aprovechando la larga franja de terreno que se extiende entre Pec y Prizren, que ofrece numerosas aptas para el aterrizaje. Por supuesto, en ambos casos su carencia de equipamiento pesado las hubiera colocado en inmediata desventaja frente a loa medios acorazados yugoslavos. En tales circunstancias, el apoyo aéreo directo se hubiese revelado, una vez más, crucial.
Dado lo incierto y lo complejo del escenario que comenzaba a
plantearse, no tiene mayor sentido extender mucho más estas
especulaciones. Baste decir que la creación de un enclave aliado en
Kosovo hubiera supuesto un considerable problema militar para el
Ejército Yugoslavo, ya que la concentración de fuerzas necesaria para
contenerlo –o destruirlo- hubiera proporcionado a los medios aéreos de
la OTAN exactamente el tipo y la cantidad de blancos que desde el
inicio de la campaña se procuraban. Pero a su vez, debe entenderse
también que la falla – aún la demora- en la creación de una cabeza de
puente sólida hubiera implicado una presión tan extrema sobre los
niveles políticos y estratégicos aliados, que hubiera conducido
prontamente bien hacia un nuevo escalamiento en el compromiso, bien
hacia la fractura interna de la Alianza.
provincia a las aeronaves que cumplían funciones como observadores aéreos adelantados a descender hasta unos 5.000 pies –aunque siempre en caso de ser necesario, no como norma estándar de vuelo-.
El 12 de mayo se lanzaron cerca de 600 misiones aéreas, incluyendo el mayor número de misiones de ataque desde el comienzo de la Operación Fuerza Aliada. El día 15, el general Jumper anunciaba que la OTAN había obtenido la superioridad aérea sobre el territorio yugoslavo, sin dejar de reconocer que algunas porciones del espacio aéreo continuaban siendo peligrosas. Horas después, se abrió un nuevo frente aéreo desde el norte, cuando Hungría autorizó el empleo de su base aérea de Taszar para 24 cazabombarderos F/A-18D del Grupo Aéreo 31 del Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos (USMC). Desde el punto de vista estratégico, esta alternativa aumentaba el aislamiento yugoslavo; tácticamente, obligaba a sus defensas antiaéreas a multiplicar sus esfuerzos, debiendo a atender a amenazas procedentes de más de una dirección, en lugar de focalizarse sobre un único eje de ataque proveniente del oeste.
Con la reducción de la actividad antiaérea yugoslava, se incrementó el empleo de munición no guiada sobre concentraciones de fuerzas serbias, mayormente a cargo de los bombarderos B-52 y los B- 1B. Hubo un momentáneo resurgimiento de la actividad antiaérea hacia fines de mayo, cuando se reportó un pico de una treintena de SAMs lanzados durante la noche del 27. Esto fue interpretado en medios aliados como un postrero intento de obtener al menos un derribo más, ya que hasta aquel momento, según la información oficial, sólo dos aeronaves de la OTAN –un F-117 el 27 de marzo y un F-16C el 2 de mayo- habían caído a manos de las baterías serbias.
De relativa importancia para el esfuerzo global de guerra de
la Alianza contra las fuerzas terrestres yugoslavas desplegadas en
Kosovo fue el lanzamiento de una gran contraofensiva por parte de un
revitalizado ELK. La operación, llamada en código “Arrow” (Flecha), se
inició el 26 de mayo, e involucró a más de 4.000 guerrilleros de las
Brigadas 137 y 138, armados con fusiles automáticos, ametralladoras,
lanzacohetes antitanques, granadas y fusiles de precisión, y apoyados
por piezas de artillería del ejército albanés. Penetrando desde dos
puntos ubicados en la frontera sudoccidental, el objetivo de esta
ofensiva era obtener y asegurar el control de la carretera que une las
localidades de Prizren y Pec, despejando así una ruta de suministros
para los combatientes del ELK en Kosovo. Pero, desde una perspectiva
más estratégica, la Operación Arrow, única acción militar en gran
escala montada por el ELK en más de un año, estaba destinada a
demostrar tanto a Milosevic como a la OTAN la credibilidad de la
presencia del ELK como fuerza combatiente en la provincia. Las
primeras horas de combates, en las que el asalto fue resistido por
unidades de infantería apoyadas por la artillería del VJ, sirvieron no obstante para demostrar que, tras setenta días de bombardeo intermitente, las fuerzas yugoslavas conservaban aún gran parte de su poder de fuego. Tres días después de iniciada la ofensiva, las tropas del ELK se encontraban a la defensiva, con 250 hombres rodeados por unos 700 del VJ en cercanías del monte Pastrik, una elevación de 3200 metros ubicada en la frontera kosovar-albanesa. La apremiante situación de los defensores originó un desesperado pedido de ayuda a la OTAN por parte de sus mandos.
