La acción militar de la OTAN sobre Yugoslavia había colocado a Rusia, tradicional aliado y respaldo de las naciones eslavas del este europeo, en una difícil posición. Tanto el Parlamento ruso (la Duma) como la opinión pública se oponían vigorosamente a los ataques aéreos, considerándolos discriminatorios contra el pueblo serbio
11. Sin lugar a dudas, Rusia hubiera empleado su derecho de veto para impedir una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas avalando el uso de la fuerza contra Yugoslavia. Pero el gobierno ruso atravesaba un particular momento en que las perspectivas inminentes de una aguda crisis económica le obligaban a asegurar sus lazos con Occidente. La posición a adoptar frente a una eventual ofensiva terrestre supondría para el liderazgo ruso un dilema extremadamente difícil de resolver: permanecer inactivo, dando al mundo señales de impotencia; apoyar a la OTAN, enervando peligrosamente a la oposición interna; o apoyar a Yugoslavia, dando por tierra con cualquier posibilidad de asistencia occidental en un futuro próximo, por no mencionar el peligro extremo de involucrarse sin el adecuado grado de preparación en una guerra internacional cuyo posibilidad de escalamiento era tan imprevisible como potencialmente alta.
Bajo estas condiciones, la finalización de las hostilidades en Kosovo se convirtió en interés primordial para la diplomacia rusa.
Con este propósito se inició una ronda de conversaciones entre el Subsecretario de Estado norteamericano, Strobe Talbott, representando a la OTAN, el Presidente de Finlandia, Martti Athisaari, representando a la Unión Europea, y el ex Primer Ministro ruso, Viktor Chernomyrdin.
El objetivo común era claro: forzar, a través de la presión diplomática directa –esta vez ejercida por un gobierno amigo-, la capitulación yugoslava. El 27 de mayo, Chermonyrdin se reunió con Milosevic, en busca de un acuerdo. El líder serbio se mostró accesible a un alto el fuego, bajo la condición de que ninguno de los países de la OTAN que habían participado de los bombardeos enviara Fuerzas de Paz a Kosovo, y de que Rusia ocupara el sector norte de la provincia,
11El espectro político ruso posterior a la caída de la Unión Soviética puede dividirse en tres: los liberales pro-occidente, los nacionalistas pragmáticos y los nacionalistas fundamentalistas. Los liberales pro-occidente, con Yeltsin a la cabeza, que dominaron la escena política en la inmediata posterioridad a la disolución de la URSS, impulsaron la instauración un modelo democrático capitalista, en estrecha relación con las democracias occidentales. Los nacionalistas pragmáticos también adhieren a los principios democráticos y a las buenas relaciones con Occidente, pero privilegiando siempre los intereses nacionales rusos (según ellos, el mercado debe adaptarse a las condiciones y necesidades rusas). Los nacionalistas fundamentalistas, en cambio, descreen del modelo socioeconómico occidental, y creen que Rusia debe forjar su propio destino, prescindiendo de Europa y los EEUU (a quienes consideran hostiles), para erigirse como un nuevo centro de poder mundial; son nostálgicos del pasado soviético e inclusive de la Rusia Imperial. Uno de los motivos de alarma para ambos sectores nacionalistas fue la expansión de la OTAN, incorporando a los países europeos del Este, situados en la esfera geopolítica de preponderancia histórica rusa. La campaña aérea contra Yugoslavia sirvió para exacerbar en extremo la animosidad antioccidental de ambas facciones nacionalistas.
en donde habitaban la mayoría de los serbios. La propuesta fue rechazada por la OTAN, bajo la presunción de que comenzaba a esbozarse un principio de partición. Finalmente, durante una última y dramática sesión celebrada en Bonn el 1 de junio, los diplomáticos norteamericanos y rusos acordaron los términos bajo los cuales cesarían los ataques aéreos, coincidentes en gran medida con los expresados durante la cumbre de la OTAN en Washington. Al día siguiente, Athisaari y Chernomyrdin volaron a Belgrado, no para someter estos términos a consideración de Milosevic, sino simplemente para imponérselos. Confrontado por un frente sólido, que incluía a la única potencia de peso que podría haber actuado en su favor, Milosevic decidió “capitular” aquel mismo día. Pero este término no debe ser tomado en sentido estricto: en verdad, lo que hizo Milosevic fue aceptar una propuesta internacional de paz, tendiente a hallar una solución negociada al conflicto por Kosovo.
Bajo los términos de este acuerdo, el gobierno yugoslavo debería:
1°) Iniciar de inmediato el retiro de todas las fuerzas del VJ, MUP y paramilitares serbias de Kosovo.
