3.8 LAS RESISTENCIAS DE TRASFERENCIA
3.8.1 LA BÚSQUEDA DE GRATIFICACIÓN TRASFERENCIAL
Una de las fuentes más sencillas y frecuentes de resistencia trasferen- cial se halla cuando el paciente tiene fuertes apremios emocionales e instintuales respecto del analista y se afana en satisfacerlos más que en hacer la labor analítica. Esto puede nacer de pulsiones instintuales libi- dinales y agresivas o de las emociones de amor u odio. Además, todas y cualquiera de las fases evolutivas de los instintos y emociones pueden entrar en ello. Por ejemplo, el (la) paciente puede tener deseos sexuales respecto del analista en un nivel fálico-edípico y una angustia de cas- tración y deseos incestuosos. O bien un paciente puede sentir impulsos pasivos-anales respecto del analista o deseos orales de ser alimentado y cuidado, etc. Cualquiera de esos elementos libidinales puede impeler al paciente a tratar de obtener alguna forma de satisfacción y a renun- ciar a la labor analítica.
A manera de ejemplo, permítaseme citar el caso de una paciente que en dife- rentes ocasiones fue impulsada por cada uno de los componentes libidinales re- cién mencionados. Al comenzar su análisis (era una paciente deprimida con un problema de bulimia), solía guardar un silencio triste porque deseaba que yo le hablara. En aquel tiempo, hablarle yo significaba estar dispuesto a ali- mentarla. Si yo hablaba, significaba que me preocupaba verdaderamente por ella, que la cuidaría, la alimentaría y no la abandonaría. Entonces, si esos de- seos eran satisfechos, ella podría laborar, producir, y si no se sentía vacía y sola e incapaz de comunicación. Avanzado el análisis sintió fuertes impulsos sexuales hacia mí, inconfundiblemente de índole incestuosa. Llegaba a la con- sulta de un humor coqueto y frívolo, decidida a provocar en mí cualquier gé- nero de jugueteo sexual, aun cuando fuera sólo verbal. Durante cierto período
250 LA TRASFERENCIA LAS RESISTENCIAS DE 'TRASFERENCIA 251 de tiempo se negó a laborar con ese material y exigía que primero le manifesta-
ra yo alguna reciprocidad en mis sentimientos. Más adelante aún, pasó por una fase en que se negaba a producir material a menos que yo la incitara. Insistía en que yo insertara siquiera un pequeño comentario acerca de su si- lencio, y entonces podría dejar salir todas las comunicaciones que tenía alma- cenadas. Todos estos diferentes apremios se convirtieron en causa de resis- tencia, hasta que logró renunciar a su deseo de satisfacción. Sólo entonces estuvo dispuesta a establecer una alianza de trabajo e intentar la labor analí- tica con los diferentes impulsos instintuales que sentía por mí.
Aliado con los ejemplos anteriores y muy frecuente fuente de resis- tencia es el deseo o necesidad que tiene el paciente de ser amado. To- dos los pacientes, en mayor o menor grado y de muchos modos, pasan por períodos en que su deseo de ser amados por su analista remplazan a y bloquean el deseo de acceder a los procedimientos analíticos. El temor de perder el amor o el respeto del terapeuta es una fuente de resistencia siempre presente y subyacente. La novela familiar puede re- petirse también en la trasferencia (Freud, 1905d; Frosch, 1959). Permítaseme ilustrar este problema con el análisis de la señora K.7 Me había
puesto sobre aviso acerca de la gran necesidad de ser amada que tenía la pa- ciente, su historia de cómo la había criado una madre irresponsable y de cómo su padre la había abandonado a los dos años de edad. Su primer sueño reveló esta necesidad. Había yo visto a la señora K en las entrevistas preliminares y habíamos convenido en que empezaría el análisis en cosa de dos meses, cuando yo tuviera horas disponibles. Llegó a la primera sesión y hablamos brevemente de lo que había sucedido entre tanto y de cómo se empleaba el diván. Ella an- siaba empezar. En cuanto estuvo acostada me comunicó el siguiente sueño: "Llego a mi primera hora analítica, pero usted parece diferente, se parece al doctor M. Me lleva usted a una salita y me dice que me desvista. Me sorpren- do y le pregunto si eso hacen los freudianos clásicos. Usted me asegura que es así. Me desvisto y se pone usted a besarme por todas partes. Finalmente, se 'dirige abajo'. Me gustó, pero seguí preguntándome si así debía ser eso." La paciente reconoció su turbación por el sueño y empezó a hablar. El doc- tor M. es quien la envió conmigo, y fue objeto de su apasionamiento por cierto tiempo. Parecía muy competente, pero después ella vio que tenía sus defectos. Él parecía gustar de su flirteo, lo que le demostró a ella que algo andaba mal en su vida particular. Elia sabe que yo soy casado y eso la tranquiliza. La exci- ta la idea de estar acostada haciendo psicoanálisis. Temía que yo no lo aceptara en calidad de paciente, porque había oído que yo tenía pocos pacientes parti- culares. Tal vez yo la expulse cuando descubra que es una "nada". Le parecí
7 Véanse también secciones 1.2.4, 2.6.5.1, 2.7.1, 3.2.5 y 3.4.2.
un poco brusco la última vez que nos vimos, no tan acogedor como en las pri- meras sesiones. Pero estaba decidida al análisis conmigo. Hubiera esperado cuan- to fuera necesario. Estaba cansada de tomar gente inútil o de desecho. "Quie- ro lo mejor [pausa]. Quiero lo mejor pero ¿podré conservarlo? ¿Qué me hace creerme merecedora de ello? [Pausa.] Todo cuanto he tenido que valiera la pe- na fue porque era bonita. Tal vez por eso me aceptó usted como paciente. Pero ¿por qué había de soñar que usted me besaba 'abajo'? Ni siquiera sé cómo se dice eso correctamente. Tal vez me enseñe usted a hablar como es debido. ¿O acaso está usted ya cansado de oírme? [Pausa.] Tengo problemas sexuales. Me gusta la idea del coito, pero éste no me procura el orgasmo. El único modo de sentirlo a veces es cuando mi marido lo hace con la boca. Entiendo que esto significa algo... algo malo."