El mismo día en que comenzó la Operación Arrow se había producido la primera operación conocida de apoyo directo por parte de la OTAN a las unidades del ELK, cuando aeronaves de la Alianza habían atacado emplazamientos del VJ cerca de las localidades kosovares de Bucane y Ljombarda, permitiendo a las guerrillas la captura de estos dos poblados. Oficialmente, la OTAN negaba cualquier posibilidad de haber hasta entonces actuado como la “fuerza aérea del ELK”. Esta actitud tenía sentido político, ya que hacerlo hubiera supuesto actuar en apoyo de las demandas independentistas de los rebeldes albaneses, lo cual se hallaba fuera de toda discusión. En cambio, puede afirmarse que la Alianza empleó en repetidas oportunidades el apoyo del ELK en sus operaciones aéreas, aunque sin proveer a los insurgentes el equipamiento que les hubiera permitido desempeñarse como controladores aéreos adelantados en Kosovo. De todos modos, el ELK había contribuido, por propio y obvio interés, con la búsqueda y señalización de objetivos para los bombardeos. Hacia el 10 de mayo, este canal de información se había vuelto más fluido, a partir del trabajo del Jefe de Estado Mayor del ELK, Agim Ceku en coordinación con oficiales de la OTAN operando en el norte de Albania. Las guerrillas empleaban teléfonos celulares para reportar movimientos y posición de objetivos a sus mandos locales, quienes a su vez entregaban esta información a los contactos militares de la OTAN, que por su parte realizaban requerimientos específicos.
El apoyo aéreo brindado por la Alianza sólo alivió
temporalmente la suerte de los guerrilleros sitiados cerca del monte
Pastrik. Finalmente, éstos fueron expulsados por las fuerzas
yugoslavas. Pero para hacerlo, éstas debieron abandonar sus escondites
y desplazarse en grupos organizados, convirtiéndose en blancos
potenciales para las aeronaves de ataque aliadas, especialmente los A-
10 que patrullaban la Zona de Contacto a la búsqueda de blancos de
oportunidad. La presencia de concentraciones defensivas de tanques y
artillería facilitaba las tareas de detección, identificación y ataque
aéreo. Durante los últimos días de la guerra, los movimientos
contraofensivos yugoslavos dirigidos contra los fortalecidos bolsones
de resistencia del ELK fueron captados con frecuencia por el sistema
E-8 Joint STARS (Joint Surveillance Target Attack Radar System,
Sistema Radar de Vigilancia y Ataque Conjunto) u otros sensores, aún cuando el VJ buscaba meticulosamente maniobrar en pequeños contingentes para evitar la detección. Los datos eran enviados hacia los controladores aerotransportados de avanzada, quienes dirigían a los vehículos aéreos no tripulados (Unmanned Aerial Vehicles, UAV) y a los cazabombarderos hacia la “zona caliente”, para la confirmación de los objetivos y el eventual ataque. Los centros de control también desplegaban la información relativa a las posiciones del ELK, para asegurar que sus unidades en contacto estrecho con el enemigo no serían alcanzadas por las bombas aliadas.
Este incremento de actividad en Kosovo no significó sin embargo un incremento proporcional ni en la efectividad de los ataques ni en el número total de impactos exitosos. Pronto, los yugoslavos redoblaron sus esfuerzos por ocultar y dispersar sus unidades. En muchas oportunidades los aviones de ataque descargaron su armamento sobre señuelos, y en varias otras, en ausencia de objetivos militares válidos, debieron deshacerse de este armamento arrojándolo en áreas “seguras”, previamente designadas por la OTAN para tal fin.
En cuanto a las bombas de caída libre arrojadas por los B-1B y B-52,
no se ha determinado que hayan logrado efectos destructivos de
verdadera relevancia. En suma, no puede afirmarse que mediante estas
ráfagas de acción cooperativa –más que coordinada- entre el ELK y la
OTAN se hayan obtenido resultados trascendentes, al menos por encima
de lo tácticamente significativos.
In document
maestría en historia de la guerra
(página 190-193)