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Un ejemplo de sociodrama educativo

In document La Practica Del Psicodrama (página 189-194)

Esta es una experiencia que consistió en un sociodrama educativo en el marco de un programa de prevención del con- sumo abusivo de drogas, dirigido a profesores de escuelas mu- nicipalizadas de una Comuna de Santiago de Chile, efectuado con la Universidad Diego Portales, durante el año 199413. Que-

dó como precedente para ser aplicable en situaciones similares, con las adaptaciones pertinentes. De hecho, posteriormente fue evaluado por una tesis de la Universidad Santo Tomas de San- tiago de Chile14 y publicado el año 2002, en la revista Momen- to del Instituto J.L. Moreno de Buenos Aires.

El paradigma que sustentó este trabajo se relaciona con la necesidad del desarrollo adecuado de un conjunto de facto- res psicosociales protectores que pueden estar presentes en los diversos espacios de interacción inherentes al proceso evoluti- vo del adolescente y del joven.

Consecuente con esta visión, se destaca la importancia de centrar la atención, no en el consumo de drogas en sí como un síntoma aislado, sino principalmente en la relación existente entre este consumo y el sujeto que lo realiza. De esta manera, cobran especial relevancia dimensiones personales y sociales, que condicionan que la relación con el consumo sea de carácter adictivo-físico y/o psicológico. En este marco los diversos con- textos sociales en que el potencial consumidor se sitúa se cons-

13 Reyes, Gloria, Manual de sociodrama educativo para la prevención

escolar del consumo abusivo de drogas, 2002.

14 Trigo, Marianela, Evaluación de un sociodrama educativo como

método para evaluar la prevención del consumo de drogas, Univer-

tituyen en agentes relevantes que pueden generar condiciones facilitadoras u obstructoras de la emergencia o expresión de características personales protectoras de cualquier alteración de salud mental, en donde el consumo abusivo de drogas puede ser solo un síntoma más. Aquí particularmente el joven puede ser un miembro vulnerable a ser estigmatizado, desempeñando un rol de chivo emisario de los conflictos de un sistema más global, que es el medio en el cual se inserta, sea este la familia, la comunidad, el sistema educativo, etc.

Las estrategias que se desprenden de esta perspectiva di- cen relación con dirigir acciones específicas, no centradas en el fenómeno del consumo de drogas, sino en factores sociales, psicológicos y particularmente aspectos vinculados con el de- sarrollo personal, que se constituyen en factores protectores de la Salud Mental. Dentro de estos factores, adquiere una especial dimensión en el adolescente la consolidación de su principal meta evolutiva, que es el logro de la identidad y la consecuente conformación de su proyecto vital. En el mismo sentido, se torna necesario generar espacios afectivos en don- de el joven paulatinamente vaya siendo el protagonista en la definición de su problemática y en la búsqueda de resolución de los conflictos inherentes a su proceso evolutivo.

En este aspecto, el trabajo educativo desempeña una fun- ción fundamental y el educador se constituye en un agente socializador clave. Aquí pueden ser aplicables diversas meto- dologías a nivel grupal o colectivo, para los propósitos men- cionados. Dentro de ellas el sociodrama grupal se constituye en una técnica particularmente eficaz dirigida hacia el seg- mento juvenil, dadas las características y requerimientos pro- pios de este grupo, que se vinculan con la posibilidad de ex- presar y ensayar un conjunto de roles vinculados con los ya mencionados procesos de identidad y proyecto vital.

En términos globales, el propósito fue generar un espa- cio en donde la espontaneidad, creatividad y horizontalidad en la relación profesor-alumno jugaran un rol facilitador, para que el joven observara, acogiera y aceptara las diversas moda-

lidades de interacción que posee frente a diferentes ámbitos de su vida, visualizando en caso necesario formas más adaptativas para enfrentar los distintos requerimientos inhe- rentes a su desarrollo evolutivo.

El sociodrama y las técnicas corporales conciben al ser humano como un ser integral, a cuya experiencia no solo de- ben asistir aspectos intelectuales, sino también información proveniente del cuerpo y los afectos, induciendo de esta ma- nera una ampliación y modificación de la perspectiva con la que habitualmente percibimos nuestra vida, que no siempre suele ser la más funcional.

En contraposición con muchas metodologías educativas tradicionales, el lenguaje que emplean estas técnicas no es de intelecto a intelecto, sino que es también una comunicación a través del cuerpo y las emociones. Esto le otorga efectividad, en el sentido de que produce un impacto más integrador en la experiencia y la toma de conciencia. La idea es buscar enton- ces el conocimiento de sí mismo mediante la sensibilización del área corporal y afectiva.

En el proceso educativo informal que se da entre profesor y alumno se pueden desarrollar acciones intencionadas dirigi- das a la prevención del consumo abusivo de drogas y a la estimulación de procesos para el desarrollo de la Salud Mental. Aparece entonces necesaria la entrega de herramientas prácticas que posibiliten una dinamización del modelo de trabajo, más allá de un enfrentamiento clásico que se centra en la entrega de información cognitiva asociada a los problemas y a los sínto- mas relacionados con la droga como «enfermedad». El proce- so preventivo, en el contexto del marco educativo, debe esti- mular el potencial de desarrollo que es capaz de actualizar un adolescente en su manera de relacionarse con la vida. En otras palabras, la prevención eficaz del consumo abusivo de drogas comienza cuando finaliza la preocupación por el síntoma.

