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El satélite americano

El ingreso del CEI en el mundo de los medios y las telecomunica- ciones locales remite directamente a la matriz de los 90 y expresa la continuidad de las políticas surgidas del Consenso de Washington. El CEI fue creado para utilizar la tenencia de títulos de deuda del gobierno argentino por parte del banco estadounidense Citibank. En tal carácter intervino en numerosos procesos de privatización de recursos natura- les y servicios. Pero desde 1995 se orientó hacia telecomunicaciones (Telefónica) y televisión por cable (Multicanal). A tal efecto estableció sociedades con el Banco República (Raúl Moneta), investigado luego en los Estados Unidos por lavado de dinero, y el Grupo Werthein.

En junio de 1998, Argentina y EE.UU. firmaron en Washington el Acuerdo Bilateral de Reciprocidad Satelital con la presencia de Kammerath y el secretario de Asuntos Económicos de EE.UU., Alan Larson. El secretario argentino lo definió como un acuerdo de ida

y vuelta. Establecía “la obligación de abrir sus mercados al otro. La

industria satelital estadounidense ingresa con sus satélites de última generación y al sistema satelital argentino se le abren las puertas al mercado estadounidense. El único acuerdo similar hasta ahora es el firmado con Mexico”42. Comprendía TV satelital directa, servicios

fijos por satélite y radiodifusión por satélite. Los principales saté- lites norteamericanos de comunicaciones (PanAmSat e INTELSAT, fusionados en 1996) operaban en la región sur del continente en las bandas de frecuencia más bajas pero no podían acceder a la banda para transmisión directa de TV.

Un año antes, desde Kouru, Guyana Francesa, se había lanzado el Nahuel 1, primer satélite privado de la región para ocupar la órbi-

ta geoestacionaria correspondiente a la Argentina. El sistema Nahuel estaba a cargo de Daimler-Benz-Aerospace (Alemania), Aerospatia- le (Francia) y Alenia Spacio (Italia), con ramificaciones en el Banco Mundial (Corporación Financiera), General Electric y otros. Nahuelsat había firmado en 1993 un contrato de exclusividad con la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC) que le extendió una licencia por 24 años en forma exclusiva. Su capacidad de transmisión en banda KU lo hacía ideal para la televisión satelital directa.

Clarín saludó el acuerdo con Washington y la inminente puesta en operaciones del sistema DirecTV (alianza de multinacionales automo- trices, electrónicas y espaciales ligadas al complejo militar-industrial) cuya operación regional estaría a cargo de una joint venture entre los principales grupos de medios de la región asociados en Galaxy Latin America43.

“Este acuerdo permitirá, entre otras cosas que programas de tele- visión lleguen a cualquiera de los dos países a través de satélites ar- gentinos o estadounidenses, en forma indistinta. (…) Los televidentes podrán acceder a cerca de 170 canales con una calidad de imagen y sonido considerada óptima”44.

Atrás quedaba la resolución 817/96 del Comfer que estipulaba que las señales de televisión directa al hogar debían ser ofrecidas a través de satélites registrados por la República Argentina ante la Unión Inter- nacional de Telecomunicaciones (UIT), condición que solo cumplía el sistema Nahuelsat.

El control de la distribución satelital de contenidos era entonces par- te de los movimientos de ajedrez sobre el tablero de la comunicación. Hacia fines de la década, nuevas aplicaciones tecnológicas como la generación de un mayor ancho de banda a los usuarios y la integración de redes de acceso y de transmisión de datos relanzaron el merca- do. Incorporaron aplicaciones en el servicio telefónico local de acceso

43 Clarín, de Argentina; Abril, de Brasil; Cisneros, de Venezuela; Multivisión, de

México, en asociación con General Motors; y Hughes Electronics, de los Estados Unidos.

44 “Acuerdo por la televisión satelital. Medios: reunión de Menem con directivos

inalámbrico (WLL, Wireless Local Loop), servicio de ancho de banda de acceso inalámbrico (LMDS, Local Multipoint Distribution System); tercera generación móvil (3G, servicios móviles de mayor ancho de banda); módem-cable; ADSL (Asymmetric Digital Subscriber Loop), y otros que permitirán reducir costos y desarrollar nuevos servicios.

Las alianzas pretendían cerrar una madeja de intercomunicación planetaria vía teléfono celular, anunciada desde 1998, lo que suponía la integración de plataformas de interconexión vía satélite. Miniphone (de Telefónica y Telecom) acordaba con Iridium45 para emplear un sis-

tema de 66 satélites destinado a la comunicación global a partir de un solo número. A mediados de 1998 cinco satélites de 800 kilos fueron lanzados en un cohete Delta II como anticipo del sistema de Iridium World Communications destinados a interconectar los teléfonos celula- res y los pagers o enviar mensajes electrónicos en todo el mundo.

Por su parte, el sistema Globalstar (France Telecom y Alcatel) anun- ciaba el lanzamiento de 48 satélites y la construcción de una plata- forma terrestre en Bosque Alegre, Córdoba. Pero la apuesta grande parecía corresponder al magnate de la informática, Bill Gates, que a través de Microsoft y en alianza con Mc Caw se proponía distribuir 840 satélites por el espacio para ofrecer Internet y telefonía satelital a través del proyecto Teledisc.

Desde el norte, la mirada apuntaba a regionalizar el despliegue. El dueño de Microsoft entró a la televisión paga de Brasil a través de Glo- bo Cabo (Grupo Globo, de Roberto Marinho) mediante la compra de algo más del 10% de las acciones por 126 millones de dólares. Globo venía de vender empresas de telefonía celular y otras operaciones para achicar una deuda que rondaba los 2000 millones de dólares. Billl Ga- tes insistía con la TV interactiva, la Web TV, mediante la cual aspiraba a controlar la convergencia de televisión, Internet y telefonía46.

En Argentina, Iridium establecía alianzas con Miniphone y Perso- nal, en tanto que Globalstar lo hacía con Miniphone, Personal y CTI (Clarín)

En siete años más, según Scientific American, estarían funcionando

45 Red satelital integrada por Motorola, Stet, Sprint, Lockheed, Mc Donnel

Douglas.

unos cinco sistemas de telefonía móvil satelital y posiblemente una do- cena para interconexión a Internet desde el espacio. Globalstar sumó al magnate George Soros a su club de accionistas, anunciando una in- versión de 2.600 millones de dólares en su proyecto. Junto a Teledisc –donde Motorola aportaba 750 millones al consorcio integrado por Mc Caw y Bill Gates– se proponían desarrollar sistemas para trans- misión de voz, datos y video a alta velocidad a través de satélites, en competencia con Iridium (Motorola, Raytheon), ICO (Inmarsat, Hug- hes Space), Astrolink (Lockheed) y Spaceway (GM-Hughes).

Adviértase la estrecha articulación entre empresas tradicionalmente abastecedoras de sistemas de comunicación de la industria bélica con las constructoras aeronáuticas y espaciales. Una nueva geopolítica de circulación de las representaciones mundiales tomaba forma desde las órbitas geoestacionarias.

Capítulo 2