El encuadre constituye un elemento crucial, para garan- tizar un desarrollo adecuado de cualquier psicoterapia de gru- po. Este se realiza durante los primeros momentos, y permite calmar la ansiedad inherente del comienzo. Es un rito de ini- ciación, que constituye un contrato emocional que da la par- tida al viaje y facilita el salto al vacío. Si bien se lleva a cabo al comienzo, he observado la necesidad de efectuar un repaso periódico del encuadre, dependiendo de las necesidades del grupo. Durante la primera sesión es muy útil realizar socio- metría espontánea, para ir reconociendo características gene- rales del grupo, los miedos y las expectativas. También es bue-
no investigar fantasías antes y después de haber asistido al taller. Por ejemplo, imagino que está primera sesión terminó, voy camino a casa, qué voy sintiendo, qué pienso, etc. Dar la libertad para que cada uno se mueva como quiere y vaya re- conociendo, apropiándose e identificado el espacio.
Lo primero que planteo son las reglas del juego. Esto incluye las características del grupo, el tamaño, si este será cerrado, semicerrado o abierto y los mecanismos de ingreso y selección. Reviso acá también, como ya dije, la conformación específica en términos de si existen algunos miembros que se estén reconociendo en ese momento y cuyas historias hagan incompatible la incorporación de uno de ellos, en tanto sea sentido incómodo para ellos y para el grupo. Las reglas del juego involucran la asistencia y puntualidad, el día y horario, lugar de funcionamiento, la forma de pago de los honorarios y la equidad en lo mencionado para todos. Si ocasionalmente existe un acuerdo específico con alguien diferente, que en rea- lidad se trata de evitar, es transparentado en el grupo. Existen tres reglas que son discutidas, que son la aceptación, respeto y discreción. La aceptación implica que no se obliga a nadie a hacer lo que no quiera, el respeto involucra el tender al no juicio valórico, ni clínico –este último, común entre psicólo- gos–. La discreción dice relación con tratar lo que emerja en la situación grupal, en ese contexto y no afuera, lo que tiene que ver con la confidencialidad.
Otro aspecto importante de destacar en los momentos iniciales es el objetivo, que debe estar claro. Qué nos convoca y lo relevante de no pervertir un contrato. Por ejemplo, suele ocurrir con los grupos de formación, que tienden a desviarse a espacios terapéuticos. Ahí es importante establecer la diferen- ciación. El coordinador debe dirigir una escena didáctica con el mismo respeto y cautela que si lo hiciera a un paciente. Sin embargo debe estar claro el objetivo didáctico tanto para el protagonista, para el grupo, como para el director. Los objeti- vos de psicoterapia pueden ser diversos. Generalmente, los gru- pos psicoterapéuticos funcionan con temáticas libres no
estructuradas. También puede darse el contrato de una temá- tica específica, solicitada por una institución, o conversado de comienzo con el mismo grupo. Cualquiera sea el caso y la forma de establecimiento del objetivo, debe ser planteado con extrema claridad y mutuo acuerdo.
Particularmente no soy partidaria de señalar nada del método a un grupo, en sus inicios, porque se corre el riesgo de incurrir en una clase y provocar preguntas muy intelectua- lizadoras, pero sí señalo consignas generales y básicas sobre las formas de elección de los temas y de los protagonistas y sobre el hecho de que todas las formas de participación son igualmente válidas, activas, necesarias y útiles. Un miembro del grupo pue- de no realizar una escena en mucho tiempo y estar profunda- mente activo y comprometido en el proceso o incluso más que alguien que participa en muchas escenas. El aclarar esto mu- chas veces posibilita la disminución de ansiedades iniciales, frente al mito de que para participar en sesiones psicodramáticas se requieren habilidades histriónicas.
Las consignas claras, tanto para el encuadre general de la psicoterapia grupal como para enmarcar algunas actividades o secuencias de las sesiones, son muy relevantes en la disminu- ción de las ansiedades y fantasías anticipatorias. Existen con- signas más estructuradas, cerradas y más instruccionales y con- signas en general más abiertas. Sin embargo, ambos tipos de- ben ser claros y no ambiguos.
