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Es tan grande la cantidad…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 201

aforismo 210

A P R E N D E C U Á N D O Y

C Ó M O D E C I R L A

V E R D A D

E

s siempre peligrosa, pero el

hombre de bien no debe dejar de decirla, aunque es necesario saber cómo. Los sabios en el ofi- cio de curar el alma inventaron el modo de endulzarla, para que la gente no tenga el terrible sufri- miento del desengaño. Si empleas las palabras apropiadas, con una misma verdad puedes elogiar a uno y reprender a otro. Una de esas formas inteligentes de manejar la ver- dad es hablar de lo que está pasando como si hablaras de algo que pasó. El buen entendedor sabrá interpretar de qué se trata. Y cuando no hay mane- ra de evitar que al decir una verdad haya problemas, lo mejor es callar. No es bueno que seas tú quien infor- me a tus superiores las verdades amargas. Pero si debes decírselas, busca las más suaves palabras, para que sea menos doloroso el desengaño.

Sabido es que el epítome de Baltasar Gracián sobre el que estamos “tejiendo” comentarios y reflexiones, fue orientado por su autor a servir argumentos y recursos de orden práctico en la vida “social” del individuo. Pre- tende, sobre todo, ayudar a un desenvolvimiento pru- dente del individuo. La prudencia, que es tan amiga del sentido común, y tan escasa como este, es elemen- to esencial en la buena convivencia y en el buen des- arrollo de las sociedades.

Los editores han decidido asignarme la monada 210:

Saber usar de la verdad. Sólo la lectura de su enunciación, nos hace reconocer a la verdad como un instrumento, una herramienta, de la que hay que usar con pruden- cia. La misma verdad puede provocar distintos esta- dos o reacciones en distintos individuos, porque una misma realidad ensalza y apoya unas reacciones y denosta otras. Resulta muy elocuente el hecho de Gra- cián ocupa todo su texto referido a la verdad en adver- tirnos sobre su uso, y sobre cómo no usarla.

Quiero arrimar el ascua a mi sardina, que en este caso es la enseñanza, y voy a ponerle apellidos a la ver- dad. Verdad científica, verdad académica. No es la mis- ma cosa, como todos sabemos, pero son complemen- tarias. Pese a que siempre han estado muy relaciona- das, bien por las personas que las manejaban, bien por los ámbitos dónde tenían lugar. Siempre ha habido, como una diferenciación entra ambas.Mutatis mutan- dis, será algo como la diferencia entre la figura del aprendiz y del maestro de los gremios medievales. En muchas ocasiones, las verdades académicas se apren- den, como el bagaje (o la herramienta) para poder, en un segundo momento, dedicarse a buscar o “extraer” la verdad científica.

Tradicionalmente consideramos que los alumnos deben “transitar” por un período, en el que obtienen conoci- mientos académicos y capacidades, para poder, en un segundo momento, usar esos conocimientos y capaci- dades en una dinámica más científica y de búsqueda. Nada que objetar a esta consideración, si se hiciera sin solución de continuidad, de manera alternativa y transversal... Aunque algo en este sentido comience a hacerse.

Tengo para mí, sin embargo, que esa diferenciación (separación) es una ficción. Siempre he creído que la universidad tiene como misión, la búsqueda, y salva- guarda, de la

verdad.Tiene como misión, el desentrañar los secretos de las cosas, de las realidades, para mejor conocerla, y mejor ponerlas al servicio de la persona. Y esto es así, tanto para las verdades que tienen que ver con la salud del cuerpo, como con la del alma, y con todo lo que mejora nuestra vida. Pero la verdad científica puede cambiar a medida que avanza el conocimiento y las herramien- tas para interpretarlo. Lo que es verdad hoy no lo fue en otro tiempo.

Considero que la verdad en el ámbito de la universidad, no debería ser algo “revelado” e impuesto por el profesor desde su “cáte- dra”. Más bien deberíamos concebir la ver-

APRENDE C UÁNDO Y CÓM O DECIR LA V ERD AD

dad científica (y académica) como algo que se va cons- truyendo, descubriendo, desentrañando, entre maestros (profesores) y aprendices (alumnos), a medida que se avanza en el conocimiento de la materia.

La verdad científica debe incluir, para ser tal, el límite actual de nuestro desarrollo. Admitiendo que en nues- tra evolución futura pueden cambiar lo que considera- mos “verdad”. La verdad para que pueda ser aceptada no puede imponerse desde fuera. La verdad, científica y académica, como las demás verdades adquieren auto- ridad por si mismas cuando son descubiertas y enten- didas. Y no precisan ser impuestas, porque son aceptadas. Y la acepta- ción tiene más densi- dad que la imposición. Debemos pues transmitir la ver- dad junto con los límites de la misma y las dudas que cada nuevo avance debe crear. Y llegar a ella a través a través del método científico que permite al alumno ser coparticipe de su descubrimiento y conocedor de sus límites de aplicación. Solo así ayudaremos a formar personas que huyendo de dogmatismos estériles sepan seguir avanzado en su desarrollo, acep- tando y ayudando a aceptar los cambios que sin duda están por venir, de la ”verdad” que sustenta nuestro desarrollo.

AMPAROMORAGUESTERRADES

Catedrática de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid

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