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El crimen en continuado

Las nuevas culturas electrónicas establecen vínculos particulares en- tre medios y espectadores, a los que apela especialmente la televisión con sus formatos, recursos y modos de narrar. El afán de retener a la audiencia establece en los noticieros una tensión intergenérica cuyo riesgo es que la puesta al aire se resuelva en perjuicio de la información veraz.

La dramatización y el empleo de recursos de edición aplicados a la producción de contenidos informativos en combinación con la irrup- ción de los canales de noticias de 24 horas, obligan a una gimnasia textual –y en este caso a una permanente convivencia con el crimen y el delito en el living del hogar– que también configura una sensibilidad de época.

En “El ciudadano imprevisible”, Ronald Hitzler analiza el problema en su dimensión global.

“… la inseguridad provocada día a día no encuentra aún, por cier- to, ninguna explicación; pero se vuelve quizás más comprensible sobre el trasfondo de la pérdida de certezas tradicionales, de la pe- netración multicultural en los ámbitos próximos, de las extrañezas y los cuestionamientos que invaden por doquier a cada individuo. Pues esa penetración del ámbito próximo por lo extraño, por todo aquello que uno no conoce y que, por ende, no tiene bajo control, despierta, por lo visto (…) un miedo arcaico, por así decir, antro-

pológicamente preparado y diariamente reelaborado a través de los medios”147.

La morbosidad y la violación de la privacidad constituyen recursos permanentes en la captación de audiencia. Entre los casos privados que encabezan la serie de asuntos criminales incorporados al macro- discurso de la inseguridad, el de Nora Dalmasso incluyó además la difu- sión en noticieros televisivos (América TV) de algunas fotos del cadáver y la habitación donde fue hallada muerta.

Al respecto, el COMFER consideró que la exhibición “no aporta ni tiene ningún valor periodístico para el televidente, sino que suma y favorece el exhibicionismo y la morbosidad de la que hacen uso la mayoría de los programas, además de manifestar el mal tratamiento de la información”148.

Las imágenes de la morgue no pueden dejar de asociarse con la emergencia de múltiples ofertas de la ficción televisiva que transcurren en el ámbito de la patología forense o de la investigación policial y/o judicial.

En otras palabras, una vez trazada la huella interpretativa, los textos y elementos de los mensajes asociados genéricamente con el sentido principal se organizarán en una y la misma dirección. El interés del dis- curso se vincula directamente con la enunciación que lo hace posible, que a su vez depende del dispositivo emisor. La coherencia discursiva surgirá, finalmente, del conjunto de la operación.

Es interesante ver cómo –en la sociedad del riesgo– la ausencia de responsabilidad individual lleva a que los responsables de la primera o segunda causa de muerte violenta en el país (los accidentes de tránsito) carezcan de cualquier sentimiento de culpa frente al daño irreparable producido por su desempeño al volante.

El mismo ciudadano que vive atemorizado por la presunta “inseguri- dad” de la vida cotidiana (anclada referencialmente en el robo violento por los medios masivos) es responsable material por la muerte de entre

147 Hitzler, Ronald, “El ciudadano imprevisible. Acerca de algunas consecuencias de

la emancipación de los súdbitos”, en Ulrich Beck, Hijos de la libertad, p. 173.

148 Diario Página 12, “La justicia frenó la difusión de las fotos del caso Dalmasso”,

7000 a 10.000 personas por año, hechos de los que no se siente culpable.

Un informe de la Dirección Nacional de Política Criminal reve- ló que en la Argentina, de los 6453 homicidios registrados durante 2005, más de la mitad (3443) fueron homicidios culposos en hechos del tránsito.

“Los datos son brutalmente elocuentes. Sin embargo, hace tiempo dejaron de sorprender, como si morir en el asfalto fuese una triste fatalidad, una bala perdida que ‘si te toca, te toca’, y no un problema humano. Entonces, la radiografía da muy mal: muestra que, en la Ar- gentina, entre 7000 y 10.000 personas mueren al año en accidentes de tránsito; que otras 100.000 resultan heridas; que el país ostenta una altísima tasa de mortalidad vial por cada 100.000 habitantes; que las pérdidas económicas suman miles de millones de dólares; que las víctimas fatales del tránsito representan el 53% de los homicidios ocurridos en el territorio nacional”149.

Un trabajo presentado al Congreso Marplatense de Psicología por tres especialistas (Zanghellini, La Rocca y Del Buono), realizado duran- te 2009 en coordinación con la Fiscalía de Mar del Plata, reveló que los responsables de muertes en accidentes carecen de una respuesta afectiva a la tragedia: “no sienten culpa ni dolor”.

