2.6 TÉCNICA PARA EL ANÁLISIS DE LAS RESISTENCIAS
2.6.7 DESVIACIONES EN LA TÉCNICA
Habiendo examinado el procedimiento general así como algunos pro- blemas especiales en la técnica de análisis de las resistencias nos pare-
142 LA RESISTENCIA TÉCNICA PARA EL ANÁLISIS DE LAS RESISTENCIAS 143 cerá útil contrastar el punto de vista aquí presentado con dos métodos
diferentes. Melanie Klein y Franz Alexander son los jefes de dos es- cuelas de psicoanálisis que difieren mucho en algunos aspectos de la posición clásica, tanto en la teoría como en la técnica. Aunque esta obra está consagrada ante todo a exponer la técnica psicoanalítica llamada clásica, una descripción breve de estos dos sistemas, divergentes pero importantes, tal vez ilumine algunos de los puntos esenciales expues- tos. Ambas escuelas de pensamiento han conseguido hacer algunas apor- taciones valiosas al psicoanálisis, aunque también hayan sido causa de grandes controversias. Por estas razones, el estudiante debe conocer sus obras básicas (véase Klein, 1932; Klein et al., 1952, 1955; Alexander et al., 1946). Aquí sólo puedo dar una versión muy condensada de sus modos de ver el análisis de las resistencias.
Ante todo, llama la atención que la palabra "resistencia" esté total- mente ausente en el índice de las dos primeras obras mencionadas de Klein y que sólo dos veces se halle en la tercera. Mas si leemos los di- versos ejemplos clínicos, podemos deducir que Klein y sus partidarios reconocen que a veces sus pacientes están en oposición al procedimien- to analítico. Pero este hecho clínico no se trata como yo hice en las pá- ginas anteriores. No se hace ningún intento de formar una alianza de trabajo o terapéutica con el Yo razonable del paciente para hacerle re- conocer y entender el motivo, el modo o la historia de su resistencia (Zetzel, 1956). Todas las resistencias se interpretan inmediatamente en función de los impulsos instintuales subyacentes que el analista tradu- ce en fantasías específicas y detalladas, aunque conciernan a tiempos preverbales. Las pruebas clínicas en favor de sus interpretaciones ana- líticas son a mi parecer notablemente endebles; raramente presentan un material detallado de casos; y las interpretaciones son extrañamen- te semejantes en paciente tras paciente. Se tiene la impresión de que la historia individual del paciente ha influido poco en la evolución per- sonal y en la neurosis.
Citaré como ejemplo algún material clínico de un trabajo de Thor- ner (1957, pp. 286-7) en una compilación reciente de obras kleinianas. Presenta a un paciente con angustia de examen médico y otros sínto- mas que comunica un sueño (arañas rojas que entran y salen de su ano) y el doctor que lo examinó dijo al paciente que no veía nada malo en él, a lo que replicó el paciente: "Es posible que usted no vea nada, doctor, pero ahí están de todos modos." El analista kleiniano trata este sueño con la interpretación de que el paciente se siente perseguido por objetos internos malos. El analista comunica a continuación que el pa- ciente aceptó la interpretación con mucho alivio, y a continuación tras-
mitió a su analista "nuevos recuerdos infantiles" que hicieron de "ob- jetos buenos y saludables".
