En esta sección querría familiarizar al estudiante con algunas de las más típicas manifestaciones de los fenómenos de trasferencia tal y co- mo es posible que se presenten durante el análisis. Creo que el mejor modo de conseguirlo es examinar aquellas características ele las reac- ciones del paciente que indican la posibilidad de una reacción de tras- ferencia. No hay que olvidar que la presencia de las propiedades que intento destacar no es prueba absoluta de trasferencia, ya que también ha de tratarse de una repetición y una impropiedad.
3. 2.1 LA IMPROPIEDAD
En cuanto intentamos ilustrar el cuadro clínico de las reacciones de tras- ferencia se plantea una cuestión fundamental: ¿no podríamos clasificar como trasferencia todas las reacciones al analista? Según nuestra defi- nición hay que decir que no. Tomemos un ejemplo sencillo: el pacien- te se enoja con su analista. Este hecho solo no permite determinar si se trata de una reacción de trasferencia. Primero debemos ver si el com- portamiento del analista justifica el enojo. Si el paciente se impacientó porque el analista interrumpió sus asociaciones respondiendo al teléfo- no, yo no consideraría que el enojo del paciente es una reacción de tras- ferencia. Su reacción parece realista, acorde con las circunstancias y propia de un nivel maduro de funcionamiento. Esto no quiere decir que la reacción del paciente no deba ser tomada en cuenta, sino que esos casos se tratan de modo diferente que los fenómenos de trasferen- cia. Podríamos explorar la historia y las fantasías del paciente en rela- ción con las reacciones coléricas, pero a pesar de nuestras apreciacio-
nes recordaríamos al paciente y a nosotros mismos que esa reacción franca a la frustración era realista. Si el paciente se hubiera puesto fu- rioso y no sólo enojado, o si se hubiera quedado totalmente indiferen- te, la impropia intensidad de la reacción hubiera indicado que proba- blemente nos encontrábamos ante una repetición o una reacción de la infancia. Otro tanto sucedería si su enojo durase horas o si reaccionara a la interrupción con una carcajada.
Citemos un ejemplo típico de reacción impropia. Mi teléfono suena repetida- mente durante una hora analítica y yo respondo creyendo que se trata de algo urgente. Con gran consternación mía resulta ser un número equivocado y se- ñalo mi enojo murmurando inadvertidamente "maldita sea". El paciente rea- nuda su discurso donde lo dejara. Al cabo de unos minutos le interrumpo para preguntarle cómo se sintió con el telefonazo. Replica: "¿Cómo quería que me sintiera? No fue culpa suya." Silencio. Trata de reanudar la conversación ante- rior, pero parece tenso y artificial. Indico entonces que parece estar celando alguna de sus reacciones emocionales, actuando como "debería". Esto hace recordar al paciente haber tenido un relámpago de cólera cuando me oyó con- testar el teléfono. A esto siguió un cuadro en que yo le gritaba enojado. El pa- ciente recuerda entonces multitud de ocasiones en que se vio obligado a obede- cer las ideas paternas acerca de cómo "debía" comportarse. Yo interpreto pa- ra él cómo reaccionó conmigo cual si yo hubiera sido su padre.
La impropiedad de una reacción a una situación actual es la señal principal de que la persona que desencadena la acción no es el objeto decisivo o verdadero. Indica que la reacción probablemente tiene que ver y conviene a un objeto del pasado.
3.2.2 LA INTENSIDAD
En general, las reacciones emocionales intensas al analista denotan trasfe- rencia. Así sucede con diversas formas de amor, y también de odio y miedo. El comportamiento y las actitudes consecuentes, restringidos y no intrusivos, que acostumbra el analista no suscitan reacciones in- tensas en un plan realista. Aquí también hay que tener presente la pro- piedad de la reacción. Conviene reconocer que un paciente podría te- ner razón de reaccionar con gran intensidad si el comportamiento del analista y la situación analítica lo justifican. Por ejemplo: el analista se duerme oyendo a su paciente. El paciente se da cuenta y al rm consi- gue despertar al analista llamándolo. El paciente se pone furioso por- que el analista no reconoce su error y en lugar de aceptarlo interpreta
164 LA TRASFERENCIA CUADRO CLÍNICO 165 que el paciente inconscientemente quiso dormido mostrándose aburrido.
En semejante situación, yo no consideraría la furia del paciente una reacción de trasferencia sino algo esencialmente justificable y propio. De hecho, cualquier otra reacción hubiera sido con más probabilidad señal de trasferencia del pasado. Esto no significa que la reacción del paciente no haya de ser analizada, pero el objetivo analítico último es diferente según tratemos con una reacción de trasferencia o con una realista. Además, siempre hay la posibilidad en todas las reacciones in- tensas, por justificables que parezcan, de que aparte de la superestruc- tura realista haya también un núcleo de trasferencia. Pero en el curso ordinario del análisis, las reacciones intensas al analista son un indicio harto seguro de reacción de trasferencia.
