2.7 REGLAS DE LA TÉCNICA RELATIVA A LA RESISTENCIA
2.7.3 EXCEPCIONES A LAS REGLAS 1 Resistencias menores
Aunque la técnica psicoanalítica se distingue de todos los demás méto- dos por el hecho de que nosotros analizamos las resistencias, no por eso analizamos todas y cada una de las resistencias. Las resistencias pequeñas y temporales pueden manejarse sencillamente callando y de- jando que el paciente venza su propia resistencia. O bien puede uno hacer alguna observación facilitadora, como por ejemplo, si el paciente calla o vacila, decir "¿Sí?" o "¿Cómo?", y entonces el paciente se po- ne a hablar. No tiene uno necesariamente que volver atrás y analizar el significado, el fin o el contenido de todas las resistencias. Esto mien- tras el paciente parezca vencer las resistencias por sí solo y pueda co- municarse verdaderamente. Pero si la resistencia persiste o aumenta, entonces tenemos que analizarla. Es decir: la regla general es que las resistencias pequeñas y temporales no se analizan y pueden sencilla- mente superarse.
No sólo es innecesario perseguir las resistencias menores, sino que puede alejar del material importante. Además, al paciente debe permi- tírsele intervenir activamente en la superación de las resistencias. En fin, el andar tras de la menor resistencia puede convertir al analista en un latoso y el análisis en algo insoportable. Es parte del tacto, en el arte de analizar, el saber distinguir entre las resistencias que requie- ren análisis y las que no.
2.7.3.2 Pérdida de las funciones del Yo
A veces se presentan en el análisis situaciones en que hay pérdida de la resistencia por disminución de las funciones del Yo. Entonces nues- tra tarea consiste en permitir y aun favorecer la formación de cierto
grado de resistencia. Esto puede ocurrir en la labor analítica con casos psicóticos o límites, pero también en pacientes neuróticos en el clímax de la revivencia de su neurosis infantil. Las intervenciones necesarias en tales situaciones bien pudieran ser antianalíticas, pero la situación entonces no requiere insight sino medidas de emergencia. Como casos tales se presentan en el curso del análisis, vale la pena pasar unos mo- mentos examinando sus problemas técnicos.
En todos los análisis que logran penetrar hasta el fondo de las neuro- sis infantiles se producen tormentas emocionales. En el colmo de la efu- sión emocional hay una pérdida, en mayor o menor grado de las fun- ciones del Yo, según la intensidad y la índole del afecto desbordado. Si el caso se produce al comienzo de la sesión, nuestra tarea terapéuti- ca puede ser sencilla. La paciencia y el silencio de apoyo bastarán a dar al paciente bastante oportunidad de descargar su emoción acumu- lada. A medida que se reducen el pánico, la rabia o la depresión, se puede notar el retorno de una parte del Yo razonable y volver a inten- tar la labor analítica. Pero si la tormenta emocional no cede o si estalla hacia el final de la hora, resulta necesario intervenir. Aunque lo ideal sería que el paciente descargara a cabalidad sus sentimientos, por ra- zones de conveniencia es necesario interponerse. Sería peligroso dejar que un paciente se marchara en la culminación de una tormenta emo- cional y sin un Yo razonable en funciones. Nuestra tarea es re-suscitar uno y no ocasionar complicaciones inanalizables.
Yo he tenido la experiencia de que los siguientes pasos parecen efec- tivos con un mínimo de complicaciones. Supongamos que el paciente se debate en la agonía de una intensa reacción dolorosa, solloza violen- tamente y la sesión se acaba. Yo esperaría casi hasta el último momen- to para interrumpir, y entonces diría: "Siento mucho interrumpirle cuando está usted tan acongojado, pero me temo que el tiempo se nos agota." Si el paciente reacciona, y es lo que suele suceder, añado: "To- mémonos unos cuantos minutos, hasta que se sienta más compuesto." Doy entonces al paciente una oportunidad de decir algo si lo desea y de todos modos le doy la oportunidad de ver que no estoy angustiado, trastornado ni impaciente. Mi conducta da a entender que me inspira compasión su dolor pero que la realidad debe verse cara a cara. Le ayudo a dominarse recordándole la realidad de la hora que acaba, pe- ro indicando que siento interrumpir el derramamiento de su emoción... y así es en realidad. Finalmente, es importante que el analista haga ver que no le espanta la erupción del paciente y se presente como mo- delo con que identificarse. Al final de una sesión semejante suelo decir algo así: "Esta efusión emocional que ha tenido.es dolorosa para usted
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pero importante para nuestra labor. Tenemos que entenderla, anali- zarla y dominar/a."