2°) Permitir el ingreso en Kosovo de una fuerza multinacional de seguridad comandada por la OTAN (llamada en adelante KFOR, por “Kosovo Force”).
3°) Permitir el inmediato regreso de los refugiados a sus hogares, sin perturbación alguna sobre ellos
4°) Autorizar la creación de un régimen político autónomo para la mayoría albanesa residente de Kosovo, que a su vez reconocería la soberanía Yugoslava sobre todo el territorio provincial.
Se estipulaba además que, una vez retiradas las tropas de Kosovo, se permitiría que un pequeño contingente serbio (inferior al millar de efectivos) retornara a la provincia para servir como enlace con las Fuerzas de Paz, comandadas por el general británico Sir Michael Jackson, y para desarrollar tareas de seguridad en los sitios serbios de valor cultural y en los cruces fronterizos. A efectos de lograr una efectiva supervisión sobre la retirada, se exigía también el retiro de todo el armamento serbio –especialmente el antiaéreo- desplegado a menos de quince kilómetros de las fronteras provinciales, hecho que debería concretarse en las primeras cuarenta y ocho horas.
La OTAN, en tanto, continuaría con los bombardeos hasta tanto se
implementase un acuerdo entre los mandos militares de ambas partes
acerca de las condiciones y los detalles de la retirada.
Al respecto, el gobierno yugoslavo objetó el plazo inicial de siete días conferido para el retiro de las tropas, indicando que no podría completarse en menos de quince. Las negociaciones parecieron estancarse en torno a esta cuestión técnica. El 7 de junio, mientras continuaban las conversaciones, el VJ lanzó una nueva ofensiva contra las fuerzas del ELK estacionadas al sur del Monte Pastrik, en donde ambos bandos sostenían un duelo artillero desde el 26 de mayo, contando el ELK con apoyo aéreo ocasional de la OTAN. Esta vez, un inusual número de unidades del VJ se aventuró fuera de sus refugios, atraídos por los rebeldes albaneses, y configurando con ello un área abundante en objetivos. En función de las buenas condiciones meteorológicas, del razonable nivel de degradación de las defensas aéreas serbias y del efectivo rol –intencional o no- desempeñado por las tropas del ELK al forzar el movimiento de fuerzas enemigas fuera de sus escondites, la OTAN fue capaz de montar una serie de excepcionalmente letales ataques aéreos, considerando la efectividad de lo actuado hasta aquel momento. A la luz del día, dos B-52 y dos B- 1B lanzaron un total de 86 bombas de gravedad Mk-82 en campo abierto, cerca de la frontera kosovar-albanesa, en un área de supuesta concentración de tropas y vehículos del VJ. Inicialmente se estimó que se hallaban en el lugar entre 800 y 1200 efectivos yugoslavos, de los cuales menos de la mitad habrían sobrevivido al ataque
12.
Por aquellas horas, de cualquier modo, la suerte de la guerra ya estaba echada, y los acontecimientos que la decidirían no se desarrollaban precisamente en el terreno militar, sino sobre las mesas de conversaciones. Allí, el tema dominante continuaba siendo el lapso requerido por los serbios para completar el retiro de sus tropas de Kosovo. Belgrado consiguió que se le otorgaran once días a partir de la firma del acuerdo definitivo, lo cual tuvo sucedió el 9 de junio - con lo que obtuvo un plazo final superior a los quince días desde que formalmente aceptara los términos del acuerdo-. Tras 78 días de bombardeos, la firma del Acuerdo Técnico Militar en un aeródromo de campaña de la OTAN en Kumanovo, Macedonia, fue el hecho que señaló el cese formal de hostilidades entre la OTAN y la República Federal de Yugoslavia. Con la verificación del inicio de la retirada serbia, la ofensiva aérea quedó suspendida, tras lo cual el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por 14 votos a 0 –con la abstención china- la Resolución 1244, poniendo al territorio de Kosovo bajo control civil internacional, e instituyendo la autoridad del Consejo sobre las fuerzas de paz que se harían cargo de la situación
13. En estos términos, las fuerzas terrestres de la Alianza Atlántica se prepararon para ingresar en Kosovo en implementación de lo acordado. Con ello, la
12Estudios posteriores indicaron que esta cifra podría ser considerablemente menor, llegándose finalmente a dudar de la real efectividad de este ataque. Véase LAMBETH, op. cit., p. 59.
13El texto de la Resolución Nro. 1244 está disponible en URL=http://www.un.org/peace/kosovo/99sc1244.htm.