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127 involucrados En consecuencia, los diferentes grupos y clases pertenecientes a

el dereCho de los oPrImIdos: la ConstruCCIón y la reProduCCIón

127 involucrados En consecuencia, los diferentes grupos y clases pertenecientes a

una sociedad determinada pueden llegar a desarrollar diferentes tipos de sistemas jurídicos formalistas de raigambre comunitaria o popular, cuya lógica estarán dis- puestos a imponer sobre aquella propia del sistema jurídico formalista de índole oficial. En el caso de Pasárgada, esperaría encontrar un sistema comunitario que fuera relativamente laxo frente al formalismo, pero estricto en materia ética.

Los formalismos empleados en los sistemas comunitarios son frecuente- mente tomados del sistema jurídico oficial y posteriormente modificados para que así satisfagan las necesidades particulares del grupo. Así, tanto el sistema oficial como el comunitario pueden compartir determinados postulados culturales, pero a pesar de ello diferir en el modo como cada uno lo específica, al igual que en la función para la cual se diseñan esos procedimientos y formalismos. Esto puede ilustrarse mediante los significados que la cultura occidental le confiere a la escri- tura como ceremonia y al producto escrito como la expresión de un compromiso. Cuando una persona se expresa oralmente, sus palabras jamás pueden divorciarse completamente de la persona misma. Esto sucede incluso en las ocasiones en que las palabras son escuchadas por testigos, quienes luego las confrontarán con el emisor del mensaje respectivo, debido al carácter plástico y transitorio del medio de comunicación. Pero las palabras escritas, de otra parte, crean una distancia en- tre el autor del mensaje y la manera en que ese mensaje se expresa, entre una afir- mación de la voluntad personal y un fetiche impersonal que adquiere vida propia. Esta distancia, que recuerda mucho al mito del aprendiz de brujo, cuenta con dos dimensiones relacionadas dialécticamente. Por una parte, está la autonomía del compromiso escrito y la posibilidad de emplearlo contra la propia persona que realiza ese compromiso. Por la otra, existe un sentimiento de alienación experi- mentado por la persona ante su propia creación, un sentimiento de desposesión y, por lo tanto, de impotencia para afrontar y controlar el compromiso como propio.

Por ello, parece que la escritura y lo escrito son topoi retóricos dentro de nuestra cultura sociojurídica. Los topoi antitéticos también se presentan con fre- cuencia. Sabemos que en nuestra cultura el topos del carácter obligatorio de la promesa escrita se encuentra en oposición al topos expresado por el viejo prover- bio: «Mi palabra vale tanto como mi firma». Resulta difícil elucidar las relaciones jerárquicas que se dan entre ambos, ya que carecemos de la información sociológi- ca necesaria. Mi conjetura al respecto es que el topos de la palabra escrita posee un carácter predominantemente jurídico, mientras el topos de la palabra oralmente proferida tiene un carácter predominantemente moral.

3. El lenguaje y el silencio en el tratamiento del conflicto

El análisis retórico del razonamiento jurídico hace que el lenguaje se con- vierta en la realidad central del manejo de conflictos. No obstante, los argumentos que no son lingüísticos también son importantes: los gestos, la actitud, el mobi- liario, la Biblia, las banderas, los crucifijos, los retratos de líderes políticos, los archivos, los papeles escritos, el mazo del juez, las máquinas de escribir, la ropa, la división y asignación del espacio de la sala del juzgado, los rituales de iniciación

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y terminación de los procedimientos, los niveles del suelo y de visibilidad, y otros factores similares. En general, estos argumentos que se expresan mediante artefactos proporcionan el marco para la utilización del lenguaje verbal, que sigue siendo así un elemento clave del círculo tópico-retórico. Se deben mencionar al respecto dos cuestiones: el lenguaje común y las relaciones que se dan entre el lenguaje y el silencio.

3.1. El lenguaje común, el lenguaje técnico y el lenguaje técnico popular

A primera vista el lenguaje común no parece ser un problema: o bien los participantes en el proceso hablan el mismo lenguaje o se tiene que usar un in- térprete. Pero es una presunción que hay que cuestionarse. En verdad, la enun- ciación, la comunicación y la comprensión dependen del lenguaje común, y sin ellas el razonamiento jurídico se convertiría en algo absurdo. Pero un análisis más detallado revela una multitud de situaciones intermedias que se presentan entre «el mismo lenguaje» y los lenguajes que son percibidos de un modo tan diferente por los grupos dominantes en el contexto de tratamiento del conflicto, que se re- quiere la intervención de los respectivos intérpretes. Con excepción del contexto de la magia y del ritual, las palabras no se intercambian como palabras, sino como significados. Así, personas con diferentes antecedentes culturales bien pueden llegar a hablar diferentes lenguajes utilizando las mismas palabras. Inclusive, cada lenguaje posee tanto un vocabulario potencial como uno real. Los diferentes grupos sociales y culturales se labran diferentes vocabularios reales a partir del mismo vocabulario potencial.

Cuando el proceso de conflicto se encuentra sólo parcialmente profesio- nalizado, la distinción entre el lenguaje técnico y el lenguaje corriente también se desdibuja. En Pasárgada, donde incluso existe un menor grado de profesio- nalización, esperaría que la argumentación jurídica se encontrara basada en el lenguaje corriente. Pero debo refinar esta hipótesis mediante una especificación más detallada de las relaciones que se presentan entre los lenguajes corriente y técnico. En el análisis precedente se ha asumido que el lenguaje técnico deri- va sus significados básicos del sentido común expresado a través del lenguaje corriente. Pero la situación inversa también puede ser cierta: que los lenguajes técnicos desarrollen fórmulas verbales y significados técnicos que se popularizan después y se convierten en integrantes del sentido común. Así, lo que ocurre con el formalismo también puede ocurrir con el lenguaje técnico: de forma paralela al lenguaje técnico oficial, se puede estar desarrollando un lenguaje técnico popular. Puede concebirse, por lo tanto, que el lenguaje cotidiano contenga un lenguaje técnico popular.

3.2. El lenguaje y el silencio

La relación entre el lenguaje y el silencio tiene que ver con el ritmo interno de la comunicación y la alternancia que se da entre las estrategias comunicativas de tratamiento del conflicto. Aunque algunos pueden considerar trivial este asun- to, yo lo asumo como algo crucial. Puede afirmarse que el silencio es meramente

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