mano, ejecutados sobre blancos policiales y militares, expusieron a la población civil a las represalias serbias. Sus intentos de retener el control de algunas poblaciones como “zonas liberadas” fueron infructuosos, y frecuentemente terminaban con su fuga, tras lo cual se producía el ingreso de las tropas leales y la consecuente expulsión – en el mejor de los casos- o masacre de los habitantes locales.
Desde el punto de vista de la intervención occidental, los
resultados pueden calificarse como ambiguos. Es factible afirmar que
el ELK logró efectivamente que la OTAN se comprometiera y entrara en
guerra contra Milosevic, aunque también puede aseverarse que el propio
Milosevic fue quien, con su intransigencia y sus métodos brutales,
logró esto mismo. Pero mientras el ELK demandaba la independencia para
Kosovo, como un paso hacia la conformación de la “Gran Albania”, ni
los europeos ni los norteamericanos estaban dispuestos a aceptar una
nueva alteración de las fronteras fijadas en Dayton, ni la perspectiva
de un Kosovo independiente que alentara la insurrección de las
sustanciales minorías albanesas existentes en Grecia, Montenegro y
Macedonia. Como puntualiza Michael Ignatieff, “los extremistas del ELK
creyeron que podrían cambiar el parecer americano al hacer de Kosovo
un territorio ingobernable. En cambio, habían desatado el
Gotterdammerüng, la expulsión de su propia nación por parte de
Milosevic”
24.
esta acción tomaría la forma de una verdadera represalia: no estaba dirigida puntualmente a castigar a los responsables por los crímenes terroristas, sino a proporcionar a estos responsables, y a quienes los sustentaban, y a quienes simpatizaban con ellos, un castigo tal que asegurara –por medio del miedo- que tales actos jamás se repetirían en un futuro.
Hasta aquí, estamos ante los típicos imperativos de una acción de represalia. Pero en la “modalidad Milosevic” de ejecución, encontramos en forma recurrente un tipo de operaciones simultáneas pero marginales, que ya habían sido ensayadas en Bosnia: las de
“limpieza étnica”. Kosovo será, desde los comienzos de la represalia serbia, el escenario de una de las mayores campañas de limpieza étnica de la historia. Esta limpieza es parte del tipo de guerra escogido por las autoridades serbias para enfrentar al ELK; pero en definitiva tiene cabida en el marco del nacionalismo extremista, que buscará finalizar de una vez por todas la tarea iniciada por sus antepasados, satisfacer oscuros y ancestrales deseos de venganza, y poner fin para siempre al conflicto en la región, restableciendo el efectivo dominio serbio sobre ella. En este intento de restauración histórica, perfectamente consecuente con aquel discurso proferido por Milosevic en Pristina en 1987, puede hallarse la clave de la explosión de violencia con la que los serbios respondieron al desafío planteado por los rebeldes albaneses.
Según esta apreciación, la represalia serbia habría tenido como objetivos estratégicos:
a) Destruir la capacidad operativa del ELK, mediante acciones ofensivas directas sobre sus “santuarios” en territorio kosovar.
b) Socavar las bases del apoyo popular al ELK entre la etnia albanesa, mediante la intimidación y el terror.
c) Expulsar del territorio kosovar –y yugoslavo- a la mayor parte de la población de etnia albanesa que fuese posible: en parte, para contribuir al minado del apoyo popular al ELK (sería como “quitarle el agua al pez”);
pero, en gran medida, para dar inicio el proceso de reversión del desequilibrio étnico imperante en la región.
