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PASOS TÉCNICOS PARA EL ANÁLISIS DE LA TRASFERENCIA

3.9 TÉCNICA DEL ANÁLISIS DE LA TRASFERENCIA

3.9.4 PASOS TÉCNICOS PARA EL ANÁLISIS DE LA TRASFERENCIA

Hasta aquí hemos visto dos cuestiones importantes relativas al manejo de los fenómenos de trasferencia: por qué y cuándo analizamos la trasfe- rencia. Ahora llegamos al corazón del problema técnico: cómo analiza- mos la trasferencia. Esta sección se dedicará a las diversas medidas téc- nicas y al orden de los procedimientos necesarios para analizar las reacciones de trasferencia del paciente. Todos los pasos que voy a des- cribir son necesarios, pero algunos los dará espontáneamente el pacien- te y por ello es innecesario que los repita el analista.

Esbozaré de un modo bastante esquemático lo que considero orden de procedimiento ideal y simplificado. Mas cada uno de los pasos pro- vocará tal vez nuevas resistencias que requerirán tratamiento e inte- rrumpirán la sucesión ideal de los acontecimientos. O acaso las explo- raciones determinadas por cada nueva medida técnica abran tantas regiones nuevas y ocupen tantas sesiones que el factor de la trasferencia no sea ya el elemento principal a averiguar. No obstante, este esquema de pasos técnicos podrá servir de modelo y guía, aun cuando los suce- •sos de la práctica clínica nunca se den tan limpiamente ordenados y

organizados.

Para analizar los fenómenos de la trasferencia tenemos que ejecutar las mismas medidas técnicas base esenciales para el análisis de cual- quier fenómeno psíquico; hay que hacer ver el material, aclararlo, in- terpretarlo y traslaborarlo. Además de estos procedimientos básicos son

necesarios ciertos pasos técnicos adicionales debido a peculiaridades es- pecíficas de los fenómenos de trasferencia. A continuación, un bosque- jo general del procedimiento para el análisis de la trasferencia.

3.9.4.1 Presentación de la trasferencia

Antes de pasar a la exploración de los sentimientos de trasferencia es necesario que el paciente se dé cuenta de que es precisamente su reac- ción al analista la cuestión objeto del debate. Es posible que esto lo vea bien claro el paciente, y tal vez lo reconozca sin ninguna ayuda del ana- lista. Por otra parte, se presentan situaciones en que al paciente le re- sulta muy dificil descubrir sus sentimientos de trasferencia. Es impera- tivo, como primer paso en el análisis de la trasferencia, que el paciente se vea frente a sus reacciones de trasferencia y tenga conciencia de ellas. Si de alguna manera el paciente ignora las reacciones de trasferencia que deseamos investigar, hay que señalárselas. Varias medidas técni- cas pueden servir de ayuda para ello.

3.9.4.1.1 Silencio y paciencia. Con mucha frecuencia, el paciente reco- nocerá espontáneamente una reacción de trasferencia si uno espera que aumente la intensidad de los sentimientos de trasferencia. Este aumen- to muchas veces se obtendrá sencillamente dejando al paciente prose- guir con sus producciones sin intervención por parte del analista. Hay en todo análisis ocasiones en que es necesario que el mismo paciente se dé cuenta de sus reacciones de trasferencia y donde sería impropio que el analista se las señalara. Esto es así sobre todo cuando la intensi- dad de los sentimientos es bastante fuerte, cuando el paciente hace tiem- po que dejó de ser un principiante y cuando existe el peligro de que tenga alguna satisfacción pasiva en abstenerse de participar activamente en nada de la labor analítica. Además, el silencio y la paciencia del ana- lista también iluminarán cualquier resistencia importante que podrían oscurecer las intervenciones demasiado enérgicas por parte del analista.

