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No muestres a nadie tu…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 145

Sí, es cierto que las apariencias a menudo engañan y son muy distintas de lo real. Lo que se ve a simple vis- ta es frecuentemente mentira y no es un criterio razo- nable para juzgar lo que hay realmente en el interior de las personas o las cosas.Todos tenemos experiencias de que las cosas no siempre son lo que parecen, sino que hay que investigar y ahondar un poco para llegar a averiguar como son en realidad. Esto se puede apli- car a todos los ámbitos de la vida y bajo formas muy diferentes. Desde ruindades que se esconden bajo bue- nas apariencias, y buenas cualidades que se presen- tan bajo malas apariencias. Un reloj cubierto de brillan- tes, pero con una maquinaria de mala calidad, es un ejemplo de las buenas apariencias. Puede ocurrir por el contrario que un reloj sea de simple metal pero que tenga una estructura interna robusta, duradera y de muy buena calidad, esto respondería a las malas apariencias. San Juan en uno de sus versículos expresa también la misma idea de la que estamos hablando: “no juzguéis

aforismo 146

M I R A S I E M P R E P O R A D E N T R O Y

D E S C U B R E L A V E R D A D D E L A S

C O S A S

L

a apariencia es casi siempre muy distinta de lo

real. Ignorante es quien primero se conforma con ver la parte superficial de las cosas, y luego se lleva el gran desengaño. Lo que se ve a primera vista, fre- cuentemente es mentira, y arrastra al torpe a la eter- na banalidad. La verdad llega más tarde, con la obser- vación y el tiempo. La gente profunda ve sólo la mitad de lo que aparenta ser el doble. El engaño está en lo superficial y con él se encuentran los que son igual- mente superficiales. La verdad está siempre dentro, en lo profundo de las cosas, que es lo que aprecian los sabios y cuidadosos.

según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Juan 7: 24). Cuántas veces nos dejamos impresionar y hace- mos juicios de valor guiados solamente por la primera impresión, por lo superficial, por lo que los ojos ven. Cuando se trata de personas tiene muy especial tras- cendencia el error de apreciación que podamos come- ter con un juicio injusto.

Cuantas veces lo que solemos llamar “amor a primera vista” fracasa con el tiempo y no llega a consolidarse la relación. Uno se enamora de lo superficial, del bar- niz exterior, de lo que el otro nos quiere mostrar, sin lle- gar a profundizar en el conocimiento del otro. Qué decir de los milagros que obran a veces los asesores de ima- gen en las campañas electorales para que los políticos transmitan confianza, honestidad, proximidad a los pro- blemas del electorado, en resumen una imagen atrac- tiva y su mejor perfil, pero, amigo cuando el objetivo se ha cumplido, muchas veces, no siempre naturalmen- te, nos encontramos con “el lobo tras la piel de oveja”. Hay una frase de Nicolás Maquiavelo que refleja muy bien esta realidad, “todos ven lo que tú aparentas; pocos advierten lo que eres”. Es totalmente cierto que la apa- riencia cambia a las personas y por esa razón existe la hipocresía.

Parece que esto solo ocurre en las relaciones huma- nas, pero cuantas veces se plantean situaciones simila- res en el ámbito profesional, por ejemplo una oferta de empleo en la que las condiciones son excelentes en exceso, es posible que esconda un trabajo tan estre- sante que proporcione mala calidad de vida.

En la investigación en general, y concretamente en mi caso biomédica, la experiencia me ha demostrado que,

cuantas veces, tras costosos experimentos se obtie- nen resultados que a primera vista son muy promete- dores e invitan a continuar, pero cuando profundizas en el estudio y analizas con detalle los resultados des- cubres que no tienen relevancia o no eres capaz de con- firmarlos. Se aprende a ser cauteloso y muy prudente a la hora de sacar conclusiones solo con las apariencias de los primeros resultados.

