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Diagnóstico familiar desde el psicodrama

In document La Practica Del Psicodrama (página 81-85)

Los planteamientos epistemológicos para enfrentar la mi- rada diagnóstica de familia son los mismos para el trabajo diagnóstico general desde el psicodrama6. Uno de los aspectos

relevantes planteados por el psicodrama se podría definir como una concepción constructivista de la realidad ínter e intra- psíquica. Esto implica que la familia como grupo de indivi- duos, es activa en la construcción de su propia realidad, otor- gándole significados propios en la elaboración e interpreta- ción de la información, subrayando los aspectos subjetivos y no observables de la conducta humana. En este sentido, por ejemplo, las escenas dolorosas de la familia, los lugares y es- pacios psicodramáticos en donde ocurre la gestación de la

patología es tal, en cuanto su valor subjetivo y su poder de revelación para la conciencia y las significaciones que los miem- bros del grupo construyen.

En el anterior contexto, el propósito del diagnóstico es la exploración conjunta y bi-direccional de lo que está ocu- rriendo; tanto terapeuta como grupo familiar construyen esa realidad. El diagnóstico, por lo tanto, no es un decreto que establece el terapeuta y que la familia acata, sino que es el conocimiento, la revelación de realidades latentes frente a la conciencia, que, de no ser digeribles por el grupo familiar, pier- den además utilidad para la terapia. Por lo tanto, el terapeuta es solo un facilitador. Es necesario recordar que en este proce- so ambos tienen roles diferenciados y asimétricos, ambos ade- más poseen conocimientos complementarios y recíprocamen- te necesitados de aspectos de la realidad. El terapeuta posee conocimientos teóricos y metodológicos además de la capaci- dad «télica»7, el paciente posee sus vivencias, en última ins-

tancia es solo él quien sabe el sentido de su vida.

Un aspecto que se complementa con lo anterior es la con- cepción teleológica y finalista del dinamismo humano, en contraposición con lo etiológico. Los síntomas, fenómenos, sistemas defensivos, trastornos de la familia no son «porque» sino que son «para». Todo posee un sentido, que en el caso del ser humano –para Moreno– estará siempre conectado con la búsqueda de la integración de un crecimiento, de una crea- ción, finalmente de la espontaneidad. Lo que puede ser disfuncional, destructivo, poco económico y a veces simple- mente inútil, es la forma, la manera, el mecanismo mediante la cual el grupo familiar persigue dicho sentido.

Por lo tanto, el diagnóstico no es algo lineal y unilateral. Cualquier elemento de la realidad de un ser humano depende de muchos factores, que se agrupan en forma de espiral en movimiento. Por ello, una realidad e identidad no «es» sino que «va siendo», son procesos circulares; no están determina-

dos por un solo factor, sino que por múltiples factores, que se mueven en una dinámica de importancia relativa y cambiante de un momento a otro y de un contexto y situación vincular a otra. Por ejemplo, una persona puede ser fóbica en un con- texto espacio temporal y no en otro.

También en el mismo sentido, los trastornos son en fun- ción de un contexto cultural. No es lo mismo una disfunción familiar en un contexto de guerra o migración, que una disfunción, incluso con una misma «sintomatología», en una sociedad estable. La situación histórica y social, en este caso, le dará una interpretación y un sentido muy diferente al mis- mo «síntoma» familiar.

Por el mismo motivo, los aspectos sintomatológicos o características particulares de algunas patologías familiares constituyen emergentes sociales. Por ejemplo, los temas del alcoholismo, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual, im- plican muchas veces heridas propias de una cultura patriarcal. Otro tipo de emergentes clave para un diagnóstico familiar son los culturales. Es importante, para comprender algunas alteraciones familiares, conocer los códigos culturales y valóricos en donde se inserta la familia que los posee, que es lo relevante para su cultura, los mitos y ritos, etc. De la mis- ma manera, los mandatos familiares y transgeneracionales son formas de emergentes grupales importantes e inconscientes, que muchas veces complementan y profundizan la compren- sión de un cuadro, la metáfora y sentido específico de una manifestación sintomática.

Otro aspecto relevante, en la forma de exploración de la situación familiar, es la noción de que la realidad no es taxativa ni única sino que se manifiesta en forma de movimiento, ex- presa matices dentro de muchas polaridades. Una de estas polaridades es lo estructural, versus lo procesal y psicodi- námico. El énfasis puesto por el psicodrama se encuentra en lo procesal, en el movimiento, en lo que va siendo, no en lo que es; lo que se mueve puede ser el foco de intervención. No obstante, no desconoce que existen elementos estructurales

que son parte del análisis de contexto. En este aspecto, no todas las angustias, posen el mismo sentido en el interior de la familia. Es diferente el síntoma de angustia de una familia asociada con un duelo no resuelto, que la angustia que movi- liza el alcoholismo de un padre. Por ejemplo, es importante reconocer que en el interior de una familia puede existir un diagnóstico nosográfico de esquizofrenia, aunque la interven- ción psicoterapéutica esté dirigida a los mecanismos que interactúan con esta realidad y que tal vez la perpetúan.

En base a lo anterior, es que el psicodrama privilegia un diagnóstico comprensivo, profundo y dinámico, que permite ex- plorar los caminos para que la familia se conecte con la creativi- dad y la espontaneidad. Lo relevante, en el diagnóstico, es lo descriptivo fenomenológico, los acontecimientos tal cual se pre- sentan ante nuestra existencia, tal cual se dan en el proceso vin- cular. En este momento se suspende el juicio, tanto valórico como clínico, lo que da el espacio y la contención para que emerja lo latente, aquello que está detrás de la fisura de lo verbal, de las separaciones entre el discurso verbal y no verbal, o en una inte- rrupción del movimiento o en un enlentecimiento de la acción. Es entonces, después de esta recepción en cierto sentido abierta e ingenua, que puedo acceder a una realidad más profunda y co- nocer junto a la familia, lo que está más allá de la conciencia.

Otra polaridad, presente es la dificultad versus el re- curso. En este aspecto, un buen diagnóstico desde el psico- drama no solo se centra en las dificultades y los conflictos de la familia, sino también en presentar los recursos potenciales y latentes de este grupo, ya que muchas veces ellos los desco- nocen.

En el marco anterior, entonces, realizar un diagnóstico familiar implica una escucha activa centrada en el aquí y aho- ra, focalizada en el proceso más que en el contenido, detec- tando lo matricial de roles y escenas, aspectos y contenidos de las familias de origen, el entrecruce de las historias individua- les, familiares y transgeneracionales. También se observan las escenas cotidianas, las escenas temidas y deseadas, las escenas

pasadas, presentes y futuras de la familia. Finalmente, con todo lo anterior, el análisis de los vínculos y los roles.

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