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La institución de la falta en la relación con el objeto

In document El Amor Lacan (página 91-94)

En costura, un hilván (en francés, de bastjan, “ensamblar o construir con corteza, bast”) es el conjunto de piezas de una futura prenda de vestir, pero sin terminar de coser y por tanto imposible de llevar puesta. Además del fetichismo hay otros dos datos clínicos tomados de Freud que van a permi- tirle a Lacan construir lo que denominó su hilván del amor: la Joven homo- sexual (así aparece por segunda vez la perversión) y Dora. La Joven homo- sexual, más precisamente, su modo de amar a la dama, lleva a Lacan a desestimar una afirmación que a decir verdad no se encuentra tal cual en su texto, pero que algunos podrían leer en la sesión del 19 de diciembre del 1956 de su seminario a partir de las siguientes formulaciones:

Todo lo que sabemos de la práctica del amor cortés y de la esfera en la cual se localizó en la Edad Media, implica un elaboración técni- ca muy rigurosa del acercamiento amoroso, que comportaba largas etapas refrenadas en presencia del objeto amado, dirigidas a la reali- zación de ese más allá que se busca en el amor, el más allá propiamen- te erótico4.

Este “más allá propiamente erótico” podría hacernos pensar en una refe- rencia al acto sexual, al ser el amor presentado ahora como una suerte de peldaño para la realización de este acto. Sin confundirse, amor y goce sexual irían igualmente de la mano –como en Ovidio donde “el fuego del amor es alimentado por el deseo físico5”. No obstante, otra frase en la misma sesión

nos hará descartar esta lectura:

A lo que verdaderamente se apunta y que efectivamente se alcanza es sin duda un más allá de un corto-circuito fisiológico, si se puede expresar así. Para alcanzarlo se hace un uso deliberado de la relación imaginaria como tal6.

Coger, calificado aquí como “corto-circuito fisiológico” no es aque- llo a lo que apunta el amor, ni lo que el amor alcanza. ¿Cuál es entonces

4 J. Lacan, La relación de objeto, p. 90.

5 Jean-Pierre Néraudau. Traducción del prefacio a Lettres d’amour. Les Héroïdes, edición

presentada y anotada por Jean-Pierre Néraudau, traducción de Théophile Baudement. París, Gallimard, 1999, p. 35.

ese “más allá propiamente erótico” que, más allá del coger, pondría en la mira y alcanzaría al amor? A partir del 9 de enero de 1957 se presentarán muchas respuestas, seis para ser exactos, y la quinta estaría llamada a convertirse en canónica, al menos por un tiempo. Primera aserción referi- da al amor “platónico” (de la Joven homosexual) en lo que tiene de más exaltado:

Es verdaderamente el amor sagrado, si se puede decir, o el amor cortés en lo que tiene de más devoto. [...] En suma, él [Freud] sitúa a la relación de la joven con la dama en el grado más alto de la rela-

ción amorosa simbolizada, planteada como servicio, como institu- ción, como referencia, [...] es un amor que, en sí, no solamente pres- cinde de la satisfacción, sino que apunta muy precisamente a la no

satisfacción. Se trata del propio orden en el cual un amor ideal pue- de expandirse –la institución de la falta en la relación con el objeto [él énfasis es mío]7.

“La institución de la falta” es ubicada aquí “en la relación con el obje- to”. No obstante, Lacan se corregirá acto seguido: ella tiene su lugar no en el sujeto amante sino en el otro, en el cual este “adentro” es también un más allá. Esos dos términos localizadores se leen en otro pasaje, donde

también se transparenta una alusión al amor extático, ese amor que impli- ca el “aniquilamiento” del sujeto amante. Para poder leerla, esta declara- ción apela a que recordemos que, según lo que Freud ha concebido, la Joven homosexual se precipita hacia el amor de la dama después de la decepción sufrida por no haber recibido un hijo de su padre8, un padre que

acaba de hacerle ese hijo no a ella, su hija, sino a su madre (la madre... de ella):

[...] lo deseado está más allá de la mujer amada. El amor que la joven

profesa a la dama apunta a algo que es otra cosa que ella. Ese amor

que vive pura y simplemente en el orden de la devoción y que lleva al grado supremo el apego del sujeto y su aniquilamiento en la

Sexualüberschätzung9. Freud parece reservarlo, y no es fortuito, al

7 Ibid., p. 111.

8 Algo que ella jamás admitió, hoy se sabe, encontrando incluso loca esta “interpreta-

ción” de Freud. Ver, de Ines Reider y Diana Voigt, Sidonie Csillag. La joven homosexual

de Freud. Bs. As., Ediciones literales-El cuenco de plata, 2004.

