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de psicodrama comunitario en Chile

In document La Practica Del Psicodrama (página 165-172)

Los nombres y algunos datos están alterados y modifica- dos, con el fin de que los involucrados no sean reconocidos.

• Caso 1: «…de la delincuencia a los grupos de encuentro…»

Se llamaba Santiago, le decían «el carne amarga». Cuan- do trabajabamos en un Centro Comunitario, destinado a jó- venes de alto riesgo, todos los pacientes, llegaban hablando de él con una especie de temor y admiración. Tenía en su pron- tuario asaltos a mano armada varios robos con intimidación. Sus ingresos a la cárcel eran reiterados pero breves, lo que en Chile se denomina «puerta giratoria». Su hermano era uno de los delincuentes internacionales más connotados de la época y él era menor de edad. Descendiente de mapuches, como de- cía Alonso de Ercilla, «soberbio, gallardo y belicoso», era un importante líder entre los jóvenes de la comunidad.

Llevábamos varios meses y solo habíamos escuchado ha- blar de él. Hasta que un día irrumpe, tal cual lo habían descri- to, violento, amenazante, desafiante. Llegaba, se paseaba, rompía algún objeto, insultaba a alguien y se iba. Pasaron varias ocasiones hasta que se fue aquietando. De a poco em-

pezó a conversar con nosotros, a conocernos, a preguntar por el Programa, a entender, a suavizarse, incluso a ser amable.

Después de mucho, un día sorpresivo llega y dice: «ya, ahora sí estoy listo, quiero eso que ustedes le llaman psicote- rapia… quiero saber si sirve para algo». Comenzó entonces una psicoterapia bastante «sui generis». Iba casi todos los días, y la «psicoterapia» era jugando ping pong, o en la cancha de fútbol de la esquina o cualquier cosa. Pasa el tiempo, Santia- go comienza a mostrar cada vez más atisbos de ternura.

Continúa pasando el tiempo, se forman los grupos de encuentro, que es simplemente recibir a los niños de la calle y Santiago nos ayuda. Se trabaja con los niños más pequeños neopreneros y nuevamente Santiago nos ayuda. Comienzan a organizar cruzadas ecológicas, a arreglar plazas, a hacer murgas y fiestas en las calles. Los niños y las señoras comentan que el legendario Santiago es otro, ya no es el delincuente de antes. Bueno… »en realidad a veces se mete a algunas de las casas del barrio alto y roba»… Pero ya es menos «y qué importa», si está ayudando a rehabilitar a los niños chicos que inhalan solventes volátiles.

En resumen Santiago, brillante, tierno y gallardo. Des- pués de tres años es parte de nuestro equipo, nos ayuda mu- cho. Continúa en «psicoterapia». «Esa cosa rara que hacen ustedes los psicólogos». Me ayuda en dos ocasiones a confor- mar grupos de psicodrama con jóvenes. Estamos en los años noventa, eran los tiempos de la marihuana. El programa de desarma. Nos vamos.

Hace un tiempo iba pasando por el sector y lo fui a visi- tar. Pregunto por él, no está. Son los tiempos de la «diosa blanca», su derivado más tóxico, versión para los pobres, la pasta base. Solo supe de él que estaba consumido por esta droga. Fin de la historia.

• Caso 2: «…los grupos de escucha…»

Libertad es una mujer de 52 años, proveniente de la zona del Norte de Chile, esposa de un minero. Tiene conflictos con-

yugales, infidelidad de su marido, violencia, distanciamiento. Es sumisa frente a él y a sus cinco hijos varones. Vive todo el día en función de atenderlos a ellos. Llega al Consultorio a solicitar atención por depresión. Comienza psicoterapia grupal psicodramática y psicoterapia individual en forma paralela.

Cuando llega es una mujer silenciosa, pasiva. Habla poco y no se atreve a opinar, menos si discrepa con sus compañeros de grupo. De una posición periférica, comienza de a poco a pasar a una protagónica. A lo largo del tiempo, empieza a aparecer una persona con identidad, con opinión, con postu- ras físicas más posicionadas.

Al pasar del tiempo, después de tres años, muchas perso- nas rotan por el grupo, mientras Libertad permanece. Asume además un rol de yo auxiliar autodidacta. Empieza a tener en forma cada vez más frecuente un liderazgo afectivo. Modifica su posición sociodramática. Es marcadamente valorada por los demás. Desde ahí cambia también su posición sociodra- mática en su casa. Su marido y sus hijos han ido modificando en forma paulatina su actitud hacia ella, estando cada vez más respetuosos y afectuosos.

Hay cada vez más demanda en el grupo de mujeres, no hay más espacio. Muchas están en condiciones de ser dadas de alta, para dar lugar a otras. Sin embargo no quieren, sienten que necesitan el espacio. Muchas viven en un entorno de gran- des dificultades, para el cual el equilibrio y manejo logrado puede ser frágil.

Dentro del mismo grupo, se nos ocurre una idea, Liber- tad la lidera. Crear los «grupos de escucha». Para las mujeres que hayan sido dadas de alta y que quieran reunirse a conti- nuar entrenando y experimentando la escucha. Libertad esta- rá a cargo de la coordinación. El grupo funciona tres años después, hasta cuando termina el Programa. Desde ahí surgie- ron otras iniciativas, como un invernadero para los jóvenes y una bolsa de empleos. Libertad termina a cargo de una microempresa, que postula y consigue financiamiento estatal.