Los analistas difieren mucho en su modo de llevar a cabo el análisis. Y sobre todo en su modo de aplicar el silencio y otras medidas más activas. Hay cabida para mucha variedad dentro del marco del psico- análisis clásico. Pero todo analista debe saber emplear el silencio y tam- bién la intervención activa. Hay ocasiones en que sólo es apropiado uno de estos dos procedimientos. Es necesario saber cuándo es lícita cada una de estas medidas y cuándo es obligada. Los analistas que exa- geran el silencio o que sólo son capaces de medidas activas no pueden

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realizar el psicoanálisis eficazmente. El psicoanálisis clásico exige des- treza con el silencio y con las palabras. La cuestión de la dosificación, del momento oportuno y del tacto en la interpretación se examinarán en el tomo u.

3.9.4.1.2 La confrontación. Si hemos esperado suficientemente y la reac- ción de trasferencia se hace accesible al paciente, o sea si es lo bastante vívida para él y no parece provocarle resistencia apreciable alguna, el analista tratará de enfrentarlo a dicha reacción de trasferencia. Dirá algo así: Parece usted enojado o resentido conmigo, parece que siente afecto o cariño por mí, parece sentir un deseo sexual por mí, etc. El lenguaje será sencillo, claro y franco; ya he insistido varias veces en esto. Yo prefiero emplear la palabra corriente más expresiva y evito las evasivas o vaguedades. Digo "enojo" u "odio", "afecto", "amor" o "sexo". Trato de ser preciso sin limitación; se trata sólo de una con- frontación. Soy directo pero evito la crudeza o la brusquedad. Empie- zo la confrontación con "parece usted", porque no siempre estoy se- guro, y deseo que el paciente pueda contradecirme o debatirse toda- vía. No quiero intimidado ni ser dogmático. Después podré decir: "Es- toy seguro de que usted siente...". Pero sólo si estoy verdaderamente seguro y si el paciente debe recibir ya mi opinión precisa.

A veces la mera confrontación del paciente con su lucha por expre- sar sus sentimientos de trasferencia puede servir para sobreponerse tem- poralmente a la resistencia. Nuestra actitud tolerante y la verbaliza- ción ayudan al paciente a sentir que su lucha es impropia e innecesa- ria. Otras veces, la confrontación sólo es el primer paso en el análisis de la resistencia. Entonces tendríamos que pasar por las fases de acla- ración e interpretación descritas en la sección 2.6 a propósito de la téc- nica en el análisis de las resistencias. La cuestión decisiva es la de si en un momento dado en la sucesión de los acontecimientos el procedi- miento indicado es vencer o analizar una resistencia.

Si la reacción de trasferencia que deseo hacer ver al paciente es una resistencia de trasferencia, le muestro este hecho. Le señalo que pare- cía estar evitando alguna actitud o algún sentimiento relacionado con- migo, o si sé más concretamente cuáles son los sentimientos que trata de evitar, se lo digo. Es decir, hago ver al paciente la resistencia y los sentimientos que le causan, empezando siempre por el aspecto resis- tencia. Digo por ejemplo al paciente: "Parece usted luchar con senti- mientos de amor (de odio, sexuales) relacionados conmigo", o "Pare- ce que tiene usted dificultad en expresar su amor (odio, deseo sexual) por mí", etc. Obsérvese nuevamente aquí el lenguaje y el tono. Ade-

más, siempre digo "por mí", "para conmigo", "relacionado conmi- go", etc. Porque no quiero que el paciente soslaye el hecho de que esos sentimientos tienen que ver conmigo, con la persona, no con "el análi- sis" o algún otro concepto más impersonal.

Si no estoy seguro de la índole de los sentimientos de trasferencia pero tengo la impresión de que el tema de la sesión es la trasferencia y no hay indicios de que deba callar, puedo hacer la confrontación sen- cillamente diciendo al paciente: "Me pregunto si no tendrá usted al- gún sentimiento o reacción para conmigo que no se revela" o "Tengo la impresión de estar envuelto en sus pensamientos y sentimientos" o simplemente: "¿Qué siente usted acerca de mí?" o ",Qué sucede en este momento en relación conmigo?"

