Baltasar Gracián y Morales
aforismo 247
aforismo 248
N O T E D E J E S L L E VA R D E L O
Ú LT I M O Q U E T E D I C E N
H
ay hombres que guían sus actuaciones por loque más recientemente les han dicho, y por este camino llegan al extremo de la impertinencia. Tienen el sentir y el querer de cera que se derrite fácilmen- te. Son tan impulsivos que lo que acaban de decir- les los hace olvidarse de todo lo demás. Este tipo de hombres no toma buenas decisiones, y por eso nun- ca gana, sino que pierde con facilidad. Son manipu- lados, pues cada uno lo tiñe del color que desea. Son malos para guardar secretos, son como niños duran- te toda la vida. Varían constantemente sus opiniones y amores, pues viven en permanente fluctuación. Siempre les cojea la voluntad y el juicio, inclinándo- se a una y otra parte.
La concepción moderna de la sociedad, que avanza y per- fila con clarividencia Baltasar Gracián a través de sus afo- rismos, refleja un mundo hostil, donde prevalece ante todo la desconfianza ante la conducta en sociedad del ser humano, la percepción de que dominan las actitudes indi- viduales egoístas y en las que las apariencias presiden las relaciones sociales. Es esencialmente una visión des- creída, pesimista de la vida, poco alentadora para heroi- cidades, donde permanentemente las relaciones de con- flicto entre las personas muestran la presencia de una sociedad cada vez más compleja y difícil de gobernar. Tal modo de ver el mundo conduce a propuestas don- de la actuación de individuo se considera que debe estar presidida por un elevado pragmatismo, donde se consi- dera como positiva la capacidad perso- nal de adaptación a las circunstan- cias, de cautela en las relaciones con los demás, de estar ojo avizor fren- te a las segundas intenciones, aten- tos permanentemente a los posibles engaños, a no mostrarse por comple- to tal como uno es y tal como uno pien- sa, no ser tenido por astuto, a no actuar apasionadamente.
Eso sí, aunque pudiera pensarse lo contra- rio, todo lo anterior no comporta una acti- tud amoral frente a la vida, ni carente de una fuerte coherencia en el actuar. Por el contrario, frente a ese mundo duro y competitivo, se propug- na un actuar honesto, guiarse por principios y, en par- ticular, un actuar basado en una sólida sabidu- ría, construida sobre la base de la constan- te reflexión personal, el contraste de la con- ducta con el pensamiento y la extracción de criterios derivados de la experiencia. Al final
todo se resume en ser virtuoso, entendiendo que tres eses traen la dicha: santo, sano y sabio. En suma, saber con recta intención.
Por ello, la alimentación de la madurez por medio del pensamiento y el contraste con lo vivido se eleva a postulado clave del pensamiento moderno de Gra- cián. El valor positivo por excelencia es la sabiduría y el opuesto la necedad. De ahí, que critique la vola- tilidad de las opiniones, despreciando a los que hoy consideraríamos una persona veleta, el simple cha- quetero que sin pensamiento propio se alinea con el que tiene más próximo y, puede, interesarle en cada ocasión. Aconseja huir de las personas que no tie- nen criterio propio, porque del mismo modo que se aproximarán a uno alabando sus opiniones, inmedia- tamente a continuación se entregarán en los brazos de quien defienda lo opuesto y, por tanto, sus inicia- les alabanzas son muy poco de fiar. Y, el constante cambio de criterio va unido igualmente a la incons- tancia en los afectos.
Es probable que hoy en día sean más comunes las impertinencias del otro extremo, aquellos que resultan testarudos en sus juicios, inamovibles en sus posicio- nes, impermeables a las opiniones ajenas, sordos a cual- quier diálogo argumentado y, al final, tan necios como los primeros. En el propio discurso de Gracián apare- ce reiteradamente una crítica a los extremos, de modo que apuesta constantemente por la templanza, consi- derando que en el término medio se encuentra la sabi- duría, en la moderación el acierto de juicio y en el equi- librio de posiciones lo virtuoso. Y no defiende la pru- dencia por una debilidad respecto de la solidez de los criterios defendidos, ni por ser pusilánimes de ánimos, pues en paralelo apuesta por tener entereza de crite- rio y ser claro.
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NO TE DEJ ES LLEV AR DE LO ÚL TIMO Q U E TE DICENY, en todo caso, apenas se detenga uno en los compor- tamientos más extendidos, es fácil que encuentre que, no casualmente, los extremos acaban tocándose: aque- llos que en un momento determinado resultan más per- tinaces en la defensa de determinadas banderas, aque- llos que con notable vehemencia se creen en posesión de la verdad, desprecian las opiniones ajenas, consi- derando que sus personales criterios no sólo son uni- versales sino sobre todo permanentes, sin embargo bas- ta retrotraerse algo en el tiempo para comprobar que en el pasado ellos mismos defendieron lo contrario de lo que ahora postulan como indiscutible. O bien, que si tenemos un poco de paciencia, guardamos con cierto celo aquél pensamiento indiscutible, esperamos un poco, y fácilmente comprobaremos un giro copernicano de posiciones en esos sujetos aparentemente defensores de bastiones inmutables. Eso sí, en ningún caso espe- remos por su parte un reconocimiento de sus cambios de humores.
Probablemente por todo ello, los prudentes de criterio, los modestos en sus afirmaciones, los relativizadores de las concepciones inmutables, los ajenos a todo funda- mentalismo, acaban siendo los que con pragmatismo mantienen posiciones coherentes a lo largo de su vida; cambian suavemente de posiciones, reconocen haber- lo hecho, asimilan las transformaciones de su entor- no, se adaptan a ellas, pero finalmente conservan un poso basado en una brújula que orienta a un norte cono- cido, sin alharacas mantienen principios firmes, sostie- nen unos mismos valores de base con coherencia a lo largo de toda su vida, mantienen la flexibilidad del bam- bú que sigue enraizado en tierra firme.
JESÚSCRUZVILLALÓN
Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Sevilla