En el análisis se presentan a veces otras situaciones en que el pacien- te pierde, o teme perder, algunas o muchas de las funciones del Yo. Por ejemplo, un paciente tal vez empiece a parlotear incomprensible, enredadamente, o a balbucear como un bebé. En este caso uno necesi- ta paciencia, aplomo y firmeza. Al fin, hay que interrumpir al paciente y decirle: "Bueno, veamos qué ha pasado aquí. Estaba usted hablando como un chiquillo." Al intervenir de este modo, el analista hace de recordatorio y modelo para el paciente por su Yo razonable temporal- mente perdido. Con su tono firme indica que no está espantado, cosa que tranquiliza al paciente.
Un paciente puede sentirse presa de pánico, espantado e inerme en el diván. Una de mis pacientes se quejaba de que las palabras se le escapaban y temía orinarse acostada allí. La dejé soportar cuanto me pareció podía y a continua- ción dije: "Está bien, reanudemos el análisis. Tratemos ahora de examinar to- do esto, volvamos al principio y estudiémoslo."
En algunas situaciones hay pacientes que temen perder todo control y se espantan ante la idea de que podrían volverse violentamente agre- sivos o sexuales. Cuando siento que el espanto es genuino y que hay algo que corrobora sus temores, digo u obro de manera que indique: "No tenga cuidado, no dejaré que usted se lastime, ni me lastime a mí." Como dije antes, estas intervenciones no son analíticas, pero tampo- co creo que sean analíticas semejantes situaciones. Empleo procedimien- tos no analíticos, pero trato de evitar los antianalíticos, o sea acciones que trastornarían el análisis ulterior. Únicamente después de pasada la crisis puede uno reemprender el análisis. Pero tengo la experiencia de que las intervenciones realizadas con intención terapéutica y anali- zadas después a fondo no perjudican irremediablemente a la situación analítica. Por otra parte, la actitud estrictamente pasiva y silente pue- de ser un peligro mayor al permitir que el paciente regrese a un nivel traumático. El paciente percibirá acertadamente el silencio y la pasivi- dad del analista como indicios de falta de interés, de angustia y confu- sión en el analista, y esto puede ser mucho más perjudicial. Cuando así ocurre, el analista necesita hacerse un poco de autoanálisis de su comportamiento de trasferencia.
Al terminar este capítulo sobre la técnica del análisis de las resisten- cias me siento otra vez movido a repetir que las resistencias más im- portantes son las de trasferencia. No he hecho resaltar esto en los ejem-
plos clínicos citados porque quería examinar primero el concepto de resistencia en general.
LISTA ADICIONAL DE LECTURAS
El paciente calla
Arlow (1961), Glover (1955), Loewenstein (1961), Loomie (1961), Van der Heide (1961), Zeligs (1961).
Resistencia y defensa
Freeman (1959), Freud (1916-7, capítulo xix; 1923b, capítulo v; 1926a; 1933), Gero (1951), Hartmann (1951), Hoffer (1954), Kohut (1957), Lampl- de Groot (1957), Loewenstein (1954), Sperling (1958), Winnicott (1955).
"Acting out" y resistencia
Altman (1957), Bird (1957), Ekstein y Friedman (1957), Kanzer (1957), Spie- gel (1954), Zeligs (1957).
Trastornos del carácter y resistencia
Gillespie (1958), Gitelson (1958), Glover (1958), Katan (1958), Nacht (1958b), Waelder (1958).
Resistencias ajenas al ego y egosinanicas
3 DEFINICIÓN PROVISIONAL 159 LA TRASFERENCIA
La formación de la técnica del psicoanálisis se debe en lo esencial a la evolución de nuestro conocimiento de la naturaleza de la trasferencia. Los mayores progresos en la técnica psicoanalítica proceden de los ca- pitales descubrimientos que hizo Freud (1905c) del doble poder de la trasferencia, que es un instrumento de valor insustituible y la fuente de los mayores peligros. Las reacciones de trasferencia ofrecen al ana- lista una ocasión inestimable de explorar el pasado inaccesible y el in- consciente (Freud, 1912a, p. 108; 418). La trasferencia suscita tam- bién resistencias que resultan el obstáculo más grave a nuestra labor (p. 101; 414). En toda definición de la técnica psicoanalítica debe figu- rar como elemento central el análisis de la trasferencia. Toda escuela disidente del psicoanálisis puede describirse por alguna diferencia en el modo de tratar la situación de la trasferencia. Las reacciones de tras- ferencia se producen en todos los pacientes que reciben psicoterapia. El psicoanálisis se distingue de todas las demás terapias por el modo de fomentar la formación de las reacciones de trasferencia y por su sis- temático intento de analizar los fenómenos de trasferencia.