1°) Mantener a toda costa el control político y territorial sobre la provincia de Kosovo.
2°) Preservar el grueso de su potencial militar, con miras a enfrentar una eventual invasión terrestre por parte de las fuerzas de la OTAN.
Los intereses puestos en juego por los nuevos contendientes en esta etapa del conflicto constituyen el marco de referencia sobre el cual se determinarán los objetivos estratégicos particulares de la campaña. Pero antes de exponerlos, examinaremos brevemente el proceso de planificación y la estructura de comando aliada en la guerra.
b) Planes de operaciones
Los preparativos para el lanzamiento de una operación aérea en el contexto del conflicto armado de Kosovo comenzaron ya en junio de 1998. Los planes iniciales se desarrollaron en base a una opción que fue conocida como “Nimble Lion” (“León Ágil”), que comprometería un número sustancial de aeronaves de la OTAN contra unos doscientos cincuenta objetivos militares situados en territorio yugoslavo
2. Esta opción fue desarrollada íntegramente por parte estadounidense, específicamente por el 32do Grupo de Operaciones Aéreas, basado en Ramstein (Alemania), a instancias del General John Jumper, quien se desempeñaba como Comandante de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses en Europa (United States Air Forces Europe, USAFE) y por mandato expreso del General Clark, actuando esta vez como Comandante en Jefe del Comando Europeo de los Estados Unidos (USEUCOM)
3. Separadamente y con posterioridad, la OTAN desarrolló un plan alternativo llamado Concepto de Plan de Operaciones (Concept of Operations Plan, CONOPLAN) 10601.
Aunque en algunos aspectos ambos planes se superponían, la orientación estratégica de cada uno de ellos era sustancialmente diferente:
mientras que, regida por el concepto de empleo de “Fuerza Decisiva”, la operación Nimble Lion suponía aplicar un golpe devastador sobre la maquinaria bélica yugoslava desde el primer momento, el CONOPLAN 10601 implicaba un empleo mucho más gradual y escalado del poder aéreo militar, a través de fases sucesivas. Este último plan proveyó finalmente las bases para la Operación Fuerza Aliada.
2LAMBETH, op. cit., p. 11.
3Clark ostentaba ambos cargos: el de Comandante Aliado Supremo en Europa (SACEUR), situado en la cúspide militar de la cadena de mandos europea de la OTAN, y el de Comandante en Jefe del Comando Europeo, según el cual todas las fuerzas militares estadounidenses en Europa quedaban bajo su mando, situación que él mismo describe gráficamente como “usar dos sombreros”. Véase CLARK, op. cit., pp. 77-106.
En el verano de 1998, dos nuevos planes, llamados “Flexible Anvil” (“Yunque Flexible”) y “Sky Anvil” (“Yunque del Cielo”) fueron desarrollados respectivamente por la Fuerza de Tareas Conjunta de los Estados Unidos (Joint Task Force, JTF), al mando del Vicealmirante Daniel Murphy, y por la 16ava Fuerza Aérea (USAF), basada en Aviano (Italia), al mando del General Michael Short. “Flexible Anvil” era una opción unilateral estadounidense, que preveía el lanzamiento de un ataque misilístico durante un período de 48 a 72 horas, en líneas generales similar al que durante el siguiente mes de diciembre fue lanzado contra Irak (Operación “Desert Fox”). Por su parte, “Sky Anvil” consistía en una serie de ataques aéreos continuos previstos como una transición hacia una operación más compleja lanzada por la OTAN, o por una coalición truncada por deserción de algunos de sus miembros. Ambos planes fueron abandonados cuando en octubre de 1998 Milosevic acordó con Holbrooke un alto el fuego, pero sirvieron para ensamblar las fuerzas de tareas que formarían parte del esfuerzo principal en la Operación Fuerza Aliada; se les llamó, análoga y respectivamente, “Task Force Flexible Anvil” y “Task Force Sky Anvil”.
En total, según informó posteriormente el General Jumper, no menos de cuarenta opciones fueron estudiadas, algunas de ellas incluyendo algún tipo de operación terrestre, al menos para que una amenaza creíble de invasión forzara a las fuerzas yugoslavas a maniobrar y concentrarse, presentando así blancos más fáciles de alcanzar por las armas aéreas
4.
