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193 social y la autobiografía o, de un modo todavía más general, entre la ciencia y la

relaciones entre las percepciones a las que llamamos identidad: haciendo investigación

193 social y la autobiografía o, de un modo todavía más general, entre la ciencia y la

literatura. Tanto la literatura como la ciencia transforman los hechos empíricos en artefactos. Está bastante claro que la construcción literaria de artefactos difiere de la científica y la ciencia moderna ha hecho mucho hincapié en esta diferencia. Deberá no obstante tenerse en cuenta que tal diferencia se basa en una semejanza cuya importancia es asimismo crucial, que consiste en el hecho de que tanto la literatura como la ciencia poseen estructuras constructivas para añadir a lo «fác- tico». En un periodo de transición entre paradigmas tiene mucho más sentido hacer hincapié en la semejanza (y clarificarla) que en la diferencia. No es tarea fácil después de siglos de ofuscación. Y quizá resulta más fácil si empezamos por estudiar los casos limítrofes, tales como el de la autobiografía en relación con la literatura y el de la ciencia social en relación con la ciencia.

La índole literaria de la autobiografía se ha discutido mucho en vista del predominio relativo en ella de elementos que no son de ficción (empíricos) (Renza, 1977: 1). Por otra parte, dentro de la tradición positivista se ha discutido también la índole científica de la ciencia social en vista del relativo predominio en ella de elementos de ficción (personales, políticos, con carga de valores). Por sí misma esta semejanza posicional no clarifica la semejanza estructural, sino que muestra cómo los «tipos ideales» de la literatura y de la ciencia, tal como los han desarrollado la teoría literaria y la epistemología, han dejado fuera de consideración entidades mixtas en las que se funden los elementos literarios y los científicos. Es concebible que entre estas entidades mixtas se encuentre precisamente el ensayo autobio- gráfico sobre la teoría científica propia. Aquí, en la línea limítrofe de la línea limítrofe, la mezcla de elementos puede alcanzar tal complejidad que constituye un tertium genus entre la ciencia y la literatura.

Tanto si el presente capítulo tiene éxito al respecto como si no, yo haría hincapié en la importancia de desarrollar un método autobiográfico en las ciencias sociales como modo de poner a prueba nuevas respuestas a cuestiones que son comunes a la ciencia y a la literatura: por ejemplo, la relación entre la verdad y el propósito, entre la memoria y la invención, y entre la descripción y la imagi- nación; la cuestión de la estructura temporal y, por último, el tema del autor. Además, el desarrollo de una línea autobiográfica semejante podría llevar al surgi- miento de nuevos estilos y tipos de autopublicación, a formas sincréticas/sintéti- cas en las que convergieran expresiones científicas y literarias. En las páginas que siguen suscitaré para su discusión algunos temas basados en la «autobiografía» del presente capítulo.

Este capítulo está escrito en algún punto entre la memoria y la invención, y sin embargo he tenido conciencia en todo momento de que estos dos extremos son al mismo tiempo un solo sitio del que es necesario exilarse para poder escribir. En rigor, ni la memoria ni la invención ofrecen un refugio seguro para una empre- sa literaria de este tipo. La memoria está llena de agujeros oscuros que pueden ser sobrevolados con las alas de la imaginación. Kafka tenía una aguda conciencia de este hecho cuando escribió en sus Diarios (1910-1913):

En una autobiografía no puede evitarse escribir «a menudo»

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cuando la verdad exigiría que se dijese «una vez», porque siempre se es consciente de que «una vez» reventaría esa oscuridad de la que se sirve la memoria. Y, aunque la expresión «a menudo» tampoco la preserva del todo, lo hace al menos en la opinión del escritor, y éste atraviesa partes que quizá no hayan existido nunca en su vida, pero le sirven como sustitutivo de aquellas otras que su memoria ya no puede siquiera imaginar.

Por otra parte, la autoinvención, si es auténtica, nunca es arbitraria. Es la memoria de la memoria, la reconstrucción de un recuerdo que se ha disuelto. En las palabras de san Agustín: «Menciono la memoria y sé de qué estoy hablando. ¿Dónde se localiza mi reconocimiento sino en la memoria misma? Ciertamente está la memoria presente para sí misma a través de sí misma, y no a través de su propia imagen» (san Agustín, 1991: 192). Y Renza escribe:

…un texto autobiográfico dado pone normalmente de manifiesto los esfuerzos espontáneos, «irónicos» o experimentales, del autor para llevar su pasado al ámbito intencional de su proyecto actual narrativo. El autobiógrafo no puede sino sentir su omisión de hechos de una vida, la totalidad o la complejidad de la cual se le escapa constantemente, tanto más cuando el discurso le apremia para que ordene esos hechos. Directa o indirectamente, infectado por la presciencia de lo incompleto, confía su vida a un «diseño» narrativo en tensión con sus propios postulados, siendo el resultado un texto autobiográfico cuyas referencias se presentan a los lectores dentro de un marco estético, es decir, desde el punto de vista de la actitud «ensayística» de la propia narración, más que en relación con su verdad o falsedad no textuales (1977: 1).

Yo sugeriría que esta problemática es común a la ciencia y, en particular, a la ciencia social. De hecho la «presciencia de lo incompleto», el «sentimiento de omitir hechos» es la matriz-fantasma original de la investigación científica. Esa presciencia, aunque reprimida o suprimida mediante explicaciones durante mucho tiempo, ha sido la principal fuerza que movía la lucha contra la concepción positivista de la ciencia. La verdad científica es siempre una verdad convencional; los hechos se fabrican, y la prioridad de la teoría en la ciencia es el reverso estruc- tural de la presciencia de lo incompleto. Se necesita la teoría para compensar los hechos decisivos que siempre faltan.

Lo que en todo caso comienza a emerger es que, a semejanza del texto autobiográfico, el texto científico está constituido por un conjunto de referencias que se presentan como un marco específico (un marco científico), es decir, desde el punto de vista de la actitud «ensayística» de la propia narración, más que en relación con una verdad o falsedad no textuales. En estos precisos términos es concebible contemplar toda ciencia como ciencia ficción o, más bien, como ficción de realidad. Una ulterior exploración de este tema nos llevaría probablemente a la

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