Lo contrario de las reacciones intensas para con el analista, o sea la ausencia de reacciones, es un indicio no menor de trasferencia. Tal vez el paciente tenga reacciones pero las esté refrenando por sentirse desconcertado o asustado. Es ésta una manifestación evidente de resis- tencia de trasferencia. La situación es más complicada cuando el paciente no tiene conciencia sino de los sentimientos más inocuos y dé- biles. Es posible que haya sentimientos fuertes en su interior, pero repri- midos, aislados o desplazados. A veces es necesario analizar persisten- temente el miedo a reaccionar con emoción ante el analista para que el paciente se anime a permitirse algunas reacciones espontáneas. Es- tas resistencias a la trasferencia están descritas en el capítulo 2. Aquí quiero mencionar brevemente la frecuente experiencia clínica de que mis pacientes reaccionan de modo muy razonable ante mis idiosincra- sias pero propenden a alborotarse por cualquier signo de peculiaridad en otro analista. Es éste un ejemplo bien neto de desplazamiento de una reacción de trasferencia.y hay que reconocer en él una defensa con- tra los sentimientos de trasferencia respecto del analista del paciente. Resistencia semejante manifiestan los pacientes que reaccionan leve- mente en la sesión analítica y tienen reacciones emocionales intensas no explicadas para con los extraños fuera de la sesión.
Puede suceder que un paciente no se interese mucho en su analista durante un breve período de tiempo porque en su vida estén sucedien- do acontecimientos importantes fuera del análisis. Pero la ausencia pro- longada de sentimientos, pensamientos o fantasías acerca del analista es un fenómeno de trasferencia1 una resistencia de trasferencia. El ana-
lista es una persona demasiadd importante en la vida del analizando para estar ausente de sus pensamientos y sentimientos por algún perío- do considerable de tiempo. Si el analista verdaderamente no es impor- tante, entonces el paciente no está "en análisis". Tal vez el paciente
esté pasando por el análisis para agradar a alguien o por alguna otra razón que no sea la de seguir un tratamiento.
Puede también ocurrir que alguna otra persona en la vida del pa- ciente absorba las emociones intensas de éste y que la ausencia de sen- timientos intensos por el analista se deba más que nada a una resisten- cia de trasferencia. Por ejemplo: un paciente en la primera parte de su análisis está libre de su temor de implicación emocional y más adelante se enamora. Con toda probabilidad, el amor del paciente contiene elementos importantes del pasado, pero la contribución de la situa- ción analítica podrá o no ser de importancia decisiva. Habría que ex- plorar esa situación con todo cuidado y repetidas veces antes de llegar a una conclusión segura. ¿Se ha enamorado el (la) paciente para darle gusto a uno? ¿Se ha enamorado a pesar de uno, porque uno no le da suficiente amor? ¿Se enamora por identificación con uno? ¿Se ha ena- morado de alguien que se parece a uno? ¿Es el enamoramiento señal de madurez? ¿Parece haber alguna esperanza realista de que la rela- ción dure y sea feliz?
No es fácil responder a estas preguntas; no hay respuestas bien defi- nidas y sólo la exploración prolongada y el tiempo pueden ofrecer una respuesta razonablemente acertada. Ésta es la base de la regla práctica propuesta por Freud de que el analista debe pedir al paciente que no
haga cambios de importancia en su vida durante el análisis (1914c, p. 153). Este consejo puede también ser malinterpretado por el pacien- te debido a las distorsiones de la trasferencia y ha de darse a su debido tiempo y en el contexto apropiado (Fenichel, 1941, p. 29). El hecho de que la duración del tratamiento analítico haya aumentado en los últimos años ha hecho modificar más esta regla. Hoy creo que debería- mos decirle al paciente que sería mejor no hacer cambios de importan- cia en su vida sin antes analizar suficientemente el cambio pensado. Este problema se verá más ampliamente en el volumen u.
