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análogos a los de las ondas hertzianas, transmite la modalidad exacta de nuestro pensamiento al exterior de nosotros mismos. Esta transmisión se verifica circu- laimente en tom o de la persona en quien pensamos y tiende a suscitar en ella pensamientos semejantes a los nuestros.

Si, por ejemplo, pensamos que X debiera escribir­ nos, este pensamiento va acompañado de un desprendi­ miento de energía psíquica que se propaga hasta con­ verger en X y suscitar en su materia mental vibraciones que su conciencia percibirá bajo la forma de una in­ citación a escribimos.

Supongamos que en el momento en que X reci­ ba la incitación se halle preocupado por otra cosa; tal vez no obedezca a nuestra sugestión; pero, si la reite­

ramos enérgica, amplia y frecuentemente, llegará a im ­ ponérsele implacablemente.

Para influir sobre una persona a distancia y su­ gerirle emociones, deseos, ideas, sentimientos, etc., no basta con tener la impresión de ello ni con pensar en ello de manera desordenada (puesto que, en este caso, las vibraciones mentales son harto fugitivas y diversas para que puedan imponerse); es menester hacer un es­ fuerzo al objeto de concentrar toda la energía men­ tal sobre aquello que se desee y por espacio de algún tiempo.

Además, es preciso disponer de una reserva de fuer­ za nerviosa que sea lo suficiente considerable para po­ der sostener fija y largamente las representaciones men­ tales puestas en actividad.

Desgastes inútiles. — La mayor parte de los seres nos

sentimos inclinados a dispersar nuestras fuerzas psíqui­ cas, pensando en demasiadas cosas diferentes. Incluso cuando no penamos más que en una sola cosa, nos sentimos llevados a considerarla bajo toda clase de as­ pectos. He aquí por qué nos parece que nuestra vo­ luntad no tiene acción por sí misma.

Por otra parte, derrochamos inútilmente nuestra fuer­ za nerviosa, lo cual debilita el potencial de la volun­ tad. A continuación veremos el modo de conseguir las siguientes cosas: 1.a, acumular esta fuerza: 2.a, pro­ yectarla útil y eficazmente.

Sobreproducción de fuerza nerviosa. — La fuerza

nerviosa se elabora en la masa de la sangre. Por con­ siguiente, si el lector desea practicar la influencia a distancia, precisa, ante todo, ajustarse a lo consignado en el Capítulo II de esta obra, a fin de aumentar su «tono» vital y enriquecer su sangre. Una alimentación racional, una respiración activa y una buena circula­ ción son los tres pilares de la fuerza mental. Si estas tres funciones están aseguradas perfectamente, el or­ ganismo producirá una gran cantidad de fuerza nerviosa y el pensamiento será fácilmente sostenido y enérgico.

Supresión de los desgastes inútiles. — Toda mani­

festación de expansividad constituye un desgaste de for­ ma nerviosa. Por consiguiente, cuida, lector, de contener tus movimientos expansivos. Concéntrate en ti mismo. No cedas a la necesidad de hacer confidencias, de comu­ nicar a nadie tus estados de alma, tus inquietudes o tus opiniones. Ciertamente, todo esto es natural y agradable;

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pero, al satisfacer esta necesidad, derrochas, sin el menor

provecho, esa energía que te es necesaria para poder ejercer tu influencia. No prestes tu atención a pretextos fútiles, nulos o insignificantes, por muy agradable que ello te sea; tantas veces como te niegues a satisfacer tus impulsos, otras tantas añadirás nueva cantidad a tu re­ serva de fuerza nerviosa.

