• No se han encontrado resultados

Hay hombres que guían…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 248

El equilibrio entre los tiempos de trabajo y de descan- so es la base de la microeconomía, la parte de la eco- nomía que estudia el comportamiento racional de las personas y las empresas a escala individual. Todas las personas queremos disfrutar al máximo de nuestro tiempo, dedicando la mayor parte posible del mismo a actividades no remuneradas que englobamos bajo el epígrafe genérico de “ocio”; pero la mayor parte de las personas necesitamos financiar nuestro asueto median- te actividades económicas, esto es, generadoras de ingre- sos, que en ausencia de una riqueza inicial previa sufi- ciente, debe ser obtenidos mediante alguna modali- dad de trabajo. El modelo de competencia perfecta nos enseña que nuestros ingresos dependerán directamen- te de la eficacia (productividad) de nuestro trabajo y del tiempo que dediquemos al mismo; aunque otros modelos (de la competencia monopolística a la econo- mía del robo) nos ilustran de otras formas de generar ingresos a las que no es políticamente correcto referir- se, por mucho que pululen a nuestro alrededor (y en oca- siones de manera bien escandalosa).

aforismo 249

P R I M E R O H A Z T U T R A B A J O ,

Y D E S P U É S D E S C A N S A ,

Y N O A L C O N T R A R I O

A

lgunos insensatos se dedican primero a descan-

sar para luego terminar con fatiga y cansan- cio. Te aconsejo que hagas primero lo principal, que es el trabajo, y después, si hay lugar, tomas el tran- quilo descanso. Muchos quieren triunfar antes de luchar. Otros comienzan estudiando lo que menos importa, y dejan lo que les daría crédito y recursos para cuando ya es tarde, y les queda poco tiempo para vivir. Comienza su dicha cuando acaba su existen- cia. Es esencial tener buen método para saber sacar provecho a la vida.

La prioridad absoluta del trabajo sobre el ocio es la tesis propia de una época en la que fuera del trabajo era impo- sible al común de las mortales obtener ingresos regu- lares, y por tanto satisfacer sus necesidades regulares de placer. Es la tesis, simultáneamente, de un impera- tivo moral de raíz judío-cristiano (común en realidad a todas las religiones del libro) que aboga por la auto- contención, el esfuerzo, la satisfacción diferida, la pre- valencia del deber cumplido, etc. El descanso se ve así no como la finalidad de toda una vida productiva y efi- ciente, sino como una tentación ubicua, destructora y por tanto malévola; no como un norte de la vida eco- nómica, sino como un residuo vital subordinado al tra- bajo; no como un legítimo y gozoso objetivo de la vida actual, sino como un desideratum inalcanzable y solo en manos de la divinidad.

En la época de Gracián, el grueso del traba- jo para la mayor parte de la población sig- nificaba doce horas diarias de esfuer- zo físico intenso, siete días a la sema- na, doce meses al año; y todo ello para procurarse una existencia precaria, lle-

na de amenazas para la salud, con un esperanza media de vida de unos cincuenta años. La tenta- ción de acabar con la dictadura del trabajo resul- taba así no solo desaconsejable a nivel indi- vidual (huir del trabajo actual implicaría casi siempre caer en un trabajo aún más peno- so y horrible en el futuro), sino además socialmente desarticulador y subversi- vo: quién no supiera trabajar bien y a tiempo acabaría embaucando, roban- do, asesinando, y, en definitiva, agrediendo a la sociedad a la que

negó su aportación pro- ductiva.

Algo así tenía en mente Paul Lafargue cuando escri- bía sobre la locura del “amor al trabajo, la pasión moribunda por el tra- bajo, llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de sus hijos”. Porque la “locura del tra- bajo” nunca ha estado asociada a la locura por repartir equitativamente el trabajo y el descanso. En la época de Gracián se pedía trabajo y más trabajo al bracero, al inmi- grante, al menestral, al soldado raso, al lacayo, a las mujeres casaderas y parideras; y el des- canso se concentraba en los señores, la Corte, el sínodo, la casta de gentilhombres. Claro que no siempre son tan níti- dos y rígidos los muros que delimitan el tiempo del trabajo y el tiempo del placer.Trabajar supone también llevar a cabo un conjunto de tareas necesarias y convenientes pero que un espectador poco avisado podría confundir con actividades de ocio. Leer, reflexionar, discutir, limpiar el des- pacho de papeles innecesarios, preparar una cla- se, hurgar en una librería de viejo, son algunas de las actividades en las que la frontera entre trabajo y asueto es menos definida. Y cuando el trabajo deja de ser una activi- dad agónica, peligrosa, tediosa, castrado- ra, para conformarse mediante actividades gozosas y estimulantes ¿deja de ser trabajo?

181

PRIMER O HAZ TU TR AB AJO , Y DESPUÉS DE SC ANSA, Y NO AL CONTRAR IO

Sólo la idea de un desarrollo social democrático, sos- tenible, inclusivo, ha permitido replantear de modo más aceptable la relación entre trabajo y descanso. Hemos comprendido así que el descanso es a menu- do una inversión de recursos en nosotros mismos y en nuestro entorno familiar y social más inmedia- to; una inversión para mantenernos equilibrados, ági- les, realizados, disponibles para el siguiente ciclo de trabajo-descanso-trabajo. Si no sabemos descan- sar bien, es muy probable que no sepamos trabajar bien. El homo oeconomicusno es el homo sapiens,es solo la parte económica (o mejor, una determinada mane- ra de entender la parte económica) del homo sapiens.

Aunque saber descansar tampoco es fácil. Un descan- so inadecuado en cantidad y en calidad tiene un efec- to fragmentador y disolvente de los proyectos labora- les en los que estamos interesados; da lugar a una pér- dida excesiva de la tensión personal necesaria para diseñar, ejecutar y controlar nuestros diseños produc- tivos, arroja dudas irracionales y excesivas sobre la via- bilidad y la utilidad de nuestros planes; y en ocasiones genera un gasto de recursos, monetarios y no mone- tarios, que puede resultar opuesto a nuestra necesida- des laborales. Tal descanso desmedido (mal medido) puede poner en cuestión la cadena continua, siste- mática, regular, repetitiva, acumulativa, con que en buena medida se engranan las distintas tareas y ocu- paciones a las que denominamos en conjunto como “trabajo”.

ISIDROANTUÑANOMARURI

Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia

Outline

Documento similar