3.3 ESTUDIO HISTÓRICO
3.4.2 LA NEUROSIS DE TRASFERENCIA
Freud empleó de dos modos la expresión neurosis de trasferencia. Por una parte, lo empleaba para designar un grupo de neurosis caracteri- zado por la capacidad que tenía el paciente de formar y conservar una serie de reacciones de trasferencia relativamente cohesiva, multiforme y accesible (Freud, 1916-7). Así distinguía las neurosis histéricas, fóbi- cas y obsesivas compulsivas de las narcisistas, las psicosis. En este últi- mo grupo los pacientes sólo podían tener reacciones de trasferencia frag- mentarias y esporádicas y por eso no se les podía aplicar el psicoanálisis clásico. Empleaba también la denominación de neurosis de trasferencia para designar un fenómeno que se produce con regularidad en las reac- ciones de trasferencia del paciente sometido a un tratamiento psicoana- lítico (Freud, 1905c, 1914c, 1916-7, capítulo XXVII [apartado L]).
En el curso del análisis puede observarse que los intereses del pa- ciente cada vez se centran más en la persona del analista. Señalaba Freud (1914c, p. 154; 441), que la compulsión neurótica de repetir del pa- ciente se vuelve no sólo inocua sino inútil al admitirla "en la trasferen- cia como un campo de juego donde se le permite expandirse en una libertad casi completa y donde se espera que despliegue ante nosotros todo cuanto sea instinto patógeno oculto en la mente del paciente". Si se maneja debidamente la situación de trasferencia, "logramos regularmente dar a todos los síntomas de la enfermedad un nuevo sig- nificado de trasferencia y remplazar su neurosis ordinaria por una
`neurosis de trasferencia', de la que puede curársele mediante la labor
terapéutica". La neurosis de trasferencia adopta todos los rasgo. de la enfermedad del paciente, pero es una enfermedad artificial y es accesi- ble en todos sus puntos a nuestras intervenciones. Es una edición nueva de la antigua enfermedad.
En las primeras fases del tratamiento psicoanalítico solemos ver reac- ciones transitorias esporádicas, que Glover (1955, p. 37) califica de reacciones de trasferencia "flotantes". Si se manejan debidamente es- tas reacciones de trasferencia tempranas, el paciente tendrá reacciones de trasferencia más duraderas. Clínicamente, la formación de la neuro-
190 LA TRASFERENCIA CONSIDERACIONES TEÓRICAS 191
sis de trasferencia se indica por un incremento en la intensidad y du- ración de la preocupación que el paciente tiene por la persona del ana- lista y los procesos y procedimientos analíticos. El analista y el análisis se convierten en el interés principal en la vida del paciente. No sólo giran los síntomas y las necesidades instintuales del paciente en torno al analista sino que todos los antiguos conflictos neuróticos se removi- lizan y concentran en la situación analítica. El paciente sentirá este interés como alguna forma o mezcla de amor y odio así como de de- fensas contra esas emociones. Si predominan las defensas aparecerá en el primer plano alguna forma de angustia o sentimiento de culpa- bilidad. Estas reacciones pueden ser intensas, explosivas, sutiles o cró- nicas. En todo caso, una vez instaurada la neurosis de trasferencia, esas constelaciones de sentimientos se hallan en todas partes.
En la neurosis de trasferencia, el paciente repite con su analista sus neurosis pasadas. Con el manejo y la interpretación debidos espera- mos ayudar al paciente a revivir y finalmente a recordar o reconstruir su neurosis infantil. El concepto de neurosis de trasferencia compren- de más que la neurosis infantil porque el paciente volverá a vivir tam- bién las últimas ediciones y variaciones de su neurosis infantil. Tratemos de ilustrar esto con un ejemplo clínico.
