introspectiva de la insuficiencia de sus medios. Deter minadas personas abordan la cuestión de manera suma mente resuelta, y no tardan en obtener todo el benefi cio posible. Pero la mayor parte, ante el contraste que ofrece su propia debilidad y la especie de superhombre que se les describe, se dejan desconcertar y aun — muy fácilmente — convencer, por esa tendencia a la inercia que hay oculta en el fondo de todos nosotros, por la idea de la propia incapacidad frente al esfuerzo exigido para el cultivo de la voluntad.
»Estos seres declaran que carecen de la suficiente tenacidad para someterse a toda disciplina: que el am biente en que viven ejerce una acción disolvente sobre la poca energía que poseen; que su nerviosidad les im pide toda continuidad en las ideas; que, al esforzarse en mantener tal o cual idea, con propósito deliberado, se fatigan o experimentan dolor de cabeza; que sus res pectivas tareas cotidianas, aumentadas por las inquietu des de su vida privada, agotan sus disponibilidades psi- cofísicas. ¡Y esto, frecuentemente, es cierto!»
Pero, como lo hemos demostrado en los tres anterio res capítulos, nadie es absolutamente incapaz de un
primer esfuerzo, y, tras de haberlo realizado, con mi
ras al dominio de sí mismo, puede ya considerarse ar mado para poder luchar contra el destino.
Si el individuo medita serena, larga, atentamente, la idea, la intención, el deseo de transformar su con dición, en las profundidades de su inteligencia se sus citan una porción de nociones conexas. Para entre
garse a provechosas meditaciones en este sentido, pre ferible es que el individuo busque un retiro, adopte una posición cómoda y se disponga a anotar todo cuan to acuda a su espíritu.
La comparación mental del estado de su personali dad actual con el de aquella que se ambiciona y de los elementos de su situación presente con las exce lencias que se desearía obtener, inspira una serie dis continua de juiciosas reflexiones. De esta suerte, el in dividuo se percata del grado de aptitud o de conocimien tos indispensables para poder ocupar tal o cual posi ción o realizar esta o aquella obra.
Del conjunto de pensamientos nacidos de la prece dente meditación se elabora con facilidad un plan ge neral de conducta. Posteriores meditaciones permitirán ponerlo en práctica cuidadosamente.
Por muy lejano que parezca el objetivo o finalidad que se persigue, se advierte que su acceso es posible si se consideran con juicio objetivo las diversas etapas que es preciso recorrer para llegar a dicha finalidad. De la misma manera que, al escalar una montaña, uno se distribuye su ascensión en etapas, diciéndose: «Pri meramente llegaré hasta allí; luego alcanzaré un punto más elevado, etcétera», el llevar a cabo un plan, la ejecución de una tarea de mucha importancia y la rea lización de los grandes designios de la existencia necesi tan una serie de esfuerzos repartidos en un determina do número de etapas.
En toda carrera regular se procede así. Para llegar a ser escultor, por ejemplo, una vez realizados los estu
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dios generales, los que suceden a éstos, tales como los de Anatomía, los que se refieren a las diversas partes del dibujo, los relacionados con el manejo de los instru mentos de trabajo y los concernientes a la reproduc ción de toda clase de objetos, van marcando otras tan tas aplicaciones sucesivas, a las cuales debe sujetarse por largo tiempo el futuro artista.
Cuando, en el momento en que se despierta en el hombre la ambición personal, éste experimenta la aco metida de una corriente impuesta por anteriores necesi dades, la dificultad — no tratemos de disimularlo — es enorme, pero de ningún modo invencible.
«Para obtener de nuestros esfuerzos el máximo de resultados es conveniente que hagamos una selección y que la orientemos hacia la ocupación para la cual nos sintamos mejor predispuestos a asimilarla de modo más completo, perfecto y fácil. Cuando la necesidad obli ga al individuo a entregarse a una clase de trabajo que no es de su agrado y en el curso del cual su pensamien to recae incesantemente en aquella situación que le hubiera convenido más, debe considerar serenamente la posibilidad de un cambio de posición y los medios de llevarlo a cabo gradualmente. La cultura psíquica proporciona a la mayoría de personas armas suficientes para que puedan intentar, con grandes probabilidades de éxito, una total rectificación de sus respectivas exis tencias. En lugar de abandonarse a estériles lamenta ciones, el adepto de la voluntad adoptará la determi nación de dedicarse a cumplir su tarea presente con la mayor perfección posible, asignándole la misión de domi
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narle. Se esforzará en no pensar en lo que hace ni en el momento en que lo hace y, entre sus horas de trabajo, empleará sus facultades intelectuales en examinar el modo de crearse la situación que desea y de adquirir los conocimientos necesarios para ello. Calculará el tiempo que es preciso para poder realizar esa m u danza radical, se trazará un plan de conjunto, subdivi- dido en muchas etapas que tengan un objetivo distinto, y pondrá manos a la obra con serena firmeza (1).»
Los obstáculos — inevitables — deben ser cuidado samente considerados y justipreciados; estudiados uno por uno en el momento oportuno y combatidos, elimi nados, abatidos sucesivamente.
«Si consideras como un bloque impresionante el conjunto de dificultades que se oponen a la realización de tu voluntad, tú mismo te autosugieres el temor. Antes de pensar en los obstáculos es menester recordar que se quiere vencer, y por consiguiente, debe rechazarse de antemano toda posibilidad de fracaso. En lugar de dispersar tus fuerzas, debes ocuparte en vencer el primer obstáculo, poniendo en seguida toda tu atención en el segundo y concentrando toda tu energía en el esfuerzo presente.
»Si la fortuna sólo dependiese de vencer el único obstáculo que hoy traba tu voluntad, lector, a buen se guro que no permitirías que ese obstáculo te privase de aquello que deseas. Sigue adelante, pues: cada nueva victoria te dará un poco más de confianza en ti mismo,
(1) D e la obra M étodo científico m oderno de M agnetis
m o, del mismo autor.