da por completo los resultados apetecidos, este aparente fracaso constituye ya un resultado provechoso, puesto que facilita la tentativa siguiente y contribuye a crear el hábito de resistir.
Llega un momento en que todos los esfuerzos dis- 'persos — e insuficientes — que se han efectuado de
terminan un progreso de conjunto sumamente aprecia- ble. El ejemplo de la gota de agua que acaba por hora dar la roca se aplica perfectamente al desarrollo de la voluntad. Por muy débiles que sean las reacciones que se produzcan y por muy insignificantes que parezcan sus efectos inmediatos, considerados separadamente, unos y otros modifican lenta, pero seguramente, la men talidad de quien se aplique a regir su voluntad y, tarde o temprano, conducen a la formación de un carácter tal como el que se querría poseer.
Cómo adquirir un aplomo perfecto
1. Manera de conservar la presencia de áni
mo ante cualquiera. - 2. Cultura y empleo de la mirada. • 3. Cultura y empleo de la voz. - 4. De la actitud. • 5. El arte de per suadir: sus nrimeros principios. • 6. Prepa ración de una entrevista difícil. • 7. Obser vación de los caracteres. - 8. No hay que dejarse desconcertar nunca. - 9. Práctica de
DE ÁNIMO ANTE CUALQUIERA
Entre los individuos reputados por su seguridad pue den distinguirse dos categorías: los unos, por regla ge neral, físicamente robustos, pero poco cultivados mo ralmente, poseen un aplomo inconsciente, macizo; los otros, que, por el contrario, parecen poseer una confian za razonada en sí mismos, se sirven de ésta con discer nimiento y mesura. Nosotros estimamos preferible a la timidez y a la indecisión el carácter de los primeros — siempre innato —; pero la imperturbabilidad razo nada — adquirida — es, naturalmente, muy superior. Aun tratándose del hombre más tímido del mun do, 'si experimenta el deseo de sentirse tan a sus anchas en presencia de cualquier gran personaje como ante sus familiares, manifiesta ya que existe en él — en es tado latente — la fuerza mental necesaria para conse guir su propósito. En este capítulo vamos a mostrar al lector la manera de transformar en realidad la idea de seguridad.
Ante todo es preciso tener en cuenta que la base de esta cualidad reside en el equilibrio fisiológico. Por con
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siguiente, el ser tímido que observe los principios in dicados en el Capítulo II, relativos a la regulación or gánica, peco a poco, por esa práctica, se sentirá menos sujeto a influencias ajenas. Asimismo el dominio de los impulsos emocionales y sensoriales contribuye a vi gorizar la moral. Finalmente, el cultivo de una mirada serena, de una elocución suave y clara y de una actitud enérgica, que el individuo tratará de imponerse por medio de repetidos ensayos, desarrollará con suma ra pidez ese estado de estabilidad psíquica que permanece inconmovible ante cualquiera.
2. Cu l t u r a y e m p l e o d e l a m ir a d a
Ejercicio n.° 1. — Coloqúese el lector ante un es
pejo y dirija su mirada a su propia imagen, reflejada en la superficie del cristal. Mire fijamente a su entre cejo. Haga un esfuerzo por mantener inmóviles los párpados y continúe mirando con fijeza por espacio de medio minuto. Repose otros treinta segundos y se guidamente repita la operación durante un minuto, re posando otro. Repita de nuevo la operación por espa cio de dos minutos y repose un tiempo igual. Ejercitán dose de esta suerte en mirar fijamente un punto deter minado, por espacio de dos, tres, cuatro, cinco, hasta diez minutes sin parpadear, prontamente llegará a po der hacer este ejercicio sin dificultad ni fatiga, con lo
cual ¡a finalidad del mismo habrá sido plenamente lo grada. Más adelante se verá su utilidad.
Ejercicio n.° 2. — Sitúese el lector ante una super
ficie negra o, cuando menos, oscura o sombría. Lo mismo que en el anterior ejercicio, mire fijamente ha cia un punto determinado, sin mover los párpados. Ade más, procure abrir los ojos un poco más de lo ordinario y esfuércese en mantener el contorno de los mismos ligeramente dilatado. Puede considerarse como logrado este ejercicio cuando el individuo pueda realizar du rante diez minutos sin esfuerzo alguno la operación des crita.
