti- cularmente en un ambiente de riesgo, los agricultores pobres toman decisiones de insumos menos eficientes.

En un trabajo relacionado, Morduch (1993) investigó específicamente cómo la previsión de una limitación de crédito afecta la decisión de in- vertir en semillas de variedades altamente productivas. Usando una me- todología inspirada por Zeldes (1989), él divide la muestra en dos grupos: uno de terratenientes de los que espera que tengan la capacidad de re- gularizar su consumo, y uno de pequeños propietarios de los que se asume que tienen limitaciones. Él encuentra que el grupo más limitado dedica una fracción considerablemente menor de tierra a semillas de variedad altamente productiva de arroz e higuerilla.

Otra consecuencia de la falta de seguro es que puede llevar a los hogares a usar bienes productivos como colchones y mecanismos para regularizar el consumo, lo que sería una causa de inversión ineficiente. Rosenzweig y Wolpin (1993) arguyen que los bueyes (un bien producti- vo esencial en la agricultura) sirven a este propósito en la India rural. Usando datos del ICRISAT que cubren tres pueblos hindúes de zonas semiáridas, ellos muestran que los bueyes, que constituyen una gran parte de la riqueza líquida de los hogares (el 50% para los agricultores más pobres), se compran y venden muy frecuentemente (el 86% de las familias había comprado o vendido un buey en el último año). Es más, ellos compran cuando tienen holgura monetaria y venden cuando están estrechos.

Puesto que la gente no está vendiendo y comprando tierra simultá- neamente, no vende estos animales porque ya no los necesite para la producción. Ciertamente, desde el punto de vista de la producción, casi todos estos agricultores deberían poseer dos bueyes y no venderlos nun- ca. Si los ponen en venta es porque necesitan dinero para el consumo. Los datos sugieren que, para los agricultores pobres y medianos, hay mucha subinversión en bueyes, presumiblemente debido a las limita- ciones para conseguir dinero en préstamo y a la incapacidad de prestar y acumular activos financieros para regularizar el consumo: en cualquier año dado, casi la mitad de los hogares carece de bueyes (la mayoría de los otros posee exactamente dos).24

También hay clarísimas evidencias de que los aparceros carecen de incentivos. Binswanger y Rosenzweig (1986) y Shaban (1987) mues- tran que, neutralizando los efectos fijos para los agricultores (compa- rando la productividad de la tierra cultivada por los dueños con la cultivada tanto por el dueño como por otros) y otras características, la productividad es el 30% más baja en los lotes en aparcería. Shaban (1987) muestra que todos los insumos son más bajos en las tierras en aparcería, incluidas las inversiones a corto plazo (fertilizante y semillas). Revela también diferencias sistemáticas en la calidad de la tierra (la cultivada por los dueños tiene un precio más alto por hectárea), lo que puede reflejar en parte inversión a largo plazo.

Acerca del impacto de la seguridad de la propiedad, Do e Iyer (2003) encuentran que una reforma sobre tierras que diera a los agricultores el derecho de vender, transferir o heredar sus derechos al uso de la tierra, también incrementaba la inversión agrícola, particularmente la planta- ción de cultivos multianuales (como el café). Laffont y Matoussi (1995) usan datos de Túnez para mostrar que un cambio de la aparcería al cultivo de lo propio elevaba el rendimiento en un 33%, y pasar de un contrato de tenencia a corto plazo a uno a largo plazo incrementaba el rendimiento en el 27,5%.25

La seguridad de los derechos de propiedad suele estar ligada a la estructura local de poder. La conexión entre desigualdades de poder y subinversión está muy bien ejemplificada en un estudio de Goldstein y Udry (2002) sobre la inversión en tierras en una situación en la que la tierra es asignada por costumbre (Ghana rural). Ellos muestran que los individuos tienden a dejar menos su tierra en barbecho (una inversión en la productividad de la tierra a largo plazo) si no tienen una posición de poder dentro de la jerarquía del pueblo, o bien dentro de la jerarquía del linaje. El problema es que les quitan las tierra cuando la dejan en barbecho. Debido a que la mujer rara vez ocupa esas posiciones, su tie- rra no se deja suficientemente en barbecho y es mucho menos producti- va que la del hombre.

Outline

Documento similar