Sin embargo, esta respuesta no dejó de ser en cierto modo
gradual. A comienzos de 1998, las fuerzas de la policía especial
serbia iniciaron una serie de ejercicios en la región de Drenica,
cerca de las localidades de Pec y Lipljan, aparentemente destinados a
intimidar a la población albanesa. Al mismo tiempo, se suministraron armas a algunos civiles serbios y fuerzas paramilitares leales a Belgrado hicieron su ingreso en Kosovo provenientes de Serbia. El 27 de febrero, estas mismas unidades policiales lanzaron una ofensiva sobre la villa de Likosane, en Drenica, empleando vehículos acorazados y helicópteros artillados. Su objetivo era capturar a los miembros de la célula del ELK que operaba en la zona. Ante la resistencia de grupos aislados del ELK, se entablaron una sucesión de pequeños enfrentamientos. Los combates continuaron durante varios días, y la acción dejó un saldo de cuatro policías serbios y un número no determinado de albaneses muertos, quedando el área bajo el control de las fuerzas policiales. En respuesta a esta escalada, se organizó una protesta estudiantil en Pristina, que fue violentamente reprimida por las autoridades, con un saldo aproximado de al menos tres centenares de heridos.
Seguidamente, tuvieron lugar en la región de Drenica una serie de acciones ofensivas en contra del clan Jashari, considerado una pieza vital para el sustento de la actividad del ELK en la región.
Ya el día 22 de enero la policía había intentado capturar a Adem Jashari, pero la resistencia del ELK lo había impedido. El 28 de febrero, las fuerzas policiales arrasaron las villas de Cirez y Likosane. El 5 de marzo, tras una semana de intensos combates, una acción coordinada llevada a cabo con los medios blindados de la policía especial cercó las residencias familiares del clan, en la villa de Prekaz
25. A continuación, las viviendas fueron demolidas por las armas pesadas, mientras aquellos que intentaban escapar caían presa de los francotiradores. La masacre dejó cincuenta y ocho muertos, incluido Adem Jashari -junto a casi toda su familia-, y creó un nuevo mártir para la causa del ELK.
La masacre de Drenica constituye un verdadero hito en el conflicto de Kosovo, y por su relevancia marca, a los efectos de este estudio, el inicio formal de la Guerra de Kosovo. Antes de su ocurrencia, era teóricamente posible hablar de acciones terroristas contestadas con acciones represivas policiales, de mayor o menor envergadura. Los enfrentamientos ocurridos en Drenica, y la masacre que tuvo lugar con posterioridad, producen en el observador la sensación de que una frontera ha sido transpuesta: aquella que divide las acciones criminales y lucha contra el crimen organizado (aún la lucha en drásticos términos), de las acciones en donde dos bandos se enfrentan abiertamente en pos de objetivos que les trascienden. Por la
25 Sobre estas operaciones en Drenica, consúltese The London Daily Telegraph, archivo del 06 de marzo de 1998 en URL=
http://portal.telegraph.co.uk/htmlContent.jhtml?html=/archive/1998/03/06/wserb06.html. También véase la información proporcionada por el sitio Hellenic Resources Network, en http://www.hri.org/news/balkans/kosova/1998/98-03- 16.ksv.html#02. Una vasta fuente de referencia al respecto puede hallarse en ABRAHAMS, “Under Orders…”.
dimensión de las operaciones, por su alcance, por los medios
empleados, y fundamentalmente, por el nivel de violencia involucrado
en cada una de ellas. Cuando, conforme a lo registrado, este nivel
crece en forma interrumpida, puede ocurrir que casi imperceptiblemente
nos encontremos en el terreno de la guerra. Una vez allí, reconocida
esta situación por el analista, investigador o simple estudioso, no
importa realmente quien está a cargo de la ejecución de las
operaciones, es decir, si se trata de fuerzas de seguridad, o
paramilitares, o irregulares: todas ellas son operaciones de guerra,
y, aunque más no sea que por simple analogía, comienzan a ser
calificadas genéricamente de “militares”. Muchas veces no es más que
en este simple y a veces hasta involuntario cambio de vocabulario en
donde puede apreciarse que se ha transpuesto esta frontera.
In document
maestría en historia de la guerra
(página 108-111)