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Un caso de complementariedad patológica

In document La Practica Del Psicodrama (página 70-76)

Presento un caso atendido en un consultorio de la ciu- dad de Santiago de Chile. Los nombres y algunos otros datos están cambiados para evitar las identificaciones de las perso- nas. Fue una pareja atendida durante el transcurso de un año y solo expongo algunos antecedentes relevantes y extractos con razones didácticas e ilustrativas a propósito de las técni- cas diagnósticas y psicoterapéuticas para parejas, desarrolla- das en este capítulo.

Angélica y Enrique constituyen un caso de violencia intrafamiliar. En la historia de esta pareja existen anteceden- tes de violencia verbal y física por parte del marido hacia la esposa. La violencia verbal es más frecuente, la violencia físi-

ca ocurre en forma cíclica unas dos veces anuales. Existen tres episodios de infidelidad. Angélica tiene cuarenta y un años y Enrique cincuenta. Llevan veinte años de casados y tienen tres hijas mujeres de dieciocho, dieciséis y trece años. Han perma- necido siempre juntos.

Pertenecen a un nivel socioeconómico medio-bajo y asis- ten a un consultorio de las redes del Ministerio de Salud. El nivel educacional de él es técnico superior y el de ella enseñan- za secundaria completa. Él trabaja como auxiliar de enferme- ría en un servicio de urgencia y ella siempre ha sido dueña de casa. Pertenecen a una subcultura proveniente del sector ru- ral, en donde las polarizaciones del rol de hombre proveedor dominante, y mujer pasiva sumisa están acentuadas. La his- toria de ambos miembros de la pareja está plagada de antece- dentes inmediatos y transgeneracionales de violencia por par- te del hombre hacia la mujer.

Comienzan a asistir a psicoterapia producto de que ella consulta, ya que este último tiempo ha tenido muchas crisis de úlcera estomacal y el doctor les dijo a ambos que era «nervioso». Él es convocado y asiste «solo para ayudarla», ya que tiene susto de que se enferme más. Después de numerosas sesiones diagnósticas en que se va generando además un clima de con- fianza y se va co-construyendo un motivo de consulta sostenido por una necesidad de ambos y no solo por ella, se acuerda una psicoterapia de pareja, en la que trabajo con un yo auxiliar.

Se realizan las primeras sesiones con concretizaciones de imágenes. Les pido que construyan ambos con su cuerpo, en forma simultánea y en base a lo que van sintiendo, una ima- gen estática de cómo sienten que están en este momento como pareja. Surge una imagen en cuya construcción ella es más activa al principio y él después. En esta concretización de imá- genes, ella mira hacia el suelo cabizbaja y resignada, sostiene un cojín de manera tensa y desagarradora. Surge la imagen para mí y para el yo auxiliar de «una mujer sosteniendo-rete- niendo y siendo sostenida por un bebé». Él mira hacia el otro extremo, como al infinito, está más distante, más frío, surge

para nosotras, como terapeutas, la sensación de «buscando horizonte». Realizamos inversión de roles, que implica que el yo auxiliar reemplaza por un breve momento a cada miem- bro de la pareja, para que cada uno pueda mirar esto desde afuera, saliéndose de la concretización de imágenes. Luego vuelven a sus lugares, les pido soliloquios –que expresen en voz alta desde la imagen lo que están sintiendo–, el yo auxiliar hace algunos dobles –se transforma en la extensión de cada uno y habla por ellos–. Aparecen en ella sentimientos de pena, mucha rabia, y de estar sometida por un destino. También aparece la resistencia de no querer cambiar de posición, pues desde ahí igual tiene control y poder. En él aparece la pena, la soledad y el cansancio, el tener que sostener, cargar y además hacer de «el malo de la película». En un segundo momento les pedimos que inviertan roles entre ellos y aparece el contrarrol interno, que es característico de la complementariedad interna patológica. Esto implica que deposito y hago responsable al otro de algo que es mío. Ella instala en él la rabia y el rol de agresor y él en ella la pena y rol de víctima. En un tercer momento, les pido que ambos construyan una imagen de lo que quisieran cambiar, cómo quisieran ver la relación de pareja en el futuro. Aparece una concretización en la que ambos se miran, ambos lloran intensamente, se abrazan, se acogen. Notoriamente a ella le cuesta más que a él. En un cuarto momento nos sentamos a conversar, primero les preguntamos a ellos qué les paso, luego les decimos nosotros.