Me serviré del caso de la señora K. Esta damita llegó al tratamiento psicoa- nalítico porque últimamente la habían estado atormentando ideas e impulsos obsesivos de promiscuidad sexual con un negro. Esto alternaba con sus senti- mientos de ser un "zombie" o, si no, se sentía vacía, aburrida, despreciable y deprimida. Se había casada hacía poco con un personaje de la comunidad que le llevaba unos veinte años, a quien había amado antes de casarse, pero que ahora le inspiraba resentimiento y temor. El rasgo sobresaliente en su his- toria pasada era el hecho de haberla criado una madre tierna, excéntrica y al- cohólica, que una veces la adoraba, otras la consentía y a veces la abandonaba. El padre abandonó la familia cuando la paciente tenía un año y medio,y los tres matrimonios posteriores de la madre duraron más o menos un año cada - uno. Había dos hermanos, de dos y tres años más jóvenes, de quienes la madre no hacía caso y que cuidaba la paciente. Eran sus compañeros, su responsabili- dad y sus rivales. Eran muy pobres, cambiaban mucho de casa y ella estudiaba muy poco. Cuando tuvo quince años la muchacha, la madre se empeñó en que podía valerse sola; y aunque tímida, espantada y sin preparación, la paciente hizo una buena carrera de modelo de vestidos. A los veinte años, la señora K conoció a su futuro esposo y se enamoró de él, que le enseñó las cosas buenas de la vida y se casó con ella unos cinco años después. Ella llevaba casada unos
3 Véanse también secciones 1.2.4, 2.6.5.1, 2.7. 1 y 3.2.5.
dos años cuando acudió en busca de análisis. Intentaré ahora esbozar los prin- cipales fenómenos de trasferencia de su venturoso análisis, que duró unos cua- tro años y medio,
Las primeras reacciones de trasferencia consistieron en su afán de que la acep- tara en calidad de paciente; en su fantasía me consideraba el "máximo" ana- lista de la comunidad y por ende garantía de un buen análisis. Al mismo tiempo temía parecerme aburrida, indigna, pero atractiva o intratable. Por una parte, la atraía su deseo de ser una buena paciente y revelar todas sus debilidades y por la otra, su deseo de que yo la amara, la hallara sexual y mentalmente atractiva, y por ende disimulara sus defectos. Yo tenía que compensar su falta de padre considerándola mi paciente favorita, haciendo por ella lo que no haría por ningún otro paciente. Yo sería el padre ideal e incorruptible de quien ella estaría orgullosa y asimismo el padre delincuente que satisfaría sus deseos in- cestuosos, Muy pronto el síntoma de impulsos de promiscuidad de la señora K se dirigió hacia mí, figura edípica. Esto alternaba con una imagen de mí en calidad de padre severo, censurador, puritano e idealizado.
Mientras esto sucedía, el análisis se aplicaba a tratar de entender la gran ver- güenza que sentía la paciente por la masturbación, que "descubrió" sólo a los veintiún años y que parecía producirse sin fantasías y con poco alivio orgásmi- co. El análisis de su sentimiento de vergüenza nos llevó a reconocer que yo no sólo era el padre puritano sino también la madre fanáticamente limpia de los días en que aprendiera la higiene del excusado. El aburrimiento de la seño- ra K y su sensación de vacío se revelaron como defensas contra las fantasías sexuales y en el análisis se convirtieron en resistencias. Temía fantasear porque eso significaba excitarse, y excitarse era perder el control y mojar las sábanas. Esto se manifestó en el análisis por su renuencia a seguir hablando cuando se emocionaba o excitaba. Si yo la veía llorar o sonrojarse, la hallaría poco atrac- tiva. Quitaba los "kleenex" de la almohada después de cada sesión porque no quería que yo los viera "sucios". ;Cómo iba a amarla si sabía que era sucia y que tenía que ir al excusado a veces! Yo era el padre idealizado, desexualiza- do y deswaterizado que abandonara a su sucia madre, o bien la madre com- pulsivainente limpia que odiaba los hijos sucios. Recordó entonces haber visto a su madre ebria y desnuda, y cómo le repelían sus feas partes genitales. Ahora temía ser como su madre, o llevarla dentro, y la horrorizaba pensar que yo pudiera abandonarla como su padre a su madre. Más quería estar vacía que llena de madre sucia. Pero el vacío significaba silencio y resistencia en el análi- sis, y eso significaba ser mala paciente. Aquí triunfó la alianza de trabajo y su ansia de ser amada por el padre analista, y pudo seguir laborando con lo que ocultaba el vacío.
