La concepción de tiempo que tenía Moreno, influida por Bergson, se resume en la siguiente frase del segundo autor: «El presente es el pasado que será». Si llevamos esto al momento terapéutico, al aquí y ahora psicodramático implica asumir que en el presente está la historia del sujeto y también a partir de ahí tenemos un pronóstico de su futuro. La intervención psicoterapéutica nos permite la síntesis, la integración y el equi- librio de estos puntos. Al acompañar un acto psicodramático, vemos una historia que se actualiza y un futuro que se proyec- ta. Si intentamos o permitimos que el paciente se quede dete- nido quejándose de un pasado que ya no fue, corremos el riesgo de quedar fijados como estatua de sal. La historia es entonces una justificación, un salvoconducto que perpetúa la matriz y rigidiza la modalidad vincular. Si nos concentramos en un futuro que no existe, nos angustiamos en un devenir
que no está realmente en nuestras manos. El evitar esta inte- gración puede constituirse en un acto defensivo, que impida el avance terapéutico. Por ejemplo, un paciente que viene solo a hablar de su pasado y a relatar las penurias que le han ocu- rrido, buscando la compasión o la justificación de su enfer- medad, puede a través de ello resistirse al cambio. Lo mismo que un paciente que nos refiere solo sus aspectos vitales co- yunturales y nos llena el espacio terapéutico de anécdotas co- tidianas, puede estar resistiendo la profundización de conte- nidos, y la emergencia de conflictos latentes. De la misma manera, un paciente que está excesivamente centrado en sus metas y es incapaz de conectarse con lo que le está ocurriendo en el aquí y ahora, puede estar evitando la profundización y la rematrización.
Otra área propia de la psicoterapia son los espacios intrasubjetivos e intersubjetivos. Los espacios simbólicos in- ternos y los reales externos7. En otras palabras, el adentro y el
afuera. Si un terapeuta sobredimensiona el afuera por sobre lo de adentro, puede promover o acentuar una dinámica de victimización de su paciente, en que las cosas le ocurren y nada pasa por él. Sin embargo, también sobredimensionar lo interno puede llevar a sobrecargar al paciente de responsabili- dades y generar que se autoculpabilice y se sienta omnipoten- te en relación con todo lo que le ocurre. Es también por lo tanto una parte importante del propósito terapéutico el man- tener una síntesis de estos dos espacios. La sobrecarga de los objetos malos internos corresponde con la vivencia de lo de- presivo, la sobrecarga de los objetos amenazantes afuera, co- rresponde con la vivencia de lo paranoide.
Las áreas que más han sido señaladas por los psico- dramatistas, particularmente por Rojas Bermúdez, son las áreas mente, cuerpo y afecto. La integración de esta tríada es las que posibilita la verdadera integración de la experiencia, y por lo
7 Bustos, Dalmiro M., Nuevos rumbos en psicoterapia psicodramática,
tanto la cura psicodramática. Una sensación corporal puede traerme a la conciencia una serie de recuerdos pre-verbales que estaban bloqueados, que a su vez desencadenen en vivencias de dolor, rabia y desamparo, pero si no las simbolizo y les doy el nombre adecuado, no tengo la suficiente resignificación. Esto es en realidad el insight dramático. También puede ocurrir el tener sobreintelectualizado un conflicto, pero si no paso por la vivencia corporal y afectiva que esto implica, tampoco puedo realmente resignificar, por lo tanto no se podrá producir el
insigth dramático. También puede existir una sobrehis-
trionización de algunos afectos, eso sin profundizar a través de la simbolización y de una vivencia corporal más profunda. El psicoterapeuta debe situarse al medio y dependiendo de las ca- racterísticas del paciente, será el área que más estimulará. En otras palabras la técnica del psicodrama desbloqueará el área que está más escindida de la conciencia.
Cabe señalar aquí el papel del método. Obviamente de- trás de un método existe un cuerpo teórico y un paradigma, esto es una concepción del ser humano y de la vida, que nece- sariamente influyen en la manera de llevar a cabo una técnica. El psicodrama no es solo una técnica, si no bastaría con que adiestráramos un procedimiento. Cuando el método está pro- fundamente arraigado en la persona es difícil escindirlo de la persona, que lo aplica. Pero también puede no ocurrir así, principalmente en las primeras etapas de formación, en que como forma natural del proceso de aprendizaje la técnica y la persona aún no están integradas.
En este sentido, es interesante recordar una reflexión que realizó Salvador Minuchen, referente a que un método psicoterapéutico había que leerlo y aprenderlo, para después olvidarlo. Dicho pensamiento debiera ser aplicable para cual- quier psicoterapeuta, sea o no psicodramatista. Lo que im- porta es que cuando tenemos el paciente enfrente, debemos conectarnos con su necesidad psicoterapéutica. El psicodrama es entonces solo un instrumento que lo puede o no ayudar. Lo más relevante es el vínculo. Así como lo captó profundamen-
te Jung, cuando tenía una paciente al frente y… simplemente le cantó una canción de cuna…