3.2.3 LA AMBIVALENCIA
Todas las reacciones de trasferencia se caracterizan por la ambivalen- cia, la coexistencia de sentimientos contrapuestos. Se acostumbra en psicoanálisis entender que queremos decir que en la ambivalencia uno de los aspectos del sentimiento es inconsciente. No hay amor por el ana- lista sin odio oculto en alguna parte, no hay anhelos sexuales sin repul- sión oculta, etc. La ambivalencia puede descubrirse fácilmente cuando sus sentimientos son caprichosos y cambian inesperadamente. O tal vez
166 LA TRASFERENCIA un aspecto de la ambivalencia se mantenga tenazmente en la concien- cia durante largos períodos mientras se defiende empeñosamente su con- trario. Puede también suceder que maneje el paciente la ambivalencia desplazando uno de los componentes a otra persona, con frecuencia otro analista. Esto suele verse en el análisis de los candidatos en entrena- miento, que mantendrán una relación positiva con su analista personal y desplazarán su hostilidad inconsciente a un supervisor o presidente de seminario... o viceversa.
No debe olvidarse que también puede haber reacciones preambiva- lentes en la trasferencia. La figura del analista se escinde en un objeto bueno y uno malo, cada uno de los cuales vive una existencia separada en la mente del paciente. Cuando los pacientes que reaccionan de este modo —y siempre son los más regresionados— son capaces de sentir ambivalencia respecto del objeto entero, es un hecho notable. Citemos un ejemplo clínico. Durante varios años, un caso limítrofe dio respues- tas extrañas a mis intervenciones siempre que se sentía angustiado. Lentamen- te pude ir componiendo las siguientes explicaciones: Cuando se sentía enojado contra mí y me odiaba, se asustaba, y por eso nunca escuchaba mis palabras, que para él eran como flechas envenenadas, y su defensa era hacerse impe- netrable a ellas. En esas ocasiones se concentraba su atención sólo en el tono de mi voz, y ponía meticuloso cuidado en percibir los cambios de intensidad y ritmo. Los tonos bajos y el ritmo regular le hacían sentir que le administraba buen alimento, como solía hacerle y servirle su madre cuando comían solos. Los tonos altos y el ritmo irregular significaban que la madre le daba mal ali- mento porque el padre estaba allí y la ponía nerviosa y le salía mal. Fueron necesarios muchos años de análisis para que llegara a concederme el ser una sola persona y seguir así cuando me amaba, odiaba o temía.
3.2.4 LOS CAPRICHOS
Otra propiedad notable de las reacciones de trasferencia es su mutabi- lidad. Los sentimientos de trasferencia suelen ser inconstantes, erráti- cos y caprichosos. Esto es particularmente así en el principio del análi- sis. Glover (1955) ha calificado estas reacciones muy atinadamente de reacciones de trasferencia "flotantes".
CUADRO CLÍNICO 167
de su temor de parecerme ordinaria y poco interesante. Sus sentimientos hacia mí eran de respetuoso pavor y admiración, con la esperanza subyacente de que yo llegara a quererla.
Súbitamente, en una sesión, y costándole mucho, reconoce el sentimiento de que está enamorada de mí. Sitúa el comienzo de este sentimiento al final de la sesión anterior, en que observó cómo mis pantalones estaban arrugados y mi corbata torcida. Estaba segura de que eso significaba que yo no era un materialista, ni un capitalista codicioso, sino un soñador, un idealista y aun un artista. Todo el día y la noche estuvo fantaseando acerca de mí de ese mo- do; sus sentimientos adquirieron mayor intensidad y ese estado de cosas le pla- cía. Aun cuando empezamos a analizar esa reacción y a buscar sus orígenes en el pasado, sus sentimientos persistieron.
Al día siguiente se sintió abrumada por la culpabilidad. En la noche le han dolido los oídos a su hijo y a la paciente le parece eso consecuencia de su negli- gencia; ha pasado demasiado tiempo soñando despierta su nuevo amor en lu- gar de cuidar a su hijo. Está convencida de que debo despreciar a tan frívola mujer. Cuando intento descubrir la historia de esta reacción siente que la estoy castigando, como se merece.
Al día siguiente, el tercero, mi saludo le parece frío, casi un gesto, y mi si- lencio es desdén. Ahora ya no le parezco un idealista o un soñador que no se preocupa de su aspecto, sino que soy arrogante y desdeñoso para con mis pa- cientes, "pobres neuróticos ricos". Se defiende, con su grupo, atacándome, porque soy uno de esos psicoanalistas de mente malvada que viven de los ricos pero los desprecian. El olor de mi cigarro puro le parece repulsivo y aun nauseabundo.