Detrás del vacío vino una inundación de fantasías sexuales con gran varie- dad de acciones orales, succionantes y escoptofflicas realizadas tanto activa co- mo pasivamente con un hombre prohibido. Ese hombre era el analista, o un negro o árabe que era al mismo tiempo sádico y masoquista, Ella y su padre alternaban en sus papeles. En aquel tiempo yo era no sólo el cómplice de sus
192 LA TRASFERENCIA gustosa. En este período del análisis anhelaba la llegada de cada hora analítica y temía los fines de semana y aun de sesión, porque yo me había convertido en el contenido principal de sus fantasías, y el estar ausente de mí significaba vacío y aburrimiento. Se sentía "conectada" conmigo y plena de sentimientos en mi presencia y ordinaria e insípida lejos de la consulta.
Lentamente fue comprendiendo que yo estaba decidido a analizarla y que no le temía a ella ni me asqueaban sus impulsos, y entonces se fue permitiendo la aparición de impulsos más regresivos. Conmigo de padre protector osó re- cordar sueños ocasionales y fantasías de succión oral, así como impulsos sádi- cos hacia los hombres femeninos y finalmente las mujeres. Confiando ya más en mí, osó también sentir cierto odio y rabia primitivos contra mí. Primero pudo sentir una hostilidad regular hacia mí en calidad de padre censurador o de madre desaprobadora. Después pudo odiarme por haberle robado su capi- tal, su secreto, y el valioso bulto que sentía tener dentro y que le daba seguri- dad. Pudo también amarme como buena inversión, seguridad para el futuro, garantía contra el vacío y hombre que le daba su sustancia. En aquel tiempo yo era también su defensa contra la envidia del pene, siendo el hombre pene que ella poseía.
En esta fase del análisis, la señora K logró por primera vez sentir el orgasmo durante el coito. Esto le dio ánimos para darse cuenta de fuertes sentimientos homosexuales respecto de su hijita, que pudo reconocer como una repetición con los papeles invertidos de sus impulsos infantiles hacia su madre. El hecho de que pudiera sentir esos impulsos sin detrimento de su capacidad de tener orgasmos sexuales si así lo deseaba le permitió finalmente atravesar una fase violenta de envidia del pene. Podía odiarme furiosamente por poseer un pene, por "desear tan sólo un agujero donde meter esa porquería", porque no me i mportaban un cacahuate en el fondo las mujeres, por dejarlas preñadas y aban- donadas. Cuando la paciente logró expresar estos sentimientos y vio que yo no quedaba anonadado ni contrariado empezó a sentir que yo la quería y la aceptaba incondicional y permanentemente... aun cuando no estuviera de acuer- do con ella. Yo me había convertido en una parte de ella que llevaba dentro, segura y permanente: un objeto interno amoroso, parental. Ahora podía per- mitirse el ser una madre y esposa cabal y podía laborar para librarse de su odio y su amor por su madre sin sentirse abrumada por ello. El caso de la señora K se describirá más detalladamente en el tomo II.
Este breve esbozo, por compleja que parezca su lectura, no refleja ni con mucho todas las reacciones de trasferencia de la paciente. Indi- ca, según creo, que los síntomas, conflictos, impulsos y defensas de la paciente se centraron en el analista y en el procedimiento analítico y en gran medida remplazaron a su neurosis original. Las neurosis de trasferencia me permitieron observar y laborar con los conflictos de la paciente en el presente vivo. Las experiencias de trasferencias son vívi-
CONSIDERACIONES TEÓRICAS 193
das, animadas y reales y procuran un sentido de convicción que no tie- ne paralelo en la labor psicoanalítica.