Finalmente, en el plan de operaciones escogido por la OTAN se descartó de plano el apoyo de fuerzas terrestres, presuntamente por dos razones: la primera -basada en fundamentos técnico-operacionales- tenía que ver con problemas logísticos para componer una fuerza invasora, con lo dificultoso de la topografía balcánica, con lo azaroso de las vías de acceso y la escasa disponibilidad de bases seguras de retaguardia; la segunda, bastante más pivotal, se basaba en fundamentos de índole política –la escasa predisposición del gobierno norteamericano a empeñar sus fuerzas de superficie en una guerra que sería sin dudas difícil de ganar y que no figuraba entre las altas prioridades en su agenda, y la presuntamente menor aún predisposición del público occidental y de los gobiernos de la OTAN a aceptar bajas en combate. Todo el planeamiento, por consiguiente, se hizo considerando que el centro de gravedad del dispositivo político- militar aliado –y por tanto su punto de máxima vulnerabilidad- se encontraba en la cohesión de la OTAN como alianza.
En cuanto a la estructura de comando y control aliada, la misma se vio paulatinamente transformada a partir de su dispositivo inicial -típico de tiempos de paz, según el cual las fuerzas
4General (USAF) JUMPER, JOHN, en su Testimonio al Subcomité de Alistamiento Militar, Washington, 26 de octubre de 1999. Cit. por LAMBETH, op. cit., p. 12.
estadounidenses en Europa mantenían una cadena de comando propia y paralela a la de la OTAN-, pasando por un dispositivo intermedio a partir de la creación de las Fuerzas de Tareas Flexible Anvil y Sky Anvil –aún con cadenas de comando separadas-, hasta llegar al dispositivo final, que terminó por enlazar en todo lo posible ambas estructuras de comando. Aunque a grandes rasgos puede decirse que el sistema funcionó adecuadamente, la complejidad del mismo muchas veces produjo dificultades en el planeamiento operacional, afectado como estaba por la poco rigurosa observancia, en niveles estratégicos superiores, de uno de los principios elementales de la acción militar efectiva: la unidad de comando
5. La estructura final de comando y control aliada se detalla en el Anexo IV.
c) Fuerzas enfrentadas
Aún haciendo uso de un arsenal de armamento aéreo y antiaéreo anticuado, Yugoslavia demostró ser un muy duro rival para la OTAN, y presentó en todo momento de la campaña una amenaza ostensible para los medios aéreos aliados. En este aspecto, el elemento clave fue la adopción de una estrategia basada en la supervivencia a largo plazo frente el accionar persistente de un enemigo mucho más poderoso; su exitosa implementación le permitió preservar gran parte de la capacidad operativa de las unidades desplegadas en el terreno, mientras que la supervivencia de una significativa parte de los sistemas de armas antiaéreas (cañones y misiles) significó una amenaza constante para los vuelos de altitud media y baja de las aeronaves de la OTAN. La combinación de esta amenaza con las Reglas de Empeñamiento dispuestas por la OTAN y con las restricciones impuestas por las malas condiciones meteorológicas durante buena parte de la campaña significó en la práctica la casi negación del espacio aéreo existente por debajo de los 15.000 pies para las operaciones aéreas aliadas. En este sentido, puede afirmarse que Yugoslavia hizo un óptimo aprovechamiento de sus recursos, aún en marcada inferioridad técnica con respecto a los de sus oponentes, y que logró con ello una apreciable reducción de la efectividad de los ataques aliados, al menos al punto de obstaculizarles el logro de los objetivos inicialmente planteados para la campaña.
Tal como se ha dicho, el sistema de defensa aéreo yugoslavo era de vieja data, aunque apuntalado por algunos radares de generación más moderna y coordinado mediante un robusto sistema de comunicaciones redundantes, que en muchos casos incluía enlaces terrestres y
5“Kosovo/Operation Allied Force: After Action Report”, informe del Departamento de Defensa al Congreso de los Estados Unidos de América, Washington, 31 de enero de 2000, p. 21.
subterráneos. En su enorme mayoría se componía de material de origen soviético fabricado durante los años sesenta y setenta. No obstante haber derribado sólo dos aeronaves durante toda la campaña, su capacidad operativa y de supervivencia frente a los ataques aéreos motivaron al General Short a dar a sus pilotos la orden inicial de volar exclusivamente por encima de 15.000 pies de altitud, dónde sólo los misiles SA-6 podían alcanzarles.