A la sesión siguiente, mis intentos de analizar sus sentimientos hostiles le pa- recen torpes pero cariñosos. Es probable que yo sea bienintencionado y de buen corazón, sólo que caprichoso. Debo haber cambiado de marca de puros y ha- ber comprado otros más caros a causa de su crítica, y agradece mi considera- ción. Espera que algún día yo sea su guía y mentor, porque ha oído decir que soy un talento. Como callo, le parezco aburrido, convencional y aguafiestas. Es probable que sea puro estudio y trabajo, sin más interés. Sale de la sesión con la idea de que soy un buen analista, pero pobre de la que se case conmigo. Es éste un caso harto extremado de mutabilidad, pero ilumina el ca- rácter errático y caprichoso de las reacciones de trasferencia al princi- pio del análisis en algunas pacientes histéricas y neuróticamente de- primidas.
Un ejemplo típico de los cambios súbitos e inesperados que pueden producirse en Ja situación de trasferencia es la siguiente sucesión de hechos que se produ- jeron en una sola semana en el análisis de una paciente joven histericodepresi- va, en su segundo mes de tratamiento. Había estado laborando bien a pesar
3.2.5 LA TENACIDAD
Es una característica notable de las reacciones de trasferencia el tener una naturaleza contradictoria. Acabo de describir cuán caprichosa y
168 LA TRASFERENCIA ESTUDIO HISTÓRICO 169
transitoria puede ser la trasferencia, y debo ahora añadir que muchas veces, los fenómenos de trasferencia se distinguen por su tenacidad. Es fácil que las reacciones esporádicas se produzcan sobre todo al princi- pio del análisis, pero las reacciones prolongadas y rígidas suelen apare- cer en las fases ulteriores, aunque no hay regla absoluta al respecto.
Los pacientes adoptan para con el analista un surtido crónico de sen- timientos y actitudes que no ceden fácilmente a la interpretación. Estas tenaces reacciones requieren un largo período de análisis, a veces años. Tan larga duración no significa un estancamiento de la labor analítica, sino que en esos períodos pueden cambiar otras características del com- portamiento del paciente y aparecer nuevos recuerdos e insights. El pa- ciente tiene que aferrarse a su posición fija porque los sentimientos que entraña son sobredeterminados y satisfacen importantes necesidades ins- tintuales y defensivas. Estas reacciones tenaces pueden ser relativamente intensas o difíciles de descubrir.
Una paciente mía, la señora K, llevaba casi tres años con una reacción de tras- ferencia positiva, sexual y erótica, para conmigo. Estos sentimientos sobrevi- vieron y no fueron mensurablemente influenciados por mis persistentes inter- pretaciones de su función de resistencia, mis prolongados silencios y mis erro- res y descuidos ocasionales. Sólo después de haber mejorado lo bastante para poder lograr un orgasmo vaginal parcial que contribuyó a reducir su temor a la homosexualidad cambió esta trasferencia positiva crónica. Sólo entonces se atrevió a dejarse sentir conscientemente su odio y aversión contra mí y contra los hombres en general.'
La tenacidad y la falta de espontaneidad son señales de reacciones de trasferencia. Aun en los análisis mejor llevados, las flaquezas huma- nas del analista podrían a veces provocar hostilidad si no operara una trasferencia positiva defensiva. La labor analítica suele ser dolorosa, y esto también podría ocasionar resentimiento. Y sobre todo, las reac- ciones de trasferencia proceden del pasado rechazado del paciente y en ello tiene que entrar gran cuantía de agresión inconsciente en busca de descarga. A la inversa, la neutralidad compasiva de la actitud analí- tica no requiere la hostilidad prolongada de algunos pacientes. La tena- cidad y rigidez de las reacciones de trasferencia se deben a una combi- nación de defensa inconsciente y satisfacción instintual.
Las cinco cualidades arriba anotadas son las características más típi- cas que denotan una reacción de trasferencia. El rasgo sobresaliente,
1
Ya se ha mencionado a la señora K en las secciones 1.2.4 y 2.6.5.1. Véase la sec- ción 2.7.1 para un informe clínico más detallado del cambio de esta paciente.
que destaca sobre todos los demás y está incluido en ellos, es la impro- piedad. Es la impropiedad, en términos de intensidad, ambivalencia, capricho o tenacidad, la que advierte que está operando una trasferen- cia. Esto es así no sólo cuando se producen esas reacciones para con el analista sino también cuando aparecen en relación con otras perso- nas. Las reacciones que no corresponden al carácter o al lugar son fe- nómenos de trasferencia.