En su descripción de la neurosis de trasferencia indicaba Freud (1914c) que la neurosis ordinaria del paciente es "remplazada" por la neurosis de trasferencia. Anna Freud (1928) coincide con esto e insiste en que sólo una estructura de ese tipo merece el nombre de neurosis de trasferencia.
En el material clínico arriba citado puede uno observar cómo en diferentes in- tervalos la implicación de la señora K conmigo suplantó a la neurosis original. Durante un período de tiempo, los impulsos de promiscuidad de la paciente se centraron en mí y estaban ausentes del resto. Sus conflictos relativos a la pérdida de control fueron intensos durante la sesión analítica y tenían que ver con su miedo de dejar salir material sucio y la ocultación de los "kleenex" man- chados. Durante este período no desaparecieron sus angustias anales fuera del análisis, pero pasaron a segundo término. Según mi experiencia, el aspecto par- ticular de la neurosis del paciente que se hace activo y vívido en la situación de trasferencia disminuirá en la vida exterior del paciente. Pero es frecuente que sólo empalidezca y se haga relativamente insignificante en comparación con la neurosis de trasferencia... para reaparecer en la vida exterior del pacien- te cuando otra constelación domine el cuadro de la trasferencia. Por ejemplo, las fantasías de promiscuidad de la señora K se volvieron exclusivamente hacia mí durante un tiempo. Pero cuando el análisis se concentró en sus angustias del excusado y su sentimiento de vergüenza, volvió a tener sus ideas obsesivas- impulsivas en relación con los hombres de piel oscura.
Debe suscitarse otra cuestión acerca del grado en que la neurosis de trasferencia remplaza de un modo general a la neurosis del paciente. Yo he tenido la experiencia de que algunos aspectos de la neurosis del paciente se desplazaban a una figura de la vida exterior del paciente, que entonces parece hacer de figura suplementaria de trasferencia. Por ejemplo, muchos de mis pacientes masculinos se enamoran romántica- mente de una mujer en el curso del análisis. Es ésta una manifestación de trasferencia, pero se da fuera del análisis. Veremos esto en la sec- ción 3.8.4.
Esta cuestión de la neurosis de trasferencia que remplaza la neurosis ordinaria del paciente toca el problema de lo que sucede en el análisis de los niños. Anna Freud (1928), Fraiberg (1951) y Kut (1953) solían decir que los niños pequeños presentan muchas reacciones de trasferen- cia aisladas pero no llegan a formar una neurosis de trasferencia. Sólo después de resuelto el complejo de Edipo, en la latencia, ve uno la for- mación de una neurosis de trasferencia en el tratamiento analítico de los
194 LA TRASFERENCIA ALIANZA DE TRABAJO 195 niños. Anna Freud (1965) y Fraiberg (1966) han modificado última-
mente sus puntos de vista al respecto. Otros niños tienen intensas reac- ciones, deformadas y resistentes, al analista, que se asemejan a la neu- rosis de trasferencia de los adultos. Estas reacciones no remplazan a la neurosis antigua en el mismo grado que en el análisis de los adultos (véase Nagera, 1966). Los analistas de niños de la escuela kleiniana no distinguen entre reacciones de trasferencia y neurosis de trasferen- cia y declaran que los fenómenos de trasferencia en los niños pequeños son idénticos a los de los adultos (Isaacs, 1948).