Ejercicio n.° 3. — Esfuércese el lector en leer diaria
mente una página de cualquier libro, sin parpadear esta operación mantendrá en buen estado la facultad de fijación desarrollada por los dos anteriores ejerci cios.
Estos ejercicios contribuyen a hacer 'os ojos inten samente expresivos, fascinantes, claros, brillantes y ju veniles, y, además, agrandan el contorno de los párpa dos. Una mirada desarrollada de conformidad con estas instrucciones cautiva por sí sola. Además, ejerce una poderosa influencia de sugestión dominadora, que es preciso aprovechar de la siguiente manera:
Cuando el lector aborde a cualquier persona, y lue go cada vez que en el curso de una conversación tome la palabra, mire fijamente el entrecejo de su interlo cutor. Para dar fijeza a la mirada es preciso que ésta
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sea serena y afable, expresando cierto cortés autorita rismo.
Mientras el lector esté en el uso de la palabra debe mirar de este modo a su interlocutor.
Por el contrario, cuando escuche; cuando, por ejem plo, alguien responda a sus palabras, cese de mirar hacia el punto anteriormente indicado y desvíe la mi rada, bien hacia la derecha, bien hacia la izquierda del referido punto, como si tratase de escuchar atentamen te. Pero, al volver a hacer uso de la palabra, dirija de nuevo la mirada a la raíz de la nariz de la persona a quien hable. Emplee este procedimiento cuantas veces desee causar impresión en alguien. Esta práctica, com binada con la acción de la voz emotiva — tal como indicamos seguidamente —, hace aumentar la conside ración con que las palabras son escuchadas.
3. Cu l t u r a y e m p l e o d e la v o z
Ejercicio n.° 1. — El timbre de voz, su sonoridad,
impresiona emotivamente a las personas cuando se ha logrado adquirir, mediante los ejercicios que siguen, la plenitud de esa sonoridad. Una voz bien timbrada pue de emocionar profundamente hasta a los corazones más insensibles. El primer ejercicio (que bastará por sí solo para conseguir esta musicalidad de la voz), con siste en cantar con «la boca cerrada». Este ejercicio
se puede practicar muy fácilmente todas las mañanas, mientras uno se viste.
Ejercicio n.° 2. — Léase media página de un libro
cualquiera, procurando destacar y prolongar cada una de las sílabas de las palabras. Por ejemplo: «La-a-a-a-as —■ fiiiieees-taas — deee — laaa — viiic-tooo-riii-aaa — haaan — teee-niii-dooo — luuu-gaaar —- eeen — Paaa-rííííís», etc.
Ejercicio n.° 3. — Si, por su parte, la sonoridad del
timbre determina la emoción, la diafanidad de articu lación impresiona el espíritu y da a la palabra un poder enorme de persuasión. Para que la palabra sea límpida y perfectamente articulada se haoe preciso leer en alta voz, procurando hacer las siguientes cosas: 1.a, se parar las sílabas de las palabras que se pronuncien; 2.a, articular las consonantes como si fueran triples. Ejemplo: «Lllasss-fffiesss-tttasss — ddde — Illa — wviccc-ttto-rrria — hhhannn — ttte-nnni-dddo — Ulu- gggarrr — ennn — Pppa-rrrísss...»
Ejercicio n.° 4. — Repítase el ejercicio anterior, pero
procurando leer cada vez más de prisa, sin dejar de triplicar las consonantes y de marcar cierta pausa entre las sílabas de una misma palabra.
Estos ejercicios desarrollan rápidamente el poder de «sugestión verbal»; hacen la voz agradablemente pe netrante y muy persuasiva la palabra. Nuestras pala bras se grabarán fijamente en el espíritu de la gente, se incrustarán en su memoria y las recordarán varias veces al día. A estas personas les será imposible re chazar por entero nuestras afirmaciones y permanecer