tipo de blancos. En su alocución, Clinton especificó que la campaña tenía tres objetivos específicos:
- Demostrar la seriedad de la OTAN en su oposición a la agresión yugoslava
- Disuadir a Milosevic de continuar atacando a civiles inocentes - Afectar la capacidad serbia para librar la guerra en Kosovo
disminuyendo severamente sus capacidades militares.
Aunque el presidente observó expresamente que no tenía intenciones de enviar tropas a librar una guerra en Kosovo, el Jefe de Estado Mayor Conjunto aclaró seguidamente que la OTAN se comprometería en toda la escala de sus posibilidades militares en el caso de que Milosevic no depusiera su actitud. Por supuesto, la administración Clinton confiaba en que esto ocurriría rápidamente. Así lo declaraba la Secretaria de Estado Albright en una entrevista televisiva ofrecida la misma noche del comienzo de los ataques: “No se visualiza ésto como una operación a largo plazo”
10.
Los misiles de crucero fueron los protagonistas excluyentes de la primera oleada de ataques. Los primeros fueron los AGM-86C CALCM, disparados por bombarderos B-52 desde fuera del espacio aéreo yugoslavo, seguidos por los Tomahawk lanzados desde buques estadounidenses y británicos ubicados en el Adriático. Los primeros impactos tuvieron lugar aproximadamente a las 8 p.m. (hora local) en las vecindades de Prístina, y produjeron la interrupción del suministro eléctrico, dejando la ciudad a oscuras. También fue alcanzado el aeropuerto militar y comercial de la cercana Batanjica.
En total, unos 55 misiles fueron disparados durante la primera noche.
Tras los misiles de crucero, entraron en acción las aeronaves de ala fija, que durante toda la noche atacaron principalmente blancos pertenecientes al sistema de defensa aérea yugoslavo, tales como radares, baterías de misiles aire-aire (AA) y puestos de comunicaciones militares. Entre los objetivos se encontraban también aeródromos en Serbia, Kosovo y Montenegro, usinas eléctricas, fábricas de armamento, cuarteles militares y policiales, y centros de comando y control. Entre los blancos específicos, fueron atacados los cuarteles militares de Kosovski Junaci, cerca de Prístina, el aeropuerto Golobovci en Montenegro, depósitos de munición en Danilovgrad y otros blancos militares en Radovac, Sipcanik y Ulcini. Las instrucciones dadas a los pilotos aliadas fueron muy claras desde un primer momento: evitar a toda costa los riesgos frente
10Madeleine Albright, en entrevista televisiva conducida por Jim Lehrer para la cadena PBS, Washington, 24 de marzo de 1999. El texto completo del reportaje está disponible en http://www.pbs.org/newshour/bb/europe/jan-june99/albright_3- 24.html
a las baterías antiaéreas yugoslavas, manteniendo una altitud no menor a 15.000 pies (aproximadamente 5.000 metros) sobre el nivel de superficie, evitando así entrar en sus envolventes de cobertura.
De cualquier modo, los radares yugoslavos permanecieron apagados, y no intentaron “enganchar” sus blancos durante aquella primera noche. En cambio, la mayoría de los cazas interceptores yugoslavos fue capaz de despegar y presentar batalla, aunque con pésimos resultados: tres MiG-29 fueron derribados, dos por una patrulla de F-15C norteamericanos, y el restante por un F-16 holandés;
no se produjeron pérdidas para las fuerzas aliadas. Los F-15C se anotaron dos nuevos derribos de MiG-29 durante la tarde siguiente, cuando los cazas yugoslavos intentaban interceptar un cisterna KC- 135
11. Durante los días subsiguientes, los medios aéreos yugoslavos intentaron ocasionalmente afectar las operaciones de la OTAN, sin llegar en la práctica a suponer una amenaza significativa para el desarrollo de la campaña.
Si el sistema de defensa aérea yugoslavo no se constituyó per se en un obstáculo para la ofensiva aérea aliada, su presunta letalidad se combinó efectivamente con otros factores limitantes: el temor de los potencias aliadas a sufrir bajas propias, el temor de estos mismos actores a causar daños colaterales por encima de lo tolerable para su perfil internacional, y la escasez de apoyo popular a nivel doméstico al involucramiento en la guerra -manifestada esta falta de apoyo mucho más mediante el desinterés que a través de la oposición activa a la política oficial. La resultante de esta combinación determinó que la campaña aérea de la OTAN sobre Yugoslavia adquiriese como sellos característicos las restricciones, la “tibieza”
y la falta de efectividad, imponiéndose así, como reconoce Michael Ignatieff, la “virtualidad” por encima de la realidad en la conducción y ejecución de las operaciones de guerra
12. Por cuanto no fue el respeto del techo mínimo de 15.000 pies la única restricción impuesta para la ejecución de las misiones de combate. Ya con anterioridad al 24 de marzo, la aprobación de las listas de objetivos a bombardear había sido sometida al riguroso ojo crítico de cada uno de los gobiernos aliados, quienes a su entero arbitrio se reservaban el derecho de modificarlas. Y estas modificaciones consistían –casi exclusivamente- en quitar de las listas aquellos objetivos considerados “sensibles” desde el punto de vista humanitario, y, obviamente, político. Así, fueron excluidos muchos blancos cuya proximidad con edificaciones civiles entrañaba la posibilidad de daños colaterales, mientras que otros fueron quitados ante la eventualidad
11Esta intercepción se produjo sobre espacio aéreo bosnio, presuntamente tras haber perdido los MiG-29 el enlace con su controlador terrestre. Véase LAMBETH, op. cit., p. 23.
12IGNATIEFF, MICHAEL, “Virtual War: Kosovo & Beyond”, passim.
de que fuese dañado el patrimonio cultural regional
13. En las zonas
límite, es decir, allí donde fuera difícil precisar la probabilidad de
ocurrencia de daños colaterales, o donde necesariamente debieran
asumirse riesgos mayores dada la importancia del objetivo, se decidió
emplear munición de bajo poder explosivo. Y si bien estas medidas
redujeron en mucho la probabilidad de causar bajas no deseadas, de
hecho redujeron igualmente la probabilidad de afectar el objetivo
pretendido. Por su parte, los pilotos fueron aleccionados para
regresar a sus bases sin disparar su armamento, en caso de no lograr
una identificación positiva sobre sus blancos. Y, aún con
identificación positiva, tenían expresamente prohibido atacar
vehículos militares cuando éstos estuviesen entremezclados con
vehículos civiles. Sobre el sistema implementado para imponer la
precisión como norma excluyente para los ataques aéreos, dice Clark
que “...funcionaba bien. Básicamente, conocíamos la precisión y el
radio de efectos de cada una de nuestras bombas y misiles. Empleando
fotografía de precisión y sofisticados modelados de las explosiones,
podíamos proyectar con precisión los daños sobre las estructuras,
roturas de vidrios, e incluso de tímpanos. Luego ajustábamos las
armas, sus ángulos de lanzamiento, y, en muchos casos, simplemente no
atacábamos objetivos que implicaran riesgos significativos de víctimas
civiles.”
14Es sobre la base de estos cálculos que los líderes
políticos de la Alianza determinaban la aprobación o no de los
blancos.
In document
maestría en historia de la guerra
(página 149-152)