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Una regresión?

In document El Amor Lacan (página 123-125)

¿Qué manifiestan los pasajes de La ética donde Lacan presenta al amor cortés, desde el momento que se los lee siguiendo el hilo de sus formulaciones anteriores respecto al amor? Una regresión, término a entender aquí, no en una de las acepciones que Freud le otorga sino, más sencillamente, como lo que iría a contra-corriente de lo que está presente de manera constante y anunciado en los seminarios, esto es, la idea de avanzar un paso. No es que nada avance cuando Lacan introduce la cortesía en La ética. Más bien es algo nuevo, a saber que la presentación de “la cosa” (escrita aquí sin su penosa mayúscula), al igual que la doctrina de la sublimación, advienen a expensas del cuestionamiento del amor. Dicho de otro modo, ahora cuando es cuestión del amor cortés no se trata casi para Lacan del amor, de situar el amor según sus propias coordenadas (R. S. I.); se trata de la cosa y de la sublimación, y el amor cortés sólo interviene allí a manera de medio. Dicho aun de otra mane- ra, cuando el tema es del “arte de amar” en ese seminario, el acento debe recaer mucho más sobre “el arte” que sobre “amar”. El amor cortés es visto fundamentalmente como un caso paradigmático de sublimación, una pers- pectiva que indudablemente no desagradaría a un Jacques Roubaud, para quien el fin’amor sólo se encuentra en las producciones literarias que circula- ban bajo ese nombre9 (la denominación “amor cortés” es tardía). Este es

quizás el motivo por el cual, a partir del año siguiente, el amor va a retornar de modo llamativo con el comentario casi línea a línea del Banquete de Platón.

No hay que ir a buscar demasiado lejos para asegurarse que el amor sirve para instaurar la cosa al mismo tiempo que a una doctrina de la sublimación. Eso es explícito, antes y después de que sea o que haya sido cuestión del amor cortés. En primer lugar, el 20 de enero de 1960, fecha en la que tam- bién se propone una interpretación (discutible) de la famosa sobrevaloración freudiana del objeto (Uberschätzung):

[...] es lo que ahora y desde ya llamaré sublimación del objeto –quiero decir en esa condición en que el objeto de la pasión amorosa cobra una cierta significación, y es en ese sentido que tengo la intención de

introducir la dialéctica con la cual pretendo enseñarles a situar lo que es realmente la sublimación, en ciertas condiciones de sublimación del objeto femenino, dicho de otro modo, de la exaltación del amor, exal- tación que puede fecharse históricamente [...]10.

La intención es enseñar la sublimación. Al mismo tiempo leemos que no se trata tanto del amor como de “una cierta significación” otorgada de alguna manera al objeto. ¿Se trata realmente del objeto amado? Al final de esa misma sesión Lacan dirá, a propósito de la Minne, que “en última ins- tancia se requiere que haya pasado algo a nivel de la relación del objeto con

el deseo [el énfasis es mío], dado que, de hecho, eso es lo que naturalmente

nos interesa”. Luego, al culminar el recorrido de ese seminario, se pregunta (4 de mayo de 1960):

¿De dónde sale esa noción? ¿Esa perspectiva del campo al que les nombro como el campo de la Cosa? ¿Ese campo donde algo se pro- yecta más allá, [...] ese lugar del ser donde se produce lo que hemos denominado el lugar elegido de la sublimación, del cual Freud, como máximo, nos presenta el ejemplo más masivo? ¿Ese lugar de la obra que el hombre se pone a cortejar de modo singular? Es entonces por ello que el primer ejemplo que les di en mi enunciado de este año fue tomado en préstamo de lo que se denomina esa elaboración del amor

cortés. Confiesen que, ¡colocar en ese punto de más allá a una criatu- ra como la mujer es verdaderamente una idea increíble! [...] Si, en efecto, esa idea increíble pudo ocurrir, colocar a la mujer en ese lugar, en el lugar del ser, eso no es evidentemente en tanto que mujer sino en tanto objeto de deseo11.

El tema está claro: en la presentación lacaniana del amor cortés no se

trata del amor sino del deseo o, más exactamente, de un deseo. Y de un

deseo entonces que, al colocar a la mujer (no a una mujer particular, sino a una mujer tipo, construida, siempre idéntica a sí misma, un ser de “significante”) “en el lugar del ser”, tiene que ver con el ser, algo que casi no condice con la distinción (problemática, eso se confirma) del amor y del deseo, ni tampoco con la función del más allá del amado, dado que conce- derle una significación no es la misma operación que amar a un objeto más allá de sí mismo. Sin embargo, y en un cierto sentido, la distinción entre el

10 Jacques Lacan, La ética..., sesión del 20 de enero de 1960. 11 Ibid., sesión del 4 de mayo de 1960.

amor y el deseo queda aquí confirmada por el hecho de que el amor se mantiene fuera del campo de la problematización lacaniana del amor cor- tés. En cuanto a la cuestión del “homenaje del deseo al ser” (de la mujer) el amor cortés no le va a la zaga.

Es solamente porque se trata de un deseo que “el carácter totalmente inhumano del objeto del amor cortés estalla, salta a la vista”. Y es recién a partir de allí que Lacan puede indicar otra vía posible, otra “solución”, la de Sade, enfrentándose con el “Ser supremo en maldad”. Fuera el amor cortés (el tema del amor cortés volverá muchos años después, y en términos que lo hacen a un lado). Tratándose del ser, encarnándolo de alguna manera en el significante, en la obra poética, no nos sorprenderá que el objeto no pueda ser más que inaccesible. Lacan también califica a este amor como amor

interruptus12. Dicho aun de otro modo: apoyado en el amor cortés y aban-

donando en forma provisoria el cuestionamiento del amor, la mujer es pues- ta al servicio de la cosa, pero la cosa apenas si le sirve a la mujer. Al querer pensar el amor como una sublimación (la dama en el lugar de la cosa), el amor ya no acude a la cita.

Doble conclusión de esta suerte de demostración por el absurdo: 1) el amor no es una sublimación, y 2) referir el amor a la cosa se revela como una vía poco interesante en lo que se refiere al amor.

In document El Amor Lacan (página 123-125)