No, “no es oro todo lo que reluce”, este dicho popular que todos conocemos coincide también con la idea de que las apariencias engañan. Esto ocurre con la publicidad, en muchas ocasiones transmite un mensaje atractivo para el consumidor pero no del todo veraz. Hay que analizar bien lo que esconden los mensajes para conocer su verdad y su autenticidad, si la hay. También es verdad que la moda, como dice Henry Fielding, es la ciencia de la apariencia, y que inspire a uno el deseo de parecer más que de ser. Por el contrario, una mala impresión a primera vista de una persona, una situación, un lugar, una acción es tam- bién frecuentemente engañosa y dista de lo real cuando se analiza en profundidad. De nuevo la apariencia, el envol- torio, no coinciden con la realidad, que es mucho mejor. Lo prudente y juicioso es aprender a no dejarse influir, a no juzgar, a no tomar decisiones sólo con la primera

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impresión que obte-

nemos de la apariencia exte- rior. La intuición juega un papel importante para enjui- ciar las primeras impresiones. Pero, no dejarse guiar por las apariencias no es tarea fácil, no es algo innato, hay que ejer- citarse en ello y aprender el arte de la prudencia y sobre todo de la reflexión, para tras- pasar el envoltorio de la apa- riencia exterior y conocer el interior, lo auténtico, lo real, que puede sorprendernos gra- tamente por ser mucho mejor, más auténtico que el exterior o por el contrario decepcio- narnos.

Como dice Bal- tasar Gracián, “la verdad está siempre dentro,

en lo profundo de las cosas, que es lo que aprecian los sabios y cuidadosos”. Aprender a descubrirlo sólo se consigue con la observación y el tiempo. Sí, solamente con el tiem- po adquirimos la madurez que nos hace aprender el arte de profundizar y reflexionar para conocer la realidad y autenticidad de las cosas. Eso es realmente tarea de sabios.

MARÍAJOSÉGÓMEZ-LECHÓNMOLINER

Investigadora del Centro de Investigación del Hospital La Fe de Valencia MIRA SI EMPRE POR AD ENTR O Y DESCU BR E LA VERD AD D E LAS COSAS

La apariencia es casi…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 146

El aforismo, “Cultiva el arte de la conversación”, del lite- rato Baltasar Gracián, sigue siendo trascendente y váli- do hoy día ya que pretende fomentar la transmisión y el intercambio de pensamientos e ideas, algo muy impor- tante en una época que se podría caracterizar por la “pri- sa”, a nivel general. Tiene una especial relevancia en el ámbito académico, tanto docente como investigador, sobre todo en el campo de las ciencias experimenta- les, ya que en una gran mayoría se tiende a orientar las actividades hacia la especialización y el conocimien- to técnico, con una menor dedicación al diálogo y la jus- tificación pausada de los hallazgos.

A nivel docente no es sólo importante trasmitir cono- cimientos técnicos, sino documentarlos y apoyarlos en cuanta más información sea posible para dar fuerza a

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C U LT I VA E L A R T E

D E L A C O N V E R S A C I Ó N

Q

uien lo hace es una gran persona. Nada requie-

re más de nosotros para cultivar la conviven- cia. No hay punto medio: con ella pierdes o ganas. Si hay que cuidarse al escribir, que da la oportunidad de pensar antes, mucha más atención exige lo que hay que decir de inmediato. Los sensatos controlan bien su lengua, y por eso dijo un sabio: “Habla, si quieres que yo sepa quién eres”. Tienden algunos a soltarla libremente en la conversación, cuando ha de ser come- dida, como la ropa que vistes cuando estás entre ami- gos. Debes hablar con respeto y profundidad, indican- do de ese modo lo ponderado que eres. Para ser acer- tado, debes adaptarte a la inteligencia y cultura de quienes conversan. No te ocupes de pontificar ante los demás, indicándoles la palabra correcta que deben usar, como si fueras un gramático. Ni te comportes como si fueses el sumo juez de lo correcto e incorrec- to, pues todos huirán de la conversación contigo. El discreto hablar es mejor que la elocuencia.

las afirmaciones que se deseen trasladar, aunque pon- derando los datos para no salir de la línea que respon- da a la verdad. A pesar del interés en hacer llegar cuan- tos más avances en el campo y en el menor tiempo, ador- nar la información técnica con argumentos coloquiales veraces y comprensibles para el alumnado, que consi- gan dar el soporte necesario a las afirmaciones aisladas impartidas y que permitan en determinados casos el dialogo/conversación, creo que es un arte que un buen profesor cultiva y con el que el docente recibe la bue- na acogida del alumno. Es en estas etapas, con una con- versación menos académica y más coloquial, cuando se pueden fomentar futuras relaciones de colaboración a nivel postgraduado o postdoctoral.