3.9.4.1.3 La aplicación de la evidencia. Sólo muestro al paciente la fuen- te de mi hipótesis cuando me parece deseable la intervención de su in- telecto para persuadirle de que se está resistiendo. Entonces tengo que proceder al análisis de esa resistencia. Sólo se recurre a las pruebas pa- ra convencer a un paciente de que tiene una reacción de trasferencia cuando de otro modo el paciente podría sentir como que el analista tie- ne facultades misteriosas... Observo que suelo emplear este método al principio de un análisis, como un medio de indicar al paciente cómo trabaja un analista, para que supere sus ideas acerca de la magia del analista y para ayudarle a la formación de una alianza de trabajo. Así digo por ejemplo a una paciente: Su falta de sentimientos sexuales pa- ra con su marido y sus sueños y fantasías de amor conmigo demues- tran que está usted interesada sexual y amorosamente en mí.

El recurrir a las pruebas es un llamado a la inteligencia del paciente. Puede ser una ayuda valiosa como paso para cultivar en él una alianza de trabajo. Pero hay el peligro de que lleve al paciente a sobreestimar lo intelectual y a evitar el conocimiento emocional de los fenómenos de trasferencia. Hay que estar atento para reconocer cómo reacciona

a esta forma de confrontación.

En cualquier fase del intento de hacer ver al paciente que está impli- cado en una reacción de trasferencia, el paciente podría tener una re- sistencia, o bien podría hacerse visible una hasta entonces invisible. Si esto ocurriera, el análisis de la resistencia debe preceder a todo lo de- más. Esto es probable que ocurra sobre todo cuando el analista señala el odio o la cólera del paciente para él en las primeras fases del análisis. El paciente puede volverse resistente y negarse a reconocer esta reac- ción de trasferencia y en lugar de ello se sentirá criticado. Entonces hay que seguir la pista de este sentimiento de trasferencia de ser criticado

296 LA TRASFERENCIA antes de poder volver al señalamiento de la trasferencia negativa. Vea- mos un ejemplo:

Un joven en su primer año de análisis empieza la sesión hablando con mucho enojo de un profesor en una de sus clases de posgrado. Su producción es por este estilo: "Habla sin pensar si los estudiantes pueden seguirlo o no. Suelta las cosas al aire, no para nosotros. ¡Qué mal maestro! No me gustaría tenerlo en el próximo semestre. Tendría que obligarlo a tratarme... digo, enseñarme." Pausa. "Supongo que usted sacará algo de esto."

El paciente prosigue, pero lo hago volver al lapsus y le pregunto: "¿No está usted queriendo rehuir su enojo conmigo? Su lapsus muestra su enojo... y des- pués trata usted de huir de ello." El paciente recapacita un momento y replica: "Creo que tiene usted razón. Creo que tiene razón. Yo sé que usted hace cuanto puede, pero ese profesor, es el más estúpido hijo de perra... No deberían dejar- le enseñar. Me dieron ganas de salir en plena clase, pero le tuve lástima. He sabido que su esposa se suicidó. Probablemente no le queda más que la ense- ñanza. Mas, ¿por qué habría yo de preocuparme por él? Él es un personaje, todo un profesor, y ni yo ni ninguno de mis compañeros le importamos nada." Y así sigue, por este tenor.

Intervengo nuevamente y digo esto: "¿No está usted enojado conmigo por- que salgo de vacaciones la semana próxima?" El paciente replica colérico: "No, no estoy enojado. Siempre me está usted acusando de estar enojado. Tiene usted derecho a unas vacaciones. Trabaja usted mucho, así que ¿por qué no había de irse? ¿Por qué había de enojarme yo? Parece como si viera usted eso en un libro. Siempre que un analista va de vacaciones comunica a su paciente que está enojado." Esto lo dice con sarcasmo. "Eso me pone furioso." Pausa. Silencio. Replico: "Se enoja usted incluso cuando le señalo que se enoja, pero su verdadero enojo es porque lo dejo."