Evita poner en tus palabras o en tus actos la me- I ñor animación irreflexiva. No reacciones por lo que te digan; muéstrate impasible y no des pruebas de tu esta­ do espiritual. No pronuncies una sola palabra que tenga por objeto determinar simpatías, lisonja, sorpresa o apro­ bación. Cuantas veces reprimas el impulso que te podría llevar a hablar sin utilidad para nadie, conservarás en ti una cantidad de fuerza nerviosa que, de otro modo,

i gastarías sin provecho. Al cabo de cuatro o cinco días ■ de haber puesto en práctica todo esto, experimentarás, lector, el sentimiento interior de que hay en ti una re­ serva de fuerza. Tu cerebro funcionará con maravillo­ sa regularidad, tus ideas serán claras, rápida tu memo- ' ría, etc.

Todo deseo debe ser considerado como impulso. —

„ Todo deseo cuya satisfacción resulta inútil o nociva (es decir, el 90 por 100 de ellos) debiera ser suprimido o dejado insatisfecho, puesto que su satisfacción supone una pérdida de energía nerviosa.

Modo de influir sobre una persona presente. — Al

hablarle, piensa insistentemente en aquello que deseas inculcarle. Esto te será fácil si sigues las indicaciones que hemos dejado consignadas con relación a la pro­

ducción intensiva y a la acumulación de la fuerza ner­ viosa. Sigue tus palabras con el pensamiento. Trata de traducir en imagen mental lo que deseas obtener del sujeto experimental.

Por ejemplo: cuando digas: «Me convendría verle a usted mañana, a tal o cual hora», imagínate hallar­ te ya en el momento del día siguiente en que deba venir aquella persona e imagínate también a ésta sonriéndo- te y tendiéndote la mano tal y como sea en ella carac­ terístico. Si dices: «Tal día iré a tal o cual lugar» y si deseas que la persona a quien hablar acuda tam­ bién a ese lugar, represéntate mentalmente el sitio en cuestión, viendo cómo llega aquella persona y cómd te saluda y te habla, etc. Este procedimiento crea las vibraciones requeridas para hacer nacer en el espíri­ tu del sujeto experimental la misma imagen que tú te has representado en el tuyo. Esto quiere decir que, al inspirar una sugestión mental, nunca debes dejar de re­ presentarte al sujeto realizando lo que tú le sugeriste y satisfecho de hacerlo.

En el curso de la vida corriente, debes habituarte a acompañar tus palabras con sugestiones mentales. De­ sea enérgicamente que se acepte lo que digas.

Si deseas sugestionar a una persona que se halle presente, sin tan siquiera hablarle, represéntate mental­ mente a esa persona pensando en lo que tú deseas y experimentando aquellos deseos que quisieras que sintie­ se, llevándolos a la práctica, etc.

Procedimiento para actuar a distancia. — Volvien­

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cualquiera los procedimientos exactos de la influencia a distancia, vamos a exponerlos, sin dejar nada en la sombra. Vale más que sean conocidos, aunque den ori­ gen a cualquier abuso, toda vez que esta ciencia pro­ porcionará al espíritu humano un gran progreso, del que precisamente está sumamente necesitado incluso en es­ tos tiempos en que todavía se debate con frecuencia entre materialismos. Nuestro método substituye los me­ dios de acción sutiles por otros materiales. Además, este método obliga a la persona que de él quiere servir­ se a ejercer una a modo de inspección de sí misma, a querer enérgicamente y a razonar.

Para que se transmitan tus pensamientos y vayan a solicitar con el poder suficiente la mentalidad de la persona en quien pienses, son necesarias cuatro con­ diciones:

1.a Claridad. Debes considerar con precisión y cla­ ridad aquello que de.sees, en forma de una imagen con­ creta y bien determinada.

2.a Fijeza concentrativa. Toda tu atención debe con­ centrarse en la imagen en cuestión, la cual, a su vez, debe estar fijamente mantenida en tu espíritu.

3.a Continuidad. N o basta con mantener fija la ima­ gen por espacio de algunos instantes; es preciso mante­ nerla durante 15, 30, 40 ó 45 minutos seguidos, o más si es preciso, y repetir la operación diariamente hasta obtener un completo y satisfactorio resultado.

entregue a la concentración, debe mantener vivo el de­ seo e imperiosa la voluntad de obtener de una perso­ na determinada aquello que desea.

