que se siive Turnbull —, una reserva a la cual se po drá recurrir en todo momento para actuar y querer ac tuar.
Todos los agentes físicos pueden ser considerados como otras tantas fuentes de reconfortación mental. Ac tivando y regulando los cambios, la hidroterapia, por ejemplo, tonifica poderosamente los nervios y el cere bro. Los baños de sol, las corrientes de alta frecuen cia y, singularmente, el magnetismo fisiológico, tienen una excelente acción. Ni que decir tiene que es preciso acudir a estas fuentes con miras a utilizar el estímulo que ellas procuran; como asimismo es necesario acu dir a esfuerzos personales de cultura volitiva, teniendo en cuenta que nadie podría reemplazar la práctica y adiestramiento de sus propias facultades, por la acción, exterior a si misma, de los agentes físicos o de la in fluencia magnética.
Indiquemos, finalmente, las curas completas de na turismo, tales y como se practican en diferentes sana torios, y que, al decir de cuantos las han puesto en prác tica, operan una verdadera renovación física y moral.
Poder directo de la voluntad sobre el organismo y modo de ejercerlo
1. La voluntad accionada durante la hipno
sis. • 2. Profundos efectos de la idea en es tado de vigilia. • 3. Lo que puede la idea reflexiva: un ejemplo. - 4. En todos los tiempos ha sido utilizada la acción curativa de la idea. - 5. Aplicaciones individuales.
LA HIPNOSIS
Hasta estos últimos años, únicamente las llamadas fibras «estriadas» estaban consideradas como directa mente dependientes de la voluntad. Según los fisiólogos, las fibras denominadas «lisas» escapaban a esa acción. La experimentación hipnótica mostró, desde sus prin cipios, que la idea fija, impuesta por sugestión, influía — contrariamente a les principios precedentes — sobre una determinada región del cuerpo, sea cual fuere. En este sentido fueron particularmente notables los ensa yos de vesicación por medio de la sugestión hipnótica. H e aquí la referencia de algunos de dichos ensayos, que nos proporciona tan alta autoridad científica como el doctor Grasset (1):
«El doctor Luis Pregalmini, de Intra, en el Piamon- te, tras de haber dormido a un enfermo, sugirióle la idea de que le aplicaba un vejigatorio; pero, en lugar de aplicarle emplasto alguno, aplicóle un pedazo de papel, en el cual había escrito el mandato que le suge-
(1) El H ipnotism o y la Sugestión, p o r el d o cto r Grasset. 10
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ría. Pues bien, la vesicación surtió sus efectos y la llaga supuró por espacio de diez a doce días.»
«Focachon, farmacéutico en Charmes, sugiere a una mujer, que sufre agudos dolores en la ingle izquierda, que en el lugar dolorido se fornará una ampolla; al día siguiente ésta se había formado. En otra ocasión, como quiera que dicha mujer se quejase de una neural gia de la región clavicular derecha, inspiró una suge rencia parecida y en el lugar indicado se produjeron quemaduras semejantes en un todo a botones de fuego, perfectamente formados, que dejaren verdaderas esca rificaciones.»
«En unión de Focachon, los doctores Liébault, Bém- heim Liégeois y Beaunis, renuevan el experimento y com prueban que en una extensión de 4 a 5 centímetros la epidermis está espesa y mortificada, de un color bian- coamarillento. Esta región de la piel aparecía rodeada por una zona intensamente rojiza, e hinchada, de cerca de medio centímetro de ancho.»
«Bourru y Burot trazan con un estilete, en los dos antebrazos de un sujeto que está dormido, el nombre de éste, y le dicen: «Esta tarde, a las cuatro, sangrarás »por uno de los brazos, precisamente por las líneas tra- »zadas.» No se produjo sangría alguna en el lado que estaba paralizado (1), pero por la parte sana los carac teres dibujábanse en relieve y en rojo, e incluso algunas gotas de sangre perlaban en diversos lugares.»
«Mabille ha determinado, por sugestión, una serie
de hemorragias cutáneas, dibujando el nombre del pa ciente en un brazo, muslo o frente de éste.»
«En la Salpétriére, Charcot y sus discípulos — afir man los doctores Binet y Féré — han producido fre cuentemente, en diversos hipnóticos, quemaduras por sugestión.»