Según las investigadoras de la Universidad Nacional de Mar del Pla- ta, “el fenómeno que aparece con tanta crudeza en el terreno de la in- seguridad vial no es ajeno a lo que está sucediendo en nuestra cultura, que promueve el individualismo y no facilita, justamente, el encuentro solidario entre las personas”, informa La Nación.

En su trabajo describen la falta de credibilidad generalizada en la Justicia, el descrédito o desautorización de las figuras representativas del poder, el vaciamiento de sentido del proceso judicial y del sentido de la pena y un extrañamiento respecto de los derechos, deberes y responsabilidades.

Aparece diluido o distorsionado el concepto de responsabilidad in-

149 Diario Perfil, 14-01-07, “La Argentina lidera el ranking de muertes por acci-

dividual, hecho que no es difícil comprobar en diferentes escenas de la vida cotidiana, destaca el informe periodístico.

“En tanto se responsabiliza a los representantes del gobierno y la Justicia, se desresponsabilizan los sujetos en tanto ciudadanos. Queda la idea de que siempre la solución debe venir desde arriba”, señala una de las autoras de la investigación150.

El desapego social y la cultura insolidaria serán, en buena medida, los contravalores centrales a resolver en un modelo de recuperación de ciudadanía.

Lo que se juega, en suma –y tal como lo señala Castel en La meta-

morfosis de la cuestión social– es la existencia misma de la Nación.

“La ‘cuestión social’ es una aporía fundamental en la cual una so- ciedad experimenta el enigma de su cohesión y trata de conjurar el riesgo de su fractura. Es un desafío que interroga, pone en cuestión la capacidad de una sociedad (lo que en términos políticos se denomina una nación) para existir como un conjunto vinculado por relaciones de interdependencia”151.

Tal y como lo establecen las teorías que analizaron el proceso de establecimiento de agenda, no se trata solamente de la construcción te- mática o del recorte periodístico instalado por los medios como “datos relevantes de la realidad” sino de su intervención dentro del patrimonio cognoscitivo de los destinatarios.

“En el centro de la problemática de los efectos está pues la relación entre la acción constante de los mass media y el conjunto de cono- cimientos sobre la realidad social, que da forma a una determinada cultura interviniendo en ella en forma dinámica. En esta relación son importantes tres características de los media: la acumulación, la con- sonancia, la omnipresencia”152.

150 Tesy de Biase, “Matan con el auto y no sienten culpa”, Diario La Nación,

16/01/10.

151 Castel, Robert, Las metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del

asalariado, Buenos Aires, Paidós, 1997.

Después de haber triunfado por un amplio margen en las elecciones de 2007, Cristina Kirchner aludió de esta manera al fenómeno de la construcción intimidatoria de los medios: “Hay una direccionalidad de la información sobre inseguridad. Escuché a un comunicador contar que una persona entrevistada le dijo a un encuestador ‘¿de qué me sirve ganar más plata si me van a matar?’. No importa tener gobiernos que consigan trabajo o que mejoren el poder adquisitivo de los trabaja- dores, lo importante es que den seguridad...”153.

La puja por el modelo económico y social encontró entonces a los medios concentrados claramente alineados en el bando del poder económico, tal como se reveló a partir del lock out patronal de los pro- ductores agropecuarios en el año 2008. Las denuncias realizadas por instituciones como la Facultad de Ciencias Sociales o el Observatorio de la Discriminación en los Medios son elocuentes sobre el rol jugado por el dispositivo durante el conflicto. Claramente se confirma el prin- cipio de criminalización de la escena social.

“La aparición de tramas o narraciones que coloquen a los colectivos como causa de problemas sociales (desempleo, delito, violencia, etc.) o responsables de situaciones de peligro para la ‘moral’ o la ‘seguri- dad personal’, de ‘ciudadanos’ en este caso (esto es lo que se conoce como ‘criminalización’ de grupos o movimientos) fue práctica común en las coberturas analizadas”154.

También se subrayó que los sectores opuestos al interés económi- co en juego fueron presentados por los medios audiovisuales como “grupos de choque” frente a ciudadanos movilizados, generando una construcción prejuiciosa.

El Observatorio de la Discriminación apuntó que “en las coberturas informativas analizadas existieron formas discursivas que, sobre la base

153 Entrevista en Página 12 por Ernesto Tiffenberg, Mario Wainfeld y Fernando

Cibeira, noviembre de 2007.