Esto es lo que se plantea como el constructivismo desde el psicodrama. Construimos junto con los pacientes nuestra mirada y nuestro propósito psicoterapéutico. Emerge mucha información como elaboración secundaria de las concre- tizaciones de imágenes. Destaco el tema de la etapa que están viviendo por estar creciendo las hijas y tener que empezar a mirarse de otra manera entre ellos. Aparece también la sole- dad, y la dificultad para ponerse en el lugar del otro. Emerge también, como temática, que dentro de los componentes de la pareja la sexualidad era un tema que hace años estaba sien-

do postergado por ambos y que ello estaba relacionado con que ella se situara en el rol de madre y esposa abnegada, diso- ciando su sexualidad y él en el rol de proveedor agobiado, desplazando la sexualidad hacia otros espacios, mediante la infidelidad como mecanismo. Las otras dos áreas inherentes para la pareja, el proyecto vital y la afectividad, también esta- ban dañadas.

Se apreciaba una modalidad vincular complementaria patológica concordante, en la cual los roles estaban rígida- mente cristalizados, en víctima, pasiva-dependiente y culpógena versus victimario activo-agresor. Las dinámicas afectivas deri- vadas de estos roles fortalecían y perpetuaban además que ella no expresara adecuadamente las rabias contingentes e his- tóricas –de ahí sus crisis de úlcera–. También por otra parte se manifiesta la soledad, la pena y el cansancio de Enrique. In- mediatamente después de esta sesión él comienza a expresar más pena y ella más rabia, según lo que ambos reportan en las siguientes consultas.

En sesiones posteriores realizamos un biodrama; este es un método también muy útil para el diagnóstico. Consiste en llevar la línea de la historia de la pareja a un espacio escénico. Este espacio escénico es recorrido por ellos, corporalmente con movimientos, desde el momento en que se conocen, atrave- sando las distintas etapas del proceso, pudiendo abarcar has- ta los momentos actuales y la proyección futura. También se puede apreciar la gestación de los conflictos específicos.

Este viaje es realizado por la pareja, tal como ellos lo sienten, representándolo con su cuerpo y acompañado muy de cerca por mí y por el yo auxiliar. Desarrollé mucho movi- miento en cámara lenta, movimiento expresivo, maximi- zaciones de sensaciones, soliloquios de emociones con pala- bras y sonidos, dependiendo lo que el momento iba requi- riendo. Cada cierto tiempo, los iba sacando de a uno del es- pacio escénico, para que tomaran distancia y observaran prin- cipalmente las matrices que se reiteraban en cada uno y en el vínculo. Esta última parte, me permitió ver y fortalecer la ca-

pacidad yoica y defensas de la pareja, lo que era capaz de mirar y procesar. También los hacía interactuar, con lo que yo iba viendo y sintiendo desde afuera. El rol del yo auxiliar fue hacer dobles y en ocasiones inversión de roles.

Lo que resaltó de esta línea biográfica de la pareja, para sorpresa de ambos miembros, era que a lo largo de ella, se repetían ciertos ciclos, como en tres fases que se daban a lo largo de años, que ellos mismos denominaron, como «la bomba atómica», «la reconciliación» y «la angustia». Muy emocio- nados y angustiados reconocieron que era como tener un li- breto escrito, pero sin saberlo; estarán representando persona- jes y ahora lo sabían. Les pregunto si se les ocurre quiénes podían haber colaborado en la escritura de ese guión y apare- cen bisabuelos y tatarabuelos de ambos, que constituyen man- datos transgeneracionales. Los llamamos a escena. Aquí es im- portante el rol del yo auxiliar, para representar estos persona- jes a partir de la construcción de las fantasías de la misma pareja. Pudieron ellos tener una conversación con estos perso- najes, en donde les dijeron que deseaban re-escribir su propio guión. Les conversamos en esa ocasión a ellos lo que se descri- be como clásicamente dentro de los ciclos de violencia en las parejas, que es la agresión, la luna de miel y la acumulación de tensiones, información que los conmueve.

Lo que siguió con esta pareja fue alrededor de ocho me- ses de psicoterapia en donde pudieron realizar escenas abier- tas y re-escribir sus propios destinos, con mayor libertad, e individuación para ambos. Cesaron los ciclos de violencia y con posterioridad fueron derivados ambos a psicoterapia in- dividual con distintos psicoterapeutas.

Capítulo 3

Psicoterapia de familia

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