Baltasar Gracián y Morales
aforismo 231
No es que me tenga por alguien especialmente religio- so, pero no puedo evitar que al mencionar la palabra “pedir” se me vengan a la cabeza algunas afirmaciones bíblicas que no por conocidas dejan de ser tan grandi- locuentes y esperanzadoras como tajantes. Me refiero, por ejemplo, a aquello de “pedid y se os dará”; algo que Jesús asevera rotundamente en el Sermón de la Mon- taña dirigiéndose a sus discípulos para convencerlos de que no deben gastar esfuerzos en procurarse las cosas mundanas: “los pájaros del cielo no siembran ni cose- chan y vuestro padre celestial los alimenta”. Si en algo, al parecer, deben gastarse energías es en la búsqueda del “reino de Dios y su justicia” porque el resto “se os dará por añadidura”. En el contexto en el que nos toca reflexionar sobre el término “pedir” o sobre el modo en de hacerlo, asumiremos que lo expuesto por Jesús, aun- que realmente hermoso, no resulta operativo. Lo que
aforismo 235
D E B E S S A B E R C Ó M O
P E D I R L A S C O S A S
N
o hay nada más dificultoso para muchos quepedir. Y los hay peores: los que no saben decir que no. Hay otros, en cambio, que están siempre listos para decir que no; y para conseguir el sí de ellos, hay que poner mucho esfuerzo, tiempo y sabiduría. Pero lo correcto, lo que debes hacer es hablarles de las cosas que complacen sus sentidos o las que agradan a su alma. Si ya has logrado crear un ambiente de tal con- fianza que el otro no siente necesario reflexionar antes de decidir, es muy probable que te conceda lo que le pides. Disfruta este triunfo plenamente, en cuerpo y alma. No debes pedir en el momento en que la perso- na a quien le pedirás, acaba de decir que no a otro. Pues tenderá a igualarte al anterior, y a decir no. Tam- poco hagas tu pedido en el instante en que haya tris- teza en tu solicitado. Y jamás obligues a nadie a dar lo que no quiere, porque eso es inmoral.
demasiado terrenal como para serle de aplicación lo expuesto en los Evangelios.
Si no siempre que se pide se recibe, habrá que deducir que existen elementos contingen- tes en el proceso que justifican el que a veces el resultado sea uno y otras veces sea otro. ¿Tendrá que ver en el resultado la “téc- nica” o el “método” utilizado para pedir? ¿Influirá nues- tra personalidad, experiencia, valores y hasta estados de ánimo en que se obtenga o no lo que se pide? ¿Será que mientras algunos receptores de peticiones siem- pre están por la labor de dar, hay otros que por sis- tema se cierran en bandas? Cuando el resultado de algo depende de un contexto y está asociado a la actuación de dos partes que pueden manejar intereses no coincidentes, ni el conocimiento ni la voluntad de uno sólo de los interlocuto- res resulta suficiente. Ahí es precisamente donde comienzan los problemas.
Siempre se me dio mal lo de moralizar y mucho peor lo de sacralizar sobre lo que los demás deben o no hacer ante cual- quier disyuntiva. En consecuencia, lo que viene a continuación no son sino reflexiones personales que sólo haría en voz alta en una tertulia de amigos con los que tuviera una especial confianza. Que nadie cometa el error, por tan- to, de tomarlas como verda- des axiomáticas. Sincera- mente te digo que ni yo mismo estoy convencido de que la mayoría de ellas sean ciertas o res- pondan a lo que yo
Algunas cuestiones que yo intentaría poner negro sobre blanco serían las siguientes:
1. ¿Tengo claro lo que quiero pedir? ¿Estoy verdadera- mente seguro de que es eso y no otra cosa lo que de verdad necesito? ¿Al pedirlo dejo claro que si yo lo tuvie- ra lo pondría al servicio de mi proyecto sin dudarlo un solo instante? Entre pedir lo que se necesita y dese- ar un capricho hay una enorme diferencia. Procura tener claro que lo que estás pidiendo es justo aquello que de verdad necesitas. Que nadie pueda dudar de que has eludido los “aires de grandeza”.Ten en cuenta también que nadie te dará –ni siquiera te prestará- aquello que estando en tu mano no estás dispuesto a poner al ser- vicio de tu propio proyecto. La fe y las dudas son fenó- menos contagiosos: si no eres capaz de demostrar que crees en tu proyecto y que para ponerlo en marcha estás dispuesto a arriesgar cuanto esté a tu alcance, será muy difícil que generes entusiasmo en otros.
2. ¿Tienes claro a quién tienes que pedir lo que necesitas? El refranero siempre fue sabio: ten cui- dado con pedir “peras al olmo”. El que alguien o algo lo percibas o sea objetivamente más cerca- no, no le confiere la característica de ser el des- tino ideal de tu petición. Asegúrate de que te diri- ges a quien tiene lo que necesitas y, lo que resul- ta más importante, asegúrate de que está en con- diciones de “dártelo”.
3. He colocado comillas en la palabra “dártelo” por- que tengo dudas de que se entienda en el sentido correcto. Dar implica gratuidad; supone entregar algo que nos pertenece y hacerlo de manera gene- rosa sin obtener nada a cambio. Será que me hago viejo, pero ¿Realmente existen cosas que se “den”? ¿No será que todo tiene un “precio” y, por tanto, se vende o se intercambia? El pedir y el dar pre- fiero tomarlos como partes de un trueque sin acu-