El sistema de misiles tierra-aire SA-6 (denominado por la OTAN “Gainful”) era precisamente el más moderno con que contaba el arsenal yugoslavo. El sistema dispone de tres misiles montados en un vehículo acorazado ligero. El sistema de búsqueda y detección consta de un radar semi-activo y una antena desplegable para el radar
“Straight Flush”, y tiene un alcance vertical teórico aproximado de 42.000 pies. En la práctica rusa normal, la tripulación de un SA-6 debe mantener su equipo apagado hasta recibir la indicación, proveniente de equipos de alerta temprana, de que un avión se aproxima. Identificado el objetivo, en cada evento de interceptación se disparan dos o tres misiles para incrementar la probabilidad de impacto. Como es frecuente en este tipo de operaciones, durante la campaña aérea de la OTAN los operadores yugoslavos debían resolver un importante dilema: si realizaban el procedimiento completo de detección y guía por radar, el largo período de emisiones propias les hacía vulnerables a los misiles anti-radiación aliados; pero si empleaban el radar sólo esporádicamente, las chances de dar en el blanco se reducían considerablemente. En la mayoría de los casos, los operadores optaban por la seguridad, y encendían sus equipos en forma esporádica, aceptando su baja efectividad.
El ejército yugoslavo había estado operando en pequeñas unidades combinadas denominadas “grupo de batalla” desde la primavera de 1998. Para proteger y asistir a las actividades contrainsurgencia desarrolladas por el MUP, el ejército había dividido sus fuerzas en estas organizaciones del tamaño de compañías y batallones.
Típicamente, un grupo de batalla del tamaño de una compañía consistía
de una compañía de infantería motorizada, uno o dos pelotones de
tanques, media batería de artillería y/o morteros pesados, y un
pequeño número de tropas especialistas (en general, ingenieros y
logísticos), y una pequeña sección de defensa antiaérea (usualmente,
cañones de 20 ó 30 mm, que también eran empleadas en ataques contra el
ELK). Durante el otoño de 1998 y hasta principios de 1999, el ejército
yugoslavo operó de este modo, otorgando a los oficiales más jóvenes
varios meses de experiencia en la operación de armas combinadas por
pequeñas unidades dispersas, antes de que comiencen los ataques de la
OTAN. Esta modalidad era además ideal para minimizar los efectos de
los ataques aéreos.
En Kosovo, y para contrarrestar los ataques de la OTAN, el Ejército Yugoslavo desplegó sus unidades antiaéreas de baja cota como componente integrado a la orgánica de sus unidades terrestres. Sus sistemas principales eran los cañones gemelos M53/59 de 30 mm., cuyos operadores dependen de la identificación visual del objetivo, y no disponen de visores nocturnos; el M55, un cañón triple de 20 mm.
remolcado normalmente por camión; el M75, un cañón simple de 20 mm.
desmontable y portátil; el BOV-3, un cañón triple de 20 mm. montado en la torreta de un vehículo acorazado ligero, equipado con visión nocturna; y los lanzamisiles SA-7 -portátil, con guía infrarroja- y SA-9, que consta de cuatro misiles montados en un vehículo blindado ligero. El alcance efectivo antiaéreo máximo de estas armas es de 3500 metros; en conjunto, constituyen un formidable sistema defensivo, cuya probabilidad de derribo contra objetivos que vuelen entre 2.500 y 500 metros de altura es muy alta, teniendo en cuenta además que los sistemas portátiles son prácticamente indetectables para las aeronaves en vuelo.
Yugoslavia disponía también de unos quince cazabombarderos MiG-29 (llamados “Fulcrum” por la OTAN), basados en Batanjica, en proximidades de Belgrado, y sesenta anticuados cazas MiG-21 (“Fishbed”), basados en Pristina, complementados por los igualmente obsoletos entrenadores devenidos cazabombarderos de fabricación nacional G-2A Galeb y G-4 Super Galeb, basados en Podgorica, Montenegro; ni la cantidad de material, ni la calidad del mismo, ni el nivel de adiestramiento de sus pilotos resisten comparación alguna contra sus contrapartes de la OTAN.
