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Menos dañina es la mala…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 72

El término “evasiva” proviene de “evadir” (del latín eva- dere), es decir, esquivar, evitar, rehusar, eludir. Evadir sig- nifica evitar hacer cierta cosa valiéndose de alguna habi- lidad”, y la “evasivano es sino un medio para eludir una dificultad”.Pero el significado de “evasiva” tiene múl- tiples matices, que se adaptan a distintas circunstancias. Así, “evasiva” puede referirse a un rodeo para alargar el enfrentamiento a un asunto que se tiene delante y se pretende demorar por no considerarlo urgente (algo que por cierto hacen muchos políticos, por pura convenien- cia), o cuando no resulta conveniente alguna norma que es de aplicación general (“hecha la ley, hecha la tram- pa”). También puede referirse a una excusa, cuando se pretende ocultar una realidad inconveniente o desagra- dable que traerá peores consecuencias, como sería la sospecha de engaño de un amante tomando como indi- cios la actitud de mal humor o la actitud esquiva ante unas circunstancias comprometidas. Finalmente, pue- de referirse a una escapatoria para salir airoso de un desliz o circunstancia difícil, con habilidad. Una varian- te frecuente de esta acepción es la de “evasión de capi- tales”, es decir, salida de dinero de un país ilegalmen- te, generalmente para evitar pagar impuestos (“evasión de impuestos”). La evasiva es también, continuando con esta acepción, una forma de burlar la vigilancia para poder escapar (“evasión de presos” de una cárcel) Es el enfoque de “escapatoria” para salir airoso de un

aforismo 73

A P R E N D E A S A L I R

D E U N D E S L I Z

E

s habilidad de inteligentes. Con galantería y

donaire puedes salir del más difícil aprieto. De ese modo puedes sacarle el cuerpo, con triunfante sonrisa, al más grande desliz que hayas cometido. En esto fundaba el más grande de los capitanes su valor. Fina forma de librarse del error, cambiando la conversación y no darse por enterado.

existe una clara separación entre todas las acepciones mencionadas, pues tienen todas ellas una serie de ras- gos comunes relacionados con la inteligencia y la habi- lidad, como recogen algunos refranes clásicos: “En los grandes aprietos crece el entendimiento”, “Sed más lis- tos que los demás si podéis, pero no lo digáis”, “Sé siem- pre sordo de un oído”.

Saber usar evasivas es por tanto una habilidad propia de inteligentes, que permite salir con donaire de los aprietos y convertir en ventaja una situación de desven- taja o apuro inicial, y hacerlo además con buen humor. Es una fina forma de librarse del error y salir triunfan- te, cambiando la conversación con naturalidad sin dar- se por enterado de lo inmediatamente anterior. Apren- der a salir de un desliz mediante una maniobra evasi- va es un arte, que como todos, se puede y se debe cul- tivar, y que se manifiesta en forma de

“respuesta evasiva”, “actitud evasiva”, “estrategia evasiva”… Hasta en el aje- drez se aplica esta actitud cuando se quiere salir de una situación de acoso o amenaza, evadiendo un ataque del con- trario (la jugada del “enroque” no es más que una estrategia evasiva para proteger al rey). Volviendo a lo que nos interesa, saber salir airoso de un apuro usando evasivas con estilo no debe confundirse con la torpe o grosera actitud de quien, sintiéndose acorrala- do, da un brusco giro a la conversación, generalmente con escaso humor y falta de imaginación. No todo resbalón significa una caída, si se sabe aprovechar la circunstan- cia, pues “el hombre que ha cometido un error y no lo corri- ge, comete otro error mayor” (Confucio), pero pretender salir del apuro o del error a trompicones es todavía peor, pues acaba consumiendo el poco crédito que ya queda. Cuando uno se encuentra en unas circunstancias en

nos reflejos y astucia para calibrar una salida airosa. Las circunstancias en sí mismas no son buenas ni malas, son retos, son oportunidades, y éstas dependen com- pletamente de nuestra interpretación, de lo que decida- mos hacer con ellas. O nos sirven para superarnos o para derrumbarnos.Todos tenemos circunstancias adversas, pero en vez de sentirnos víctimas de ellas, debemos dejar que la imaginación y la inteligencia nos iluminen para poder salir airosos.

No se debe dejar llegar al momento en que la respues- ta siempre es una evasiva que simplemente tiende a enredar más la cuestión. La evasiva tiene su momen- to, y por eso los buenos reflejos y el don de gentes son excelentes aliados. La simpática cortesía es el hechizo de los grandes políticos, como nos recuerda el propio Baltasar Gracián. Con una sonrisa se evita la contien- da más difícil, y con una evasiva oportu- na que haga reír a los demás, la batalla

está ganada.

Cambiar de conversación es una treta cor- tés para decir que no, y no hay mayor discreción que no darse por enterado. Pero este quiebro debe hacer- se con elegancia, con sentido de la oportunidad, con destreza, y debe hacerse involucrando enseguida a otros presentes en el nuevo tema de conversación, de for- ma que se eviten “vacíos” momentáneos susceptibles de ser ocupados por réplicas insistentes que den al tras- te con la evasiva.

Son muchas las oportunidades que se presentan para poner en marcha una evasiva, sin llegar a la interrupción brusca de la conversación que se quiere eludir. Veamos dos ejemplos de cada extremo. La típica evasiva de “me disculpáis un momento, que tengo una llamada urgen- te en el móvil; vuelvo enseguida” es una evasiva torpe, poco efectiva, nada elegante (aunque frecuente), y basa- da generalmente en una excusa nada verosímil, a no ser

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APRENDE

A SALIR DE UN DESLIZ

que uno esté dispuesto a hacer fallecer a un pariente pró- ximo –como motivo de la llamada- para dar mayor cre- dibilidad. Aun así, en cuanto se descubre que el parien- te sigue sano y salvo –lo que sólo es cuestión de tiem- po-, el descrédito del autor de la evasiva es mayúsculo. Sin embargo, si en situación similar en vez de recurrir al teléfono hay oportunidad de usar otras evasivas “posi- tivas”, mucho mejor. Por ejemplo, hacer un brindis copa en mano, si hay posibilidad de ello, cambiando por tan- to la conversación y abriendo la oportunidad a los aplau- sos y las intervenciones de terceros; dar una buena noti- cia de tipo personal o institucional, de anunciar un com- promiso o un logro relevante que aporte sorpresa o satis- facción a los presentes, con idéntico cambio de tercio que en el caso anterior; o simplemente contar una anéc- dota, refrán o historia divertida que venga a cuento y que haga reír a los presentes. Podríamos decir que en estos casos se trata de evasivas positivas, beneficiosas, que aumentan nuestro crédito personal.

No es mal consejo tener siempre una posible salida ante una situación que se prevé difícil, o ante un posible des- liz, apoyándonos en una evasiva “positiva”, si las cir- cunstancias lo permiten. Hombre precavido vale por dos, dice el refrán. Pensar en lo que se puede tener que decir para salir del apuro mediante una evasiva, si llega el caso, es de prudentes e inteligentes –que no de sim- plemente astutos-, sobre todo si la creatividad espon- tánea no está muy entrenada. Debe recordarse en todo caso, que “El sabio no dice todo lo que piensa, pero siem- pre piensa todo lo que dice” (Aristóteles). La evasiva es el recurso de los prudentes, y es prudente llevar pre- parada una evasiva, siempre que se pueda.

GUILLERMOCALLEJAPARDO

Director del Programa de Doctorado en Ingeniería Química, Ambiental y de los Materiales de la Universidad Rey Juan Carlos

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