• No se han encontrado resultados

«QUE TODOS TRATEN MUY BIEN Y AMOROSAMENTE A LOS INDIOS»

E N SERVICIO DE LOS R EYES

Según Las Casas, Colón «entrañable fidelidad y devoción tuvo y guardó siempre a los Reyes»224. Cristóbal descubrió el Nuevo Mundo en nombre del Rey Don Fernando y de la Reina Doña Isabel, a los que consideraba sus Señores. Era, en definitiva, un servidor de ellos. Él mismo lo reconoce así. Con las siguientes palabras comienza el Memorial que, por medio de Antonio Torres, Colón redactó para los Reyes en la ciudad de Isabela, el 30 de enero de 1494, sobre su segundo viaje a las Indias: «Primeramente, dadas las cartas de creencia que lleváis de mí para Sus Altezas, besaréis por mí sus Reales pies y manos, y me encomendaréis en Sus Altezas como a Rey y Reina, mis Señores naturales, en cuyo servicio yo deseo fenecer mis días»225.

224 LAS CASAS: Historia de las Indias, Lib. I, cap. XL; op. cit., pág. 141.

225 Memorial que para los Reyes Católicos dio el Almirante Don Cristóbal Colón en la ciudad de Isabela, a 30 de enero de 1494, a Antonio Torres, sobre el suceso de su segundo viaje a las Indias; en COLÓN: Textos y documentos completos, op. cit., VII, pág.

En otra ocasión se dirige a los Reyes diciéndoles: «porque deseo que Vuestras Altezas sean los mayores Señores del mundo»226. Colón reconoce frecuentemente que pudo descubrir el Nuevo Mundo gracias a ellos, contra el parecer de muchas personas: «Sólo el grandísimo corazón de Vuestras Altezas lo hizo experimentar contra el parecer de cuantos lo contrade- cían»227. «Todos aquellos que supieron de mi empresa, con risa la negaron burlando. Todas las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon, ni las autoridades de ellas. En sólo Vuestras Altezas quedó la fe y constancia»228. A fray Gaspar de Gorricio confiesa que «Sus Altezas son los más sabios Príncipes que jamás hubo»229.

El 12 de octubre de 1492 salió a tierra Colón, y lo primero que hizo fue lo siguiente: «Sacó el Almirante la bandera Real, y los dos capitanes sendas banderas de la Cruz verde, que el Almirante llevaba en todos los navíos por seña y divisa, con una F, que significa el Rey Don Fernando, y una Y, por la Reina Doña Isabel, y encima de cada letra su Corona, una de un cabo de la Cruz, y otra del otro»230.

El 4 de marzo de 1493 Colón escribe una carta a Luis de Santángel, en la que le cuenta cómo tomó posesión de las nuevas islas en nombre de los Monarcas: «en treinta y tres días pasé a las Indias con la Armada que los Ilustrísimos Rey y Reina nuestros Señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera Real extendida, y no me fue contradicho». Seguidamente dice cómo a cada isla la denominó según una minuciosa jerarquía: «A la primera que yo hallé puse nombre San Salvador, a conmemoración de Su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado: los indios la llaman Guanahaní. A la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción; a la tercera, Fernandina231; a la cuarta, la Isabela232; a la quinta, la isla Juana233, y así a cada una nombre nuevo [...]; vi otra isla al Oriente [...] a la cual luego puse nombre la Española»234.

Colón «suplicó a la Serenísima Reina Doña Isabel que hiciese voto de gastar todas las riquezas que por su descubrimiento para los Reyes resultasen, en ganar la tierra y santa casa de Jerusalén, y así la Reina lo hizo»235.

Tampoco se ha reparado lo suficiente en que Colón participaba del pensamiento aristotélico sobre la esclavitud natural. A él se debió la primera introducción de esclavos indios en Europa.

EL COLÓN ESCLAVISTA

Ya en su primer viaje Colón intuyó, dada la aparente pobreza de aquellos lugares, que el más lucrativo de los negocios sería la venta de los aborígenes en los mercados esclavistas

226 La historia del viaje que el Almirante Don Cristóbal Colón hizo la tercera vez que vino a las Indias (La Española, mayo- agosto de 1498); Ibidem, XXIV, pág. 236.

227 Relación del tercer viaje (1498); Ibidem, XXIV, pág. 239.

228 Carta a los Reyes (Cádiz o Sevilla, 1501); Ibidem, XLV, págs. 277-278.

229 Carta a fray Gaspar de Gorricio (Granada, 24 de mayo de 1501); Ibidem, XLVIII, pág. 283. 230 LAS CASAS: Historia de las Indias, Lib. I, cap. XL; op. cit., pág. 141.

231 En honor del Rey Don Fernando. 232 En honor de la Reina Doña Isabel. 233 En honor del Príncipe heredero Don Juan.

234 Carta a Luis de Santángel (15 de febrero de 1493); en COLÓN, op. cit., V, pág. 140. 235 LAS CASAS: Historia de las Indias, Lib. I, cap. II; op. cit., pág. 22.

europeos. Reconoce el Almirante en su carta a Luis de Santángel que tomó por fuerza algunos indios nada más pisar el Nuevo Mundo: «Y luego que llegué a las Indias, en la primera isla que hallé, tomé por fuerza algunos de ellos para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes; y así fue que luego entendieron y nos a ellos cuando por lengua o señas; y éstos han aprovechado mucho. Hoy en día los traigo que siempre están de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que hayan habido conmigo»236.

En su Diario de a bordo (domingo, 14 de octubre de 1492), Cristóbal Colón escribía: «esta gente es muy simple en armas, como verán Vuestras Altezas de siete que yo hice tomar para los llevar y deprender nuestra habla y volverlos, salvo que Vuestras Altezas cuando mandaren puédenlos todos llevar a Castilla, o tenerlos en la misma isla cautivos, porque con cincuenta hombres los tendrán todos sojuzgados, y les harán hacer todo lo que quisieren»237. En la misma carta a Luis de Santángel llega Colón a decir: «pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán cargar, y almástica cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y liñáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar y serán de los idólatras»238.

Como vemos, Colón equipara a los esclavos con las demás cosas enumeradas antes: cuantos mandarán cargar. Incluso en otra ocasión el Almirante llega a invocar a Dios para vender los indios como esclavos: «De acá se pueden, con el nombre de la Santa Trinidad, enviar todos los esclavos que se pudieren vender y brasil; de los cuales, si la información que yo tengo es cierta, me dicen que se podrán vender cuatro mil, que a poco valer valdrán veinte cuentos»239.

Colón ponía en bandeja la esclavitud de los indios —casi como un hecho consumado y sin hacerse problemas de conciencia— ante los Reyes. ¿Por qué no se hizo caso a este ofrecimiento del prestigioso descubridor, que gozaba ya de gran autoridad después de su éxito? ¿Por qué no se echó mano de este recurso que aliviaría la economía castellana, sobre todo recién terminada la Guerra de Granada? La respuesta —ya la sabemos— puede encon- trarse en las lágrimas que derrama la Reina en Barcelona.

En el capítulo anterior hemos examinado las instrucciones que los Reyes dieron a su Almirante para que las cumpliera a partir de su segundo viaje al Ultramar. Pero él no hará caso de estas órdenes. Porque Colón se movía en una mentalidad plenamente esclavista, común en aquella época. La documentación habla claramente de los puntos de vista tan distintos que tenían la Reina Doña Isabel y Colón. Desde el primer momento, Isabel consi- deró al indio como persona libre y súbdito natural de su Corona. Lo contrario de lo que pensaba el Almirante.

Documento similar