Es importante destacar que la docencia tiene una par- cela formativa del máximo interés, complementaria a la especializada. En cualquier campo, en general, el pro- fesor no sólo pretende aportar datos científico-tecnoló- gicos emergentes sino, de paso, plasmar con razona- mientos y puestas al día el conjunto de la formación complementaria y a veces anecdótica que ayuda a una mejor relación con el alumno y le facilita información sobre otros aspectos de la vida cotidiana, importantí- simos para las relaciones futuras, que ya se plasmarí- an en conversaciones. En este caso, el profesor puede tratar de ponerse a la altura de los alumnos, para lle- gar a ellos adaptándose a su nivel de conocimientos bási- cos, aunque salvo en seminarios con reducido número ha de incluir razonamientos y exposiciones a un nivel medio para poder llegar a un número mayor.

En la distancia personalmente recuerdo a algunos pro- fesores, los que de verdad te han dejado huella, más que por todo lo que te enseñaron técnicamente -que por supuesto también tiene su justo lugar- aquellos que de vez en cuando te ayudaban a reflexionar sobre aspec- tos cotidianos que te preparaban para circunstancias

sor idealizado por su nivel intelectual, se pusiera a tu nivel en una conversación informal y espontánea, y que empleando términos coloquiales te dejara vislumbrar como actuar o pensar en aspectos colaterales a los téc- nicos a estudio, siempre lo consideré de gran interés y sin duda me ayudó en mi formación.

En el ámbito investigador se acostumbra a pensar mucho lo que se escribe y en contestar a las preguntas tras una charla o conferencia. Sin embargo, estimo que se le da poca importancia a la conversación como un arte. Por otra parte, después de muchos años midiendo y ponde- rando lo que se escribe y lo que se contesta, se des- arrolla bastante la prudencia en la conversación, y se suele pensar mucho lo que se dice, lo cual es acertado. Es de destacar la parte del aforismo que indica la “con- veniencia de adaptarte a la inteligencia y cultura de quienes conversan”. Está muy claro que si no te adaptas puedes no llegar al interlocutor. Por supuesto puedes abordarlo sólo en la forma, usando palabras más sencillas, sin bajar el nivel de lo que se pretende trasmitir, cuando se habla con gentes de formación media. En ocasiones, aún sin subir el nivel de fondo, se emplean palabras o frases más rebus- cadas con la creencia de aportar información más rele- vante, pero no se puede estimar como práctica acertada si la información que se pretende difundir no llega ple- namente a los individuos con los que se conversa. En este campo como en los demás de la vida, creo que el aforis- mo sigue teniendo valor y aún pensando mucho lo que dices debes dialogar de forma sencilla, cuando tratas la realización de trabajos en colaboración con otros colegas, al igual que cuando pretendes introducir en el campo téc- nico a un nuevo estudiante que empieza a iniciarse en la tarea investigadora. En este caso es imprescindible adaptarse a su formación pero sin dejar de medir y pon- derar el contenido de la conversación y trasmitir la nece- saria prudencia a la hora de analizar los resultados poten- ciales a obtener, pero a la vez dialogar y comentar los pun-

tos de vista del contrario. Esta faceta es del máximo interés al igual que trasmitir el estar abierto a los hallazgos de investigación que puedan obtenerse, sin prejuzgarlos de antemano pues será mucho más

enriquecedora la interpretación. La mejor forma de orientar esa nueva etapa de formación investi- gadora es a través de diálogo y conversación, en los que el estudiante sienta que sus puntos de vista se han tenido en cuenta.

Aún asumiendo que “el discreto hablar es mejor que la elocuencia” en general (considero esta frase como una de las mejores del aforismo), en las conver- saciones relacionadas con tareas de gestión se requiere dominar el diálogo para convencer a los interlocutores, pero con el convencimiento de que la forma discreta permite controlar la situación. Creo realmente que cultivar el arte de la con- versación es el camino para un mejor entendi- miento, para defender ideas en las que se cree pero contrastándolas con el interlocutor, que a veces te aporta matices en los que no habías pen- sado lo cual te enriquece. Dependiendo del con- trario se pueden sacar enseñanzas de interés para ambas partes en una conversación pausa- da, siempre que se de opción a opinar y no con- siderar que se está en posesión de la verdad.

MANUELAJUÁREZIGLESIAS Directora del IMDEA Alimentación y Profesora de

Investigación del CSIC

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