154 “Informe sobre el tratamiento televisivo de las repercusiones de las medidas

agropecuarias”, Observatorio de la discriminación en radio y televisión, Comité Federal de Radiodifusión –COMFER–, Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo –INADI– y Consejo Nacional de la Mujer –CNM– cons- tituido en 2005.

de estructuras simbólicas discriminatorias, sirvieron para deslegitimar las acciones, segregar y rechazar la presencia de grupos de personas por sus características personales, en la medida en que estas caracte- rísticas responden a pautas clasificatorias estigmatizantes vigentes en la sociedad, que los medios de comunicación tienen la responsabilidad de desarticular en acción mancomunada con el Estado y las organiza- ciones de la sociedad civil”.

Consultores económicos, políticos y medios de comunicación di- versos pronosticaron y alentaron un escenario de incertidumbre y ca- tástrofe durante todo 2008. No se referían al mundo global sino a la periferia, a la nueva geografía política de Latinoamérica, y más preci- samente a la Argentina.

El colapso finalmente se produjo, pero en el mundo de la globali- dad virtual de las transacciones económicas. En el centro mismo de la burbuja –también periodística– desde la cual se alzaron los dedos admonitorios. Sin embargo la narración mediática acomodó siem- pre la percepción del público en un mismo sentido. La amenaza era local y no global. Hasta donde pudo, la representación dominó la realidad. Y buena parte de la opinión pública nacional creyó vivir en el escenario caótico y destituyente construido por las corporaciones periodísticas.

Esas mismas usinas –locales o trasnacionales, integrantes de una misma comunidad de negocios– proyectaron el escenario hacia el nuevo año. Anunciaron a través de diarios locales el posible default argentino en 2009, informando que hubieran preferido contar con los dineros de los jubilados (devueltos a la administración estatal so- lidaria) para el pago de las acreencias de los grupos financieros tras- nacionales.

Crónicas de la época exhiben a los gurúes del neoliberalismo pro- nosticando la debacle. Tal el caso del economista Manuel Solanet en la reunión anual de FIEL: “Ya hay una tendencia recesiva y es muy probable que continúe porque hay una fuerte restricción crediticia, altas tasas y la gente retirando los depósitos y refugiándose en el dolar”155

155 El Cronista Comercial. 7 de enero de 2009. “Los economistas proyectan

crecimiento negativo para 2009”, en el marco de la Conferencia Anual de FIEL en el Sheraton de Pilar.

El Instituto Internacional de Finanzas (IIF) se mantuvo inmutable en medio de la crisis internacional pronosticando la catástrofe argentina sin asumir la propia. Se trata de la corporación que agrupa a los ban- cos internacionales socorridos en 2008 por los gobiernos de Estados Unidos y Europa para evitar su propia quiebra (como había sucedido en 2001 en Argentina). Pese a la dudosa credibilidad de la fuente, los medios locales no dudaron en titular sus ediciones con los pronósticos sombríos sobre la Argentina.

En ese juego de ilusiones, las plataformas productoras locales juga- ron siempre el mismo juego: nunca avisaron del peligro real, en este caso el frente externo. Por el contrario lo construyeron como fiscal e inquisidor a través de instituciones como el IIF, las calificadoras de ries- go, las embajadas de los países que concentran las principales empre- sas globales, los portavoces de la geopolítica unipolar y los columnistas a sueldo de aquellos mismos intereses.

Todo intento de cambio o reforma del sistema hegemónico será informado como una situación conflictiva que altera la armonía social. Toda convocatoria al consenso por parte de los actores de la política será entonces un metamensaje destinado a que se resig- nen las posturas de transformación que tocan intereses del poder concentrado. Esa idea remite a lo que Noam Chomsky describe como “fabricación del consenso alrededor del sistema de poder” del mercado.

En esa línea, también se presentará como conflictiva o disruptora cualquier iniciativa que ponga en debate la acumulación previa del dis- positivo multimedia (convertido ahora en el actor concentrado de la comunicación de masas) que antepondrá, frente a cualquier señal de cambio, la secuencia temática de la persecución a la prensa.

Si bien al momento del cambio gubernamental de fines de 2007 el grupo más poderoso de medios del país (Clarín) consigue una primera luz verde para cerrar el anteúltimo paso (fusión de los majors del cable, Cablevisión y Multicanal) antes de la suma total del poder en el mer- cado convergente (captura del mercado telefónico), la firme postura gubernamental frente a la operación desestabilizadora de empresarios rurales (2008) y la persistencia de la movilización social (a través de la Coalición por una Radiodifusión Democrática) para democratizar el sector, cambiarán las reglas de juego.