Los roles deben ser expuestos de manera explícita y clara, para no dar curso a la influencia del pensamiento mágico y mítico. Los talleres están centrados en el grupo y el individuo, existiendo una cocreación y bidireccionalidad en la determina- ción de muchos aspectos. No obstante, tanto el grupo como el coordinador deben tener presente la asimetría de los roles. Exis- ten ciertas responsabilidades y ciertas capacidades de decisión del coordinador o del equipo de coordinadores, que no posee el grupo. Esto es importante, ya que muchas veces se confunde la conducción democrática con una anarquía, lo que genera angustia, confusión y agresividad en el grupo. Si existen yo
auxiliares profesionalizados, también debe explicitarse en for- ma clara su rol, ya que están en una posición intermedia, que puede confundir al grupo. Por ejemplo, que participe de algu- nos caldeamientos, pero no de escenas.
Las características para definir un grupo son variables, Mo- reno hablaba de grupo ya con tres personas. Particularmente creo que el tamaño ideal para una psicoterapia grupal es de seis a diez personas. El grupo puede ser semicerrado, con el permiso para incorporar personas. Es importante que en el interior del grupo todos los miembros posean el mismo rango y estatus.
El rango de tiempo puede ir de hora y media a dos horas y media. Lo relevante en esto último es intencionar la puntuali- dad del comienzo y del final, puesto que son características sim- bólicas temporales, así como existen las espaciales que facilitan la sensación de contención y confianza. El rango de tiempo puede ser de dos meses, dos años o indefinido. El estilo de fun- cionamiento de Moreno era intervenir en sesiones únicas, de manera que no se hablaba de proceso terapéutico en el tiempo. El espacio debe ser cerrado e íntimo. Idealmente bien templado y ventilado. Más importante que las estructuras morfológicas propuestas por Moreno, similares a la de un tea- tro, es que el espacio sea percibido en ese tiempo de funciona- miento como propio por el grupo. En este sentido, es impor- tante delimitar en conjunto, al interior de la sala, los espacios del «como si» de la escena y de la emergencia del inconsciente y los espacios elaborativos. Muchos autores, y dentro de ellos el mismo Moreno, plantearon argumentos, que fundamentan que la delimitación de estos espacios fueran estables. En mi experiencia los he rotado de sesión a sesión, definiendo esta elección con el protagonista de la escena, y ha resultado muy bien. Existen diversas opciones entre los diferentes psicodramatistas para el empleo de objetos intermediarios o no. Mario Buchbinder, cuyo trabajo integra bastantes elemen- tos del teatro espontáneo, utiliza muchos objetos intermedia- rios, como máscaras, disfraces, géneros y utilería de teatro. Bustos, en cambio, prefiere que sea invocado en escena el mun-
do interno y el objeto imaginario del protagonista.
En psicodrama, pueden ser trabajadas casi todas las te- máticas y motivos de consulta. Existen sí algunas contraindi- caciones en trastornos compulsivos severos, síndromes paranoides graves, cuadros maníaco depresivos y coeficientes intelectuales muy bajos. Si se trabaja con psicóticos o cuadros muy impulsivos debe ser alguien con experiencia y los pacien- tes deben estar medicamentados. También yo realizaría obser- vaciones para la realización de escenas en cuadros depresivos mayores o en ciertos períodos de la depresión.
Finalmente, como consideración, los pacientes pueden estar en forma paralela en psicoterapia individual y grupal, siendo a veces incluso conveniente. Creo que no es recomen- dable que sea el mismo terapeuta, ya que esto puede despertar ansiedades de exclusión y celos en el resto del grupo. Lo que sí se hace ocasionalmente es algo que se puede acordar con to- dos los miembros del grupo, y es que tengan la posibilidad en forma rotatoria, de tener alguna sesión individual con el tera- peuta de grupo, frente a situaciones de crisis para las cuales no alcance el tiempo grupal.