El programa está desarrollado sobre la base de un ma-

nual que contempla una breve introducción teórica, el desarro- llo de algunos elementos conceptuales básicos relacionados con

factores de riesgo en el consumo abusivo y tres módulos de trabajo y entrenamiento para prácticas grupales de técnicas sociodramáticas y de desarrollo personal, aplicables en el con- texto educativo. Los tres módulos desarrollan tres ejes temáti- cos cada uno: vínculo afectivo, identidad juvenil y diálogo so- bre droga. Cada módulo está referido a un tema específico y contempla algunos conceptos básicos relacionados con el obje- tivo, además de los ejercicios sociodramáticos, con las posibili- dades de consignas respectivas. Implica además un entrenamiento con los profesores a lo menos de seis meses, para que desarro- llaran estos módulos con juegos psicodramáticos, los que que- dan como herramientas disponibles para el trabajo de los pro- fesores con los alumnos, en el contexto de acciones hacia la prevención. Los módulos están dirigidos para capacitar direc- tamente a profesores motivados, para que estos a su vez pue- dan llevar a cabo talleres con alumnos voluntarios. Cada taller debe contemplar un máximo de quince alumnos. La convoca- toria se sugiere como algo amplio, tal como una invitación a «actividades de expresión o teatro, para conversar y hablar de diferentes cosas que nos ocurren y para escuchar a los demás». Para desarrollar además un trabajo de redes, cada taller tiene alguna creación expresiva, que pueda ser presentada con posterioridad a los cursos de alumnos que no hayan participado directamente en el taller de sociodrama con los profesores. Esto, con el propósito de debatir las temáticas emergentes.

A continuación extracto algunos elementos centrales de los módulos, desarrollados con los profesores y posteriormen- te con alumnos. La redacción está planteada en forma pautada, y dirigida a los colegios, debido a que queda como material escrito a un conjunto de docentes, con niveles heterogéneos referentes al entrenamiento con psicodrama. Por la misma ra- zón y además por ser dentro de un encuadre psicoeducativo, se plantearon las formas de trabajo más directivas de lo que una persona con más entrenamiento psicodramático lo haría.

• Módulo 1: Apoyo afectivo

El proceso de maduración afectiva implica la capacidad para registrar, identificar cognoscitivamente y por lo tanto expresar adecuada y oportunamente mis emociones y senti- mientos. Desarrollar un sentido de pertenencia de mis emo- ciones implica también la capacidad para diferenciar las del otro. Por ejemplo es habitual que si no asumo mis sentimien- tos, voy a tender a proyectarlos en otra persona y a confundir- me. Por ejemplo, una madre que no se ha percatado de que se sintió muy desvalida en su infancia, probablemente va a ten- der a sobreproteger a su hijo, viendo en él este sentimiento de desvalimiento.

Por lo tanto, en el proceso descrito desempeña un rol cua- litativo fundamental, la adquisición de la capacidad de reco- nocer tanto cognitiva como emocionalmente que existen otros, y que esos otros pueden reconocernos, aceptarnos, acogernos y también ponernos límites, enseñándonos con ello la diferencia entre la fantasía y la realidad. Este fundamental proceso relacional es el que nos permite ir desarrollando herramientas para tolerar las frustraciones inherentes del crecimiento.

En este desarrollo la vinculación con el medio social que nos rodea en la primera etapa de vida, incluyendo la gesta- ción, es fundamental. En un comienzo es la madre o sustitu- ta, a través de la cual el niño se va sintiendo gratificado y/o frustrado. En la medida que va incrementando y ampliando sus capacidades perceptuales y cognoscitivas, este entorno se va diversificando cada vez más hacia el padre, hermanos, etc. Durante la etapa de la adolescencia esta diversificación, además de aumentar, sufre un cambio cualitativo, ya que ad- quiere una acentuación la relevancia de las relaciones hacia el mundo extra familiar, especialmente el grupo de pares y el siste- ma educacional, en donde transcurre, gran parte de su vida.

Cuando este proceso se distorsiona, por sobregratificación y/o sobrefrustración, se tienden a desarrollar mecanismos de idealización y magnificación de las fantasías, que implican desadaptación y autodestrucción, ya que no dan la posibili-

dad de enfrentar la realidad. Un ejemplo de ello es el consumo adictivo de drogas.

De lo anteriormente enunciado, y referente al adolescen- te, surge la necesidad crucial de crear espacios afectivos que permitan fortalecer y reparar modalidades relacionales del sujeto y su medio, potenciando mecanismos o herramientas personales que posibiliten una mejor adaptación a la realidad y una mejor calidad de vida.

Posibilidades de ejercicios del Módulo 1. Taller: «La

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