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LA IDENTIFICACIÓN COMO REACCIÓN DE TRASFERENCIA

3.7 CLASIFICACIÓN CLÍNICA DE LAS REACCIONES DE TRASFERENCIA

3.7.5 LA IDENTIFICACIÓN COMO REACCIÓN DE TRASFERENCIA

Las identificaciones desempeñan un papel importante y complicado en la formación de objeto. Identificaciones tempranas preceden a las rela- ciones de objeto y hay identificaciones que remplazan a las relaciones con los objetos ( Jacobson, 1964). Parece haber diferentes géneros de identificaciones: algunas son parciales, otras totales; algunas transito- rias, otras permanentes; algunas accesibles a la conciencia, otras inacce- sibles; algunas egosintónicas y otras egodistónicas. Como todos y cada uno de los aspectos de las relaciones de objeto se repiten en la trasfe- rencia, también pueden producirse identificaciones de todos los tipos. Aquí nos limitaremos a las formas clínicas más importantes de las iden- tificaciones de trasferencia. Para un estudio más amplio de la literatu- ra clásica al respecto puede ver el lector las obras de Freud (1921), Fe- nichel (1954a), Hartmann, Kris y Loewenstein (1946), Jacobson (1964) y Hendrick (1951).

Una forma de identificación, absolutamente necesaria para que el análisis haya de ser efectivo, es la que describimos al hablar de la for- mación de la alianza de trabajo. Repitamos: cuando el analista hace

246 LA TRASFERENCIA CLASIFICACIÓN CLÍNICA DE LA TRASFERENCIA 247 una interpretación u otra confrontación con el paciente, pide a éste que

renuncie temporalmente al Yo que siente y vive, el Yo que asocia li- bremente, y observe con el terapeuta lo que acaba de sentir. Es decir, se le pide que se identifique parcial y temporalmente con el analista (Sterba, 1929). Al principio sólo lo hace cuando el analista se lo pide, y él tiene que poner en marcha conscientemente este proceso, que des- pués se hace automático y preconsciente. Se aprecia más vívidamente al laborar con las resistencias. Al principio es necesario que el analista señale la resistencia y pregunte al paciente a qué se resiste y por qué.

Más adelante, el paciente reconoce por sí mismo que se está resis- tiendo y se pregunta qué rehuye y por qué. Es éste un indicio de la identificación parcial y temporal con el analista que hace la alianza de trabajo. Cuando se ha logrado dar este paso decimos que "el paciente está en análisis". Este tipo de identificación persiste aun después del análisis. Las personas que han sido analizadas y se encuentran con pro- blemas emocionales hacen por sí mismas algo de autoanálisis.

Mientras dura un análisis, los pacientes se identifican con el analista como un medio de habérselas con él como figura creadora de angustia. Yo he visto pacientes de éstos tener súbitos y señalados cambios de com- portamiento en su casa y en la situación de trabajo.

Un paciente mío, irritable y que se dejaba llevar por sus impulsos, tuvo de pronto una conducta complaciente, razonable y reflexiva. Su familia y sus amigos echa- ron de ver esta sorprendente metamorfosis, que también se advertía en su mo- do de trabajar en la hora analítica. Su impetuosidad y sus cambios de humor parecían haber desaparecido. Pero sus asociaciones parecían afectadas y estéri- les. Después describió un estallido de cólera de uno de sus hijos y me llamó la atención la reacción del paciente, despegada y nada emocional. Se conformó con preguntar al niño qué lo había puesto así. Esto no concordaba en nada con d carácter del paciente. Finalmente comprendí lo que estaba pasando cuando se puso a emplear ciertas palabras y frases que tenían un dejo familiar. Había adoptado el vocabulario que yo estaba acostumbrado a emplear y que le era ajeno. Se había identificado conmigo sobre la base de una identificación con el agresor, mecanismo que describió Anna Freud (1936) como medio de tratar de enfrentarse a un objeto que espanta.