De cualquier manera, la supresión de defensas antiaéreas fue
una ardua e interminable tarea para los aliados, que de hecho jamás se
completó. La obtención de la superioridad aérea debe, en consecuencia,
evaluarse en términos altamente relativos. En cambio, a pesar de no
poder terminar con la amenaza que suponía este sistema, los pilotos de
la OTAN lograron volverlo inefectivo, haciendo que la operación de los
radares de adquisición yugoslavos fuese una tarea que entrañase un
riesgo extremo para la supervivencia del sistema (y de sus
operadores). Y la reducción del tiempo de emisión –necesaria para
aumentar esta chance de supervivencia- tiene invariablemente como
resultado la sensible disminución de la capacidad para identificar,
apuntar y disparar adecuadamente. Si a ésto se le suma la casi
prohibición de volar por debajo de los 15000 pies, el uso de
tecnlogías “Stealth”, y la buena efectividad de las contra-medidas
electrónicas y, en última instancia, de las maniobras evasivas, puede
comprenderse por qué la defensa antiaérea yugoslava, a pesar de lanzar
un gran número de misiles contra sus objetivos
6, obtuvo apenas dos derribos confirmados.
Los aliados disponían al inicio de la campaña de una 214 aeronaves norteamericanas, que incluían unos 120 cazabombarderos, 7 bombarderos B-52, 6 bombarderos B-2 (basados en EEUU), 10 aeronaves de reconocimiento, 10 de búsqueda y rescate, 3 centros de comando y control aéreos (AWACS), y alrededor de 40 cisternas. En cuanto a los otros 18 miembros de la OTAN, 13 aportaron aeronaves para la operación, y 11 de ellos (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Canadá, Italia, Holanda, Noruega, España y Turquía) participaron en operaciones de combate ofensivas y defensivas de todo tipo. La bases aéreas fueron provistas por Italia (Aviano, Gioio del Colle, Villafranca, Amendola, Cervia, Gazzanise, Ghedi, Piacenza, Istrana, Falconara, Practica di Mare, Brindisi, y Sigonella), España (Morón AB), Francia (Istres), Gran Bretaña (RAF Fairford, RAF Lakenheath, y RAF Mildenhall) Alemania (RAF Bruggen, Rhein Main AB, Spangdahlem AB y Ramstein AB). Las aeronaves de la Armada de los Estados Unidos operaron desde el portaaviones Theodore Roosvelt, en el Mar Adriático
7, con excepción de los EA-6B Prowler, que volaron sus misiones de cobertura electrónica desde Aviano, Italia; mientras que los cazabombarderos F/A-18D pertencientes al Cuerpo de Infantería de Marina norteamericano hicieron lo propio desde Taszar, en Hungría. Por su parte, los bombarderos “furtivos” B-2 operaron desde la base Whiteman AB, en Missouri, EEUU. Para junio, el número de aeronaves comprometidas en la Operación Fuerza Aliada había aumentado hasta llegar a 731 aviones norteamericanos y más de 300 pertenecientes a los restantes miembros de la Alianza
8.
Uno de los aspectos más problemáticos para el sostenimiento de este complejo dispositivo militar en condiciones operativas era el del reaprovisionamiento aéreo de combustible, tanto para las aeronaves que transportaban fuerzas en el teatro de operaciones, como para las que se desempeñaban en roles de combate
9. La escasa disponibilidad de bases aéreas en la inmediata vecindad a Kosovo determinó que los vectores de ataque ocuparan las bases más próximas al teatro, mientras que los cisternas de largo alcance fueron dispuestos en sitios bastante más alejados. En especial, debieron abastecerse las misiones intercontinentales de los bombarderos B-2, y a las patrullas aéreas de combate que sobrevolaban el teatro en búsqueda de blancos de ocasión
6Kosovo/Operation Allied Force: After Action Report, p. xxiii.
7PETERS,JOHN; JOHNSON,STUART; BENSAHEL, NORA; LISTON,TIMOTHY; y WILLIAMS, TRACI; “European Contributions to Operation Allied Force: Implications for Transatlantic Cooperation”, RAND, MR-1391-AF, Santa Monica, California, 2001. Las misiones de cobertura electrónica estaban a cargo de los aviones EA-6B Prowler.
8 Departmento de Defensa de EEUU, “Report to Congress, Kosovo/Operation Allied Force After Action Report”, Washington, D.C., 31 de enero de 2000, p. 31. También ver a RIPLEY, op. cit., pp. 84-8.
9Ibídem, p. 33.