• Caso 3: «…las señoras de los viernes…»

Es un grupo impulsado para trabajar psicodramática- mente la violencia en la pareja. Pertenecen a una población bastante emblemática, desde el punto de vista de su lucha por la dictadura. Se autodenominan con posterioridad… «las mujeres del psicodrama».

Durante la primera etapa, es un grupo de difícil consti- tución y convocatoria. No están muy claras de para qué pue- da servirles juntarse. Se sienten todas maltratadas por una cul- tura represiva y por el machismo. Existe mucho resentimiento y cristalización en el rol de víctimas. Para muchos, las secuelas del maltrato constituyen incluso un salvoconducto para se- guir ancladas y dependientes de un destino, del cual no quie- ren hacerse cargo. Tal vez entonces tiene sentido juntarse para intercambiar quejas y compasiones. Eso es entonces lo que simplemente ocurre las primeras sesiones. En la medida que empiezan a trabajar con el psicodrama, comienzan a extra- ñarse al principio y sorprenderse después. Algo distinto em- pieza a surgir. Aparece la desvictimización muy lentamente. Se trabaja el temor a desprenderse de esta matriz.

Comienza a aparecer más fluidez, creatividad, juego y humor. Aparece también la sensualidad. Entonces algo muy interesante y hermoso comienza a pasar. Las mujeres que al principio llegaban desarregladas, desgreñadas, algunas hasta desaseadas, comienzan a llegar vestidas con sus mejores galas. Desfilan hacia el grupo atractivas, con sombreros, con faldas con tajos, mujeres del año veinte, treinta, cuarenta. Es extra- ño, casi surrealista, como si quisieran dignificar y reivindicar a las mujeres de distintas épocas. Esto simplemente ocurre, casi sin que nadie hable de ello. Comienza entonces a simboli- zarse, a hablarse, a ponerle palabras. Se crea el movimiento de las «mujeres de todos los tiempos». Forman una microempresa, una tienda de ropas y disfraces.

Me encontré con una de ellas la otra vez en la calle. La empresa aún continúa. Crearon además, después, un jardín infantil para las que no tenían con quién dejar a los hijos.

• Caso 4: «…de tránsito…»

La experiencia que relato ahora es uno de los trabajos comunitarios que continúo en la actualidad. Es con un grupo de estudiantes de psicología que, después de recibir unas se- siones de entrenamiento de caldeamientos y juegos psicodra- máticos, efectúan talleres de desarrollo y prevención a algu- nos Centros de Rehabilitación de Jóvenes de la Red de

SENAME12.

Los estudiantes de psicología efectúan seis sesiones de taller de juegos psicodramáticos, destinadas a mejorar cohe- sión grupal, autoestima, autoconocimiento, relaciones interper- sonales y manejo de las emociones e impulsos.

Es una actividad práctica para los estudiantes de psico- logía, que tiene distintas etapas. La primera es participar de un taller formativo teórico experiencial, en donde se entrenan algunos juegos psicodramáticos. La segunda es una ejercitación entre ellos mismos, para asesorarlos en las actividades grupales dentro del taller. La tercera etapa es la visita a la institución y conocimiento de la realidad como pre caldeamiento. Luego existe una cuarta etapa en donde llevan a cabo un diseño de los talleres que dirigirán a los jóvenes de los hogares. La quin- ta etapa consiste en la realización del trabajo grupal con ase- soría y retroalimentación.

En algunos hogares de menores, que no son de tránsito y diagnóstico, se ha efectuado una sexta etapa, que consiste en un espacio construido por los jóvenes marginales, en función de la satisfacción de algunas de las necesidades detectadas, con la asesoría periódica por parte de los alumnos.

El Dr. Kononovich13 se refiere a algunas experiencias co-

munitarias psicodramáticas con psicóticos. Se plantea la in- serción de este tipo de enfermos en la comunidad. Particular-

12 SENAME: Servicio Nacional de Menores, dependiente del Ministerio

de Justicia del Gobierno de Chile, destinadoa trabajar con menores vulnerados en sus derechos e infractores de ley.

mente pienso que para que una intervención se defina como comunitaria, no solo tiene que estar inserta en la comunidad, ni pretender insertar a un grupo de personas en ella, sino que además la acción debe estar dirigida al conjunto, a la forma de interactuar de los sujetos.

Las tres primeras experiencias anteriormente citadas co- rresponden a una época en que realicé mucho trabajo comu- nitario. Diversas razones me llevaron después a la actividad académica y a la clínica. A muchas de estas experiencias no se les hizo un seguimiento, creo que realmente muchas de ellas aún no se han terminado de escribir. Corresponden histórica- mente al tránsito, en Chile, desde la dictadura militar a la democracia. Espacios desde donde se develan las secuelas de la violencia social, pero también las posibilidades que surgen desde las heridas públicas e íntimas. Dentro de ello, el papel del psicodrama puede ser simplemente abrir caminos.

Capítulo 6

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