Todos los hipnotizadores están de acuerdo en afir m ar que la sugestión disminuye y hasta suprime total mente la sensibilidad.
La anestesia hipnótica ha sido efectuada por nume rosos hombres de ciencia, tales como Broca, Esquirol, Follín, Estaille, Eliotson, Charcot, Dumontpallier, Bé- rillon, etc., para no citar más que las principales auto ridades. Incluso en un levísimo estado de la hipnosis completa, tal como lo hemos descrito en nuestra obra
Método científico moderno de Magnetismo, Hipnotis mo y Sugestión, es posible obtener la insensibilidad cu
tánea por medio de cualquier sencilla afirmación. Has ta hemos llegado a provocar la insensibilización de una vasta región del cuerpo.
El doctor Beaunis, de la Facultad de Nancy, llevó a cabo numerosos experimentos, coronados por el éxito, al objeto de demostrar la influencia de la sugestión so bre el corazón. Los latidos de esta viscera, registrados por medio del esfigmógrafo, variaban de 6 a 13 pulsa ciones por minuto, como efecto de una afirmación de que debía producirse un retardamiento rítmico.
En un orden de ideas análogo, los doctores Marés y Hellich — según nos informa Grasset, en su citada obra — lograron, por medio de la sugestión, descensos
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de temperatura que llegaron hasta los 34,5 grados. ¿Mediante qué procesos se producen semejantes fe nómenos? Ciertamente, por la vía vasomctriz. La idea implantada por sugestión reacciona sobre el sistema ner vioso y su acción se extiende hasta las ramificaciones de este último en torno de los pequeños vasos del apa rato circulatorio. Todo el mundo sabe que determina das emociones producen cierto enrojecimiento del ros tro,' en tanto que otras determinan una palidez momen tánea. El ser tímido que penetra en un ambiente diso nante, inmediatamente experimenta una impresión cuyo efecto consiste en contraer las fibrillas vasomotrices del rostro y provocar una visible afluencia de sangre a tra vés de la epidermis. El miedo opera a la inversa: ocasio na cierta relajación de las fibrillas en cuestión y, cone xamente, un reflujo de la sangre.
La clínica hipnótica ha podido constituir imponen tes registros, en los cuales toda persona puede hallar la prueba de que la idea sugerida, repetida y mantenida largamente en el campo de la conciencia, ejerce una modificación curativa, no tan sólo, como comúnmente se piensa, en las enfermedades nerviosas, sino también en las puramente orgánicas, tales como trastornos fun cionales del estómago, del intestino, del corazón e in cluso de los pulmones, de los riñones o del hígado; tumores, cuerpos fibrosos y otros diversos casos patoló gicos han sido sometidos al tratamiento sugestivo. El gran número de resultados positivos permite dar por adquirida la siguiente verdad: el pensamiento obra sobre el organismo.
Semeja la hipnosis un estado anormal, durante el cual el fenomenismo psíquico parece adquirir cierta auto ridad excepcional sobre el fenomenismo físico. Pero no tardaremos en ver que, si bien en el sueño provocado se manifiesta de modo evidente la ley de la influencia de lo moral sobre lo físico, esta misma ley aparece tam bién en ocasiones con la misma claridad en el estado de vigilia.
2 . Pr o f u n d o s e f e c t o s d e l a i d e a e n e s t a d o
D E V IG ILIA
Podríamos citar ejemplos sumamente notables, ex traídos de la psicología embriológica, entre los casos en que la emoción, la idea, el estado de alma de la madre, han tenido una precisa repercusión sobre el hijo. Pero preferimos limitamos a hablar aquí de hechos autcsugestivos cuya acción ha tenido efecto en un indi viduo, pero procediendo de su propio cerebro.
La guerra ha extendido el conocimiento de esa es pecie de disociación momentánea de la conciencia del combatiente con su sensibilidad física. Arrastrado por el ardor de la batalla, el desventurado soldado, que in cluso ha sido herido de tal gravedad que en la vida ordinaria inmediatamente hubiera sentido violento do lor, a menudo no se percata de sus heridas sino por el derrame de sangre que le producen.