Es peligroso interpretar material de un paciente que uno no conoce, pero en el sueño se ve claro un elemento de resistencia, y es que un doctor es incapaz de ver nada malo en su paciente y el paciente se que- ja de ello. Este aspecto del sueño no se toma en cuenta. Tal vez sería más atinado decir que se evita esta resistencia hundiéndola en las pro- fundidades. El analista maneja la situación de acuerdo con el tópico kleiniano de interpretar la "persecución" por "objetos internos malos". No se hace intento de llegar hasta la relación actual del paciente con el analista ni sus experiencias históricas personales de exámenes anales, médicos incompetentes, arañas rojas, etc. Se desdeñan las experien- cias individuales del paciente. Además, el analista no parece preo- cuparse por evaluar la disposición del paciente a enfrentarse a los con- tenidos instintuales; no parece haber concesiones a las cuestiones de dosificación o elección de momento. Desde el momento en que empieza el análisis se hacen interpretaciones de los componentes o introyectos instintuales infantiles más primitivos. Los kleinianos parecen laborar con sus pacientes de un modo que resulta caricatura de la regla técnica que requiere hacer consciente lo inconsciente. No parecen interesados
en el problema de la presencia o ausencia del Yo razonable del pacien-
te. Hacen una interpretación del contenido tras otra, dirigida según parece a algún intelecto de tipo computadora, con un Ello estereotipado. Yo participé en un taller sobre las contribuciones de Melanie Klein en diciembre de 1962, presidido por Elizabeth Zetzel, como parte del Midwinter Meeting de la Asociación Psicoanalítica de Estados Unidos. Había allí unos veinte analistas de todas partes de Estados Unidos, de formación, intereses y experiencia diversos. Todos convinimos en que Melanie Klein y sus discípulos habían contribuido valiosamente a nues- tro entendimiento de las relaciones de objeto tempranas, las primerísi- mas variedades de odio y agresión y las vicisitudes especiales de la hos- tilidad primitiva. Hubo también acuerdo general acerca de que los klei- nianos no laboraban con las resistencias como tales, desdeñaban la alian- za de trabajo, subestimaban la historia personal del paciente y univer- salizaban las fantasías complicadas y detalladas de los tiempos pre- verbales.
Alexander y sus partidarios parecían ir al extremo opuesto. Mien- tras los kleinianos interpretan los anhelos instintuales más infantiles que se ocultan detrás de las resistencias desde el principio del análisis, la escuela de Alexander intenta tratar las resistencias mediante diversas manipulaciones. Su objetivo parece ser ayudar a sus pacientes a eludir
144 LA RESISTENCIA las resistencias, sobre todo la regresión, que consideran esencialmente dispendiosa, Alexander preconiza manipular la frecuencia de las en- trevistas a fin de impedir que el paciente se haga demasiado regresiva- mente dependiente. Él reduciría la frecuencia de las entrevistas a dos o incluso una por semana. Hay que impedir la tendencia del paciente "a hundirse en una neurosis de trasferencia segura y cómoda" (Ale- xander et al., 1946, p. 33). Sugiere que cuando un paciente repite un material que ya ha expuesto muchas veces con anterioridad, es bueno interrumpir el tratamiento para que el paciente "descubra cuál de sus dificultades anteriores dura todavía..." (p. 36). Además cree Alexan- der que el analista "debería animar (y aun pedir) al paciente a que haga aquellas cosas que evitó en el pasado, a experimentar en aquella actividad en que fallara antes" (p. 41).
French, colaborador de Alexander, indica claramente su opinión so- bre el manejo de las resistencias advirtiendo que no se debe confiar mu- cho en el insight. Cito ahora de un párrafo en que se trata de los impul- sos hostiles: "Con frecuencia es posible eliminar los impulsos hostiles sin llamar al mismo tiempo directamente la atención del paciente so- bre ellos, con sólo ayudar al paciente a encontrar una solución al pro- blema subyacente, aferrándose detrás de los impulsos hostiles al pro- blema que les dio auge" (Alexander et al., 1946, p. 131).
Es evidente que los métodos de tratar la resistencia preconizados por Alexander y sus partidarios no pueden considerarse psicoanalíticos. Son esencialmente manipuladores y antianalíticos. El paciente no aprende a reconocer y entender sus resistencias, no hay estímulo para el insight como medio de vencer las resistencias, ni intento de modificar la es- tructura del Yo. El terapeuta omnipotente decide qué resistencias pue- de manejar el paciente y cuáles debe evitar por siempre. Esto podrá ser- una psicoterapia sintomática eficaz, pero con seguridad no es
psicoanálisis.