Teniendo en cuenta esas cuatro condiciones, el pro­ cedimiento que hay que seguir exactamente es el si­ guiente:

Primer tiempo: Siéntate cómodamente en cualquier lugar apacible y cierra los ojos; distiende los músculos de tu cuerpo e imponte cinco minutos de absoluta inmo­ vilidad.

Segundo tiempo: Imagínate que la persona sobre la cual quieres ejercer tu influencia está a unos cuantos pasos de distancia de ti, o bien que la ves en el lugar en que en realidad se encuentra. Represéntate mental­ mente su rostro, sus rasgos, su silueta. Por espacio de diez o quince minutos no te preocupes de otra cosa que de hacer un retrato exacto, viviente, preciso, de di­ cha persona. Incluso puedes ayudarte mediante una fo­ tografía.

Tercer tiempo: Imagínate ahora que la persona en cuestión se ve frecuentemente asaltada por tu recuer­ do, que se acuerda de ti, que te ve con el pensamiento y que no puede apartar de sí el recuerdo de tu imagen, que, por el contrario, se complace en revivir, etc. Sigue pen­ sando esto por espacio de diez o quince minutos. No te pongas nervioso. Dite continuamente: «Le obligo a pensar en m í...; no puede evitarlo...; mi imagen se im­ pone a su espíritu...», etc. Naturalmente, debes procu­ rar ver esto al mismo tiempo en forma de imagen, como si lo vieses en una película cinematográfica.

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Cuarto tiempo: Imagínate seguidamente que dicha persona experimenta las sensaciones, impulsos y es­ tados de espíritu que tú desearías que experimentase con respecto a ti. Represéntate a dicha persona pensa­ tiva, teniendo tu imagen ante sus ojos y repitiéndose constan‘emente: «Me siento atraído hacia esa persona; experimento deseos de verla...; me encuentro muy bien a su lado; deseo serle agradable».-.» o algo parecido. Continúa así por espacio de veinte o treinta minutos, o más, y repite esta operación todos los días.

Detalle de las sugestiones. — Cuanto más diferente sea el estado espiritual de la persona en cuestión con re$pec‘o al que tú trates de sugerirle, tanto más repeti­ dos habrán de ser los ejercicios antes de lograr resulta­ do alguno. Según hemos ya explicado en nuestra obra Psicología del Amor (1), la acción psíquica a distancia halla en la mentalidad del sujeto una mayor o menor re­ sistencia, la cual se va atenuando poco a poco bajo los efectos de las oleadas de ondulaciones psíquicas proyec­ tadas por la persona actuante, y las cuales acaban por imponerse y modificar el tono vibratorio de la mentali­ dad del sujeto.

¿Puede resistirse el sujeto? — La resistencia del su­ jeto, cuando existe, es inconsciente. Procede, especial­ mente, de las tendencias de su carácter, que son anta­ gónicas de aquello que deseamos. Pero nuestra acción teleps'quica modifica poco a poco las determinacio­ nes del sujeto, y, a menos que éste se halle al corrien-

te de la ciencia psíquica, ni siquiera concibe la idea de resistirse, puesto que ignora que pueda influirse sobre él invisiblemente.

A todo el mundo le es dable triunfar. — La fa­

cultad de obrar a distancia por medio del pensamiento movido por la voluntad es inherente al ser humano. No cabe la menor duda a este respecto. Por consiguiente, todo el mundo puede obtener los resultados que esta obra preconiza. Además, este fenómeno no tiene en sí nada de extraordinario; por el contrario, se explica de un modo perfectamente natural. Aunque poco conocido todavía, para aquellas personas que quieren hacer un esfuerzo constituye un medio de acción singularmente precioso.

Acción directa de la voluntad sobre el destino

1. Toda representación mental nos imana

hacia su objeto, o bien imana a éste hacia nosotros. - 2. Encadenamiento causal. -

3. Algunos sugestivos ejemplos de previ­