El paciente replica: "Tal vez. Sé que no dejo de pensar que cuando usted se vaya iré a un restorán de moda y me buscaré una muchacha. Y al diablo con todos ustedes." Replico: "Sí, al diablo con todos quienes lo abandona- mos. Usted no nos necesita, usted se buscará alguien de quien estar cerca." El paciente calla un momento y luego dice: "En efecto, yo no lo necesito. Váya- se a sus malditas vacaciones. Yo me arreglaré."

Éste es un ejemplo relativamente simple de cómo uno trata de bus- car la demostración y aclaración de una reacción de trasferencia, pero tiene que interrumpir la sucesión y dedicarse a las resistencias que aso- man. El lapsus del paciente era un claro indicio de su enojo, pero se niega a aceptarlo conscientemente. Entonces se pone a sentir lástima por el profesor. Y vuelta a su enojo por ser rechazado. Trato de ligar esto con mis vacaciones, pero se niega colérico. Señalo esta forma de resistencia y confirmación y finalmente reconoce que fantasea en torno a mis vacaciones y su enojo de verse abandonado. Creo que es necesa-

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rio seguir tras las resistencias hasta que uno moviliza un Yo razonable en el paciente.

También es importante dar tiempo al paciente de reaccionar a la in- tervención. Siempre que es posible me aseguro de que queda tiempo suficiente en la sesión para que el paciente reaccione ante mi interven- ción a la trasferencia. Esto es válido con intervenciones de cualquier tipo, pero sobre todo con las interpretaciones o intervenciones relativas a la trasferencia. Yo no reacciono inmediatamente a su primera res- puesta, ya que muchas veces los pacientes responden rápidamente con un sí o un no impulsivo y después, poco a poco, mientras uno los escu- cha, va comprendiendo que su primera respuesta no era pensada ni exacta. Por lo general refleja sometimiento o desafio.

Muchas veces los pacientes se contradicen en su respuesta a la con- frontación con la trasferencia. Todas estas reacciones tienen que ser también objeto de análisis. Pero es importante dar tiempo al paciente para reflexionar sobre lo que uno ha dicho y reaccionar a ello. Quiero subrayar aquí que el paciente debe tener tiempo hasta de estar callado en respuesta a la confrontación que hacemos. Hay que poner cuidado no sólo a lo que dice sino a cómo lo dice. Si mi interpretación es acer- tada, estará de acuerdo conmigo y la aceptará no sólo verbal, también emocionalmente; y añadirá ciertos detalles o recuerdos u otros perfec- cionamientos a mis confrontaciones. Si mi confrontación es justa y ac- cesible al paciente, puedo pasar al siguiente procedimiento técnico en el análisis de la trasferencia.

Pero muchas veces el paciente necesita tiempo para meditar, para estudiar lo acertado de mi confrontación, así como para establecer aso- ciaciones con ella. Si mi intervención es desacertada, el paciente reve- lará el desacierto no tan sólo verbalmente, negándola, sino además con alguna suerte de resistencia y comportamiento de evitación. Sin em- bargo, es posible que la confrontación sea atinada en el contenido pero errada en la elección de momento. Entonces hay que rastrear la resis- tencia. Además, es también necesario que el analista tenga tiempo de evaluar debidamente la respuesta del paciente. No siempre es fácil de- terminar si la respuesta del paciente indica aceptación o rechazo, refle- xión o escapismo, o bien una combinación de todos estos elementos. 3.9.4.2 Esclarecimiento de la trasferencia

Una vez ha reconocido el paciente su implicación en una reacción de trasferencia estamos listos para el siguiente procedimiento técnico: la clarificación de la trasferencia. Ahora deseamos que el paciente afine,

298 LA TRASFERENCIA TÉCNICA DEL ANÁLISIS DF LA TRASFERENCIA 299 ilumine, profundice y llene el cuadro de la trasferencia. Hay dos mo-

dos principales de enfoque.