El paciente trataba de interpretar su propio material para adelantárseme. Era una resistencia, un modo de defenderse. Había empleado identificaciones se- mejantes en su pasado para tratar de sobreponerse a su angustia frente a las figuras de autoridad. Este tipo de identificación con el analista suele verse en análisis: el paciente adopta el papel del analista con su familia y sus amigos y aun con el analista mismo.

Pero los pacientes se identifican también con el analista por otras ra- zones; por ejemplo, como medio de manifestar su ansia de intimidad. Esto se asemeja al tipo de ansia de trasferencia descrito por Ferenczi (1909). Los pacientes que se hallan bajo la influencia de una trasferen- cia positiva adoptarán los modales, las características, los rasgos y há- bitos del analista a manera de manifestación de su amor y, cosa aún más importante, como un medio primitivo de relacionarse con un ob- jeto. Ha de tenerse presente que la identificación es la variedad más temprana de relación de objeto y desempeña un papel decisivo en la formación de la representación de sí mismo y de la estructura del Yo. No siempre es posible separar las diversas funciones de identificación unas de otras (Fenichel, 1945a, pp. 36-9). He visto pacientes masculi- nos que solían ser atildados en el vestir volverse descuidados y vestir de cualquier modo, como dicen que yo soy. Cambian de marca de ci- garrillos y adoptan la misma que yo, o se ponen a fumar cigarro puro si yo lo hago. Un paciente empezó de pronto a estudiar música, cosa que descubrí era atribuible a alguna charla psicoanalítica relativa a que en mi casa se tocaba música de cámara. Estas identificaciones proce- den en lo fundamental de un hambre objeta) oral-introyectiva, de una necesidad de volverse como el analista idealizado, de ser amado(a) por él, o, en el nivel más profundo, de hacerse uno con él. Hay todavía otro motivo posible para este género de identificación. Los pacientes se identifican a veces demasiado rápida y ansiosamente con el analista para formar una nueva identidad... para ocultar su identidad verdade- ra. Esto puede verse en los pacientes llamados de "identidad encubri- dora" que es una forma del carácter "como si" (Greenson, 1958a). Hay pacientes que presentan el cuadro inverso, y parecen capaces tan sólo de una identificación mínima con su analista. Pueden formar la identificación parcial y transitoria de la alianza de trabajo, pero ape- nas nada más. He tenido pacientes en análisis durante muchos años que laboraban fuertemente en ello, pero sin identificación alguna con- migo ni siquiera en cosas donde podría ser muy útil. Los pacientes que tienen angustia en la expresión verbal no adquieren mi habilidad ver- bal. Los que son generalmente tímidos no se identifican conmigo en mi franqueza. Se identificarán conmigo en algún aspecto trivial: se com- prarán una pluma como la mía o llevarán las camisas con cuello aboto- nado, pero no se identificarán conmigo en ninguna característica más importante. Estos pacientes tienen temor a la identificación, contra la cual están en lucha constante. Para ellos, identificación equivale a de- jarse avasallar, a ser conquistado o absorbido, a perder su propia iden- tidad. Estos pacientes se debaten contra la identificación con su analis-

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ta corno en la adolescencia luchaban contra la identificación con sus padres (Greenson, 1954).

Se observa identificación extraña, transitoria y súbita en pacientes limítrofes [borderlinel o psicóticos muy enfermos. Para ellos, la identifi- cación es un medio desesperado de aferrarse o de establecer alguna forma de relación con la realidad y los objetos.

Hace unos años entrevisté a una señora casada y con dos hijos pequeños con la intención de analizarla. Su comportamiento y su historia no parecían pre- sentar nada mórbido que contraindicara el psicoanálisis. En la primera entre- vista le ofrecí un cigarrillo y no lo aceptó, diciendo que no fumaba. En la se- sión siguiente vi con gran sorpresa que sacaba una cajetilla de cigarrillos de la misma marca que yo consumía, y se fumó unos cuantos. Era el primer indi- cio de un episodio psicótico incipiente, que empezaba a manifestarse.

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