• No se han encontrado resultados

199 de campo lo determina la concepción que el investigador tiene de la ciencia, tanto

relaciones entre las percepciones a las que llamamos identidad: haciendo investigación

199 de campo lo determina la concepción que el investigador tiene de la ciencia, tanto

cuando está llevando a cabo la investigación como cuando está escribiendo su informe, siendo esta última ocasión la determinante en mayor grado. En segundo lugar, la presentación de estas experiencias la determinan tanto las reglas del dis- curso científico dominante como las reglas del discurso público en general (que determina, por ejemplo, si deben presentarse cuestiones personales o semiíntimas y, en su caso, de qué manera). En tercer lugar, aunque un informe de esta clase tiende a reflejar una postura antipositivista, puede ocurrir que, a un nivel más profundo, oculte elementos de positivismo fuera de control. Sucederá así bien porque el informe pone en tela de juicio la realidad social, y no la ciencia, o por- que, aunque rechaza la concepción positivista de la distinción sujeto/objeto que subyace en la prescripción científica, acepta dicha concepción en el análisis de lo que realmente se hizo en violación de la prescripción.

Por cuanto atañe a mi propio informe, trata sólo de manera marginal lo que «realmente» hice mientras realizaba la investigación sociológica. Por una parte, hice tantas cosas que eran tan importantes para mi vida personal y para mi for- mación científica que sería imposible recordarlas todas y, aun si fuera posible, la descripción se les antojaría a la mayoría de los lectores totalmente improcedente, absurda, ridícula o incluso inadecuada. Por otra parte, como es por medio de la ciencia como se hace que algo sea acientífico, si redujese en exceso el ámbito de la experiencia pertinente me estaría condenando a mí mismo por haber adoptado en mi investigación un concepto inadecuado de ciencia. En ese caso se me podría criticar no por haberme apartado de los estándares científicos, sino por no haberlo hecho en grado suficiente.

Dado que todo pasado tiene su propio presente, estoy escribiendo sobre acontecimientos de 1970 en adelante, que, vistos desde hoy, tuvieron la mayor importancia para mi actual concepción del derecho moderno, presentada en ca- pítulos anteriores. Mi exposición en la introducción que antecede debería haber puesto en claro que soy consciente de que esta base analítica conlleva dos riesgos. En primer lugar, el riesgo de la regresión interminable: al cambiar las condiciones (científicas, políticas y sociales) siempre será posible escribir un informe sobre lo que uno pensaba realmente mientras escribía sobre lo que uno realmente hizo mientras hacía investigación empírica. En segundo lugar, el riesgo de relativismo: asumir que todas las experiencias reales en el curso de la investigación empírica eran igualmente determinantes para la construcción de una alternativa científica (y política). En gran medida resulta imposible para el lector evaluar si he tratado de evitar esos riesgos en este capítulo y, en su caso, cómo.

sobre el tráfico 1

Me gradué en derecho en la Universidad de Coimbra en 1963. De 1963 a 1964 realicé estudios de posgrado en la Universidad Libre de Berlín occidental, especializándome en derecho penal y en filosofía del derecho. Desde 1965 hasta 1969 fui profesor asistente en la Facultad de Derecho de Coimbra, y entre tanto volví a Alemania Occidental durante un breve periodo para preparar un estudio

200

de derecho penal comparado en el Instituto Max Planck de Friburgo de Brisgovia. En 1969 fui a Estados Unidos para hacer un máster en Derecho en la Universidad de Yale, con la intención de preparar una tesis doctoral sobre la defensa de los locos.

Cuando me marché de Portugal era un jurista frustrado que, al haberme negado a participar en la máquina de hacer dinero de la práctica jurídica en la que a veces entraban los profesores de derecho redactando dictámenes bien pagados sobre casos importantes, es decir, sobre casos en los que estaban implicados gente o grupos importantes (poderosos), no hallaba satisfacción intelectual en la ciencia del derecho establecida, es decir, en la dogmática jurídica. En rigor, por entonces había dejado de ver en la dogmática jurídica una ciencia en ningún sentido razo- nable. A mi juicio, el estudio científico del derecho tenía que organizarse desde una perspectiva exterior a éste. Y esa perspectiva la encontraba yo entonces en la psiquiatría y en la psicología. Eran bastante amplias como para incluir cuestiones de filosofía jurídica con las que yo estaba muy familiarizado (culpa, libre albedrío, etc.). Por aquel entonces, debido a la oposición del régimen fascista portugués al desarrollo de las ciencias sociales, no estaba en condiciones de considerar que la perspectiva sociológica podía ser una alternativa. Mi estancia en Alemania no había sido de gran ayuda a este respecto: las facultades de derecho alemanas se oponían a la sazón activamente al enfoque sociológico del derecho.

Hablando en términos políticos yo era un izquierdista muy moderado cuando me fui de Portugal. Teniendo que abrirme camino desde mi procedencia de una familia de clase trabajadora, siempre había sentido el temor de que, por motivos políticos, me impidieran realizar el sueño de la familia: llegar a ser abo- gado. El periodo de Berlín contribuyó sólo en parte a mi clarificación política. Aunque organicé coloquios en contra del régimen fascista y su política colonial, y discutí estos temas con muchos estudiantes miembros de la Unión de Estudiantes Socialistas Alemanes que habrían de convertirse más tarde en dirigentes del movi- miento estudiantil en Alemania, al mismo tiempo estaba traumatizado por el con- tacto diario con el régimen estalinista de Walter Ulbricht en lo que entonces era la República Democrática Alemana: cruzaba todas las semanas el muro para visitar a mi novia en Berlín oriental. Al verme confrontado con burdas formas de control intelectual, e incapaz de concebir que aquel régimen fuera una forma degenerada de socialismo, no pude desarrollar una actitud política socialista coherente.

Cuando llegué a Estados Unidos, el movimiento estudiantil abría por fin brecha en Yale. Era un periodo de conciencia política y de radicalización contra el establishment: Vietnam, la invasión de Camboya, los cuatro estudiantes muer- tos por disparos de la Guardia Nacional en el campus de la Universidad de Kent State (Ohio), el juicio contra las Panteras Negras en New Haven, la publicación de The Greening of America de Charles Reich (un profesor de derecho de Yale), las reuniones de autoenseñanza colectiva, la primera huelga de estudiantes en la historia de la Universidad de Yale, los profesores a los que se hacía un juicio por sus actitudes racistas en tribunales controlados por los estudiantes. Era también el periodo en el que la «invasión» de las facultades de derecho por las ciencias

201

Outline

Documento similar