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Convergencias entre psicodrama e intervención comunitaria

In document La Practica Del Psicodrama (página 150-154)

El psicodrama y la intervención comunitaria coinciden en diversos puntos. En primer lugar, se desarrollan sobre la base de la democratización de la temática de trabajo en salud men- tal, comparativamente con la forma de trabajo imperante en el modelo médico tradicional. Se le da, en este sentido, un espacio no solo a los conflictos y/o dificultades, sino que a las posibilidades de desarrollo y recursos activos para la resolu- ción de ellos. Existe oposición a un criterio de salud mental adaptacionista de la realidad. La salud mental tiene que ver con capacidad de cambio y adaptación activa y creativa en la que el sujeto modifica también la realidad. En este sentido, el sujeto intervenido, ya sea individuo o grupo, no es un ente pasivo o enfermo, que espera que alguien mejore su estado.

Lo anterior nos lleva a un segundo punto de convergencia, que es la co-construcción. Esto implica una relación dialéctica entre el que interviene y el intervenido, ya que en ambas se inte- gran nuevas dimensiones de análisis y acción que intentan supe- rar y ampliar las miradas, focalizándose en los procesos interaccionales y activos en desmedro de procesos pasivos y uni- laterales. De esta manera, los criterios utilizados desde el constructivismo y el psicodrama incluyen la noción de compleji- dad, es decir, su mirada integra flexibilidad para utilizar pensa- mientos complejos, tolerancia a las contradicciones y polarida- des de las vivencias. También implica abordaje práctico desde recursos complejos, y a veces conflictivos entre sí1. Nuevamente

surge en esta dimensión la democratización de las relaciones en- tre profesional y sujeto intervenido. Si bien la relación continúa siendo asimétrica, no es solo el profesional el que tiene que decir algo sobre el diagnóstico y la acción terapéutica, sino también los sujetos intervenidos van participando en forma activa en la definición y solución de sus conflictos, como también en la acti- vación de sus recursos. Surge así, en la intervención comunitaria, el rol profesional, como una acción fundamentalmente facilitadora y catalizadora del proceso descrito.

Un tercer punto de convergencia se refiere a que la comu- nidad no solo implica un conjunto de personas que comparte más o menos una realidad sociocultural y tal vez económica, sino que también un territorio físico y un espacio geográfico. Cuando pensamos y realizamos una intervención comunita- ria lo hacemos habitualmente en su espacio natural. De la misma manera, cuando Jacob Levi Moreno crea y desarrolla el método psicodramático, enfatiza la intervención «in situ», en el lugar de los hechos, en donde ocurren naturalmente las cosas, en el barrio, en las casas, en las esquinas, en los espacios públicos. ¿Qué es lo que significamos como espacios públi- cos?2 En cierta forma, Moreno mira con desdén la acción del

consultorio y la recreación de espacios artificiales para la ac- ción terapéutica. Muchas veces ha sido citado el diálogo ima- ginario en el que Moreno interpela a Freud, manifestándole su trabajo psicoanalítico en el consultorio, en contraposición con el realizado por el mismo Moreno, que era más «en el sitio», donde la gente vive. Consecuente con ello, lo psicodra- mático y lo comunitario poseen un método, cuyos principios surgen de lo empírico más que de lo teórico.

1 Burin y Meller, 2000, citado en tesina del Postítulo de Psicodrama,

para optar a la Acreditación como Psicoterapeuta, Exploración a la

vivencia subjetiva femenina, Ilabaca, Carmen Paz, y Moraga, Carola,

2004.

2 Cheng L. Kentyi. Nuestras memorias dérmicas, El acto de habitar

los espacios públicos, Tesis para optar al título de Psicólogo, Univer-

Un cuarto aspecto que aúna la mirada comunitaria con la psicodramática es la importancia que otorgan ambas al rol de lo grupal y colectivo en el proceso de movilización y cambio resolutivo. El grupo, como sostén del psiquismo, puede consti- tuirse en un espacio de encuentro o desencuentro, en un espa- cio de alineación o de cambio, en un obstáculo o un facilitador del crecimiento humano. Al intervenir un colectivo, estoy intencionando un diálogo movilizador entre conserva cultural y realidad interna, entre lo público y lo íntimo, entre lo adaptacionista e individuativo. En este aspecto la facilitación debe de conducir a un equilibrio entre el ser y el colectivo. Ni el grupo debe masificar y tragar al ser, ni el individualismo impe- dir el espacio al grupo. Es el grupo por lo tanto un espacio de recreación y transferencia de modalidades vinculares, que cons- tituyen conservas culturales, y por lo mismo también conlleva la posibilidad de recreación y cambio. Moreno plantea el gru- po como el espacio de crecimiento más adecuado para el ser humano. En gran medida la posibilidad de generar vínculo está dada por el establecimiento de los grupos sociales –como lo son los pares, la familia, el equipo de trabajo–. Al considerar estos distintos ámbitos sociales en que se mueve el sujeto, los grupos adquieren importancia para comprender la esencia de la vida humana. Es así, como nace la preocupación por lo grupal dentro de las ciencias sociales. «Kurt Lewin y Moreno abrieron un campo de investigación y de experiencias con prácticas ten- dientes a estudiar a la sociedad y a transformarla»3 .

Un quinto punto que conecta el trabajo comunitario y el psicodramático es el diálogo que ambos permiten entre lo ín- timo y lo público. Ninguna intervención comunitaria es efec- tiva, por masiva que sea, si en cierto sentido no logra impactar en el plano de las vivencias personales. De la misma forma ninguna vivencia personal sostiene un cambio profundo en el tiempo, si no logra de cierta manera impactar en las redes sociales que rodean a la persona.

Un sexto tema que vincula lo comunitario con el psicodrama y transforma al método psicodramático en es- pecialmente útil para ser aplicado en contextos colectivos, dice relación con el centrar los propósitos de la intervención no solo en los contenidos, sino también en los procesos. Esto implica, por ejemplo, si estoy haciendo un trabajo de pre- vención comunitaria dirigido a la violencia, la narrativa, el contendido anecdótico es más bien un instrumento para en- tender el proceso que hay detrás y no un objetivo en si mis- mo. Esto es facilitado por el método psicodramático, ya que permite manejarse en el plano simbólico e identificatorio, protegiendo de la exposición a los sujetos frente a conteni- dos y narrativas que pueden ser muy amenazantes para ellos y a veces realmente riesgosas para plantearlas hacia un pú- blico amplio y abierto.

Finalmente un séptimo aspecto, a través del cual conver- gen el psicodrama y la intervención comunitaria, dice relación con el papel que ambos otorgan a la crisis, al cambio y a la subjetividad. La crisis propende y es parte necesaria para el cam- bio y crecimiento, tanto colectivo como individual. En ese pro- ceso el papel de la subjetividad es esencial, ya que en ella se encarna la fantasmática social y el imaginario grupal. Pavlovsky plantea, en este sentido, que a través de los procesos subjetivos grupales se actualiza la ideología y política contemporánea. La recreación de las crisis conlleva un cuestionamiento a los mo- delos vigentes de familia, instituciones, cultura y sociedad. En este sentido, el grupo y el texto dramático, para este autor, se pueden transformar en personajes subversivos, movilizadores al cambio de lo establecido. Frente al mismo tema, los aportes de Fidel Moccio apuntan a la influencia de la intersubjetividad, en los procesos de conexión con el inconsciente e integración de la conciencia, lo que activa el proceso creativo. El colectivo impulsa la creación del proceso inconsciente.4

4 Fabris, Fernando, Conversaciones con Fidel Moccio sobre creativi-

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