9 Überschätzen: sobreestimar, sobrevaluar, recargar, presumir demasiado; Überschätzung:

sobreestimación, sobrevaluación.

registro de la experiencia masculina. [...] La reflexión de la decepción fundamental a ese nivel, su pasaje en el plano del amor cortés, la salida que encuentra el sujeto en ese registro amoroso, plantean la pregunta de saber qué es, lo amado en la mujer, más allá de ella mis- ma, y ello cuestiona algo verdaderamente fundamental en todo lo que se relaciona con el amor en su cumplimiento10.

En principio se convoca “lo que es deseado” más allá de la mujer amada; deseado, no amado. ¿Colocará Lacan al deseo y el amor juntos? ¿No es eso lo que está intentando hacer al decir que el amor instituye la falta en la relación con el objeto? Hay allí un coqueteo con la posibilidad de conjugar amor y deseo. Ahora bien, si hay alguien que los diferencia, es sin lugar a dudas la Joven homosexual, llegando al punto de hacer (según Lacan incauta de Freud) de su amor por la dama la “solución” para la “decepción fundamental” de su deseo de un hijo. Hay “pasaje en el plano del amor cortés”; o aun, otra palabra marcada en Lacan, “re- flexión” (no se trata del espejo sino, por el contrario, del deslizamiento de la problemática imaginaria del deseo de tener un hijo al plano simbó- lico del amor); otra palabra utilizada: “inversión”; la Joven homosexual encuentra una “salida” en “ese registro amoroso”. ¿Alcanza tal cambio de registro para pautar el tema del amor deseo? No lo parece, ya que en seguida se precisa que “Lo que es, hablando con propiedad, deseado en la mujer amada es justamente lo que le falta”, este objeto primordial (léase: el falo) del cual el niño podría haber sido un sustituto imaginario y hacia el cual se vuelve el sujeto. Tal es la vacilación del recorrido antes que largue la fórmula. De este modo leeremos, un poco antes, la frase donde ese mismo objeto buscado, a saber, “lo que le falta” es puesto a cuenta del amor y ya no más del deseo. Por el momento, subsiste la vacilación.

En la Joven homosexual el amor viene a resolver un impasse del deseo (su decepción). Tal movimiento subjetivo no recibe un nombre, a diferen- cia de la represión, la negación, la denegación, la forclusión, etc. Varias palabras designan esta operación (pasaje, reflexión, inversión) sin que nin- guna haya nunca logrado alcanzar la dignidad del concepto. Es verdad que esta operación es algo compleja. Lacan usa la clásica equivalencia freudiana niño/falo sugiriendo que la misma habría jugado un papel en la propia Joven homosexual. Ella no habría recibido de su padre el falo, en

10 J. Lacan. La relación de objeto. p. 112. He enfatizado algunos términos en francés

forma de un hijo. Y nuevamente aquí observamos que se trata de un con- cepto que Lacan no usa; él no habla, al menos por el momento, ni de frustración, ni de privación, ni de castración (célebre ternario lacaniano, en verdad aun por llegar), sino de una “decepción”. La cuestión tiene su lógica temporal: ella “iba a encontrar” ese falo (a Lacan le gustaba subra- yar la clase de suspenso que comporta en francés la afirmación “la bomba iba a estallar”). Luego del parto de la madre, la Joven homosexual habría reconocido que no fue la elegida del padre, de un padre que –esto contará– a diferencia del de Dora, no es impotente. Dicho de otro modo, valiéndose de ese cambio de registro, ese pasaje al plano simbólico, no todo estaría perdido para ella en lo que se refiere al falo. Lo cual no quiere decir que esta operación no traiga aparejado un precio, a saber, no sólo la renuncia a la satisfacción (sexual y amorosa) sino una proyección como tal hacia la “no-satisfacción”. Ese falo que es amado más allá de la dama no es un objeto del cual ella obtendría una satisfacción anodina. Lo que se deja entrever por la insistencia de Lacan en colocar la cuestión en el registro simbólico, el del amor cortés. Que ese falo sea simbólico implica que sea puesto en juego en tanto que no satisfactorio. ¿Pero cómo puede amarse ese falo más allá de la amada, de la dama? La respuesta se lee en las dos próximas sesiones y con ella vendrán nuevas e importantes aserciones so- bre el tema del amor.

In document El Amor Lacan (página 91-94)