3.9.4.2.1 Búsqueda de los detalles íntimos. Nuestro objetivo último al ana- lizar la reacción de trasferencia del paciente es poder interpretar los orí- genes históricos de ese fenómeno. Una de las zonas más fructíferas pa- ra recoger indicios que nos lleven hasta la fuente inconsciente es la que constituyen los detalles íntimos de la reacción de trasferencia. Los de- talles conducen a afectos, impulsos y fantasías en el paciente. Pedimos a éste, que refine, retoque y estudie lo mejor que pueda los sentimien- tos que tiene para nosotros. Le pedimos también que incluya las aso- ciaciones que puedan presentársele mientras trata de hacerlo. Veamos un ejemplo:

Mi paciente, la señora K,' I en el tercer mes de su análisis me dice tras mucho vacilar que está teniendo pensamientos sexuales relacionados conmigo. Esto la turba, porque no deja de ser una señora casada. Sabe que yo también estoy casado y además yo no la querría, después de todo cuanto sé de ella. Silencio. Le parece que todo es una racionalización; es que la turba mucho hablar de sus sentimientos sexuales, es humillante y degradante. Pausa, silencio, suspi- ro. Mientras va manejando su carro, de repente, como un fogonazo, se le apa- rece un cuadro en que yo la tengo en los brazos. Cuando está leyendo un libro o viendo una película, me ve en el papel de protagonista y amante y ella se siente y ve en el de amada mía. De noche, en la cama, piensa en mí y le dan ganas de telefonearme. La paciente sigue hablando de este modo, describiendo los diferentes lugares y ocasiones en que me desea sexualmente; pero noto que si bien el cuadro se agranda, no adquiere mayor profundidad ni relieve. Tam- bién me parece que tenemos ahí una buena alianza de trabajo, a pesar de su turbación y reticencia. Por eso le digo en este punto: "La veo llena de deseo sexual de mí, un deseo que crece y crece, pero parece costarle mucho describir con precisión lo que querría hacer sexualmente conmigo. Intente expresarlo, por favor."

La paciente responde: "Querría apretarme contra sus brazos, que me estre- chara usted fuertemente, tanto que apenas pudiera respirar, que me alzara en sus brazos y me llevara a la cama. Allí haríamos el amor." Pausa larga. Pre- gunto: "¿Qué entiende por hacer el amor?" "Entiendo —dice la paciente quitarme violentamente el camisón, besarme fuerte en la boca, tan fuerte que me haga daño y que apenas pueda respirar. Separarme las piernas a la fuerza y meterme rudamente d pene, que sería enorme y me dolería y me gustaría. [Pau- sa.] Un detalle divertido se me ocurrió cuando estaba describiendo todo esto.

II

Véanse secciones 1.2.4, 2.6.5.1, 2.7.1, 3.2.5, 3.4.2, 3.8.1, 3.8.4, 3.9.3.1 y 3.9.3.4.

Estaba usted sin rasurar y su barba me arañaba la cara. Es extraño, porque usted siempre está bien rasurado."

Reflexionando en la fantasía sexual descrita por la paciente observo: dos ve- ces dice respirar apenas, después los deseos masoquistas, el alzarla en los bra- zos y el ser yo enorme. Recuerdo que ella había tenido varios episodios de as- ma a los seis años, más o menos, en una época en que su madre estaba casada con un padrastro sádico. La interpretación de la fantasía de trasferencia parece clara: yo soy el padrastro sádico que satisface sus deseos masoquistas, llenos de culpa y edípicos. Podría hacer la interpretación yo, pero quiero que haga ella el descubrimiento y le pregunto: "¿Quién la arañaba con su barba cuando era usted niñita?" La paciente casi grita: "Mi padrastro, mi padrastro, él me atormentaba frotando su cara contra la mía... y él me levantaba y apretaba y me lanzaba al aire... yo casi no podía respirar. Pero creía que no me gustaba

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