Glover (1955), Nacht (1957) y Haak (1957) han descrito cómo cier- tas formas de neurosis de trasferencia pueden resultar un obstáculo pa- ra el descubrimiento de la neurosis infantil y conducir a un estanca- miento. Una de las causas más frecuentes de esto es la contratrasferen- cia del analista, que sin saberlo se opone al pleno desarrollo de las reac- ciones de trasferencia del paciente. Por ejemplo, la cordialidad indebi- da por parte del analista puede impedir que se desarrolle cabalmente la trasferencia hostil. Por encima de todo, la interpretación incompleta de algunos aspectos de las reacciones de trasferencia puede producir un largo estancamiento de la situación. Veremos más ampliamente es- ta cuestión en secciones subsiguientes.
Podría preguntarse qué hace uno para cerciorarse de que habrá una neurosis de trasferencia. La respuesta es que si la atmósfera analítica es esencialmente de compasión y aceptación y si el analista no cesa de buscar el insight y de interpretar las resistencias del paciente se formará una neurosis de trasferencia. Esto lo veremos más ampliamente en las secciones 3.7 y 3.9.
La actitud psicoanalítica clásica respecto de la neurosis de trasferen- cia es facilitar al máximo su desarrollo. Se reconoce que la neurosis de trasferencia ofrece al paciente el mejor instrumento para facilitar el acceso a las experiencias patógenas rechazadas del pasado. La reviven- cia con el analista y en la situación analítica del pasado reprimido es la oportunidad más efectiva de sobreponerse a las defensas y resisten- cias neuróticas. De este modo, el psicoanalista se esforzará en salva- guardar la situación de trasferencia e impedir toda contaminación que pudiera reducir su pleno florecimiento (Greenacre, 1954). Todas las intrusiones de las características y los valores personales del analista se- rán reconocidas como factores que podrían limitar la extensión de la neurosis de trasferencia del paciente. La interpretación es el único mo- do de tratar la trasferencia que le permitirá efectuar cabalmente su re- corrido. Y en combinación con una alianza de trabajo efectiva condu- cirá finalmente a su resolución (Gill, 1954; Greenson, 1965a).
Las escuelas de psicoanálisis discrepantes tienen un modo diferente de enfocar la neurosis de trasferencia. Alexander, French et al. (1946) exageran los peligros de los elementos regresivos y así preconizan di- versas manipulaciones de la situación de trasferencia para evitar o re- ducir la neurosis de trasferencia. La escuela kleiniana va al extremo opuesto y se basa casi exclusivamente en las interpretaciones de la tras- ferencia, con olvido de todo lo demás (Klein, 1932; Klein et al., 1952; Strachey, 1934; Isaacs, 1948). Además, desde que empieza el análisis ven ocurrir los impulsos más infantiles y primitivos en la trasferencia y los interpretan de inmediato (Klein, 1961). Finalmente, la historia individual del paciente parece tener poca importancia, puesto que to- dos los hechos de trasferencia parecen iguales en todos los pacientes. Antes de dejar el examen teórico de la trasferencia debe mencionar- se que la situación analítica y la personalidad del analista contribuyen a las reacciones de trasferencia del paciente. Esto lo veremos con cierto detenimiento en el capítulo 4.
3.5 LA ALIANZA DE TRABAJO
Llegados a este punto en nuestro estudio de los fenómenos de trasfe- rencia es necesaria una digresión. Hemos puesto de relieve la gran im- portancia que tienen las reacciones de trasferencia para el tratamiento psicoanalítico del paciente neurótico.Yo puedo compendiar el punto de vista psicoanalítico diciendo que el psicoanalista pone mucho cuidado en crear una situación analítica que maximice el desenvolvimiento de las diversas reacciones de trasferencia. Éste es nuestro método princi- pal para llegar hasta el material patógeno, que de otro modo es inacce- sible. Pero la recogida de datos históricos sólo es parte del proceso tera- péutico. Otro componente principal es procurar el insight flor medio de la interpretación.
Aunque estos dos factores son muy importantes, no bastan para pro- ducir cambios duraderos en el paciente. Para que un paciente neurótico entre en la situación analítica y colabore eficazmente en ella es impera- tivo que establezca y mantenga otro tipo de relación con el psicoanalis-