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HUMANISMO FRENTE A ESCLAVITUD

L A POSTURA DE ANTICIPACIÓN ADOPTADA POR I SABEL

Las Bulas indianas de Alejandro VI no adoptaban postura alguna sobre la libertad de los indígenas del Nuevo Mundo. ¿Qué actitud adoptó la Reina Isabel? «Si nos situamos en pleno siglo XV, en una época donde la esclavitud estaba legalmente reconocida, incluso por la Iglesia, nos parecerá su postura tan sorprendente y avanzada que no tiene parangón en el tiempo [...]. En un mundo de oprobio y servidumbre, ella inclinó la balanza por el triunfo de la libertad humana»174 En efecto, a lo largo de los capítulos siguientes veremos cómo ella — enfrentándose incluso a Cristóbal Colón, su Almirante, Virrey y Gobernador de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano— romperá con la mentalidad esclavista de la época en que vivió: consideró al indio no como bárbaro y esclavo, sino como hombre libre, y ordenó fuera tratado así.

172 CÓRDOBA, op. cit., pág. 68.

173 ZAVALA: Por la senda hispana de la libertad, op. cit., pág. 30. Sin embargo, en honor a la verdad hay que

decir también que Tomás de Aquino comentó sin protestar la tesis aristotélica sobre los esclavos por naturaleza: S. THOMAE AQUINATIS: In Libros Politicorum Aristotelis Expositio, Liber I, Lectio III, 68 et 69. Edit. Spiazzi. Marietti. Taurini et Romae, 1951, pág. 20. Incluso Santo Tomás se sirve de la teoría aristotélica de la esclavitud

naturaliter cuando —en su comentario a la Metafísica de Aristóteles— recurre a ella para probar cómo la Metafísica

es, paralelamente, la ciencia que por naturaleza debe ser la reguladora de las demás, porque es la más intelectual: S. THOMAE AQUINATIS: In Duodecim Libros Metaphysicorum Aristotelis Expositio, Prooemium. Edit. Spiazzi. Marietti. Taurini et Romae, 1950, pág. 1.

174 Antonio RUMEU DE ARMAS: La política indigenista de Isabel la Católica. Instituto “Isabel la Católica” de

La Reina Isabel se desprende de ese pensamiento político sobre la esclavitud. Tanto que es la primera persona que, en relación con el Nuevo Mundo, la rechaza públicamente, y proclama la libertad de un ser que, según los pensadores europeos de la época, debía ser hecho esclavo.

Isabel I se anticipó tanto en reconocer la libertad del indio que incluso después de su muerte (ocurrida en 1504) Europa en general seguía negando que los indígenas del Nuevo Mundo fueran dignos de tener libertad. Sabemos que todo el siglo XVI es marco de innume- rables controversias acerca de la naturaleza de los indios: «Ninguna otra controversia — escribe Lewis Hanke— embrolló tanto a los españoles durante el siglo XVI»175. Bartolomé de las Casas, el que más tarde habría de ser el paladín de la defensa de los indios, no se convierte de su mentalidad esclavista sino bastante tiempo después de morir la Reina.

En 1519, fray Juan de Quevedo, obispo de Darién, sostenía ante Carlos V que los indios «son siervos a natura, por lo que el Filósofo dice en el principio de sus Política, que vigentes ingenio naturaliter sunt rectores et domini aliorum, y deficientes a ratione naturaliter sunt servi». Bartolomé de las Casas dirá, también ante Carlos V, que si «fuese así como el reverendo obispo afirma, el Filósofo era gentil y está ardiendo en los infiernos, y por ende se ha de usar de su doctrina cuanto con nuestra santa fe y costumbres de la religión cristiana conviniere»176.

Sin embargo, debido al gran prestigio que, aun así, seguía teniendo Aristóteles, en ocasiones posteriores Las Casas no se atreverá a tomar una postura tan rotundamente antiaristotélica. Al negar Las Casas —tras esa conversión que he apuntado— que los indios fueran los esclavos por naturaleza a que se refiere Aristóteles, se le plantea el problema inmediato de saber quiénes eran éstos. Las Casas pensó que los esclavos por naturaleza serían los negros, y esa opinión es lo que explicaría que defendiese en un momento de su vida la esclavitud de los mismos. En 1516, Las Casas presenta un memorial a Cisneros, donde propone que, en compensación de la debilidad de los indios y para defenderlos, se debía llevar al Nuevo Mundo esclavos negros (por otra parte, más fuertes). Con posterioridad se arrepintió de esta propuesta. Y no deja de reconocer el hecho: «Este aviso de que se diese licencia para traer esclavos negros a estas tierras dio primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses los toman y hacen esclavos; el cual, después de que cayó en ello, no lo diera por cuanto había en el mundo, porque siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, porque la misma razón es de ellos que de los indios»177.

Juan de Matienzo declara en 1567 que los indios «naturalmente fueron nacidos y criados para servir, y les es más provechoso el servir que el mandar, y conócese que son nacidos para esto porque, según dice Aristóteles, a estos tales la Naturaleza les creó más fuertes cuerpos y dio menos entendimiento, y a los libres menos fuerzas en el cuerpo y más entendimiento». Y sentencia: «cuantas más fuerzas tienen en el cuerpo, tanto menos tienen de entendimiento». Para Matienzo los indios eran «animales, que ni aun sienten la razón, antes se rigen por sus pasiones»178.

Entre los partidarios de la esclavitud «siempre figura en lugar preeminente la Política de Aristóteles; asombra considerar el respeto casi supersticioso que inspiraba el Estagirita; no ha habido seguramente en la Historia del pensamiento humano una autoridad más indiscutida», cuyo magisterio se prolongó durante tantos siglos. «Lástima que en algunos aspectos resultara

175 Lewis HANKE: La lucha española por la justicia en la conquista de América. Traducción de Luis Rodríguez

Aranda. Aguilar. Madrid, 1967, pág. 32.

176 LAS CASAS: Historia de las Indias, Lib. III, cap. CXLIX; B.AA.EE. XCVI, op. cit., págs. 535-536. 177 Ibidem, cap. CII, pág. 417.

178 Juan de MATIENZO: Gobierno del Perú; texto en John H. ELLIOTT: España y su mundo. 1500-1700.

perniciosa, como en este caso concreto. Aun los menos favorables a las teorías aristotélicas sobre la esclavitud no se atrevían a impugnar abiertamente al Filósofo: interpretaban, discutían la aplicación de sus principios, buscaban acomodamientos; el propio Las Casas, si en uno de sus arranques fogosos recusaba la autoridad del gentil que estaría quemándose en los infiernos, de ordinario se limitaba a torturar sus textos; negar abiertamente a Aristóteles hubiera sido hacer imposible el diálogo, colocarse fuera de la sociedad intelectual»179.

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