Este sueño planteaba varios problemas dificiles porque contenía evidente ac- tividad sexual al mismo tiempo que resistencias, y era la primera hora analítica de la señora. El sueño manifiesto parecía declarar que yo le recordaba alguien de quien estuvo algo enamorada y que yo, no ella, quiero hacerle cosas sexua- les con mi boca. Además, le interesaba hacerlo como es debido, y mi interés principal era proporcionarle placer sexual. Podía advertirse el intercambio de papeles entre los dos. Sus asociaciones seguían girando en torno a la cuestión de si yo la aceptaría, de si la conservaría como paciente. Indicaban también la sensación de ser indigna, estar vacía, faltarle instrucción, mientras a mí me veía digno y "el mejor". Contenía también la declaración de que sólo podía tener orgasmo con el cunnilingus.
El problema técnico especial era el de cómo manejar el manifiesto elemento sexual de su sueño en aquella temible primera hora de análisis. Yo decidí seña- larle su necesidad de ser amada, su temor de que yo la rechazara, y ligar esto de algún modo con el elemento sexual. No hacer caso de lo sexual hubiera sido hacerlo parecer "malo", y hablar de ello podría ocultar los elementos de resis- tencia y tal vez hacernos entrar demasiado hondo en el análisis. Pero como la paciente podía soñarla y recordarla, decidí comentar la actividad sexual, y le dije aproximadamente lo siguiente: "Debe usted haberse preocupado mucho por la última hora que nos vimos, en que le parecí brusco y se preguntó si real- mente la tomaría yo como paciente. A continuación sueña usted que yo em- pleo sexualmente la boca con usted como prueba de que en verdad la acepto." Había hecho una reconstitución hacia arriba tal y como la describen Berta Bom- stein (1949) y Loewenstein (1951, p. 10).
La paciente escuchó atentamente y replicó: "Es interesante que usted haya reconocido que a mí siempre me pareció que si un hombre la amaba a una debía ser capaz de emplear la boca sexualmente en una. Son muchos los hom- bres que hacen grandes discursos de amor pero se hacen para atrás cuando se llega a 'eso'. A mí siempre me desconcierta un poco cuando lo hacen al princi- pio, y me pregunto cómo pueden aguantarlo, pero creo que eso prueba que la aman a una, al menos sexualmente."
La necesidad de ser amada y el terror de ser rechazada eran factores en las resistencias de trasferencia de la señora K, Para ella, ser rechazada equivalía
252 LA TRASFERENCIA LAS RESISTENCIAS DE TRASFERENCIA 253 a ser abandonada. El abandono provocaba fuerte rabia, que ella dirigía hacia
dentro, y por consiguiente sentía que ella no valía "nada". En parte eso era para preservar, para conservar el analista idealizado porque ella temía que su propia hostilidad lo destruyera, y entonces ella quedaría verdaderamente sola y sería verdaderamente "nada".
Puedo dar también ilustraciones del lado agresivo. Hay pacientes que se llenan de impulsos hostiles y destructivos, que inconscientemente se empeñan en acabar con el analista y el análisis en lugar de analizar sus impulsos.
Un paciente mío, neurótico depresivo con una colitis ulcerosa, se peleó con su mujer, a la que acusaba de no darle el alimento debido. Salió de su casa hecho una tempestad para acudir a su sesión analítica. A mí me parecía evidente que desplazaba la hostilidad de su madre a su esposa. Cuando me pareció relativa- mente razonable se lo señalé así. Todo cuanto oyó de esta interpretación fue que yo estaba de parte de su esposa. Aquella noche, a pesar de que llevaba años siguiendo una dieta rigurosa, fue solo a un restorán y comió cuanto pudo de todos los alimentos que le estaban prohibidos. Remató la cena con mucho coñac y café negro. Aquella noche tuvo agudos dolores, graves vómitos y dia- rrea. La furia que sentía contra su madre, su esposa y yo mismo la volvió con- tra sí a manera de desquite, de acuerdo con la fórmula "Me mataré y lo senti- rán todos". Además de sus otros significados tiene este comportamiento el de intento de estropear el análisis y herir al analista.
Los pacientes que tienen la llamada trasferencia "erotizada" son pro- pensos a una actuación muy destructiva (Rappaport, 1956). Esto se ve también en caracteres muy impulsivos, perversiones, casos límites, etc. Todos estos pacientes tienen resistencias de trasferencia que proceden de impulsos subyacentes de odio. Tratan sólo de descargar esos senti- mientos y oponerse a la labor analítica. La tarea técnica consiste en dar con el momento en que uno puede movilizar el Yo razonable. Por lo general, una vez disipada la intensidad de los sentimientos y reducido el apremio de las exigencias instintuales resulta accesible un Yo razonable. Las exigencias de satisfacción menos intensas, sutiles y crónicas son más difíciles de descubrir y de señalar al paciente. Una vez que éste puede reconocerlas resultan también accesibles a la labor analítica.